La noche del cazador >>> Un predicador trastornado anda suelto

Un poco de cine clásico no hace daño, y después de todas las entradas que llevo dedicadas a películas modernas, ya era hora de entrase a este blog un poco de cine clásico. Que conste que si no ha llegado antes un momento así es por pura casualidad, porque tengo temporadas en las que veo mucho más cine más bien viejuno que nuevuno, y la única razón para ello es que las películas las veo en estricto orden de consecución: La que antes consigo, antes veo. Y aunque cada norma tiene sus excepciones, como ver estrenos o ver películas estando acompañado, se puede decir que es lo habitual.

La historia de La noche del cazador es sencilla: Un tipo que está como una chota, que se siente predicador y que cree que habla con dios (No es algo recíproco. Él le habla a dios y está convencido de que puede escucharle aunque nunca recibe respuesta. Todos sabemos que maleducados hay en todas partes, incluso en el paraíso), acaba en una celda junto a un tipo sentenciado a la horca que ha robado diez mil napos americanos de los años 50 (para que hagáis vuestras cábalas sobre el pastuzo que sería hoy) y que intuye que los escondió en su casa. En cuanto sale de allí, el tal Harry Powell, chalado convicto y convencido se va de cabeza a por la pasta, sin remordimientos de conciencia y pasando sobre quien haga falta y con los medios que sean necesarios para ello. El tipo acaba sabiendo (no desvelo nada) que los que tienen esa información son los hijos y para qué más: terminan siendo su obsesión. Otra más a la saca.

Destacan dos nombres sobre el resto: Robert Mitchum y Charles Lautghton. El señor Laughton, director de esta película y, posiblemente, el mejor actor clásico junto a Welles (los tengo elevados en mi olimpo particular), que se esfuerza en hacer una gran película, y que tiene todas las papeletas para serlo, por los factores, por los medios técnicos, por los actores… por todo, y al final, a pesar de la fuerza que consigue plasmar en la película, está falta de algo. Quizá flojea la historia o quizá se depende demasiado de las interpretaciones. Incluso es posible que esto, junto a la intensidad narrativa impresa, todo esto junto no sea capaz de cuajar. A saber. Por suerte esta cualidad extraña no terminar de ser lo que debería haber sido (según un servidor), no destruye la película, y otras tantas cosas, que la compensan, hacen que remonte el vuelo con facilidad. Lo único que implica realmente con una cierta importancia, es que a pesar de ser una gran película (Recalcando lo de GRAN), no llega a la categoría de obra maestra. Por poquico, o por no haber sido capaz de verla con los ojos correctos.

El otro gran nombre es Robert Mitchum. En este film encarna a Harry Powell, un predicador que se comunica con su dios y que según el, le manda señales que van conduciendo su vida. El rezo es su vida y su interpretación de la palabra divina, su obra. Y así va pasando la vida, de un lado para otro, sin rumbo y con sus dedos tatuados. Uniendo los dedos (excepto el pulgar) de la mano izquierda se lee HATE y en los de la derecha, LOVE, por una película muy bíblica que se monta el solo y que representa un par de veces a lo largo del metraje. Pues bien, el señor Mitchum, interpretando a este caótico malvado disfrazado de predicador, da un recital de interpretación. El personaje da auténtico pavor, sin importar si está enfadado con su navaja en la mano, si está rezando, tarareando su canción (es algo que hace varias veces) o si simplemente está intentando hacer creer a los demás que es un buen tipo. Acojonante el tío. Sin duda, de las mejores interpretaciones de la historia. Se que son palabras mayores y que puede sonar a sentencia prepotente, pero de verdad, hay que verlo. Incluso más allá de que la película en general guste o no, la interpretación de Mitchum aquí es parte de la antología del cine.

Del resto de la película se pueden seguir destacando más cosas. Tenemos al personaje de la señora Cooper, interpretado por una Lillian Gish fantástica también, haciendo el papel que hace Mitchum, pero al otro lado. Ella es otra fanática religiosa, pero con principios y con cordura, por lo que los dos, uno contrapuesto al otro muestran las dos partes del fanatismo, aunque no te quieran vender lo de Rachel Cooper como fanatismo, sino como fe. También están los niños, que son el hilo conductor del film, sobre todo John, el hijo, que es quien tiene que esforzarse por alejarse a si mismo y a su hermana del malvado predicador. Y el dinero, claro, porque una promesa hecha a tu padre herido perseguido por la policía es sagrado. Pearl, la hermana de John, por otra parte, es un personaje más bien soso. Es una niña más pequeña que John y por lo tanto su papel es muy limitado. Sin apenas líneas de diálogo, digamos de ella que cumple. Pero coño, contemos que no podía ser nada mejor: Comprobándolo, tenía cuatro años cuando apareció aquí, así que si no es mejor, era porque no era posible. Si hubiese sido una película española actual, seguro que hubiesen puesto a Maribel Verdú. (Si, es un tópico estúpido, pero ¿a que mola?)

Y el final. ¡Que final, señoras y señores! Menudo colofón. El duelo entre Cooper y Powell es colosal. Desde el momento en que comparten plano se ve que algo grande va a pasar. Y pasa. Después de todas las intrigas, y con la ayuda de una bonita metáfora animal, el final se convierte en el desenlace más adecuado, incluso mejora la mejor de las opciones que yo personalmente podría haberme esperado.

Por todo esto tenemos una gran película, que no llega a la obra menestra que tantos dicen, pero que es realmente buena, con una de las mejores actuaciones interpretadas nunca a cargo de Robert Mitchum, con una historia sólida, sencilla, pero quizá un poco coja y con una fuerza visual grande. Muy recomendable para todos, y más para los amigos del cine clásico, del cine negro y de la intriga. Incluso a quiene odian los niños, John les resultará como mínimo, aceptable. Pearl es otro cantar, pero bueno, donde no hay mata no hay patata.

¡Y que desenlace oiga!

Harry Powell: Yo no vengo en son de paz, sino en son de guerra.