Mario Strikers Charged

¡Goool de Mario!

Seguro que muchos aficionados a títulos de gran calidad (me incluyo) a veces nos hierve la sangre cuando vemos ese juego que vende más que otras obras como Bioshock o Mario Galaxy (por poner un ejemplo), o cuando en las revistas especializadas de este país se les pone más nota que a dichos juegazos (recordad ese 97 sobre 100 que sacó PES 08 en la Hobby Consolas), incluso sin darse cuenta de que, a cada edición nueva, se nota la falta de originalidad por todos los costados, a pesar de haber prometido más novedades que la edición anterior (novedades que realmente son lo mismo pero con otro nombre).

Pero finalmente Nintendo le dio a Mario una oportunidad para protagonizar un juego de fútbol que demuestra que ese género tan trillado (como los juegos bélicos basados en la Segunda Guerra Mundial carentes de colores) necesita frescura. Y mucha. Esa frescura “made in Nintendo” vio a luz a finales de 2005 en GameCube y remodificó los estándares del género futbolístico en consolas. Pero Nintendo se dio cuenta de que no fue tan exitoso pese al marcar un hito para el fontanero, así que decidió lanzar a la venta en 2007 una segunda versión del deporte rey más nintendero del siglo, multiplicando todas sus posibilidades hasta marcar otro hito mucho más significativo que el primero.


Para aquellos futboleros que flipan con cualquier gol de su equipo ridículamente idolatrado, Mario Strikers Charged NO es un juego de fútbol en el sentido estricto del término (de hecho, todo género que protagoniza nuestro querido fontanero lo tranforma en un deporte de fantasía). Es una mezcla del espíritu de la serie “Los Autos Locos”, de kick boxing, de rugby, del simulador de Starship Troppers y de toda la libertad de hacer daño a quien quieras sin que te piten falta (hasta el público se queda encantado con dichas reacciones).

Empezando ya en serio con el análisis, el juego da inicio con una introducción de altísima calidad que refleja a la perfección el espíritu del juego y las características explicadas en el anterior párrafo. Antes de nada os debo recordar que hay que utilizar tanto el Wiimote como el Nuchaku. Tenemos varios modos de juego. Para empezar bien nos metemos en el tutorial, donde explican paso a paso los controles del juego. Si aprobamos todo, estamos listos para “la guerra por el balón”.

Luego están el modo VS (tanto contra un amigo como contra un CPU), el Torneo (donde desbloquearemos los personajes secretos) y el Modo Online. Recomiendo a los iniciados que ni de broma os metáis en ese modo de juego así a primeras, ya que os aseguro que de primeras os espera una enorme paliza. Garantizado.


Hay 12 personajes en este juego, que harán de capitanes en respectivos equipos (tres son secretos). Están Mario, Luigi, Peach, Yoshi, Donkey Kong, Wario, Waluigi, Bowser y Daisy. Todos ellos, como ya es costumbre en la saga, tienen características especiales que los hace únicos. Después de escoger un capitán tendremos que formar un equipo de tres jugadores. Personajes como Toad o Koopa Troopa son muy técnicos, otros como Hermano Martillo o el topo Monty son potentes, mientras que también hay defensivos como Huesitos o Boo. La clave de la victoria está en escoger el equipo adecuado y perfecto para nosotros. Una vez empieza el juego, sí que se nota mucha diferencia con respecto a los mencionados Pro Evolution Soccer. No hay saque de banda ni hay árbitro, lo que le da un ritmo bastante frenético.

Tras una espectacular presentación de los personajes (olvidaos de las alineaciones del fútbol que todos conocemos) tenemos desde 2 a 5 minutos (depende de las opciones de los modos de juego) para marcar la mayor cantidad de goles posibles. Para arrebatar el balón podemos golpear cuan jugador de rugby (una simple sacudida con el Wiimote) o hacer un regate (cruceta, no importa la dirección). Con el balón ya en nuestra posesión, podemos pasárselo a un compañero (con el botón A al más cercano jugador), hacerle un pase bombeado (a la vez A y el botón Z) o driblar al enemigo con la cruceta (para los que no saben mucho de fútbol, driblar es engañar a alguien con una finta). Si luchamos contra una CPU de nivel máximo o contra un amigo realmente experto en este juego, debemos prestar atención a todos sus movimientos y actuar para que no nos quite el balón. Y creedme si os digo que para hacer todo eso hará falta mucha coordinación.


Hay una cosa que no gusta mucho en los videojuegos de fútbol, y es que, si un jugador posee la pelota, no podrá moverse a otra dirección hasta patearla de nuevo. Pues bien, alegraros, ya que en Mario Strikers Charged podéis mover al personaje con total comodidad.

Para chutar hay que pulsar el gatillo B. Dicho tiro se dirigirá automáticamente a la portería contraria si nos metemos en su campo. Podemos mantenerlo pulsado para que sea más rápido, más fuerte y más seguro (el balón brilla según la intensidad, siendo el morado el menos intenso y el blanco brillante el que más). Si mantenemos pulsado el gatillo B demasiado tiempo, los personajes harán movimientos especiales que, dependiendo del terreno de juego, pueden funcionar o no. Monty cava un agujero hacia la portería para luego emerger y chutar, Huesitos dispara balones eléctricos, Toad balones en llamas y un etcétera del que no diré nada para no romper la sorpresa del jugón.

Pero los supertiros más importantes (en realidad se llaman supertrallazos) la realizan los capitanes. Al recargar el balón lo suficiente, aparecerá una barra en pantalla, cuyo indicador se irá a un extremo de colores. Esa barra es el número de balones que podremos disparar dentro de ese mismo movimiento (el mínimo es 3 y el máximo 6). Acto seguido, habrá otra misma barra, mucho más rápida, que indicará su velocidad. Si acertamos justamente al naranja (le sigue en menor medida el verde y el gris), haremos que cojan la velocidad  de los saques de Rafael Nadal. En ese momento, si tu rival es un amigo, se pasará la vista en primera persona del portero y tendrá que utilizar el puntero del Wiimote para intentar detener el mayor número de balones  posible (entre 3 y 6, como hemos comentado).


Al igual que en la saga Mario Kart, tendremos disponibles numerosos objetos durante el partido (que se consiguen si golpean a alguien que no tiene el balón o cargando el tiro hasta que brille en azul), desde los típicos caparazones verdes y rojos hasta los plátanos y bombas. Pero la mayor novedad del juego (y en general de toda la saga) son los caparazones celestes, que actúan como los verdes, pero que al mínimo contacto congela a los jugadores, que no podrán moverse durante cierto tiempo. Puedes cambiar entre ellos con una sacudida del Nunchaku (solemos tener dos al mismo tiempo) y ejecutarlos con el botón C. Otra novedad destacable son los movimientos especiales de los capitanes (que se usan como los objetos y se representan con su propia cara). Suelen ser destructivos y duraderos. Está el aumento de tamaño de Mario y Luigi, o el escupe-fuego de Bowser. Hay algunos muy hilarantes, como la neblina del cuesco de Wario, pero  de nuevo no entraré en más detalles por el tema del factor sorpresa.

Los escenarios disponibles son de asegurada variedad como cualquier producto deportivo de Mario. Está el escenario estándar para igualdad de condiciones, pero luego nos encontramos un desierto con Twomphs, un volcán en el que cada dos por tres aparece un meteorito acosando parte del partido o un estadio que resulta ser un molesto charco de barro. También hay estadios pertenecientes a la entrega de GameCube, sin darles ningún cambio al respecto por si alguien que haya disfrutado de aquel quiere sentir una apasionada sensación de nostalgia (y por aumentar la oferta para los recién llegados, claro está).


Entrando en el apartado gráfico, todo es colorido y brillante como cualquier juego del Mario (aunque en menor medida comparado con los demás juegos del fontanero), destacando especialmente unos efectos especiales como el fuego y la electricidad, que se salen de la media y resultan muy nítidos. Lo que ha cambiado ligeramente en este juego con respecto a los demás de la mascota de Nintendo es que, desde que miramos la portada hasta cualquier partido que disputamos, visualmente es el juego más agresivo del icono de Nintendo. Los personajes no tienen piedad, son muy brutos y harán lo que sea por tener el balón.

El apartado musical quizás no es como esperábamos de un juego deportivo protagonizado por el bigotudo. Hay melodías rockeras como el de muerte súbita y las presentaciones de personajes como Bowser y Daisy; o melodías formadas por banjos (Waluigi) y algunas de acordeón (Wario). Quizá lo habitual en un juego de Mario sean sus melodías memorables, de esas que tatareemos sin parar, pero este título no posee esa sensación. Pero los efectos de sonido compensan desde luego ese fallo.

En denifitiva, Mario Strikers Charged es un juego deportivo realmente divertido, adictivo y con mucha frescura en comparación con los clónicos simuladores de fútbol que, desgraciadamente, van perdiendo cada vez más su originalidad. Visualmente es notable, y es fácil de controlar pero difícil de dominar, lo cual aumenta el interés por ser el mejor jugador posible (especialmente en el online). No es un juego recomendable para los excesivamente novatos, pues cuesta lo suyo, y se necesitará una cantidad industrial de práctica para no ser apaleados una y otra vez en línea. Pero una vez hayas jugado a este juego, comprenderás que no hace falta ningún equipo de primera, un jugador famoso lleno de culebrones, rígidas normas o un discutible árbitro para hacer un juego tan divertido como el que aquí se nos presenta.