BLEEM y ULTRA HLE: El histórico JAQUE a SONY Y NINTENDO.

Soy gran aficionado a la emulaciónn desde que conozco el PC. Me parece el método ideal para mantener viva la historia del videojuego. Cuando compré la N64, a los pocos meses, se produjo un hecho que conmocionó ese mundillo: apareció el Ultra HLE, un emulador perfecto de N64 que usaba las poderosas 3dfx. Era un shock haberte gastado una pasta en la consola y el juego y ver que en tu PC funcionaba el Zelda perfectamente y con máss resolución. Para que os hagáis una idea, en UK la N64 más el zelda costaba sobre las 250 libras en el momento en que el emulador salió, ofreciendo una experiencia jugable más intensa aún que la de la consola original. Nintendo, por supuesto, no paró hasta detener el desarrollo del emulador.

 Mi BLEEM original

Otro de los emuladores estrella era el Bleem! , un emulador de pago que emulaba decentemente la PSX y con posibilidad de usar tarjeta aceleradora y más resolución. En la foto véis mi CD Key genuino y original.
He de decir que los señores del Bleem eran unos caraduras ya que me enviaron (y cobraron) el emulador muchos meses después de haber hecho el pedido y haberlo anulado ante su tardanza. El caso es que no duró mucho su aventura porque no actualizaron lo suficiente el emulador y se vio superado por la competencia (que era gratis…). Pero sin duda fue el estandarte junto con el UltraHLE durante un determinado periodo de tiempo (por no mencionar que Sony intentó procesarlos). Por cierto, no pudo porque el gran mérito del Bleem es que no usaba nada perteneciente a la PSX original sino que era una virguería que realmente "imitaba" la máquina prescindiendo de las bios).

Os aseguro que la experiencia de jugar con el SOTN o el Gran Turismo 2 con este emulador o en especial con el VGS (el otro gran emulador de pago, para mi gusto bastante mejor) no es algo para despreciar si os gusta mantener vivos los grandes juegos del pasado.

Y no nos engañemos: tanto el sistema de XBOX como el de WII para descargar viejos y grandes juegos es la comercialización a gran escala del fenómeno de la emulación (cosa que yo, en todo caso, celebro por lo que supone no olvidar los clásicos).