el guardian, capítulo IX

¡bueno! llevaba sin escribir desde hace…ni idea. La verdad es quela toma de corriente de mi ordenador se rompió (despues de ejecutarvideojuegos, romperse debe de ser la principal ocupación de losordenadores) y..vale, lo reconozco, despues de un mes o asi sin hacerninguna entrada me puse a jugar al fallout 3 y no me volví a acordar…. Razz

 

Pero bueno, ahora me toca seguir con el capítulo del guardian, que no requiere presentación. (y si la requiere, pues pinchais aquí) aaaaasí qué…venga, voy a dejarme de rollazos

el guardían, capítulo IX

"todos los heroes caen"

Hacíatiempo que Lezith no veía esa expresión en el rostro de Syok. Tumbadosobre la pila de leños, con las manos cruzadas sobre el pecho, parecíaestar en paz, y esa imagen se le antojaba tan lejana como cuandojuntos, se atiborraban de cerveza en la taberna del jinete mugriento ocantaron canciones frente al fuego de su forja hasta desfallecer.

 Crominsistía en ser el quien colocase la espada sobre el pecho del guerrerocaido, pero cada vez que intentaba recogerla, la atravesaba.

Lazithestaba totalmente hundido. Su espada refulgía en un tono azul pálido,como si fuese un cachorrito gimiendo junto a su amo. El guardian loobservaba todo con ojos atónitos.

– Yo lo maté -dijo Lezith- yolo maté…le dije que viniera conmigo, a uno de los viajes máspeligrosos qué jamás ha realizado nadie. No le ví sonreir en momentoalguno. Luchó, enfermó, murió…Yo le maté…

– El se mató a sí mismo, Lezith.

Lezith se encaró a su padre.

– ¿Como puedes decir algo semejante?

-Es sencillo. El era un guerrero. Y vino aquí a matarme. Porque esa eravuestra intención, y lo sabes. Así vienen miles. Miles, cada año.

– ¡Pero el no buscaba tu poder!

-¿Y crees que todos los que lo hacen lo buscan? Era un guerrero, vivíaluchando, moriría luchando. Esa es la locura del hombre. Syok no era nimás, ni menos culpable que todos los demás.

Lazith frunció el ceño.

-Nos miras desde arriba -le dijo- Nos miras desde arriba, pero estás enun sitio que no es el tuyo. ¡mirame! ¿por qué apartas la mirada?¡porque lo sabes! La vida va acompañada de la muerte. Así la hicieronlos dioses. Los dioses crearon trasgos y dragones, crearon trolls yhombres. Nos hicieron sentir hambre, dolor, frio, miedo, sensacionesque tu ya olvidaste hace mucho…¿y por qué nos hicieron así? ¡Nopueden acusarnos por morir, por sufrir, por querer agotar al máximonuestra existencia? ¿Y para qué te dejaron aquí?

El guardian bajó el rostro, abatido.

– Tu no puedes entenderlo.

-¡Explicamelo, entonces! Si te mueres, todo será peor, dices.¡pero si nolo haces, nada cambía! La vida no es así. No es algo inmortal qué debapermenecer flotando eternamente. ¡debe cambiar!.

Lezith sacudióla cabeza al escuchar un tintineo metálico. De alguna manera, nopregunteis como, Crom habia conseguido depositar la espada en el pechodel guerrero.

Sin decirle nada más a su padre, Lezith se arrodilló frente al sepulcro de su compañero, y susurró al viento;

-Te saqué de tu hogar, el que siempre defendiste a espada. El querecibió tu sangre y tu dolor. El que debería conservar tus restos, parasiempre en sus entrañas. No puedo devolverte allí. Entregaré, entonces,tu cuerpo al fuego, y quizás el viento lleve tus cenizas a tu hogar.Perdoname, viejo amigo.

Con un gesto, una llamarada brotó de su mano y la pira comenzó a arder. 

Entonces, el guardian se giró a Crom, y le dijo;

– ¿Has terminado ya ?

– ¿Terminado con qué? -preguntó Lezith.

-Crom fue castigado por mi magia -dijo el guardian, mostrando unacicatriz que surcaba su cuello -ha sido el mortal que más cerca estuvode acabar conmigo, hasta que yo le derroté. No podría salir del mundohasta que dejase de odiarme y obtuviese mi perdón. Pudo haberte matado,pero no lo hizo. Su rabia injusta ya había pasado. Podía haberleperdonado entonces, pero el quiso servirte. Y cuando Syok murió, noquiso irse hasta no haber colocado la espada sobre su pecho.

– ¿Tan importante es eso?

– Mas de lo que crees -le dijo Crom, como si el supiera cosas del mundo de los espiritus que no podía contar a Lezith.

– Entonces…¿te vas? -le dijo Lezith.

Cromse limitó a esbozar una sonrisa, mientras se desvanecía. A Crom tampocorecordaba haberlo visto sonreir. Y ahora, aunque se iban, sus amigossonreian de nuevo. ¿Es que acaso sabían algo que el no sabía?.Probablemente si, de todos modos.

El Guardian se tomó su tiempo.Dejó que fuese el mismo Lezith el que decidiese cuando partir. Y cuandoeste se tomó su tiempo, se giró al guardian y le dijo "caminemos"

Mientras se alejaban, el cuerpo de Syok era poco a poco consumido por las llamas. 

Lezithmiraba a su padre con desdén, y este esquivaba su mirada. Sin embargo,era su hijo. El guardian era una criatura a la que la soledad habíarodeado durante siglos, pero tener cerca a su progenie estabaconsiguiendo despertar aquello de hombre que había dejado de tenerhacía ya tantos y tantos años.

– Tienes razón, hijo.

– ¿razón? ¿En qué?

 -Todos los heroes caen -le dijo El Guardian- y todos los villanos.Todos, excepto yo. Yo sigo aquí, viendo pasar los dias. Ni soy un heroeni un villano. Ni entiendo mi poder ni lo ignoro. Hay cosas a las quénunca me he enfrentado… y quizás sea hora de hacerlo.

Invocó a sus poderes divinos y poco a poco, su cuerpo tomaba la forma de un cuervo.

– ¡espera! ¿a donde vas?

– Reunete conmigo frente al abismo de los primeros tiempos. ¡Allí es donde se resolverá todo!

– ¡No! ¡dejame ir contigo!

-¡No, Lezith! Yo no pertenezco a la vida. Tu mismo lo has dicho. ¡Nopodemos seguir el mismo camino! Solo en el momento final…

Acabó entonces de tomar su forma de cuervo y se alejó volando de allí.

Entrelas ramas de los árboles, una ardilla con unos ojos que de algunaextraña manera recordarían a los de un niño con poderes mágicos loexaminaba todo…

 Lezith vagó en silencio durante dias. Siquería llegar al abismo de los primeros tiempos, primero tendría quécoger un barco desde la atestada ciudad de Sybarda. Había viajadoalgunas veces a ese sitio, a comprar materiales y a tratar con algunoscomerciantes, pero no le gustaba nada. Olía peor que una cuadra, ycontinuamente estabas chocando con gente. La mitad de esa gente parecíaquerer robarte ls monedas, y la otra mitad parecía querer tocarte elculo. Bueno, había gente que escondía allí las monedas. Igual era poreso. 

 Entre medio del bullicio, una hoja de metal brillaba.Asomaba levemente entre las mangas de una túnica, pero la persona quela llevaba pasaba desapercibida sin dificultad alguna. Las ropas quellevaba la cubrian totalmente, excepto los ojos. (y de haber podido,los habría cubierto tambíen)

 Esa persona caminaba detrás deLezith. Se acercó a el utilizando el bullicio como cobertura. Se situólo bastante cerca de el como para dejarle seco de un único golpe. Unbuen asesino podia matar a alguien y estar de vuelta en casa antes deque el desdichado supiera que se había muerto.

Pero cuando lanzó su golpe letal, El brazo de Lezith sujetó su mano.

Elasesino se libró del agarrón, y sacó dos hojas, una en cada mano. Lehabía recomendado evitar el combate. Pero era habil, y creía que podíaganar.

Sin embargo, cuando comenzó a lanzar los golpes, Lezithconsiguió evadirlos con cierta facilidad. Finalmente consiguió desviarun ataque de cada mano con una floritura en un solo giro y eso lepermitió atrapar a su rival con la mano sobrante. No era tan fuertecomo el, porque el se sentía cada día más fuerte desde el encuentro conel guardian, y consiguió atrapar ambos brazos. Darle el golpe de graciahubiese sido tan facil…

Pero no fue capaz. Algo lo detuvo. Erael olor. Al acercarse a el, el olor de su asesino leresulto…embriagador. El olor más dulce que había olido nunca. Ycuando este le miró a los ojos para esperar la muerte, esos ojos leresultaron tan…

…encantadores.

Así qué perdió laconcentración durante una fracción de segundo, y esa fracción desegundo fue suficiente para qué su rival se zafase de un golpe en suspartes…bueno, en unas que duelen mucho, y, entendiendo que no estabaen condiciones de ganar una pelea, aprovechase para salir de allí comoalma que lleva el diablo. 

Lezith se levantó dolorido un momentodespues. Y aunque el dolor suele ser algo que le da en que pensar a unapersona (y tambíen los intentos de asesinato) el ahora mismo solo podíapensar en ese dulce olor y en esos profundos ojos azules…

  •   Y hasta aquí puedo leer. Y ahora tengo de dejaros, creo que mi bebe intenta comerse un rotulador, y no le hemos echado ni kepchup ni nada. El próximo capítulo corre a cargo de fabrimuch. ¡espero que este os haya gustado!