Mass Effect 2

Más parrafadas en el espacio
Por si no había quedado claro eso de que “segundas partes nunca fueron buenas” no va con los videojuegos, en esta generación son ya unas cuantas las desarrolladoras que se están empeñando en demostrarlo. Uncharted, Gears of War, Assassin’s Creed… la lista de secuelas que igualan o superan la calidad de sus respectivos originales está creciendo continuamente, y hoy vamos a hablar de otro de esos casos. O al menos eso dicen las decenas de webs y revistas del sector que no solo han aupado a Mass Effect 2 por encima de su predecesor, sino que lo acaban de situar como uno de los mejores juegos de la historia. ¿Es Mass Effect 2 ese juego redondo merecedor de las notas más altas? ¿Supone una mejora tan palpable del ya fantástico título original? Bueno, a la primera pregunta es difícil contestar, pues es algo que depende de muchos factores (los gustos, las expectativas, el baremo de cada uno, etc). Ahora bien, sobre la segunda cuestión tengo, como todos, mi opinión. Eso sí, tendréis que seguir leyendo si queréis conocerla.

No es un secreto para ningún seguidor de BioWare su intento por acercarse a cada vez más público en los últimos años. Como ya comentaba hace poco, en la entrada sobre Dragon Age, tras una serie de obras sobresalientes exclusivas de PC, la desarrolladora canadiense comenzó la pasada generación su andadura consolera en Xbox con dos grandes títulos: Caballeros de la Antigua República y Jade Empire. Y no menos grande fue su primera obra para la nueva plataforma de Microsoft, en la que pudimos disfrutar viendo como de la nada surgía un universo y un sistema de juego que causó furor hace un par de años. Aquel primer Mass Effect no fue solo el inicio de una prometedora trilogía, sino también la consolidación definitiva de algunas ideas que se habían ido apuntando desde el ahora lejano Caballeros. Un sistema de combate dinámico, junto al especial énfasis en la toma de decisiones, era la principal seña de identidad de esta nueva oleada de juegos, que dejaban bastante atrás la profundidad estratégica de un Baldur’s Gate. Sobra decir que el resultado cuajó entre prensa y público, y BioWare ahora se ha decidido a ir todavía un paso más allá.

Pero como soy animal de costumbres, primero me gustaría comentar el tema argumental. Sin duda un tema de vital importancia en la trilogía, o en realidad, en cualquier cosa que publica esta desarrolladora. Mass Effect 2 retoma la trama un par de años después de donde la dejó el original, y es bastante recomendable haber jugado antes a aquel para no sentirse fuera de sitio. Y no lo digo ya por la genial opción de importar el protagonista que hayamos creado en su día, sino porque la historia se prodigará en referencias al primer periplo del comandante Shephard (nuestro/a alter ego virtual). Así que si no queréis veros más de una vez en esa incómoda situación en la que alguien acude a saludarnos efusivamente y no podemos dejar de sonreír mientras nos preguntamos quién narices será, ya podéis ir corriendo a por la primera entrega. Aunque si preferís no hacerlo, lo cierto es que tampoco supondrá un obstáculo mayor, ya que los acontecimientos en seguida toman un rumbo propio y construyen una nueva trama que, aun siendo pieza clave del mismo arco argumental, se puede disfrutar de formar independiente.

Lamentablemente, dicha trama se distribuye en apenas dos pequeños bloques (el inicio y la recta final), fuera de los cuales se diluye sin llegar a alcanzar nunca la fuerza e intriga del original. La persecución del villano de turno y la investigación sobre las amenazas del universo que nos arrastraban en el primer Mass Effect se ven sustituidas aquí por un reclutamiento de aliados que abarca prácticamente todo el juego y deja a Mass Effect 2 a nivel argumental como un mero preludio de la futura tercera entrega. Esto puede sonar como una mala noticia, y en parte lo es, pero por suerte el fabuloso reparto de compañeros que se unirán a nuestra causa logra salvar la fiesta por completo. Después de la lección de maestría dada hace escasos meses con Dragon Age: Origins, BioWare vuelve a demostrar que creando personajes no tiene parangón en la industria. El nuevo reparto es sencillamente espectacular, lleno de diferentes razas, personalidades y trasfondos que es todo un placer descubrir, y que sitúan los diálogos de esta entrega a un nivel muy superior al del original (y en general de prácticamente cualquier otro juego que haya probado nunca).

No mucho después de iniciar la aventura se nos indicará la localización de casi todos ellos y tendremos que recorrer media galaxia para encontrarlos y hacer que se unan a nuestras filas. Algunos pueden parecer algo estereotipados en el primer contacto, pero si nos molestamos en hablar con ellos a menudo, todos ellos se revelarán como unos compañeros de fatigas memorables, con personalidades trabajadas, distintivas y con lugar tanto para los dramas como para esos siempre agradecidos toques de humor y espontaneidad que por momentos casi nos hacen olvidar que solo estamos ante un puñado de polígonos. El propio Shephard no se queda a la zaga, siendo de nuevo la estrella del show gracias a la capacidad de guiar a nuestro antojo sus conversaciones mediante una sencilla interfaz. El tipo de respuestas se vuelven a dividir en virtud (para los que van de buenazos), rebeldía (ser un héroe no impide tomarse ciertas… libertades) o el a veces necesario término medio. Este sistema no permite la escala de grises que sí podíamos ver hace poco en Dragon Age: Origins, pero sigue dando mucho juego y es una delicia jugar varias partidas para ver qué posibilidades se abren al potenciar una u otra actitud.

Aparte de la dualidad virtud/rebeldía, tampoco podían faltar Mass Effect 2 esa característica toma de decisiones que van alterando sutilmente el discurrir de los acontecimientos, ya sea en la relación con nuestros aliados (¡viva el sexo espacial!) como en ciertos puntos de las misiones. Y lo mejor de todo es comprobar al fin cómo dichas decisiones no afectan solo al propio juego en el que se toman, sino que incluso pueden llegar a trascender de una entrega a otra. Si decidimos importar nuestro protagonista de la entrega original a esta secuela, comprobaremos como más de una de las elecciones que hicimos hace dos años tienen ahora sus consecuencias aquí. Esto, además de ser un detalle genial que vincula todavía más ambas entregas de la saga, hace que nos planteemos las nuevas decisiones que tengamos que tomar ya no solo con la mente puesta en sus efectos inmediatos, sino en los que podrán tener el día que llevemos ese mismo personaje a Mass Effect 3, dotando así cada elección de una relevancia que difícilmente había gozado antes cualquier otro videojuego.

Pero todo esto ya lo sabíamos. Acudir a Mass Effect 2 en busca de un buen guión era una apuesta segura desde incluso antes de mostrarse la primera imagen. Era algo que la primera entrega ya había resuelto de forma casi impecable y esta secuela se encarga de ratificar. Donde vienen los cambios y las intrigas es en el apartado jugable, al menos en el sentido más literal de la palabra. La base sigue siendo el mismo sistema de combate, un híbrido entre RPG y shooter en tercera persona. Ahora bien, parece que las tendencias actuales han logrado que en esta secuela BioWare se haya decidido a quitarle un poco de peso a lo primero para potenciar lo segundo. El inventario ha desaparecido, y las mejoras se han simplificado de manera significativa. La cobertura se ha desplazado del analógico al botón A (en 360), lo que unido al nuevo uso de municiones y recargas, hacen que en el fragor del combate a veces Mass Effect 2 casi se sienta como el enésimo clon de Gears of War.
Y de hecho no sería un mal clon. El diseño de niveles ha mejorado bastante desde la primera parte, cambiando los predominantes pasillos rectos por estancias con numerosos rincones donde cubrirse y elaborar estrategias. La opción de dirigir a los dos miembros de nuestro pelotón al más puro estilo Rainbow Six funciona realmente bien, y la sensación tras alcanzar la victoria en cualquiera de las numerosas misiones es que, como shooter, Mass Effect 2 es muy superior al original. ¿Es eso bueno o malo? Para gustos, supongo, aunque en mi opinión sin duda es algo digno de elogio. Puede que el camino tomado con esta trilogía no sea lo que nos esperaríamos de los chicos de BioWare hace unos cuantos años. Pero precisamente esa versatilidad (y más cuando Dragon Age acaba de demostrar que a la hora de crear una experiencia rolera como las de antaño siguen estando en plena forma) a la hora de conjugar un estilo de juego tan directo con el repliegue de un universo profundo y muy complejo es lo que distingue a Mass Effect de cualquier otro juego de acción o rol del mercado.
Hablando de rol, una de las características frecuentes de este género que no había estado a la altura en la primera entrega era la relativa a las misiones secundarias. Pero en BioWare parece que han tomado nota y han logrado no solo que tengan más relevancia, sino incluso que sean uno de los mayores atractivos del juego. Si bien la historia principal solo nos “obliga” a que reclutemos una serie de guerreros necesarios para la misión final, desde el primer momento se nos hace ver lo importante que es ganarnos su lealtad. Pero no penséis que esta se consigue comiéndoles la oreja como en tantos otros RPGs. Llegado cierto momento, cada uno de nuestros compañeros nos solicitará ayuda para arreglar algún asunto de índole personal, asuntos que se suelen traducir en misiones con elevadas dosis de tiroteos en un pequeño planeta de la otra punta de galaxia. Estas misiones son opcionales, si bien recomendables porque alargan la vida del título, nos permiten conocer mejor a nuestros compañeros, acostumbran a ser tan entretenidas como cualquiera de las principales y, quizá lo más importante, modifican el final del juego.
Otras de las tareas secundarias nos llevan a explorar planetas en busca de minerales con los que costear luego un importante número de investigaciones y mejoras para nuestra nave o equipo. En esta ocasión se ha prescindido del Mako (vehículo que conducíamos sobre la superficie de algunos planetas en el primer Mass Effect) y se ha sustituido por un curioso escáner de planetas. Este escáner resultar muy original y nos ahorra bastantes horas de paseo innecesario (un consejo: salvo que vayáis a por el 100% de las mejoras, limitaos a lanzar sondas a los planetas ricos), pero a la larga se vuelve algo monótono y no evita que el Mako se eche de menos. Entiendo que su presencia en las secundarias se haya eliminado, pero que no lo utilicemos ni una sola vez en misiones principales me parece una decisión poco acertada. Lo que sí es difícilmente discutible es la enorme mejora del mapa que utilizamos para viajar de un planeta a otro. Ahora podemos manejar libremente nuestra nave por él y repostar combustible para alcanzar manualmente los sistemas lejanos. Más interactivo, más divertido.
Otra mejora innegable la encontramos en el apartado gráfico. En realidad, técnicamente sigue la línea de su predecesor (que ya era todo un portento en su día), pero el diseño artístico ha ganado enteros tanto en lo que personajes como a mundos se refiere. Es casi imposible aterrizar en el planeta Omega y no recorrer sus calles pensando en Blade Runner, o pasmarse varios segundos ante la espectacular vista que ofrece Illium, con sus cientos de rascacielos y naves perdiéndose en el horizonte de un atardecer azulado. Los interiores, especialmente en los tramos de acción, suelen ser más sobrios, pero nunca parcos en detalles. Y lo que es más importante, todo el conjunto está mucho mejor optimizado. Adiós a las frecuentes ralentizaciones, y adiós a ese feo cargado de texturas delante de nuestras narices. Los ascensores que se utilizaban para camuflar los tiempos de carga han sido sustituidos por pantallas de información bastante vistosas. Debido a que su duración es menor, son bien recibidas, pero aparecen con mucha frecuencia en algunas zonas y se quedan como la asignatura pendiente de cara a Mass Effect 3 en lo que al apartado técnico se refiere.
A nivel sonoro también mantiene muy bien el tipo, aunque a título personal aquí no sería tan generoso con Mass Effect 2 a la hora de compararlo con su precursor. El reparto de voces sigue en inglés, pero no es un gran inconveniente puesto que su calidad es altísima. Donde creo que esta entrega ha dado un pequeño bajón es en la banda sonora. Y matizo rápido antes de que alguien intente saltarme al cuello: no pienso que los nuevos temas sean malos, todo lo contrario. La música que acompaña a cada situación es fantástica, y a veces llega a cobrar todo el protagonismo, dando fuerza a esos grandes momentos épicos que la saga se está acostumbrando a regalarnos. La cuestión es que el nivel de la banda sonora original era increíblemente alto, y creo que aquí se han quedado uno o dos escalones por debajo. En realidad, esto no es tanto una queja para la secuela como un halago para el primer Mass Effect, pues creo la suya es una de las mejores bandas sonoras que ha dado esta industria. Mass Effect 2 cumple, y con nota, pero ni sorprende ni logra que olvidemos las composiciones originales (algunas de las cuales se rescatan aquí tal cual o versionadas).

Llegado este punto, solo queda por atar el último cabo, la cuestión que dejaba abierta al inicio de este análisis. ¿Supone Mass Effect 2 una mejora palpable de la primera entrega? A mi juicio sí, aunque no llega a eclipsarla del todo. Las partes de acción están mucho mejor diseñadas; los pequeños retoques en el sistema de cobertura y la eliminación del inventario lo convierten en un juego más frenético; el nuevo reparto de personajes es sencillamente magnífico; las misiones secundarias son bastante más variadas y entretenidas; los gráficos están más cuidados y mucho mejor optimizados… Todo esto es cierto, pero también lo es que no dispone ya del factor sorpresa, que nace de las bases del original, que su argumento no tiene tanta fuerza, que el componente RPG ha perdido peso o que alguna que otra misión con el Mako no le hubiese venido nada mal para tener un desarrollo todavía más variado. Mass Effect 2 es un grandísimo juego, pero deja todavía un margen de mejora significativo para el futuro tercer episodio. De si este logra alzarse con el título de “Mass Effect definitivo” ya habrá tiempo para averiguarlo.
Mientras tanto, solo nos queda exprimir hasta la última gota de la segunda entrega de una saga que podemos decir ya se ha consolidado como la gran ópera espacial de los videojuegos. Y es que, aun en cierto modo incompleto por su condición de enlace entre la primera y la tercera entrega de una trilogía, el último título de BioWare alcanza la excelencia en absolutamente todo lo que se propone (que no es poco). Eso cuando no la supera, que también. De una forma muy similar a lo que ocurriera en su día con El Imperio Contraataca (segunda película de Star Wars, por si alguien anda perdido), Mass Effect 2 expande durante horas el fascinante universo que habíamos empezado a conocer en la obra original dos años atrás, para luego dejarnos con una miel muy dulce en los labios, deseosos de continuar pronto el viaje con nuestros nuevos compañeros de aventuras. Un viaje lleno de acción, de intriga, de romances. Un viaje que puede presumir de una jugabilidad a prueba de bombas y algunos de los más bellos parajes alienígenas jamás recreados en cualquier obra de ciencia ficción. Si todavía no te has hecho con tu billete para embarcarte, ¿a qué estás esperando?