La caja 507 >>> Cuando tú vas, yo vengo de allí

Un thriller español, y que además vale la pena. Así, a palo seco, es una definición más que correcta para una película como La caja 507. Es más, Thriller español de calidad, con un Resines espléndido a la cabeza del cartel. No es moco de pavo precisamente.

La película va por dos bandas claramente diferenciadas, pero intrínsecamente ligadas. Por una parte tenemos a Modesto Pardo encarnado por Antonio Resines, que, por azares acaba descubriendo que su hija no murió en un accidente, y por otra parte, está Rafael Mazas, interpretado por José Coronado, exjefe de policía, metido a chanchullero de mafiosos mayor del reino. Una pena que los nombres hayan sido elegidos como representando la vida de los protagonistas, porque en ocasiones, este rollito metafórico nominal, resta verosimilitud al relato.

Se supone que esta película debería ser un duelo interpretativo entre Antonio Resines y José Coronado, pero no hay duelo que valga; Resines acalla la interpretación de Coronado. En el personaje de Modesto se ve una evolución brutal, con una interpretación a la medida, y por otro lado Rafael, que se pasa toda la película esforzándose en hacernos creer que es un tipo duro, mafioso de thriller americano y joder, se pasa toda la película con la misma cara. Lo único que varía es la cantidad de sudor que le recorre la frente. No es capaz ni de beber agua como un tipo duro, aunque se esfuerza en ello. Por otro lado, Resines es capaz de hacernos creer y ver que está acojonado pero que por sus narices no va a demostrárselo a sus enemigos.

En este plantel en el que lo que hay son varias situaciones de suspense a la vez, y donde las comparaciones son muy odiosas, vemos que esto es tan solo un intento de emular a los thrillers de Hollywood, pero que están muy muy lejos de parecerse. El problema, es probable que radique en que aquí para todo esto, se empieza tarde, y pasa lo que pasa; que está todo visto y encima se hace de una forma muy inocente. Aún así, La caja 507 es un producto muy interesante, que no reinventa nada, pero que está ahí, tocando las narices, y dejando entrever que ahí debajo de una superficie un tanto chabacana (porque los medios son los que son), puede haber calidad en las novedades que se hacen a esta vera del Atlántico. Los americanos ya aburren a base de repetir estructuras de thriller, y aquí empezamos a movernos en esa dirección. Cuando ellos van, nosotros todavía estamos aquí…

Aún así, es una historia intensa, y engancha. Quieres saber si Resines va a conseguir sus propósitos a pesar de estar puteado, igual que quieres saber si Coronado va a cambiar su cara de tengo-un-full-de-sotas-y-cuatros-y-nunca-lo-adivinarias-por-mi-cara. Que no digo que no sea buean actor, pero debería llevarse todas su sobreactuaciones al teatro, o moderarse en el cine, que es lo que toca. Además está la mafia italiana, quizá tópica, pero estando en la Málaga de principios de los dosmiles pega, que es lo que cuenta, con unos personajes bien definidos, con la exigencia de que estén ahí para dar veracidad a los dos protagonistas y que en un final de auténtico éxtasis, todo se resuelve de una forma natural, como si esto fuese algo que le pasa a Urbizu, el director de esto, cada día.

Porque el final es apoteósico… de los que se quedan grabados, con una resolución que, quizá exagerando un poco, o quizá viéndolo como tal solo yo, tiene un toque Tarantino-De la iglesia interesante que sirve para cerrar cada cabo, cada asunto que estaba coleando en el grueso de la historia, mostrándose una tormenta que como espectador, deseas que se convierta en calma.

Hay que tener en cuenta al resto de personajes, ya nombrados antes, que son pocos los que quedan, pero canalizan muy bien las acciones de los protagonistas. Por un lado están los atracadores, que son una banda de pobres desgraciados que están haciendo el plan perfecto en el lugar más inapropiado posible en el peor momento posible y de la peor manera que pudieron hacerlo, y que de alguna forma son quienes ligan una historia con la otra. El resto, las parejas de los protagonistas, importantes cada una por sus motivos y por su impronta más o menos (más… ya lo digo yo) patente en sus respectivos parientos, la una, sin papel apenas, que se pasa la película en la cama y la otra que quiere pasarse piripi la película y  Coronado (aka Mazas) no le deja.

Estelar el pequeño papel que tiene Sancho Gracia, haciendo de jefe de bomberos jubilado que vive con la mala conciencia de quién no hizo lo que debía aunque se empeñó en hacerse creer a si mismo que si, y que no lo hacía solo por el, sin darse cuenta de que toda acción tiene su propia consecuencia. La pena personificada.

En conclusión: thriller de los que valen la pena, con una historia repletita de suspense por todas partes, y que a quienes le tengan alergia al cine español, que se atrevan, que la mayoría de cosas son puñeteros bodrios, lo se, pero hay películas interesantes, como esta e incluso buenísimas, como otras, que llegado el momento, contaré por este rinconcito de la blogsfera. Que esta es de las que valen para algo más que para ocupar el rato, que se sale de las temáticas habituales que aborrecen y que coño, está bien dirigida, está bastante bien actuada y el guión tiene calidad.

Recordad, por favor, que cuando Antonio Resines no hace de Resines, es un pedazo de actor. Dadle una oportunidad. O dos. O tres, que las merece, hostia. Lo digo muy en serio. Y a Coronado no le deis ni un vasico de agua, que sobreactuará para bebérselo. Eso si, que todo hay que decirlo: con la cara de palo esa que pone y una escopeta, tiene un par de momentos (porque la fotografía acompaña) que se te ponen los huevecillos a la altura de la papada. Poco expresivo, si, pero amedrenta el tío.

Marcelo Crecci a Rafael Mazas: ¿Cómo es la vida, eh, Rafael? Uno empieza a equivocarse y luego es como un tobogán.