Nunca trabajes con nadie. Parte 1

PARTE I
 
 
Se había bebido la copa tan rápido que parecía que se la hubiesen servido vacía. Se levantó y sólo entonces se dio cuenta de lo borracho que estaba.

– Cielo… –pronunció algo así como crieeel-o– pones este matarratas para acabar conmigo…
– Ja Ja, cariño –respondió ella, a la vez que tocaba cariñosamente su mejilla- he visto ratas morir con tragos mas suaves.

El antro no estaba del todo mal. Teniendo en cuenta que se encontraba en un pueblo de apenas 3000 habitantes, perdido en el mapa y sin más potencial económico que la fábrica de colchones que le daba el sueldo al 90% de la población. Aunque a Roi no le disgustaba su trabajo, a veces pensaba como sería su vida si hubiera ido a estudiar a la ciudad. Esto no le preocupaba mucho rato.

– Crees, Estela, amor, cielo –de nuevo lo pronunció de forma extraña- ¿que podré llegar sano y salvo a casa?
– Me preocuparía menos si no trajeras el coche. Son diez minutos a paso firme y ligero y sabes de sobra que beberás –la reprimenda tenía más de cariñosa que de aleccionadora.
– Tienes razón, pero si no me llevara el cochreee  mi mujer sabría que no ando lejos y podría venir a buscarme.
– Menuda alegría le ibas a dar, en tu estado. Pero despéjate antes de entrar a casa o se dará cuenta de todos modos.
– Noooo –la “o” caía con una ligera entonación ascendente- ella odia la bebida, me tiene prohibido el alcohol. Entraré e iré directo a la cama, como tampoco soporta follar no se dará cuenta…
– Tal vez –dijo Estela con tono jocoso- deberías volverte abstemio, como ella quiere.
– ¡Nunca!, entonces quizás sí tendría que follar con ella –Roi no pudo evitar decirlo casi riéndose.
– Al menos te saldría más barato que conmigo –sugirió Estela con tono malicioso.
– Prefiero una puta que me folle por lo que la pago que una puta que me joda por lo que soy –su voz se tornó todo lo serio que podía en ese estado.

A Estela se le cortó la sonrisa, con evidente molestia por el comentario. Roi se percató y trató de suavizar su tono

– Cariño, lo siento, ha sido un comentario impertinente y estúpido… estoy más bebido de lo habitual –mientras decía esto le tomó suavemente del brazo.
– Venga, es mejor que te vayas ya –Estela sabía que la pelota estaba en su tejado y era necesario escarmentar a Roi con sequedad e indiferencia.

Roi esbozó un sonrisa conformista aceptando su castigo emocional y se dirigió hacia la puerta encendiendo un cigarrillo. Cuando estaba a punto de salir, Estela no pudo callarse un:

– Y ten cuidado con el coche, cielo, por favor.

Se miraron con complicidad y levantaron el falso velo del castigo de mutuo acuerdo.

El camino a través del pueblo era bastante corto. Y recto. Roi pensó que eso era una suerte en su estado, aunque no sentía tanto el alcohol como el sueño. De vez en cuando le caía la cabeza lentamente hacia delante y él se incorporaba sobresaltado. Le pasó un par de veces, a la tercera fue su teléfono móvil sonando lo que impidió que se durmiera. Un poco desorientado trató de sacárselo del bolsillo. Hasta entonces no se había dado cuenta de lo difícil que era sacarse un teléfono del pantalón vaquero, si estas conduciendo. Finalmente, consiguió cogerlo, a pesar de la mezcla de ebriedad y somnolencia. No le dio tiempo a decir nada, lo que oyó al descolgar le aturdió tanto que perdió el control del vehículo. Balbuceó algo y… BUUUM!

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