Sacrificio >>> El cumpleaños que nadie nunca quiso tener

Hacía bastante tiempo que no me enfrentaba a una película tan densa como esta. Si no recuerdo mal, la última fue otra de Andrei Tarkovsky, Stalker, que me dejó completamente aplacado y conmocionado. La diferencia fundamental entre las sensaciones de una y de otra es que aquella me obnubiló por la historia y por su belleza y ésta, Sacrificio, peca por los excesos y los abusos de esos tics del director.

Hoy precisamente (El hoy en términos de la película) es el cumpleaños de Alexander, un hombre adulto, culto, escritor, crítico, actor retirado y periodista de profesión. Allí, en su casa, sus más allegados, y sus criados (que se puede permitir por su desahogada situación económica) se disponen a celebrar este evento. Además de su núcleo familiar, un par de amigos, que son el médico y el cartero. En total, ocho personas en la casa. Una casa en el campo. Una casa grande al lado del mar, alejada de la civilización.

Resulta que en el transcurso de la velada, con la presentación de los personajes y sus caracteres bien definidos sucede el gran desencadenante: se ha declarado una catástrofe nuclear a nivel mundial. El fin del mundo es inminente. Los aviones empiezan a sobrevolar la zona a baja altura y se corta toda comunicación vía telefónica y televisiva con el resto del mundo. Casi parece que en la misma habitación los unos desean aislarse de los otros.

Todo para acabar en el único sacrificio que de verdad puede hacer alguien en nombre de todo lo que ama, más allá de restricciones, tabúes, limitaciones y miradas perversas. Alexander se lleva la contraria a si mismo con un sacrificio tan grande y tan complejo que nada, ara nadie, volverá a ser ni parecido. En todo caso, todo parecido será algo puramente casual y por supuesto externo.

En este trasfondo, Tarkovsky saca todo su arte, ese que no puede evitar, con todas sus obsesiones temáticas y estéticas y hace la que para muchos es su mejor obra. Y desgraciadamente, la última. En este homenaje declarado a Ingmar Bergman, con la completa libertad que la Unión Soviética le privaba saca ese lado salvaje de quién quiere liberarse de todo aquello que lleva dentro y de alguna forma está frustrado. El resultado es una película violenta, cruda, ruda que te enfrenta cara a cara a unas problemáticas existentes en el mundo que el pudo ver y que rondaban durante toda una vida por la mente del director, siendo muchas de ellas en torno a la religiosidad en la sociedad1. Y profunda. Llega y llena de muchas sensaciones cada imagen, cada metáfora utilizada, cada detalle. Tarkovsky es el tipo de director que calcula al milímetro cada cosa que aparece en cámara. Probablemente incluso lo que esté fuera. Todo tiene un sentido, aunque quienes lo vemos no seamos capaces de apreciarlo.

Llegado el momento en que el anuncio apocalíptico llega, surge la gran evolución de los personajes, sin esconder nada de lo que realmente son. Han ocultado parte de su ser en su vida y ahora, con la debacle, han explotado de forma que aunque en todos, más o menos, dejaban entrever quienes son, trataban de ocultarlo. Algunos con mayor fortuna que otros. La esposa no esconde que nunca quiso a Alexander, la hija muestra todo su despertar sexual, el doctor se arrima a Adelaida, la esposa, el niño desconoce el alcance de la problemática, pero no es tonto precisamente, Maria se va a casa conforme acaba un trabajo que no le llena pero que debe hacer y la otra sirvienta cuida del niño como si fuese suyo. Los personajes que quedan, Otto (el cartero) y Alexander tienen buena parte de la parte más descriptiva de la película: En ellos recae el gran peso, y no porque los demás personajes no sean parte de ella o sean superficiales, sino porque ellos son los canalizadores de la acción, uno como provocador y anunciador (Otto) y el otro porque es quién hace de la historia algo importante. En Alexander se produce la gran conversión que aunque le pese tendrá que llevar hasta las últimas consecuencias, y aunque tenga reticencias al principio, se resignará y hará aquello que está convencido que es lo que tiene que hacer aunque realmente destroce todos y cada uno de sus principios. Todas y cada una de las creencias que ha ido fermentando dentro de si a lo largo de una larga y en principio satisfactoria vida. Otto se lo ha indicado y Maria, la extraña Maria tendrá mucho que ver en todo esto. Mucho más de lo que de primeras te da el director a entender sobre ella.

A destacar, y de manera notable, la interpretación de Erland Josephson en el papel principal, interpretando a Alexander. Este actor, habitual en la filmografía bergmaniana, borda un papel complicado hasta el extremo con una serie de escenas impresionantes, entre las que destaca la escena del rezo y la conversación con Maria en casa de ésta. Todos los elogios hacia esta interpretación son pocos, porque la fuerza y los sentimientos que es capaz de transmitir, muchas veces tan solo con la mirada es algo al alcance de muy pocos. Incluso es capaz de transmitir cosas muy distintas en una misma escena y con la misma fuerza.

Para cerrar un poco todo esto y como resumen, tenemos en Sacrificio al Andrei Tarkovsky más denso. Aquí se unen todas esas cosas que le han ido preocupando a lo largo de su vida, y en este homenaje a Bergman los plasma desde un punto de vista muy al estilo de director sueco (eso lo convierte en un gran homenaje) pero dejando toda la sustancia soviética del propio Tarkovsky. A pesar de todo esto, que puede sonar como maravilloso para gente que como yo, adora a estos autores en concreto, creo que es su mayor defecto, pues todo ese exceso de densidad narrativa hace que no fluya con tanta naturalidad como debiera. Decir de esto que entorpece sería toda una temeridad, pero desde luego no ayuda nada.

Otto: Todos los regalos requieren su pequeño sacrificio, que es lo que les da valor.

Me doy perfecta cuenta de que toda la entrada se puede coger con palillos en cuanto a las cosas que cuento, tanto si habéis visto la película como si no, pero es así porque si empezaba a contar toda la enjundia filosófica y teológica de la película no tendría suficiente espacio y coño… me quedaría solo. Prefiero que quede un tanto cojo todo a empezar y tener que cortar por donde no debo o dejar cosas a medio explicar. Pero bueno, que si alguien tiene real interés en discutir o saber, que me envíe un mensajillo personal y vemos como podemos discutir el asunto, y si hay un poco de paciencia (a saber cuanta… es cuestión de ganas) pretendo hacer algún tipo de entrada especial (o entradas) sobre este director y sobre toda la sustancia que hay en sus películas, o al menos una parte. Pero esto ya se verá en el futuro.

 


 
1 No tengo claro hasta que punto es sensación mía o parte de la realidad, pero debe tenerse en cuenta (leer esto lo exige) que Tarkovsky, el director no es religioso con toda la propiedad de la palabra, es más bien místico. La diferencia fundamental, y sin entrar mucho en ello, es que cree en algo más allá, pero sin delimitar demasiado. Y además se afirmaría en ello. De esta forma, para él, lo importante sería creer en algo, sin importar demasiado el qué. De todas formas, esto ya lo comentaría en futuribles entradas al respecto y es perfectamente cuestionable. (VOLVER)