Super Paper Mario

Un híbrido de otra dimensión
La unión entre Squaresoft y Nintendo que dio lugar al excelente Super Mario RPG allá por el 1996 supuso la apertura de un nuevo mundo para el fontanero bigotudo. Si bien la relación entre las dos grandes compañías niponas se fue al traste poco después de aquel simbólico lanzamiento, el paseo de Mario por los derroteros del rol continuó en las sucesivas generaciones gracias a una first de la propia Nintendo, Intelligent Systems. Paper Mario (Nintendo 64, 2000) y Paper Mario: La Puerta Milenaria (GameCube, 2004) mantuvieron intactas casi todas las virtudes del original, pero aportando a su vez un importante rasgo distintivo: como su nombre indica, todo en ellas estaba hecho de papel, desde los escenarios hasta los protagonistas.

No obstante, y a pesar de que ambos títulos atesoraban una innegable calidad, estancarse no acostumbra a ser algo bueno e Intelligent Systems decidió partir de cero a la hora de enfocar la tercera entrega de la saga Paper. Planeado inicialmente para GameCube, Super Paper Mario dejó patente desde su primera aparición que más allá de su particular estética poco parecía relacionarlo con su inmediato antecesor, La Puerta Milenaria. Con el regreso a la bidimensionalidad más pura y la desaparición de los combates por turnos, este título quería devolver a Mario a su ambiente natural: el scroll lateral plataformero. O casi, porque a pesar de sufrir un importantísimo cambio en su desarrollo, Super Paper Mario seguía teniendo en su corazoncito un lugar para el rol que tan buenos resultados le había dado antaño. Pero para descubrir todo esto tendríamos que esperar a Wii, ya que el juego desapareció de ferias y eventos para tiempo después reaparecer en un anuncio oficial que lo colocaba en la recién presentada consola de Nintendo.

Tras jugar a numerosos títulos basados en los periplos del fontanero, uno casi podría dar por hecho que el desencadenante de esta nueva aventura sería el secuestro de la princesa Peach. Pues sí pero no. La cómica primera escena del juego nos muestra a Mario y Luigi, en la tranquilidad de su casa, quejándose de que últimamente no les pasa nada interesante. Aburridos como están, deciden ir a visitar a la citada princesa, pero por el camino, un Toad les avisa de que ha sido raptada. Este hecho sorprende de sobremanera a nuestros protagonistas, como si nunca tal cosa hubiera ocurrido antes (uno de los numerosos guiños y toques irónicos de un juego que sabe que la mejor manera de lograr que nos riamos con él es aprendiendo a reírse de sí mismo). Pero la cosa no termina aquí, porque antes de esta primera escena, la introducción precedente a la pantalla de título nos mostrará… ¡la boda entre Bowser y Peach! ¿Qué demonios está pasando aquí?

Como era de esperar, la trama no llega a alcanzar las cotas de complejidad de los mayores exponentes del género, pero el trabajo con el guión es de elogiable calidad. El tradicional trío (Mario, Peach y Bowser) no acapara todo el protagonismo de la trama, sino que esta gira en torno a nuevos personajes como Pisti, el Mago Merlón o el villano de turno, Conde Cenizo, un curioso y hasta simpático personaje que amenaza con destruir el mundo junto a sus no menos excéntricos secuaces Nastasia, McCachos, Mimi y Dimencio. No acostumbra a sorprendernos ni a introducir complejos giros, pero el trabajo en los diálogos es francamente bueno, derrochando humor y haciendo de cada encuentro con cualquier personaje (amigo o enemigo) una buena ocasión para sonreír frente a la pantalla.

Este esfuerzo por darle mayor profundidad al mundo en el que se sitúa Super Paper Mario se ve apoyado por la decisión de alejarse de los tópicos del Reino Champiñón. Más allá de las ocasionales apariciones de viejos conocidos como Goombas y Koopas, el título juega con la baza del argumento para llevarnos a multitud de reinos que al igual que el nuestro están en peligro. De esta forma, podemos encontrarnos paseando por un mundo prehistórico, el castillo de un camaleón friki (genial personaje), una curiosa reinterpretación del Hades griego adaptado al universo de los videojuegos (a donde no van los muertos, sino aquellos que han “perdido la partida”) o incluso un peculiar viaje por el espacio exterior a lomos de un calamar parlanchín. Todo en Super Paper Mario derrocha imaginación, por lo que aún compartiendo estética con sus antecesores se presenta como un juego visualmente original y fresco.

Pero lo más importante es… ¿estamos ante un plataformas o un JRPG? Evidentemente se trata de una mezcla, ¿pero hasta que punto satisfactoria? ¿Se puede ser dos cosas al mismo tiempo sin que eso implique que una de ellas, o ambas, se presenten diluidas? Lo cierto es que cuando dos géneros tan distintos como un plataformas (jugabilidad directa y donde prima la habilidad) y un JRPG (ritmo mucho más pausado y donde la estrategia es fundamental) se dan la mano, es inevitable que tengan que ceder para lograr acoplarse con comodidad. La profundidad de las entregas de SNES, Nintendo 64 y GameCube se ha perdido en un mucho por ciento, mientras que los saltos desafiantes de Super Mario Bros o Super Mario World no aparecen por ningún lado.

Sin embargo, el juego logra ser mucho más interesante de lo que pueda parecer a simple vista. Poco después de empezar el primer capítulo, Mario se hará con una curiosa habilidad: cambiar de las dos a las tres dimensiones. ¿Nunca os habéis preguntado como se vería el mundo si en cualquier juego 2D la cámara se moviese de repente hacia detrás del personaje? Pues jugando a Super Paper Mario os podréis hacer una idea. Pulsando el botón A, la perspectiva cambiará y nos mostrará lo que se extiende en el horizonte. Esta nueva dimensión es uno de los puntos fuertes del juego por dos motivos. El primero, que añade variedad al diseño de escenarios ya que resulta ser un efecto muy curioso que hace de cada fase algo único al poder contemplar todo desde dos puntos de vista tan distintos. Y lo segundo, que lejos de quedarse en una brillante anécdota, el juego se sirve de este recurso para explotarlo en decenas y decenas de originales puzles.

Nos encontraremos con interruptores tapados por bloques que en realidad no son más que láminas al girar la cámara, escaleras y puertas que serán visibles o no en función de la perspectiva adoptada, caminos ocultos y un larguísimo etcétera de ingeniosos rompecabezas de variable dificultad. Además, esta es una buena táctica para esquivar a los enemigos, dado que al igual que nosotros son planos y solo se moverán en una de las dimensiones. Algunos también tienen esta capacidad de alternar entre ambas perspectivas, pero la mayoría de ellos pueden ser evitados gracias a esta técnica (ya sea porque vamos mal de vida y no nos queremos arriesgar a perder o simplemente porque tenemos prisa). Por otro lado, esta habilidad no es infinita, un marcador situado en la esquina superior izquierda nos señalará el tiempo que podemos estar en la tercera dimensión antes de que se nos descuente un punto de vida.

Centrándonos en los enemigos, estos se comportan ahora como en un Mario plataformero, y de la misma forma te enfrentas a ellos: o bien les saltas encima para matarlos (obteniendo monedas y puntos de experiencia) o bien los esquivas. Eso sí, es bastante recomendable eliminarlos, ya que gracias a los puntos adquiridos nuestros personajes irán subiendo de nivel y mejorando sus estadísticas. ¿Personajes? Sí, en plural. Porque en esta ocasión no nos limitaremos a controlar al fontanero, sino que a lo largo de la aventura necesitaremos las habilidades de Peach (que planea con su paraguas), Bowser (más fuerte y con ataque de fuego incluido) o Luigi (salta más alto que ninguno).

Esto, unido al uso de unas criaturillas llamadas pixelitos (básicamente cogen el relevo de los ayudantes de las otras entregas), que vendrán cada una con su propia habilidad (darnos una descripción de cada enemigo al que apuntemos con el mando, poner bombas, coger cosas, hacer que nuestro personaje se vuelva diminuto para entrar por determinadas rendijas, etc), nos otorgará un amplio abanico de posibilidades a la hora de encarar los puzles más complejos. También puedemos utilizar ítems contra los enemigos (aparecen algunos de las anteriores entregas, como las estrellas fugaces que atacan a todos los enemigos en pantalla), pero la forma de usarlos cambia, pues ahora avanzamos y nos tenemos que enfrentar a ellos en tiempo real. Esta fusión entre el Mario plataformero tradicional con la saga rolera combina los elementos de uno y otro mundo de forma magistral, si bien, como ya he comentado antes, quizá se antoje como un resultado poco profundo.

El juego tiene un diseño terriblemente exquisito. Técnicamente puede parecer mediocre para lo que es capaz de dar de sí la consola (luce exactamente igual que los primeros vídeos mostrados para Cube), pero lo cierto es que un juego no requiere siempre de parafernalias técnicas para ofrecer una diseño de niveles por lo común brillante. Derrocha originalidad y humor por los cuatro costados y le viene como anillo al dedo al estilo de juego, ya que optar por una estética más sobria nos habría dejado un título indudablemente más soso. El único punto negativo lo ponen a veces los escenarios en 3D, ya que se ven muy vacíos y  muestran algún que otro defectillo, como una escasa distancia de dibujado.
La banda sonora, por su parte, es bastante agradable y variada, aunque a efectos prácticos podemos decir que funciona como una mera acompañante y que en ningún momento le roba el protagonismo a la acción, para bien o para mal. Las melodías encajan con el contexto en todo momento, pero no son composiciones que vayamos a recordar y tatarear una vez hayamos apagado la consola. Como de costumbre, los diálogos no vienen acompañados de voces, aunque realmente no es algo que se eche de menos en un título con un sabor retro tan fuerte.
Otro aspecto a destacar es la facilidad del título, que carece del reto de un Super Mario Bros, donde el más mínimo error de cálculo en un salto significaba una muerte segura. En esta ocasión tenemos abundantes puntos de vida (que aumentan de cinco en cinco según subimos niveles, sistema heredado de la parte rolera), y que además podemos recuperar con los ítems adecuados. Por su parte, los puzles tampoco son demasiado complicados. Por lo general, las llaves para abrir las puertas cerradas suelen estar bastante cerca de las mismas. A veces un vistazo a la “tercera dimensión” bastará para ver el camino a seguir, y en la ciudad principal que sirve de nexo al resto de mundos (Villacara), tenemos a una adivina que por unas pocas monedas nos ayudará en caso de “atascamiento”. Esto provoca que quizás el juego se pueda quedar un pelín corto, aunque salvo que vayamos como balas nos llevará cerca de unas quince horas completarlo.

Sin embargo, todos los peros que pueda tener quedan eclipsados por las grandes virtudes del título: su singularidad y su sentido del humor. Super Paper Mario es, más allá de su simplista acabado técnico (algo positivo en mi opinión dado que el diseño casa perfectamente con el espíritu de la obra), uno de los juegos más originales y frescos con los que Nintendo nos ha deleitado últimamente. La gran cantidad de guiños humorísticos, tanto al universo Mario como a otros juegos, y una jugabilidad brillante redondean un título muy aconsejable para cualquier usuario de Wii. Tiene carisma y es único en su planteamiento. A pesar de cierta simpleza, esta curiosa mezcla funciona bien y dejará un dulce sabor de boca a los amantes tanto de los títulos roleros como plataformeros, pero sin perder en ningún momento el aroma de la saga Paper Mario.