Un mundo de color de rosa

Y para iniciar este blog, para poder saborear por todos los sentidos este blog que roza lo politicamente incorrecto y se hunde en la escatología para gran satisfacción de todos, os publicaré una pequeña narración publicada con cariño y odio. Y sobre todo para los amantes de lo paranóico y sórdido. Para ustedes, pues este blog lo único que desea es satisfacer vuestros miedos y dibujar una sonrisa en vuestra cara, pues en estos tiempos las sonrisas estan muy demandadas, os dejo con una historia corta, de las primera que escribí. Espero que la disfruteis y ameis.

 

Un mundo de color deRosa

Luz tenebrosa. Es la única descripción. Una neblinafantasmagórica se despliega delante de mí, ocultándome lo que hay delante demis ojos. Los rayos de luz atraviesan la niebla difuminándose y haciendo quesea más terrorífica. Observó el camino pedregoso que hay debajo de mis pies. Habla con el elefante rosa. Estraicionero. Con piedras sueltas y resbaladizas. Doy varios pasos con cuidadoen dirección a la niebla que me rodead, sin ver lo que me depara mi caminata.

Oigo gritos, gritos desgarradores, de dolor, de sufrimientos.Oigo sollozos a mí alrededor, pero los ignoro cómo puedo cerrando mi mente aellos. Prosigo con mi asustadizo andar por este pasaje, con el corazón en unpuño. Estoy en alerta, intentado mirar a todas las direcciones. Habla con el elefante rosa. Encuentro,ya por fin un claro, para poder descansar de esta visita al Oblivion. Cojo airey reanudo mi caminar.

Tiemblo de miedo pero esa voz en mi cabeza, que me vuelveloco, me arrastra a seguir atravesándola y dejar el claro allí donde loencontré. En medio del camino. Recorro lentamente el trayecto intentandocontrolar mi sollozo provocado por aquellos lejanos griteríos. Avanzo cabizbajoy en silencio a través de la densa niebla hasta que veo algo que de verdad meeriza el vello corporal.

Diviso una sombra humana oculta por los fluidos. Susmovimientos, oh dios, sus movimientos son demoníacos, oscuros y tenebrosos. Suvelocidad es abrumadora y se dirige hacia mí. Busca al elefante rosa. Mi corazón late deprisa, cada vez másrápido. Estoy asustado, acongojado. La sombra se acerca más a mí hasta quepuedo ver su rostro. Su rostro de Belcebú, de vileza, de culto a la violencia.Esa cara, llena de heridas autoinfrígidas, de clavos saliendo de su retorcida ydeformada cara y esa sonrisa, tan llena de odio, de maldad de odio y de amor.Amor al sufrimiento, al dolor.

Ver esa imagen, fue suficiente. Huí sollozando. Corrí, ycorrí adentrándome más en le niebla, sin echar la vista atrás. Como alma quelleva el diablo, sin dirección ni rumbo. Huí, huí hasta que mis piernas dijeronbasta y me hicieron caer al suelo. Apoyé en el descenso las manos en el húmedoy frío pavimento mientras. Encuentra elelefante rosa. Estaba llorando, con el corazón a punto de explotar,asustado, muerto de frío. No sabía qué hacer.

No sé como cogí el valor para echar la vista hacia atrás, enbusca del demoníaco hombre. No estaba allí. Lo había dejado atrás. Cerré losojos y cogí aire mientras me tranquilizaba un poco. Poco a poco, conteniendo,el ya extinto sollozo, me levanté. Cogí aire. Me hable a mí mismo. Dialogué conmí ser atormentado de mi interior. No es nada, es una pesadilla, si eso es, unasimple pesadilla. Ahora aparecerán mis amigos, mis compañeros de trabajo, unelefante rosa y mis padres. Si es eso. Una pesadilla. Solo tengo que cerrar losojos y me despertaré.

No surtía efecto, así que los abrí y allí estaba otra vez. Enesa tenebrosa y blanquecina niebla. Oh dios mío. No podía ser. Volví a retomarel paso, asustado como antes, pero no avancé mucho más. Golpeé con algo quehabía en el suelo obligándome a detenerme. Y de repente, la niebla desapareció.Y allí estaba, el elefante rosa sobre una fuente de brillos dorados opacos ysucios.Levantó su trompa. Habla con el elefanterosa. Me acerqué a él, tembloroso. Pero cada vez que me acercaba, meirradiaba una calma, una tranquilidad. Me daba seguridad. Ya no tenía miedo,incluso me reía del miedo. Me acerqué a su trompa para acariciarla. La toquécon dulzura, parecía terciopelo rosado y sentía que le gustaba. Sonreía ylevanté la vista hacía sus ojos. Pero lo que vi, me volvió a encoger elcorazón. No podía ser, era imposible. Allí estaba. En ese cuerpo de elefanteincrustado en un cuello, como si de un relato de bajo presupuesto de terrorfuera, estaba aquella cara que provenía de las mismísimas entrañas delinfierno. Aquella demoníaca cara, la cual me había topado en el camino, teníaincrustada, entre los mare mágnum de clavos de su cara, aquella rosada trompa.Esa vileza con vida, que me miraba a través de sus acongojadores e hipnóticosojos. Y se reía, el condenado se reía. El elefante rosa se reía.

Me desperté bañado en un lago de mi propio sudor frío. No podía ser. Respiré hondo mientras observabamí alrededor. Mi habitación, mi humilde morada, con la ventana abierta por elintenso calor del verano. Había pasado. La asfixiante brisa se colaba por laventana mientras yo me recuperaba de esta terrible pesadilla. Había pasadotodo. Acaricié mi peluche, con el cuál dormía todas las noches. El elefanterosa que me regalaron en mi juventud. Era él elefante.

Pero un gélido escalofrío recorrió mi cuerpo entumeciéndome.La ventana se cerró de golpe dando un portazo y asustándome. La cortina habíadejado de realizar su fantasmagórico vuelo hasta posarse en la ventana. Suspirétranquilo. Y me volví a tumbar en la cama. Giré para observar al elefante rosa,a mi peluche. Pero allí no estaba. Su cara. Su rostro era aquél demonio que meobservaba sonriente analizando mis entrañas para devorarlas en el mundo real.

Había sido un horrible sueño, pedía no podía ocurrir eso. Eraimprobable, irreal y terrorífico. No podía estar ocurriendo. Era imposible quesea tan real, no podía ser cierto, o tal vez sí.

 

 

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Y he aquí, si os encontrais en este punto, solo puedo dar las gracias como un humilde tahúr que soy.

Nos leeremos en sórdidos lugares.