Hellboy II: El ejército dorado >>> Lo mismo, más bonito y más desustanciado

¿Has visto la primera parte? Ponle efectos especiales más currados y quítale un poco de argumento, ponle más acción y quítale un poco de originalidad y tienes exactamente lo mismo. Hellboy es el copón bendito y reparte a diestro y siniestro, y si alguien le puede toser, es porque se va a llevar una somanta de palos como no la ha visto nunca, con su mano de las pajas del infierno. Así a ojo, lo único que realmente diferencia una de otra es que en esta secuela, el personaje de Hellboy no se pasa la película repitiendo ¡Que cagarro!

Así, en esta ocasión volvemos a tener una lucha entre las fuerzas del bien y del mal en la tierra, por parte de aquellos entes especiales que están a este lado de la línea y que demuestran, de una forma extraña el libre albedrío que hace que nadie nazca siendo, sino que la formación y las compañías son algo importante. Así Hellboy, ese demonio rojo que ama a los gatos y a los puros por encima de todas las cosas, alineado al lado de los menos malos, lidera de alguna forma esta lucha contra los seres demoniacos malignos. No será el cerebro, no será el que consiga el presupuesto, ni tan siquiera el que lleva los cafeses (calentitos, claro), pero es la cabeza visible de ese grupo, quién se lleva las escasas alabanzas y todos los marrones por el trabajo realizado.

La historia que cuenta la película es la historia de cómo en eras pasadas, una gran batalla entre los moradores primigenios de la tierra combaten contra los despiadados humanos (inhumanos humanos…) por la avaricia y las ansias de poder de estos. Llegados a un punto, los seres primigenios, parte del mundo natural y mágico acaban creando un ejército de setenta veces siete (es algo tan bíblico, que da miedo) soldados mecánicos que tan solo saben cumplir órdenes, que no sufren, que no se cansan y que no sienten piedad, que se controla con una corona con antena Wifi. Así, una vez creados y lanzados a la lucha, el rey de estos entes primeros se arrepiente por el daño que está haciendo y divide en tres la corona tras encerrar al ejército; una parte para los humanos y dos para ellos mismos. ¿Problema? El príncipe quiere expulsar a los humanos del mundo y aniquilarlos así que no descansará hasta conseguirlo, pasando por encima de quien sea. Incluido su señor padre.

Así llegamos al día de hoy, donde el príncipe Nuada decide que es el momento de volver a despertar al ejército dorado y exterminar a los humanos para volver a ser, el mundo de los primigenios quienes gobiernen la tierra con mano diligente sobre el planeta, sin venganzas, sin avaricias. Es curioso que suene tan bien, pero requiera del exterminio de una especie de una forma bastante cruel. Contradicción, necesidad… ¿Quién sabe?

Pero no cuenta con que Hellboy tiene dura la mollera y los humanos le caen simpáticos. Menos que los gatos, y menos que Selma Blair, pero bueno, no somos una especie que le toque demasiado las narices. Al menos no lo suficiente como para enfadarle, al fin y al cabo, está (o estaba… no lo se, que el comic me la trae un 20% más floja de lo que me la traía el manga de Ghost in the shell… (Homenaje a mi mismo)) a gustico entre nosotros.

Eso si, toda esta historia funciona solo a Guillermo del Toro, director de esta película, que es quien dota de personalidad a la mayoría de los personajes, porque por si misma, sería todo bastante flojo y sin sustancia, pero gracias a ese guión suyo, y su propia mano en la dirección, todo acaba en algo extraño, bello y aceptablemente entretenido. Lo dicho, los personajes tienen bastante carisma, más allá de los puramente principales. Todos los secundarios son alguien con quien sentirse identificados de forma potencial, a pesar de sus capacidades especiales. Tantos amigos como enemigos. Incluso el pesado de Manning, el jefe de la división secreta, que también tiene su rollete, más allá de ser un mero personaje para hacer la gracia de turno.

Por suerte las actuaciones acompañan, dentro de lo aceptable, desde Ron Perlman hasta Luke Goss, que no son solo caracterizaciones. Hay un poco de buen trabajo debajo del maquillaje y el photoshop. Por supuesto, es Hellboy quien lleva la voz cantante todo el tiempo, el mejor personaje es suyo y tiene un par de escenas brutales (Véase por ejemplo la escena en la que se emborracha con Abe, el anfibio, y canturrean y se dicen lo que se quieren), siempre con la socarronería que le caracteriza. La verdad es que todos están muy bien delimitados.

En lo técnico es una película brillante. Los efectos, en general, perfectamente integrados casi todo el tiempo, hacen casi creíbles a las criaturas maravillosas imposibles con tan solo maquillaje, con unas representaciones espectaculares, coherentes… unos seres de la oscuridad fascinantes, con ese sello del Toro que se pudo ver en El laberinto del fauno o incluso en la infame Blade II. También en los diálogos se ve ese humor tan suyo, tan negro que le caracteriza y por supuesto, después del cameo de la primera, esta segunda parte también viene con cameo de Santiago Segura (Para quien la haya visto y no recuerde haberlo visto, sale en la escena de la galería de subastas, con un perro-patada (un perro ridículamente enano) en los brazos).

Así que tenemos entretenimiento muy bien decorado. Como Port Aventura. Todo muy bonito y para que no pierdas interés ni intensidad, cosa harto dificil por el género y el estilo, que gracias al temple del director, ese monstruo de la fantasía, ha sido capaz de que todo vaya a buen puerto. Una gozada para la vista y un relajo para la mente. Personajes con carisma y mala baba, acción trepidante en su justa medida y una serie de situaciones consecuentes con el propio devenir de la película. Sin giros, sin sorpresas, pero con distracción asegurada. Una más que digna secuela.

Tom Manning: Confisco todas las fotos, los vídeos grabados con movil. Me cuesta una fortuna y… luego aparecen en Youtube. Dios… ¡no soporto Youtube!