De Momias, Cine Y Maldiciones

Sufrí hace una semana (bueno, algo menos, pero muy poco) una pequeña tortura viendo la tercera parte de esa hasta hace poco entretenida saga sobre una momia pesada momias llamada, en un gran alarde de imaginación "La Momia". Ciertamente, se comprende por qué Rachel Weisz no quiso participar. El aburrimiento que supuso la película me hizo pensar sobre las maldiciones que relacionan cine, momias y Stephen Sommers. Lo bueno de aquello es que pagaban mis padres la cena y el cine (¡chupate esa agujero del bolsillo!).

Lo que quiero decir aquí es que me di cuenta de que no entiendo la relación momia-maldición que hace esta saga.

Si quieres castigar a alguien, aunque sea sumo sacerdote, señor de los muertos y vete a saber tu que más títulos, mátalo, y dejalo bien muerto. Si acaso descuartízalo y expande los cachitos por el mundo, que los libros resucitamuertos que tienes en tu biblioteca son peligrosos y, de hecho, son los que joden a la humanidad durante unos días a lo largo de la película.

Lo que considero absurdo es hacer algo como lo que se propone en esta película, donde se dice  durante los primeros minutos para explicarnos la "maldición": Y a Imhotep le impusieron la terrible pena del "hom-dai", el peor de todos los suplicios. Algo tan horrible que nunca se había llevado a cabo. Permanecería encerrado en el sarcófago eternamente, sin morir. Los medjai nunca lo dejarían salir, porque si saliera, traería calamidades y pestilencias.

Vemos que, si ese elemento de seguridad no muy infalible que suponen los medjai, el no-muerto pero tampoco no-vivo (¿será un virus?) saldrá de su sarcófago y tendrá poderes chupi-guays, que usará para dar por culo un rato. Luego rizamos el rizo y añadimos que es inmortal, para hacerlo aún más duro.

Creo que no se castiga, y de paso maldice, a quien se dice querer hacerlo. Personalmente si tuviese que sufrir algo así, lo estaría celebrando mientras me hacen el hom-dai ese. Vale, sufriré durante un tiempo, pero cuando en unos años, que serán más o menos pero se pasarán durmiendo en el sarcófago, alguien terminará por encontrarme y leerá los libros esos que me harán despertar, momento en el que seré inmortal y, con un poco de saña, se recupera el aspecto de una persona normal tras unas pocas masacres. Con poderes chupiguays e inmortalidad, a ver quien se atreve a toserme.

Vale, es cierto que existe la posibilidad de que cojan de nuevo ese libro extraño y adios inmortalidad, pero por eso el primer objetivo debería ser destruirlos, algo fácil pudiendo hacer lo que venga en gana con el entorno.

Vuelvo al tema, que me voy por las ramas con mis ansias de destrucción del mundo (recordad, no lo dominéis, no es nada viable, destruidlo). No creo que se maldiga a quien se le hace la maldición, sino a la humanidad entera. Esto tiene su parte positiva desde mi punto de vista, y es que significaría que alguien ha leído mi recomendación de no diminar el mundo y la ha tomado como un buen consejo (que no lo dudéis, lo es, y no porque sea mía ). La negativa es que para los que queréis vivir comodamente puede suponer un serio problema.

Es por esto que creo que los guionistas de la película son idiotas, por mucho que estuviese calado hasta los huesos de una mujer y quisiera revivirla, lo primero que debería hacer cualquiera que obtiviese poderes ilimitados del universo marca Industrial Light & Magic es deshacerse de cualquier cosa que pusiese en peligro su inmortalidad, para a continuación continuar con sus planes, ya sean revivir a alguien porque la quieres más que el calor a la 360 o acabar con la humanidad.

Aunque sinceramente, que son idiotas queda bien patente sólo con ver esta tercera entrega aunque a uno no le vengan a la cabeza ideas absurdas sobre las maldiciones, porque tela que basura de desarrollo tiene la jodida arma de destrucción masiva de neuronas que es la película.