Cántigos de la vida (1×00)

 

 

Hoy iniciaré una nueva serie de historias originarias de un relato que escribí y publiqué en una página web que me gustaría reeditarlo y compartirlo con vosotros.

Esta historia se llamará Canticos de la vida y colgaré el prólogo, el relato original que escribí y me dió la idea de hacer una secuela más extensa que irá colgada en forma de serie!!!

Espero que os guste. Y si os gusta, publicaré la continuación!!! Muchas gracias!!!

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 MARS 01 (Prólogo a cánticos de la vida)

 

La música de Chopin sonaba por la nave a un volumenexcesivamente alto por los compartimentos de la estación espacial. Era el díanúmero doce desde que atracaron en aquella extraña estación espacial queencontraron.

                La Mars01 salió de los astilleros espaciales de la tierra, el 5 de junio del 2049 endirección Marte, con el objetivo de fundar una pequeña colonia de seishabitantes. Sus tripulantes sabían perfectamente que no iban a volver a latierra, ya que ellos eran los encargados de preparar el asentamiento parafuturas nuevas naves que traerían más colonos. Sobre todo para la Mars 02, quehabía partido una semana después de ellos, pero que llegaría al final de sudestino con una diferencia de tres meses, lo suficiente para tener preparado elasentamiento para los cien nuevos huéspedes. En sí, la nave era un enormecilindro de trescientos metros de longitud por cincuenta de altura, del cual sepodía dividir en cuatro secciones. La primera correspondería a los tanques decombustible y propulsores, se encontraban encajados en la estructura sinrecubrimiento alguno. Era la única sección en que no pueden entrar losastronautas, salvo que salgan al exterior. En cambio era la zona que mas ocupala nave, siendo de ciento cincuenta metro de longitud. La segunda sección era losalmacenes, los cuales están provistos por algunos rovers para dos personas ynumerosas piezas de construcción para ir montando algunas casas y generadoresde energía, aparte de numerosos utensilios de minería. Esta correspondería a untercio de la nave. En tercer lugar, se encontraba el anillo, que se sujetaba apor tres largos toros de veinte metro de longitud que servían como hogardurante el espacio. Además era la única zona donde podían andar, pues, al encontrarsegirando sobre el eje de la nave, esta generaba una fuerza centrípeta suficientepara emular la gravedad marciana. Y por último la cabina de mando, que teníaespacio suficiente para tres personas.

                En eldía setenta y dos de su viaje, los seis tripulantes se encontraron con unaumento de radiación que golpeó a la nave. Estos se refugiaron en la cabina demandos, bien apretujados, pues estaba recubierto por un escudo térmico paraaguantar cuotas superiores 200 r.e.m de radiación. Pero la radiación no veníasola. Inicialmente pensaron que era debido a una erupción solar, pero losgráficos y el ordenador no habían localizado ninguna erupción solar en laúltima hora. Y perdieron la dirección. La nave se desvió del vector dedirección hacia Marte y cayó a una especie de agujero que lo absorbió.

                Aquelagujero de gusano hizo que la nave convulsionara, y que sufriera una fuerteatracción gravitatoria durante algunos segundos, hasta que este agujero lesescupió en otro lugar, en otro sitio. Cuando la situación se normalizó, cuandoel ordenador de abordo dejó de emitir aquel taladrador agudo sonido de alarma,y comprobaron que los niveles de radiación habían disminuido considerablemente,entonces observaron en qué posición se encontraban. Ninguna constelación queellos pudieran reconocer, solo un astro a lo lejos, de tono amarillento quedaba su luz con cariño a un planeta rocoso con un satélite natural a escasoscinco días de distancia a la velocidad actual. Pero había algo más en esa roca.Una estación en forma de cruz. Eran seis cubos perfectos unidos por unaestructura cilíndrica central. Con desconocimiento alguno del lugar, decidieronatracar en aquella solitaria estación espacial de dibujos de estilo gótico.

 

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                Y lamúsica sonaba, mientras cada uno de los seis tripulantes, realizaban diferentesactividades. La encargada médico, una mujer cercana a los cuarenta añospelirroja y delgada, de origen londinense llamada Rose Jones, analizaba aquelextraño cuerpo que habían encontrado en la estación. El capitán George Bauer,de aspecto sureño y ya canoso, cercano de los cincuenta años se encontraba enla sala de ejercicio de la Mars 01, acoplada a la vacía estación por unlateral, junto a la primera oficial, Jane Gerildafno de cincuenta años ycaliforniana, de pelo corto y rostro aguileño, cuya estatura era curiosamentesuperior en casi media cabeza del capitán, que resultaba ser su marido. Elcuarto tripulante, un Japonés, Hiro Sakaguchi, intentaba estudiar, con unordenador de pantalla táctil, la estructura de la nave. Era inmensa, coninnumerables pasillos interconectados. El color era de un blanco impoluto,perfecto, sin que se pudiera ver las diferencias entresuelo pared y techo.Había recorrido todo los pasillos haciendo un plano de la nave, pero solo habíaencontrado tres habitaciones. Una enorme cabina automatizada justo en la partesuperior de aquella enorme cruz de cubos góticos. En el cubo central unaenfermería con un cuerpo humano en coma, y en la parte inferior, una sala demáquinas automatizada, por ello estaba realizando un plano, con un ordenadorcon cámara tridimensional. Era geólogo, y sería el encargado de organizar unapartida de minería en el momento en que llegaría la segunda expedición, concerca de cien tripulantes que servían para apoyar la expansión de la colonia.

                Elquinto Erik Vutton, el biólogo, un enfermizo hombre de veintiocho años,solitario y con cierta propensión a la hosquedad analizaba, en el almacén de lanave, las muestras de ADN y los cultivos para iniciar el proceso de terraformaciónde Marte. El último de ellos, el ingeniero Español Guillermo Enjuto, un albinocuyos ojos negros atemorizarían a cualquiera de sus tripulantes si no fuera porsu afable y alegre forma de ser.

Todo ellos, realizando sufunción, sus labores, para entretenerse en el tedio de aquella nave mientrasintentaban descubrir en qué lugar del universo se encontraban perdidos.

 

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-¿Cómo te va?-Preguntó Hiro aGuillermo, quien salía de debajo de un gran cúmulo de tuberías entrelazadasentre sí.

Este se volvió sorprendido por lavoz del japonés clavándole aquella negra mirada que contrastaba con su pielblanca como la leche.

-Estoy haciendo comprobacionesdel sistema de refrigeración de la estación. He encontrado el conductopero  pasa como con todas estas tuberías.Se adentran a esa pared, y no sé lo que hay en ella.-

-Puedo intentar cartografiar todala zona contrincante a la sala de máquinas. He terminado ya con el cubo tres yme iba a poner con los cubos laterales.-

-Estaría bien. Me gusta la idea,pero no hay prisa. Hasta que el ordenador de la Mars, o consiga yo adentrarmeen el sistema informático de la nave, lo veo muy peliagudo.-

-¿Cuál es el problema?-

-Nada, simplemente que tengo queterminar la conexión para los puertos de red del puente de mando.-DijoGuillermo observando con cariño aquellas tuberías impolutas.-Y bueno, ¿Qué tetrae por aquí?-

-Hora de la cena.-

 

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Jane entró en la sala de mandos yobservó el impoluto blanco que le cegaba los ojos. Siempre se sorprendía alobservar la cabina de mando. En aquella sala solo había una especie de bloquenegro que salía del suelo con dos ranuras circulares cerradas y un acceso dered, y un panel etéreo enfrente de él. Aunque con la llegada a la vacíaestación, lo utilizaban como comedor, con una mesa y sillas de aluminio y unas cajasde raciones.

De las cajas de raciones sacó unabolsa hermética provista de la ración con proteínas, glúcidos y lípidos.Durante el viaje debían de comer tres raciones diarias en un intervalo de ochohoras de alimentos para no perder masa muscular. Había sacado una bolsa desabor a Tomate natural.

-¿Hoy de tomate?-Dijo su maridodetrás de ella mientras rebuscaba una bolsa de alimentos.

Acto seguido, apareció el restode la tripulación, el taciturno Erik, que sacó una bolsa de alimentos sin tansiquiera saludar y se sentó en la mesa, inmenso en sus pensamientos. Guillermoy Hiro entrando riéndose sobre un chiste de almacenaje contado por el albino.

-Veo que sois puntuales todos ala hora de cenar.- Dijo el capitán.- ¿Estamos todos?-

-Falta Rose.-Dijo secamenteErik.-Estará con el individuo ese.-

-Se ha encerrado demasiado en él,estudiándolo a fondo.-Dijo Guillermo- Creo que le gusta-

-Guillermo, cállate. Ese tío latiene demasiada encerrada en sí mismo. Bien que hayamos encontrado una nuevaespecie, pero tenemos que buscar la forma de volver a nuestra ruta. Déjala quese distraiga con esa especie.-

-Hombre no es para encariñarsecon aquel ser, después de ver el pedazo de bulbo que le cuelga de la cabeza.Dios, me recuerda a un capullo carnoso de una planta.-Dijo la primera oficial

-¿No es eso?-Dijo sentándose eintroduciendo una pajita en la bolsa.- Sencillamente es lo que parece, como siel capullo de una inmensa planta se introdujera con las raíces en su cabeza. Esalgo escalofriante.-

Y continuaron hablando,debatiendo sobre la posibilidad de un origen remoto con el ser humano de aquelextraño ser, cuando de repente, la luz se fue. Las paredes se tornaron negras.

-Qué coño pasa- Dijo Guillermo

-Rose-Gritó Jane levantándose ytirando la comida al suelo para salir corriendo por el pasillo.

-Espera voy contigo. El restoquedaros aquí.-Gritó persiguiendo a su mujer

 

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Rose Jones se acercó lentamente aaquel cuerpo. Era un hombre normal, sin ningún rasgo extraño, que dormíaplácidamente. Pero lo característico, lo que le hacía único eran aquellostallos carnosos que salían de la bóveda craneal, atravesando la piel, que sejuntaban en un enorme capullo, del mismo tamaño de la cabeza del hombre quedescansaba, a la derecha de la cabeza, debido a que el tallo central se doblabapor el peso del amasijo de carne.

Le tocó la mano y comprobó queseguía fría. Pese a llevar unos guantes térmicos, sentía aquel lacerante fríoatravesarlo. Era normal, pues el cuerpo de aquel ser rondaba cerca de los 0ªkelvin. Pero esta, el frío no era tan intenso, casi no lo notaba. Asustada, sequitó un guante para acariciarle la mano. No le quemaba la mano, si, seguíafrío, pero aquel hombre estaba recobrando calor rápidamente. Se volvió a ver elrostro de aquel hombre y se asustó. La estaba mirando fijamente con aquellosojos amarillentos.

Quiso gritar del miedo y empezara correr, pero no pudo. Aquel hombre, mientras se incorporaba empezó a cantar.Era una canción intensa, preciosa y terrorífica al mismo tiempo, una melodíaque le desgarraba emocionalmente, un cántico que la hizo ver lo horrible de lahumanidad, lo cruel y dañino que era. En su mente las imágenes eran de demonios,de fuego y de sangre. De tormentos inimaginables que la hizo sacarse los ojoscon sus propias manos y aplastarlos con la hormas de los zapatos. Pero lasimágenes no se iban, seguían proyectándose al ritmo de la canción. Gimiendo dedolor, se arrastró por el suelo en busca de la bandeja de escarpelos. Palpó aciegas hasta que dio con dos de ellos agarrándolos con ambas manos. Lloraba,por sus cuencas oculares vacías, sangre y lágrimas que penetraban por su bocaque gimoteaba dándole un sabor ferroso y salado.

Pero no podía, no podía aguantaraquellas imágenes proyectadas por la canción, por lo que, con ambos escarpelos,se atravesó los oídos repetidamente hasta que se reventó los tímpanos de cadauno de ellos desplazando los huesos Martillo, Yunque y Estribo de su posición.Mientras gritaba de dolor al intentar borrar aquellas imágenes, el oído internose rasgó expulsando su líquido a través del odio externo. Las cuchillasrompieron la sien de cada lado hasta llegar al cerebro ocasionando hemorragiasmasivas. Al final, el cuerpo cayó inerte al suelo.

En ese preciso instante, en queRose dejó escapar su vida, el extraño ser dejó que cantar.

 

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George se deslizó por el suelo ytomó el pasillo que daba a la enfermería. Su mujer Jane se adentró, junto a él,encontrándose en la antecámara médica, que se encontraba separada de la zona decamillas por una enorme cristalera blindada.

Allí no estaba Rose, así que Janese adentró en la zona de camillas. Ahí estaba el cadáver de Rose en un charcode sangre. Le entró ganas de vomitar pero se contuvo

-Está aquí.-Le dijo al capitán.

George se adentró al lugar parapoder estudiar el cadáver de Rose. En cada oreja tenía unos escarpelosclavados. No tenía ojos y sus dedos estaban manchados de sangre.

-No está.-Dijo Jane.

-¿Quién?-

-El ser extraño. No está aquelhombre con el capullo en la cabeza. Ha desaparecido-

-Genial.-Dijo agarrándose el arcode la nariz.-Cogió la radio de la muñeca para llamar a sus amigos. -Guillermo,Hiro estad atento, el “hombre dormido” anda suelto.-

-¿Suelto?-Respondió Hiro. -¿Quéha pasado? ¿Cómo está Rose?-

-Rose está muerta, creemos que hapodido ser el “hombre dormido” ya que ha desaparecido. No está y vigilar laentrada. Nosotros vamos para allá.-

De repente, de la muñequera de suropaje empezó a sonar una alarma. Era la nave. La nave se alejaba de ellos.

-Oh, mierda…-Dijo

-¿Qué pasa?-Preguntó Jane

-Hijo de puta.-Blasfemó.-Haseparado la nave, el muy cerdo ha desacoplado la nave.-Gritó saliendo corriendode la enfermería perseguido por Jane.

 

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Estampó su cara en el cristal dela exclusa de acceso a la Mars 01. Estaba cerrada, y la nave lentamente seseparaba y caía hacia el planeta. Podía ver aquella estructura cada vez máspequeña mientras se alejaba a gran velocidad.

George gritó enfadado y golpeandoa la cristalera hasta deslizarse al suelo repletos de latas de comida yembalajes.

-George, tranquilízate.-Le gritóJane.

-Ese hijo de puta ha separada lanave. Nos ha dejado aquí encerrado. No podremos volver, si le veo le….-

Se cayó al ver al “hombredurmiente” enfrente de ellos. Se incorporó y apretó los puños para abalanzarsesobre él. Pero algo le detuvo. El hombre empezó a cantar.

Poco a poco, George y Janeempezaron a sentir un inmenso calor. Se miraron mutuamente para abalanzarsemutuamente. Sus bocas se juntaban apasionadamente mientras se quitaban la ropasalvajemente. Ya desnudos, mostrando su piel blanquecina empezaron a realizarel acto sexual, pero no era suficiente. No llegaban al clímax. Cambiaron depostura varias veces, se removían pero no llegaba. Realizaron el acto oral, elrectal, pero ninguno les hacía llegar al orgasmo así que pasaron a los objetos,a las latas oxidadas, cristales rotos que utilizaron para hacerse daño y ayudaral momento. A introducirlos por sus orificios haciéndoles sangrar yocasionándoles fuertes hemorragias internas en el recto y en los órganos reproductores.Y llegó. Llegó el orgasmo, el clímax definitivo. Fue en el preciso instante enque soltaron su último suspiro de vida. Un suspiro de placer.

 

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-¿George?-Dijo por el comunicadorHiro sin respuesta alguna.-Joder no responde.-

-Y no responderá.-Dijo Erikapoyando los pies sobre la mesa y recostándose sobre la silla.-Está muerto.-

-¿Y tu como coño losabes?-Intervino furioso Hiro acercándose hacia él.

-No entendieron la canción. Solohay una forma de sobrevivir a esto y es entender la canción.-

-¿Qué está pasando?-PreguntóGuillermo.

-Lo que está pasando es lo quedebe pasar, es que el “hombre durmiente” se ha despertado y está cantando sucanción. El problema es entender la canción. Si no la llegamos a entender,olvídate de vivir-

Hiro se abalanzó sobre él y loestampó en la pared.

-¿Qué cojones sabes?-

-No hace falta que seas tanviolento.-Dijo con una sonrisa cínica.- ¿Escuchasteis la canción al menoscuando llegasteis? ¿Pudisteis escucharla?-

-¿Qué canción?-Dijo Guillermo.

-Tampoco escuché ningunacanción.-Respondió Hiro soltando a Erik.

-Pues estaréis bastante jodidos.-Añadiómirando hacia la puerta, hacia la figura que la traspasaba como si fueraniebla, al hombre durmiente.-Porqué acaba de llegar.

Guillermo se abalanzó sobre elhombre durmiente quien, sin apartar la vista volvió a entonar su canción.Aquella melodía hizo detener a Guillermo quien empezó a reírse alocadamente.Mientras Hiro lloró de tristeza. Cayó al suelo haciéndose un ovillo mientraslas lágrimas le empapaban las mejillas. Todas aquella imágenes tristes de lavida de aquel hombre, toda esa tonalidad de tristeza de deseo de dejar devivir, de soledad le hizo hacerse un ovillo en el suelo.

Mientras Guillermo se reía. Lacanción le hacía gracia, era divertida, intensa. Todas aquellas imágeneshumorísticas, de chistes, de alegría, le hizo caerse al suelo mientrasaumentaban la fuerza de la risa. Esta le hizo que su mandíbula se desencajarseocasionándole un inmenso dolor, pero no podía detener su risa. Era divertido,intenso, hasta que su corazón, por las intensas pulsaciones que sobrepasabanlas 200 por minutos, explotó en su caja torácica dejándole con una sonrisagrotesca por la mandíbula desencajada. Había muerto.

En cambió Hiro, su corazón empezóa ralentizarse. Su cerebro deseaba la muerte, no quería vivir y su corazónobedecía. Poco a poco fue deteniéndose hasta que se paró, dejándole muerto enel suelo, en un baño de lágrimas en posición fetal.

En cambio Erik pasó por encima delos dos cadáveres sin apartar la vista del extraño. Lloraba de tristeza, deplacer, de amor, de odio, de terror, de ira y de diversión. Aquella canción lotenía todo. Le acarició la cara con la mano derecha mientras sonreía.

-Oh, la canción era tan hermosa.-Dijo-Lo he entendido y estoy listo. Estoy preparado para ello.-

El “hombre durmiente” le miró.Del capullo que le colgaba en el lado derecho salió una raíz que se clavó en lasien de Erik, quien cayó al suelo inconsciente. El gélido hombre del capullosonrió al ver el cuerpo del inglés y continuó hacía el panel de control. Secolocó enfrente de él y metió las manos, atravesando la protección, dentro deaquellos orificios.

La pantalla se iluminó mostrandodatos que el leía con detenimiento. Realizó algunos cálculos y la etéreapantalla cambió hasta volverse amarilla. Sobre aquel amarillento fondoaparecieron unos caracteres que ponían “Program Pizquita Loaded”

 

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La estación perdió su órbita ydescendió lentamente, en un ángulo de 3 grados rodeando el planeta para entraren la atmósfera.

Al mismo tiempo, la Mars 01contactó con las primeras capas de aquella atmósfera, llena de CO2 y Nitrógeno,entrando en combustión al entrar en un ángulo cercano a los noventa grados conla horizontal. Las placas de cerámica que rodeaba la zona habitable de la naveno aguantaron y empezaron a derretirse, mientras, los tanques de combustibles ylos motores, al no estar preparados para una reentrada en la atmósfera, serompieron haciendo arder el combustible que aún quedaba en estado líquido. Estohizo que, debido a la enorme presión de la atmósfera de los tanques decombustible, explotaran desperdigando piezas que atravesaron el motor defisión. Una esfera de tres kilómetros de radio desapareció al instante por lainmensa energía liberada al entrar en fisión los reactores. Solo quedó cenizasde la primera nave de colonos.

En cambio la estación en forma decruz entró en la atmósfera, atravesó las naves de CO2 y se posó cerca de unpequeño lago de agua levantando una fina capa de polvo.

 

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“El hombre durmiente” se alejódel panel de mandos y recogió, con los dos brazos, a Erik, quien se lo llevó alo largo de pasillos y recodos a una cámara oculta cerca de la enfermería.Atravesó la pared adentrándose en una enorme sala. El resplandor blanco eracegador, que obligaba al ser con el bulbo en la cabeza cerrar los ojos paraadaptarse al brillo. Lentamente su vista se adaptó y pudo ver la maravilla quese abría ante él. Miles de cuerpos, con el mismo capullo en su cabeza, estabanmetidos en esferas de hielo que flotaban. Se acercó a una vacía y colocó elcuerpo de Erik. Esta se cerró sobre el inglés, protegiéndole del exteriormientras se incubaba.

 

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Se volvió para ver como laestación se alejaba de aquel páramo hostil y seco. Ya, cuando la nave se perdióentre el remolino de nubes de CO2 y vapor de agua, se volvió hacia un enormelago que tenía adelante. Lentamente se sumergió en él hasta llegar a lacintura. Levantó la vista hacía el astro rey que calentaba aquella roca ocultadetrás de las nubes de CO2 dando un brillo anaranjado apagado. Sonrió mientrasextendía las manos absorbiendo aquella radiación solar.

Y de pronto vinieron lostemblores. El dolor que le recorrió la columna vertebral y que llegó a cada unade sus terminaciones nerviosas. Sintió aquella descarga de electricidad en cadamilímetro de su cuerpo. El sufrimiento era insoportable por lo que soltó unenorme alarido mientras, poco a poco, su cuerpo se iba desintegrándose.

Primero desapareció la pielmostrando los músculos. Estos lentamente se desintegraban dejando a la luz loshuesos y órganos interiores. Y al final no quedó nada. Las últimas partículasde su cuerpo cayeron a aquel mar en el intenso rugido de dolor que emitía el“hombre dormido”.

En el preciso instante que sucuerpo se desintegró y se convirtió en partículas que enriquecieron a aquellago, apareció el primer grupo de seres unicelulares del tercer planeta deaquella estrella que llamarían Sol.

 

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Sórdidos saludos!!!!!!