Flyboys: Héroes del aire >>> ¡Ave Europa! ¡Los que os van a salvar os saludan!

Americanos. Asín son. Allá donde fueren, lugar que salvaren. ¡Unos monstruos! Da igual que sea la Primera Guerra Mundial, la Segunda o la Tercera, lo realmente importante es que si no fuese por ellos, todos habríamos salido perdiendo. Incluso ganaron la Guerra de Vietnam, pero nos hicieron creer que no por simple modestia. ¡Son tan buenos…!

Pero bueno, por encima de todo esto… ¿Qué sería del cine sin americanos salvadores? Se perdería buena parte del gran cine que viene de allá, y aunque parezca que todo esto es una queja, realmente es una alabanza a aquel cine. Soy consciente de la chorrada que es esa obsesión enfermiza por ser el bueno, pero aún así disfruto como un enanico cada parida de estas que veo. Porque no nos engañemos; Flyboys es una parida con todas las letras, pero es de las paridas que entretienen un rato. Exactamente dos horas y poco.

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Recuerda a Pearl Harbor, y al fin y al cabo es lo mismo pero en versión cutre. Es el mismo tipo de película, casi como si fuese una precuela, pero si aquella está basada en la Segunda Guerra Gorda, esta lo está en la primera, pero el grueso del asunto es muy similar: Jambo jovenzano americano decide que Texas no es lo suficientemente grande para su ego, y siente la ardorosa pasión de alistarse el la legión como piloto. En medio del follón guerreril conoce a chica mona de la que se prenda desde el principio. Una docena de malentendidos después, se dan el primer beso, justo entre combate aéreo y combate aéreo, para así poder meter un momento de gran dramatismo que hasta un rato después no se orientará hacia algo bueno. Combates aéreos molones con el protagonista cabreado porque le han tocado a la chati. El enemigo sufre por lo bien que pilota el protagonista, a quien ningún huracán ni requiebro del avión despeinará. Muchos muertos. Final apoteósico.

Pues eso, que tenemos al protagonista, un rancherou de la Texas profunda al que de pronto no le queda nada en la vida, y para que no le den zurrillas en el culete unos señores de un banco, se alista en el escuadrón Lafayette que los aliados tenían en Francia para luchar. Por supuesto, los señores malignos a los que hay que combatir son los alemanes, que como todo el mundo sabe, son la cabeza visible de todo mal posible, además de que no tienen alma y sorben sesos de bichos variados para almorzar.

Una vez allí, El señor Franco conoce al señor Reno, que será su instructor y le enseñará a el y a sus coleguitas americanos como volar en las tartanas voladoras francesas. Los amigos forzosos que tendrá Rawlings serán un puñado de tópicos disfrazados de personajes: un fervoroso creyente con la Biblia todo el día en ristre, un niño de papá obligado a estar ahí, un negro que está hasta las trancas de que le traten distinto por su color de piel, un hijo y nieto de militares y uno que huye de su pasado. Espectáculo asegurado, y después de la presentación de los personajes, ya se barruntan los derroteros por los que se irán moviendo cada uno de ellos.

Pero igual que no hay parto sin dolor ni hortera sin transistor, no hay película con héroes que se precie que no tenga historia de amor. Los más optimistas la tildarían en este caso de drama romántico, pero el drama es ver lo mal que queda lo que han intentado hacer. No es creíble ni echándole mucha imaginación: Tienen menos química, que… algo sin ninguna química. Horrible. Hacia tiempo que no veía una pareja que diese tan poco la impresión de ser proclive al arrejuntamiento de meaderas.

Son también bastante tristes los efectos especiales. Cromas por todas partes y aviones de pega más a menudo de lo que sería deseable. Vamos, que normalmente están bien integradas, pero hay otras veces que canta mucho. Eso si, hay tomas aéreas de las buenas, que son una gozada.

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El abuso de primeros planos mientras vuelan también juega en perjuicio de la película, y es que aparece continuamente un primer plano de la cara sucia del aviador que sea, que con su gorrete y las gafas solo se consigue confundir al espectador; demasiado poco tiempo está fija la cámara para diferenciar a quién se está viendo. Aunque bueno, al menos en los cachos donde hay lucha, la cámara está lo suficientemente estática como para saber lo que pasa, y esto, hoy por hoy, es de agradecer.

Aunque todo parezcan pegas, la verdad es que no es buena, pero tampoco es una cosa infumable. Las imágenes son bonitas, el guión tiene partes risibles que se agradecen, y la presencia de Jean Reno como Capitán Tenault (¡Haciendo de francés!) impresiona, pero todo esto está muy lejos de compensar el rollito de ser OTRA película de americanos que salvan al mundo en OTRA película sobre una Guerra Mundial, que aunque se agradece que no sea sobre la segunda, no se agradece que el enemigo a batir sea Alemania otra vez. Se pasan por el forro esa tendencia que tiene últimamente el cine de contar que en ambos bandos hubo buenos y malos, que aunque también acabará aburriendo, ahora mismo no está tan explotada. Creo.

Recurriendo al chiste fácil (con el que un servidor se ha estado descojonando solo un rato largo), el tiempo no se pasa volando. Para nada se hace pesada, porque la acción está servida, pero no es lo suficientemente entretenida como para generar la ansiedad de querer saber que va a pasar.

Total, que si has visto Pearl Harbor y te gustó, no la veas o te decepcionará, si no te gustó, no la veas porque te parecerá un cagarrillo, y si no la has visto, sigue así. Dudo mucho que pueda aportar nada a tu vida, tan solo, y como mucho, el estar dos horillas entretenido sin mayor preocupación. ¿Suficiente? Allá cada uno.

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Tenault a Rawlings: Enhorabuena Rowlings. Y no vuelva a hacerlo más.