Partes privadas >>> Howard Stern as Howard Stern

Un buen cinéfilo, de quien creía estar en la otra punta del espectro del gusto cinéfilo (Academia de inglés Oui presenta: ¡La primera redundancia del día!), un buen día, tras poner en común opiniones iguales sobre una película, me recomendó un puñado de películas que poco a poco fui viendo. Todas me gustaron. Unas más, otras menos, pero joder, todas fueron películas que valieron la pena. Pasado eso, se le ocurrió recomendarme otra que no tenía nada que ver con todas las anteriores y que de primeras, parecía incluso extraña. Esta película es justo esta de la que se habla en esta entrada, Partes privadas.

En esta película tenemos algo difícil de encontrar como es el gran equilibrio entre lo que es un drama y lo que es una comedia. Es complicado saber en que momento de esta película estamos con una o con otra, ya que al fin y al cabo están muy estrechamente ligadas. Si a esto le sumamos un factor como es el de estar haciendo una biografía de alguien todavía vivo, y el conjunto sigue siendo bueno, el merito crece de modo exponencial, y si encima contamos el factor de que el biografiado es el propio actor que hace de si mismo, ya esto es el copón bendito. Y a buena fe os digo que todo esto se da en esta película.

Resulta que Howard Stern es incluso a día de hoy (lo dice la Wikipedia, así que si os interesa lo buscáis) uno de los grandes locutores de radio de la historia de Estados Unidos. Resulta que este hombre revolucionó la forma de hacer radio a base de improvisar y de hacer un programa sin guiones, y resulta que al final (esto ya no lo cuenta la película) ha acabado con un emporio radiofónico vía satélite brutal.

La historia de Partes privadas es la historia de Howard Stern desde que descubre su vocación, en la más tierna infancia hasta que por fin se consagra como estrella radiofónica en la gran compañía de comunicaciones norteamericana: la Columbia Broadcasting System o CBS para los amiguitos.

Pero desde luego el señor Stern no es un individuo al uso, y mucho menos quiere serlo. Es consciente de las posibilidades que le brinda la radio incluso mucho antes de empezar a poder ser locutor en la escuela secundaria. Es conciente, a su pesar, de que su estilo será defenestrado y también es consciente de que tiene una voz de mierda para la locución. Ni siquiera es guapo, que aunque no ayude a la hora de hablar por la radio, siempre sube la autoestima.

Además, es alguien que está obsesionado con el sexo. A tiempo completo. Tiene dos preocupaciones principales; que folla poco (no lo digo yo, lo dice el) y que tiene pequeño el pene.

Poco a poco consigue ir haciéndose un hueco. De una radio a otra, siempre intentando hacer un tipo de programa no siempre aceptado, con su humor sexual e irreverente, y con el rock como bandera, pasará por muchísimas situaciones delirantes por la que será odiado por los directivos y amado por la audiencia. Cada locura aumenta su reconocimiento, y entre sus entrevistas subidas de tono (actrices porno, señoras que pueden meterse en la boca salchichas de treinta centímetros y demás) y las llamadas de los oyentes se estaba forjando su propia leyenda a partir de su estupenda melena rizada.

Tendrá la ayuda de dos personas que ira encontrando a lo largo de su periplo. En este caso, junto al propio Howard Stern haciendo de Howard Stern, tenemos a Fred Norris, haciendo de Fred Norris y a Robin Quivers haciendo de Robin Quivers. El primero, a quien conseguirá como compañero, no muy hablador, pero que le seguirá cada movida mental que tenga hasta las últimas consecuencias y Robin, la chica que al principio se supone que debía encargarse de dar las noticias, y que desde el comienzo siendo parte del espectáculo, viendo la innovación que puede suponer una radio tan extrovertida y diferente.

La que hace de amor de su vida, Alison Stern, ya no se interpreta a ella misma. En este caso, Mary McCormack hace el papel en cuestión de una manera formidable. Cada estado de ánimo era transmitido de forma impecable.

En esta delirante comedia dramática, el gran fallo formal está en las actuaciones, pero es algo que no reduce las capacidades generales del film. Que la mitad del elenco principal se interprete a si mismo sirve para darle realismo. Quizá también pretenciosidad, pero el realismo sale ganando. Además, en toda la parte satírica, que también la hay y muy importante, un magnífico Paul Giamatti, haciendo de directivo hijo de puta de la CBS, pone la guinda al pastel amargo por fuera y dulce por dentro.

Por supuesto, las mejores escenas las que son parte de los programas de radio a lo largo de su vida. Como el primero en su primer trabajo, donde entrevista a Ringo Star, o cuando hace un concurso junto a Fred, Robin y otro invitado. Un delirio. Y un auténtico descojone. Ventajas de la naturalidad.

También es interesante toda la parte crítica con los sistemas de comunicación y las grandes corporaciones. Que claro, no es solo crítica por si misma, sino porque lo vivió en sus carnes, pero no por ello, esa avaricia deja de transmitirse en la película.

Con todo esto, tenemos una película con aspecto de amateur, pero que tiene un trasfondo importante y muy cuidado, donde varios personajes que hacen de si mismos, se dedican a narrar parte de la historia de Howard Stern, el locutor de radio que cambió la forma de hacer radio (redundante, pero cierto). Todo el tiempo en el limbo entre el drama y la comedia (la vida no es fácil ni para un dios de la comunicación), es una gozada ver el ascenso y permanencia entre los más grandes a alguien que siempre supo que podía revolucionar la comunicación radiofónica. Y lo hizo. A lo grande. Acabando en la CBS con el programa más escuchado de los U.S.A y dando en los morros a todos los directivos de la cadena que nunca confiaron en el por su rebeldía.

Es una película con sexo radiofónico consumado, no os digo más.

Howard Stern: Me he comprado un libro. Se titula “Como tirarse a una tía”.