La prometida >>> Cuando el Dr. Fronkonstin se pintó la raya del ojo

thebridebox8859502ey3.jpg The bride picture by Juanjico_Lawless

Hacer esta entrada ha sido como un auténtico parto. He sufrido para estrenarme como no esperaba que pudiese hacerlo, y todo por tener un mal punto de partida. Confío en que poco a poco me haga a todo el mecanismo de trabajo para ejercer de bloguero en condiciones, y hacer de este lugar, un buen lugar con sus actualizaciones más o menos habituales.

Así que ahora es cuando de verdad arranca este blog, y como escribí en una de mis anteriores entradas (intentadlo en una al azar… quizá tengáis suerte), esto de primeras iba a ser una bitácora de opiniones cinéfilas y bueno, como tal se va a estrenar.

Y sin más chorradas… Al ajo:

¿Nunca has sentido mientras ves una película completamente desconocida por ti que conforme empieza ya estas metido en su mundo? ¿Y que cada momento que pasa en mejor que el anterior? Cojonudo. Si te suenan estas sensaciones, entiendes como me sentí viendo La prometida.

Cuatro protagonistas. Cuatro nada más. El resto, puros accesorios para hacer del film algo más llevadero. Con este percal tenemos: un gigantón que parece tonto, pero que lo único que no es, es guapo, un doctor con el ego de toda Ingolstadt concentrado en él, una mujer hecha a imagen y semejanza del propio doctor y por el propio doctor y un enano curtido en la vida a base de palos. Así conocemos a Viktor, Charles, Eva y Rinaldo. ¿Para que más? Pa´ ná.

Ahora, por partes, de más peor a más mejor. Por un lado tenemos a Charles Frankenstein, que es como el Viktor Frankenstein de toda la vida, pero en guaperas engreído. Sting se pinta los morros de rojo casquivana, y luce melenilla al viento. Con un intelecto, no se si superior al común de la nobleza de su tiempo, pero si desde luego elevado y con inquietudes poco habituales, se empeña en hacer un hombre en base a retazos de otros hombres muertos. Del experimento sale el engendro que todos conocemos, pero que el propio buen doctor (quien dice buen, dice grandísimo hijo de puta) rechaza por feo y porque piensa de él que es de intelecto breve. Y el tipo, considerando que su primer engendro es un error fatal, decide hacer una engendra para que el engendro primigenio tenga donde mojar. Y esta vez le sale tan bien que decide ponerle nombre y quedársela para él. En un arranque de originalidad la llamó Eva.  Prepotente hasta el final, intenta educarla como si fuese su hija, hasta que pretende poseerla como a una amante, pero esta no solo le da calabazas, sino que llama (sin querer) a su segurata particular y le da para el pelazo rubio que se gasta Frankenstein…

Eva, ya mencionada, sería la segunda. La segunda creación del barón Frankenstein. Tenemos a una representación de todo lo que supondría ser un hombre libre a partir de otro hombre libre que busca un semejante. El problema es que la hormona tira, y “What a feeling” Eva pone tontorrón al amigo Franky, que primero quería una Eva y al final prefería una Roxanne. Y es ese proceso de aprendizaje que lleva a cabo la Jenni y que le lleva a aprender más de lo que debería y a tener unos intereses más allá de los esperados, pues se revela ante su creador, a quien tuvo en un pedestal, y que ahora relega al más maravilloso de los ostracismos. Ella quiere saber a costa de lo que sea, y desde luego, Sting no va a ser impedimento.

 

 

El siguiente es Rinaldo, un enano, o como dice el mismo, un hombre en toda la extensión de la palabra. Curtido en mil batallas, contra la vida en general y contra el resto de los humanos en particular. La vida es cruel, pero no por ello el deja de ser un luchador: tiene un sueño y lo conseguirá. ¡Por sus santos testículos que lo conseguirá! Pero el mundo es duro para un individuo de estatura reducida como el, y su vida se limita a trabajar en un circo. Tiene labia, buen hacer y un corasón (si, corasón) de oro. Se convertirá en el mentor de Viktor, en amigo de este, pero por encima de todo eso, estar con Viktor le llevará a encontrar su sitio en el mundo, algo más allá de su pequeña apariencia.

El último gran personaje es Viktor, la clave de toda la película, por mucho que el título nombre a Eva. Viktor es el que manda en este cotarro. Es un personaje precioso, donde un señor  grande como un mallo tiene que hacer de tonto por fuera e impresionante por dentro. Viktor es tranquilo, curioso y sobre todo muy inteligente; su único problema es no saber expresar todo lo que tiene dentro. El malnacido del Doctor, su creador, no es capaz de ver más allá que de lo puramente externo de su creación, y por ello lo repudia, pero pudo haber aprendido a ser uno más. Le cerraron todo el mundo de posibilidades que le ofrecieron. Total, que el pobre hombretón se encuentra encerrado por el miedo a la opinión de otros y con ganas de saber sobre todas las cosas aunque su creador no tenga valor para hacerlo. A pesar del maltrato Viktor demuestra una empatía especial con los individuos que le rodean. Su inocencia, culpa de un rockero cualquiera, no está enfrentada a todas sus ganas de vivir, y gracias a Rinaldo, grande entre los grandes, aprenderá a vivir y a enfocar todo lo que no es capaz de expresar de otros modos. Se porta con el como si fuesen íntimos de toda la vida, siendo consciente de sus limitaciones y aceptándose mutuamente tal como son: Una gran persona en un cuerpo escaso y un tonto muy inteligente.

Con todo lo dicho, es fácil ver por donde van los tiros. La verdad es que el tal y como se va desarrollando todo, no hay sorpresas relevantes en el hilo conductor, pero el guión es ya una sorpresa. Además, no deja de ser curioso que el tal Frank Roddam, que es el que ha dirigido la cinta esta fuese conocido por una película sobre señores en Vespinos que se llevan a matar con señores con Choppers como fue Quadrophenia, y después se volatilizase en el espacio-tiempo o en algún sitio peor y nadie volviese a ver nada relevante suyo. Pues a un servidor, la película de culto le resultó indiferente y en cambio ésta, que no la conoce nadie, ha resultado ser una experiencia impresionante.

Eso si, y lo advierto a quienes quieran ver esto: de terror tiene poco, por no decir que no hay nada. Es un dramón que puede hacer que el moquillo y la lagrimilla cuelguen, así que nada de monstruos sanguinarios por el mundo acojonando a las masas en el siglo XIX. Creo que esto ya estaba claro, pero prefiero decirlo abiertamente para que no haya equívocos…

 

Rinaldo a Viktor: Si se parece a ti, no me sorprendería nada que fuera la criatura más bonita de la tierra.