Borderlands

Bienvenidos a Pandora

Es curioso la de vueltas que puede dar el desarrollo de un videojuego. En sus inicios, el nuevo juego de los chicos de Gearbox iba a tener un aspecto totalmente distinto al actual. No es descabellado imaginarse que de haber seguido con su idea inicial, Borderlands habría resultado una experiencia bastante diferente a la que hemos podido comprobar desde su lanzamiento. Difícilmente podremos llegar a comentar los resultados de esa primera idea, pero no por ello habrá que lamentar la decisión tomada, pues igual que sobre el papel dejaron de lado toda la seriedad que la premisa inicial llevaba consigo, la supervivencia, apostaron por un humor más desenfadado con muy buenos resultados. La consecuencia de esa decisión fue otra virtud, tal vez no tan valorada en pos de lo que mucha gente llama “madurez”: una diversión a prueba de bombas.

Y es que si yo tuviera que calificar este juego de alguna manera, lo calificaría como un juego tremendamente divertido. No solo por esas dosis de humor, a veces absurdo, con el que nos deleita el juego a cada rato. Es un juego que a mí me resultó divertido de jugar. Desde el momento en que empecé a jugarlo quería avanzar más y más. No porque tuviera un argumento lleno de tensión, o porque viviera en mis propias pieles la situación más épica jamás contada. Sin saber explicar con mucha precisión el “por qué”, no puedo dejar de reiterar que a mí me resultó tremendamente adictivo, con un magnetismo hacia el mundo de Pandora que me incitaba a continuar el viaje a través de esas tierras.

Sin duda alguna “culparía” a la propia Pandora de muchas de las virtudes del juego. Su estilo Cell-Shading no es ningún impedimento para deleitarnos con pasajes desolados y salvajes. Tras un primer vistazo a Pandora, lo tuve muy claro: si yo fuera colono, no querría ir a esa pocilga de planeta. Y no solo porque ahí impera la ley del más fuerte y el salvajismo está a la orden del día, sino porque es un verdadero vertedero desolado en el que a mí no se me ha perdido nada. Pero como en el juego no somos colonos, sino que somos unos mercenarios, poco puedo decir al respecto. Y eso es algo muy de agradecer, ya que incluso queriendo hacer un paseo la mar de inocente por el planeta, puedes sufrir o ser testigo de un ataque de bandidos o de skargs (los perros salvajes del planeta).

La verdad es que Pandora encaja muy bien para la vida de un mercenario. Hay mucho trabajo por delante y muchos “favores” que hacer. Visualmente el Cell-Shading detalla todas las curiosidades posibles de un planeta salvaje. Le proporciona a los animalejos de la zona un aspecto propio que no desentona con el planeta, y no por ello están exentos de peligro. Los personajes, aliados y enemigos son pintorescos, y en algunos casos de diseño chocante. Por ello tal vez, en las aventuras que tuve en Pandora me sentí un poco como si estuviera en la película “Mad Max”. Todo está en un estado lamentable y se sobrevive como se puede, con los medios que se tiene a mano. No importa la zona que visites, ya sea desierto, montaña, puertos o dentro de búnkeres, el peligro siempre estará acechando a la vuelta de cualquier esquina.

Hay que agradecer el buen hacer gráfico de Gearbox en este juego. Afortunadamente, el buen trabajo cosechado en el apartado técnico se corresponde con el jugable. Es un FPS con toques de RPG a la hora de subir nivel y aumentar las habilidades de nuestro personaje. Pero antes de ahondar en las posibilidades de mejoras y habilidades, prefiero centrarme en el apartado estricto de FPS. Y es que la mejor noticia en este sentido es que casi no hay nada que comentar. A estas alturas los controles en los FPS están bastante estandarizados, y no había una necesidad imperiosa de cambia algo que funciona y da buenos resultados. El apuntado, lanzamiento de granadas, movimientos y acciones a realizar siguen los parámetros básicos de los referentes del género. Esto permite que sea accesible a cualquier persona que haya jugado a algún FPS con anterioridad. Y si luego le sumamos las habilidades y atributos que se pueden conseguir subiendo de nivel, el abanico de opciones y personalización de cada personaje mejora sustancialmente.

Conste que a pesar de que digo “sustancialmente”, tampoco es un cambio que le dé al juego otra dimensión, aunque es un añadido muy de agradecer que permite romper un poco con la “monotonía” (sin que esto sea considerado como algo negativo). Los cuatro personajes con los que contamos para pasarnos el juego tienen la posibilidad de convertirse en especialistas en su propio campo. Todo ello sin renunciar a la posibilidad de mejorar los atributos en otras áreas que sobre el papel no son las más idóneas para sus características. Un ejemplo sería el de Brick. Este mastodóntico personaje está preparado para ser un especialista en ataques cuerpo a cuerpo, pero no por ello hemos de renunciar a los ataques a larga distancia si es lo que queremos. La solución en este caso (que también sirve para Roland y Lilith) es ir eliminando enemigos con el rifle francotirador. Cuantas más muertes y experiencia consigamos con estas armas, más subirá nuestra pericia en este aspecto. Y cuanto más suba, más eficaces seremos con unas armas que sacan el mejor rendimiento con Mordecai.

El propio Mordecai, por otro lado, si elimina enemigos con su rifle francotirador, recibirá las mismas bonificaciones que los demás en el apartado de pericia, pero sus posibilidades de personalización conseguidas con la experiencia le permiten ser todavía más mortífero que sus compañeros. Mejoras que le permiten atravesar escudos enemigos, más munición en los rifles, más daño con los golpes críticos o mayor daño con sus armas predilectas son algunos ejemplos. Por tanto, el juego posibilita que los demás personajes no sean unos “inútiles” a larga distancia, pero al personaje especialista en esta área se le conceden unas bonificaciones extra que le permiten destacar un poco más.

Cada personaje tiene un ataque especial que se desbloquea al llegar al nivel 5, y que está ligado directamente a su campo. Mordecai desbloquea la opción de lanzar a su pájaro para atacar a larga distancia; Brick su ataque especial y devastador de puños; Roland saca una ametralladora automática que regenera la salud dentro de un radio de acción; y Lilith usa sus poderes de sirena, que le da bonificaciones de estado a ella y al resto del grupo. Los ataques especiales, así como sus características, pueden ser mejorados. Pero hay que escoger sabiamente nuestras prioridades, pues no hay los suficientes puntos con los que adquirir todas las mejoras disponibles. Cada uno decide el camino para mejorar su personaje: centrarse solo en las habilidades especiales de su ataque personal, en la habilidad con sus armas o intentar hacer una mezcla de ambas.

Las habilidades, aunque a mí parecer no sean esenciales para poder acabar el juego, sí que son de gran ayuda. Algunos de los efectos que se pueden adquirir se notarán visualmente cuando los usemos contra los enemigos. Porque con ese estilo desenfadado que tiene el juego, cuando ataquemos y eliminemos a un enemigo con alguna habilidad de ácido en nuestro ataque, veremos como el cuerpo del enemigo en cuestión sufrirá unas corrosivas consecuencias. Aparte de que, con habilidades o no, los desmembramientos estarán a la orden del día. Un poco de casquería, porque es casquería, pero que tampoco se hace en ningún momento excesiva gracias al peculiar diseño artístico del juego.

Estos dos aspectos ya comentados, la jugabilidad y el aspecto gráfico, son los dos grandes puntos fuertes del juego. El desarrollo tipo sandbox hace el resto. Multitud de misiones nos esperan por todo Pandora. Como punto en contra decir que no son misiones excesivamente complejas ni muy variadas. Y por desgracia se echan en falta más cantidad de enemigos de zona. En mi opinión no condiciona en exceso el resultado final que ande escaso de “final bosses”, pero teniendo en cuenta la presentación que tienen y que elevan de forma considerable la dificultad en comparación con otros enemigos, habría redondeado un poco más la experiencia, ya de por sí muy satisfactoria, que ofrece el juego.

Un aspecto importante a comentar de Borderlands es la posibilidad de conseguir un automóvil para hacer los viajecitos por las diferentes zonas. Aparte de su importancia en algunas misiones, es algo que se agradece, porque si no la experiencia llegaría a hastiar bastante. Pandora es muy extensa, y sería un poquito frustrante tener que hacer constantes idas y venidas a pie. Algunas misiones por su dinamismo no se ven afectadas por tener que recorrerlas a pie, aparte que la música ayuda a hacer los trayectos, pero hay una diferencia entre recorrerlo todo un par de veces y recorrértelo una docena de veces. Se notaría bastante. Por eso mismo hay que tener un poco de cuidado cuando estemos al volante, ya que los coches pueden explotar si sufren muchos daños.

Metiéndonos ya en la estructura del juego, decir que Borderlands se revela como todo un paradigma de los llamados sandbox, títulos de mundo abierto y con una importante libertad de elección. El juego consiste básicamente en cumplir las decenas misiones disponibles, tanto principales como secundarias. Lamentablemente no hay muchos diálogos, ni prácticamente interactividad alguna, y la única actividad extra que puedes tener es la compraventa de armas y munición. Por no haber, prácticamente no hay ni argumento. Solo una premisa de que eres un mercenario y que tienes que buscar una cámara secreta. Y no es que se resienta demasiado el juego por ello, pero la sensación es que si se llega a tratar un poco mejor el tema argumental, todo habría sido más redondo si cabe.

Pero el no tener una línea argumental tan definida no implica que el juego no sea divertido. Lo es, y mucho. Hay misiones para dar y regalar, pecando únicamente (y ahí es donce cada uno le dará el valor que quiera al asunto) de no tener una gran cantidad de misiones muy variadas. Pero lo cierto es que Borderlands sabe abastecernos de encargos durante un buen montón de horas. Algo muy importante si quieres conseguir el nivel máximo del juego y poderte comprar cualquier arma que veas, ya que por cada misión tenemos nuestra correspondiente recompensa. Las recompensas nos darán una buena dosis de experiencia, un dinerito que nos vendrá muy bien para comprar armas, municiones o escudos, y en algunos casos incluso armas.

En el apartado de las armas es necesario hacer un punto y aparte, puesto que la cantidad que hay es enorme. El gran número de armas disponibles hacen que sea solo cuestión de tiempo que encontremos la más idónea para nosotros. Visualmente, digamos que hay unas cuantas formas limitadas de presentarnos el arma, pero sus características pueden variar de una partida a la otra, aun siendo estas las armas que nos corresponde de una recompensa y que en un principio podríamos pensar que son armas con unas características estándar en todas las partidas. Para que os hagáis una idea, el número total de armas que pueden llegar a aparecer en el juego es superior a seis cifras.

Y por supuesto, el apartado estrella del juego queda para el último lugar. El multijugador de Borderlands permite jugar a cuatro personas a la vez. Sabiamente, Gearbox decidió que cuando algún jugador se unía a la partida de algún otro, los enemigos se volvieran más fuertes. Eso es algo muy de agradecer, pues las misiones y el juego en general para un solo jugador no es que sea excesivamente difícil en la primera vuelta. Además de que el factor competición siempre resulta divertido. Más aún cuando aparentemente los personajes parecen estar descompensados, y el que en un principio parecía un personaje débil acaba convirtiéndose en uno temible.

Los piques, las carreras para ver quien se queda con la recompensa (cuando la recompensa es un arma, solo se la queda el primero en llegar al lugar desde donde nos la han asignado), los duelos entre jugadores, las competiciones sobre quién tiene un arma más potente, hacer volcar a los compañeros que van en coche con el tuyo o la tensión de intentar reanimar a tiempo a un amigo caído forman parte de las pequeñas cosas que terminan de ponerle la guinda al juego. Una experiencia divertida que yo siempre recomendaría para jugar con los amigos. Cuando el pique se habla en un idioma común, es todavía más intenso.

Y así es como Borderlands se nos destapa como uno de los juegos más divertidos de este año que está a punto de finalizar. Solos o acompañados de hasta tres amigos podemos disfrutar de una aventura desenfadada, que tanto técnica como jugablemente ralla a un gran nivel, y con la guinda final de tenerlo traducido y doblado a un perfecto castellano. Personalmente no creo que Gearbox buscara hacer de este título un nuevo referente del género, y sus intenciones quedan bien claras con los resultados: buscaban un juego tan sólido en lo jugable como en lo  visual, que brindara una diversión directa a todo aquel que se animara a visitar las peligrosas tierras de Pandora. Y por suerte, cuando hay unos cimientos fuertes, es más fácil cumplir con tu objetivo.