Cuando Emmerich Se Cabrea…

Advertencia: Hay algún spoiler de Independence Day, El Día de Mañana y el trailer de 2012. Deberías haber visto como poco los trailers de cada una para leer con tranquilidad la entrada, estas películas son así de absurdas.

Somos una mierdecilla en miniatura en medio de un planeta en medio del Universo, y como tal cuando fuerzas extrañas o seres con eones de años de avances tecnológico por encima nuestra deciden que es hora de divertirse a nuestra costa sólo queda la resignación.

El señor Roland Emmerich parece dispuesto a mostrar todas las formas imaginables de apocalipsis, por increible o estúpidamente bruscas que sean. Por suerte siempre nos hace saber que alguien nos salvará, Estados Unidos en el 90% de las veces, que a fin de cuentas es quien pone el dinero para hacer la película.

En Independence Day nos mostraba como unos alienígenas medio fusionados con su tecnología venían en una nave del tamaño de un cuarto de la luna (no quiero imaginar el dinero que en su planeta destinan a gastos militares) a invadirnos por nuestros recursos naturales. El caso es que la lían gorda.

Cosas de la vida, llegan justo para celebrar el día de la independencia de Estados Unidos America (perdón por el lapsus), así que no pueden salirse con la suya.

Un piloto borracho, que años atrás había sido secuestrado para porno interracial (no lo digo yo, lo decía él aunque con otras palabras) se inmolaría descubriendo el punto débil de las naves con forma de paellera. justo cuando iban a destruir el búker ultrasecreto que era el Área 51, desconocida hasta para el presidente de los Estados Unid… América, leñe, que manía. Previamente un técnico de antenas en cinco minutos crea un virus capaz de inutilizar la tecnología extraterrestre, ¡y en código máquina!, que era todo un jarcor de la electrónica. Además sin haber fumado en su vida acaba fumándose un señor puro sin toser o arrugar la cara lo más mínimo. Todo un jarcor, si señor.

Para entonces ya nos habríamos dado cuenta de las obsesiones del señor Emmerich: desastres apocalípticos, chistes malos, bunkers secretos y destruir la Casa Blanca.

Godzilla era algo menos apocalíptica, no quedaba tan mal la ciudad a pesar de que un lagarto del tamaño de un rascacielos se pasease por ella. No quiero imaginar las cagadas que debía soltar el bicho. Una película sin mayor trascendencia, incluso mala para lo que acostumbra Emmerich.

El Día de Mañana suma la moralina de que nos estamos cargando el planeta con el cambio climático. La gracia es que de un día para otro el hemisferio norte se ve asolado por cataclismos que lo cubren de hielo. Por supuesto no falta la familia no muy feliz que debe acabar feliz, así que el protagonista va a rescatar a su hijo  (que además se enamora en el proceso, que potito) con tal de que no muera congelado.

Al final al mundo le entra la conciencia chupiguay, olvidando el rencor y egoísmo típico de la humanidad y en el sur nos acogen, perdonando deudas externas y esas cosas tan bonitas e ideales pero imposibles.

Y llegamos a donde quería llegar, 2012, película que se estrenará en unos meses y en la que el amigo Roland parece estar cabreado con el mundo.

Ni extraterrestres, ni cambios climáticos ni animales mutantes gigantescos, ahora parecen ser los mayas y el fin de su calendario que tanto senscionalismo causa la raíz del problema.

Como los mayas, listos ellos, no veían más allá del 2012, resulta que el mundo se irá al garete. Y eso es lo que nos va a decir ahora Emmerich. Será su película típica: guión casi ridículo, personajes para olvidar pero deleíte para ojos y oídos. Cine palomitero puro y duro vamos.

Y es que parece ser que, como acaba el calendario maya y llega con ello el fin del mundo, La Tierra se resquebraja: las placas continentales empiezan a bailar claqué, rompiendo todo lo que tienen encima; las montañas caen como si fueran castillos de naipes; el mar campa a sus anchas por los continentes  con olas de cientos de metros y hasta llueven bolas de fuego.

Por lo visto en el trailer no se ha olvidado de sus obsesiones, así que tendremos la familia feliz, el búnker ultra secreto con tecnología ilimitada y la destrucción de la casa blanca.

La familia feliz seguro se salva, aunque deba sobrevivir a montañas cayendo a un metro de su coche, no sepan nadar y les venga la ola que haría las delicias de todo surfista esquizofrénico o deban crearse un planeador con bambú, cinta aislante y un motor de lavadora. Si McGyver pudo hacerlo la familia feliz hollywoodiense puede hacerlo en la mitad de tiempo. Si acaso morirán los padres ya que los niños, por algún tipo de ley no escrita, son inmortales a efectos de superproducciones catastrofistas.

Sólo Steven Seagal puede matar niños en Hollywood

También se sugiere la construcción de un búnker ultra secreto de tecnología punta, que hará las veces de arca de Noé. Y aquí entra en juego el sentido común. Si la Tierra se rompe a cachitos por todas partes ¿por qué hacer un búnker subterráneo? ¿No se han dado cuenta de que tarde o temprano se romperá? Viva la inteligencia humana, capaz de construir cualquier cosa pero incapaz de hacerlo con sentido común.

Y la última de las obsesiones de Emmerich: destruir la Casa Blanca. En ésta ocasión se encargarán de ellos las olas inmensas y el portaaviones USS John F. Kennedy. ¿Causas de esto? A saber, yo manejo las siguientes opciones:

  • Emmerich vio frustrada su carrera política. Y por eso mismo ahora se dedica a hacerle saber a todo el mundo que él, y sólo él, debería ocupar los despachos de esa casa.
  • Es el símbolo de porder de Estad… (hostia al redactor) América. Por tanto si eso cae no nos queda esperanza. Un recurso dramático vamos.
  • Es aparejador con fijación obsesiva por colores oscuros, y lo blanco debe ser destruido. Además por eso la nieve y el hielo son malos.

Si fuera otro director diría que con ver el trailer ya se ha visto la película, ya que éste no muestra otra cosa más que lo que siempre hace y todas las escenas interasentes de la misma, pero conociendo a Emmerich habrá otras dos horas de destrucción marca de la casa, que es más de lo mismo pero más largo… vale, nos hemos quedado igual, ¿pero a que muchos iréis a verla de todas formas?

Por último, quiero hacer mención a los padres de Emmerich. En un blog que ha abogado un par de veces por la destrucción del mundo queremos nombrar no-lectores honoríficos a los susodichos. Es un orgullo tener un hijo que, ya de pequeño, no se limitaba a hacer un castillo de arena en la playa, si no que lo hacía, lo destruía tirando encima una construcción aún más grande y pisoteaba los castillos de otros niños mientras proclamaba que el apocalipsis había llegado.