Ahora hablan las letras – El guardián entre el centeno – J. D. Salinger

No cuenten nunca nada a nadie. Si lo hacen, empezarán a echar de menos a todo el mundo.

 

 

Sobrevalorado. Un libro elevado a mito por su temática y estilo (impactantes en el momento de su publicación) y, también, por ser el libro de cabecera de algún que otro asesino. Directo y sin tapujos, muchos dicen que lo amas o lo odias. Curiosamente, yo me quedé a medias, entre decepcionado y maravillado, esperando a una culminación de maestría que nunca llegó.

 

No se dejen engañar por mi primera y rotunda afirmación. Realmente creo que es este un libro sobrevalorado; hecho clásico más por impacto y misticismo que no por calidad pero, en absoluto, lo considero malo. Al contrario, creo que es una novela muy lograda: buena, muy buena, excelente si me apuran y tremendamente especial. La parte negativa es que, a mi parecer, precisamente aquello que la hace única, también le impide de ser una obra maestra.

 

Holden Caufield es, sin duda alguna, el protagonista de la obra. No, me equivoco, Holden Caufield es la obra. En ella hay, evidentemente, más cosas aparte de él, pero todo pasado a traves del poderoso prisma de su mente, lo que nos hará ver las cosas de otra forma a como las vemos normalmente. En parte distorsionadas, en parte clarificadas. Huelga decir que Holden es carismático como nadie. Un adolescente con problemas existenciales y, yo diría, aún sin ser nadie en la materia, con algún problema psicológico. Durante las casi trescientas páginas que dura el relato, se nos presenta como un joven immaduro, sarcástico, e idealista. Capaz de pasar de la euforia a la depresión (y viceversa) por cualquier pequeñez, sea esta positiva o negativa. Extremadamente crítico, se encuentra desorientado, desconcertado y decepcionado con el mundo en general. Detesta la hipocresía y guarda un fuerte rencor, llegando incluso hasta odio, en su interior. En contraposición, es una persona inteligente, sensible (en el fondo, aunque no en las formas), muy capaz de razonar de forma inusitadamente profunda, y con una sorprendente adoración por los niños (por leer, he leído hasta que el libro hace apología de la pederastia, una soberana tonteria, en mi opinión). Más que curiosa es la relación con su hermana pequeña, visiblemente más madura (mucho más) de lo que cabría esperar en una cría de su edad, y a la que Holden idolatra. Desde mi punto de vista, ella es lo único que le liga de veras a la realidad, alejándolo de las fantasías que él mismo crea. En definitiva, el señor Caufield es una persona a la que muy probablemente despreciarías (o, sin llegar a extremos, simplemente no te caería bién) si la conocieses en la vida real, pero a la que, aún con toda su pesadez y hipercriticismo, se le acaba cogiendo cariño. 

 

El narrador y toda su completa y compleja psicología (siendo, además, un adolescente extraño) es, probablemente, lo mejor de la novela, pero ni mucho menos lo único. Otro de sus puntos fuertes es que engancha y absorbe. Te la puedes terminar, sin problemas, en un día, y muy probablemente no te aburrirá. Además, cada vez que abras el libro te sumergiras en él, aislándote del exterior, y saboreando las vivencias de Holden. El elenco de secundarios está llevado con maestría, haciendo que cada uno inspire algo diferente en el protagonista y, por consiguiente, en el lector. A veces podrá parecer que los aborrece a todos, pero se va descubriendo que, en el fondo, no es tanto como aparenta. Entonces, ¿qué es lo que falla? ¿Porqué un libro de tan elevados valores no puede ser considerado obra maestra (por mí, al menos)? La respuesta reside, paradójicamente, en la característica que lo hace especial y diferente.

 

  

En su momento, y aunque ahora haya perdido parte de su encanto, el libro sorprendió por su tratamiento de la adolescencia en concreto y la sociedad en general. Duro, directo, sin máscaras tranquilizadoras ni ambiguedades; casi sin metáforas ni preguntas trascendentales. Nos mostraba la simple historia de un chico harto, pesimista, envuelto en dudas juveniles. Evidentemente, el libro cuenta con respuestas y significados arraigados, pero no yacen ocultos o escondidos detrás de estilismos literarios, sino que nos son expuestos sin más. Pues bien, como ya he dicho, esta característica lo hace único, pero también provoca que no pase de ser un gran libro. Pierde immortalidad. Lo terminas, piensas que has pasado un buen rato, pero nada más. Te queda la sensación de que le ha faltado un empujoncito para marcarte. Se queda en un "casi". A este efecto también colabora el final: demasiado brusco, demasiado impetuoso. Justo cuando la novela parece emprender, en las últimas setenta páginas, una empinada recta que la llevará a acabar en lo más alto, donde brillan dos apoteósicas conversaciones (una con su hermana y otra con un profesor) que sí deberían pasar a la historia; todo el trabajo hecho se diluye, o mejor dicho se corta, en los dos últimos capítulos; poderosos en significado, pero a los que les falta algo para transmitir, quedando la obra como incompleta. Dejando un mal sabor de boca.

 

Aún así, altamente recomendable para aquellos que quieran recorrer los entresijos de una mente adolescente increíblemente especial.

 

Muchas veces me imagino que hay un montón de críos jugando a algo en un campo de centeno y todo eso. Son miles de críos y no hay nadie cerca, quiero decir que no hay nadie mayor, sólo yo. Estoy de pie, al borde de un precipicio de locos. Y lo que tengo que hacer es agarrar a todo el que se acerque al precipicio, quiero decir que si van corriendo sin mirar adónde van, yo tengo que salir de donde esté y agarrarlos. Eso es lo que haría todo el tiempo. Sería el guardián entre el centeno y todo eso. Sé que es una locura, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.