Crítica clásica: Animal Magnetism de Scorpions (1980)

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 Cuando hago una crítica, procuro coger el disco que veis al inicio y desplegarlo hasta mostrar el "gran paisaje" que tiene, la "gran historia" detrás de él y por último, que nivel de calidad posee. Lo difícil es cuando te decides a hacer una especie de investigación a lo grande analizando el desarrollo de una banda. Porqué en este caso he tenido que ir más al detalle y ver como evoluciona la fórmula y sus músicos, ya que sería una tontería pensar que estos tíos seguían siendo exactamente iguales a los que vimos con Taken by Force.

Si claro, tenían el mismo carnet de identidad, más o menos la misma cara y seguramente no se habían olvidado de tocar las canciones que habíamos visto anteriormente. Pero todo evoluciona y si bien creo que con el disco anteriormente analizado tocaron un pico musical en su carrera, creo que de manera sutil reconducieron su sonido de manera muy inteligente para la nueva década. Los 80, iba a ser la década en la que el heavy metal se consolidaría hasta el punto de llegar a sus extremos más comerciales y entre los que sacaron provecho de eso, estaban Scorpions. Con eso no quiero decir que los alemanes se volvieran unos heavys de pura cepa, no, seguían haciendo hard rock (que es más suave que el heavy en letra y dureza), pero si querían meter alguna canción que se acercaba al metal, no ponían pegas.

Pero antes debo hacer una advertencia, el término metal en los 80 era menos purista y aunque hay muchos grupos heavys clásicos con todos sus principios, hay otros que como he dicho antes cogieron el sonido y "la pose" y las hicieron más accesibles. Por poner ejemplos claros del mismo año 1980, Judas Priest sacó al mercado British Steel, que los acercó al gran público. Accept publicó I’m a Rebel, un disco muy sólido, comercial y pegajoso (en el buen sentido). Iron Maiden sacaba su esplendido debut y Ace of Spades de Motörhead, Back in Black de AC/DC, Women and Children First de Van Halen o The Game de Queen, nos enseñaban a bandas en el cenit comercial de su carrera.

Ese fue sin duda un año revolucionario para el rock duro y Scorpions, que ya se veían rodeados de tanta superpotencia con grandes discos en grabación, fue de los primeros en sacar el suyo. Pero claro, eso es lo que ocurría mirando al exterior, pero en esa época se estaba solidificando la nueva formación que tenía la banda. Después de la marcha de Uli Jon Roth, se buscó un guitarrista que cubriera la plaza para el que sería su siguiente disco Lovedrive (1979) en el que tuvieron que escoger entre Michael Schenker (hermano del guitarrista líder de la banda y todo un portento) o Matthias Jabs. Eligieron a Schenker y despidieron a Jabs que les había hecho de sustituto de Jon Roth durante conciertos y grabaciones y la jugada les salió como el culo.

Crítica clásica: Secret Story de Pat Metheny (1992)

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Conglomerado, esa es la definición que podemos extraer de este álbum. Desde su portada hasta su música. Pero a muchos esa palabra os suena a un material con el que se hacen muebles y que acostumbra a ser de media o baja calidad. Es algo hecho de muchas cosas apelotonadas y unificadas que generan algo sólido. También ocurre lo mismo con cierto tipo de rocas formadas por detritos de muchas clases. Pero en la música, si se hace con suficiente inteligencia, toma un significado más positivo y que puede ser de mucha calidad. En el caso que hoy veremos, lo considero claramente así, una obra hecha de detritos que demuestran lo mucho que ha crecido el artista creador ¿Y quien es en este caso el creador/director de esta obra?…

Pat Metheny es probablemente uno de los guitarristas (y en general músicos) de jazz más premiados y reputados de los últimos 40 años. Nacido en Lee’s Summit, Missouri el 1954, empezó su pasión por el jazz a través de su hermano, el trompetista Mike Metheny. Cabe destacar que desde que empezó a tocar música supo destacar y rodearse de grandes músicos que lo conducirían a renovar su estilo y a triunfar. Jaco Pastorius (el mejor bajista de la historia), Gary Burton, Lyle Mays (muy destacable tecladista) o Pedro Aznar (brillante multiinstrumentista) le ayudarían e influenciarían en su brillante carrera desde su debut en Jaco (1974), pasando por Offramp (1982) con el Pat Metheny Group un brillante disco que experimente y a la vez se muestra accesible o Letter from Home (1989) precursor cercano del disco que hoy veremos.

Por eso, para realizar una crítica tenía un serio dilema, ya que en principio me hubiera metido en una de sus obras de finales de los 70 o de pleno en los 80. Pero opté por mostrar una obra de suficiente calidad como para que ni el exigente i perfeccionista Pat Metheny dudara de su fuerza. Crítica, público y yo mismo ahora podemos confirmar que este disco es de bien seguro la opción más acertada. En una entrevista para el canal CNBC, Metheny consideró que esta era su obra más ambiciosa y personal. Por eso, podemos ver esta creación como una especie de hito que consiguió tras años de evolución artística y melódica. En el disco, así como adelanto, podemos ver una paleta con toda la gama de colores que el había trabajado en su carrera.

Crítica clásica: Led Zeppelin II de Led Zeppelin (1969)

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A finales de los 60 la música popular estaba dando un vuelco. Los Beatles habían hecho del pop, uno de los géneros musicales más potentes de la industria (sino el que más). El rock progresivo había nacido de los anteriormente nombrados y de Pink Floyd, a través de la psicodelia. El hard rock daba sus primeras señas con Steppenwolf, Blue Cheer, Cream o Jimi Hendrix. Era una época muy liberal y con mucha afluencia del mundo hippie, pero no ausente de conflictos. La música vivía en ese caldo de cultivo cultural con festivales como Woodstock o el malogrado festival de Altamont (con una víctima mortal) que cerrarían una década revolucionaria.

La escena rockera y sobretodo la del hard rock estaba a punto de dar un gran estallido a las estrellas en la siguiente década, pero hubo un grupo que dio el pistoletazo de salida a este género, Led Zeppelin. Esta banda de Inglaterra empezó con la idea de hacer una formación renovada para The Yardbirds (banda histórica de rock de los 60) por parte de Jimmy Page y por diversos tejemanejes la formación acabó siendo la conocida en la actualidad: Robert Plant (voz), Jimmy Page (guitarra), John Paul Jones (bajo y teclados) y John Bonham (batería). Su primer trabajo como grupo fue en el disco Led Zeppelin (1969) que lo sacaron a la venta en enero. Para abril ya estaban sacando su primer trabajo como músicos de estudio en Three Week Hero (1969) para P.J. Proby y en octubre ya tenían en las estanterías el disco que hoy analizaremos.

Muchos os preguntareis ¿como puede ser que en un año hicieran tanto trabajo? Primero, porqué en esa época era lo habitual. Sacar un disco o dos cada año era algo que muchas bandas tenían que hacer para mantenerse en la cresta de la ola. Segundo, Led Zeppelin y sobretodo Jimmy Page hizo una especie de rescate de riffs de otras bandas segundonas, haciendo canciones nuevas pero de una forma que ni moralmente ni legalmente sería muy aceptable a día de hoy. Aclarado esto, sólo puedo añadir a esto último que en sus primeros discos estos tíos demostraron ser la mejor banda de covers que había parido la música y en sus composiciones demostraban ser muy, pero que muy destacables. Por esa razón ya en su primer disco levantaron muchas expectativas.

Crítica: Phantom Radio de Mark Lanegan Band (2014)

 
 
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Voy a ser claro, todos los ingredientes que conforman este disco los conozco. Sé lo que es un CD, sé quien es Mark Lanegan y conozco razonablemente el estilo que este músico propone. Pero la razón por la que en primer término dije "Quiero escuchar este disco", fue por su portada, nada más. No es que desprecie a Lanegan, al contrario, exclusivamente su voz ya da para líneas y líneas en lo que expresión y estilo se refiere. Pero es que a mi personalmente me va mucho lo de pararme ante un disco bonito, dedicarle unos minutos a mirar el arte de su caratula y a ojear el librillo (cada vez más breve) mientras escucho la música y tomo un café.

 

Esa sensación de dejarse llevar por el encanto natural de las cosas y bueno, no tanto a sabiendas de si me da más o menos popularidad hablar o no de un disco, es terapéutica. Incluso después de leer críticas sobre su contenido, no me siento atado a ninguna de ellas por muy próximos o alejados en opinión que estemos. Por eso me siento bien, porqué estoy cogiendo a un músico que no es que tenga una fama inconmensurable, pero ya tiene a su círculo de seguidores y detractores bien formado. Y yo como buen crítico, aquí estoy dispuesto a pasármelos a todos por el forro. Entendedme, ir con prejuicios en la mente y rechazar cualquier tipo de placer porqué los guay dicen que mola, o forzar el gusto por la música si algo no me entra ni a patadas, acaba siendo una ruleta rusa con la que un día te encuentras con una bala en la recamara y disparas a tus principios.

 

Personalmente, la primera vez que escuché a Mark Lanegan fue con Queens of the Stone Age cantando A Song for the Dead. Era un puto pino en medio del escenario escupiendo palabras que le reforzaban ese aspecto desértico que tiene la banda de Josh Homme. Era como si un amante de lo picante le descubres la comida hindú. Por esa razón, cuando me enteré que Lanegan seguía como una hormiguita haciendo su trabajo musical, empecé a investigar sobre él. Podría destacar su aportación como cantante en la banda grunge Screaming Trees, con la que generó un sonido muy peculiar y desgarrado. A la vez su colaboración con Queens of the Stone Age, con quien se volvió a establecer como figura en el mundo musical en discos como Songs for the Deaf (2002) o Rated R (2000). Pero su estatus de culto se lo ha ganado en los últimos años.

 

Colaboraciones con Isobel Campbell y sus últimos discos en solitario Blues Funeral (2012) y Imitations (2013) nos han atraído a muchos a redescubrir su discografía en solitario, que se remonta a principios de los 90 y que ha dejado joyas como Whiskey for the Holy Ghost (1994). Estoy seguro que estamos ante un músico con mucho fondo cultural y que sabe coger sus influencias, transformarlas y ponerle su sello. Por esa razón, cuando giré un poco la mirada y vi que el disco era de su banda pensé: "It’s Lanegan Time!".

Crítica: Redeemer of Souls de Judas Priest (2014)

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¿Innovar es un objetivo indispensable para hacer arte de calidad? En mi opinión, creo que no. Siempre he tenido una enorme predilección por encontrar cosas nuevas y que me aporten experiencias diferentes en esto de la música. Como visteis hace unos días, me embarqué en el análisis de Grooms por el puro placer de escuchar algo nuevo que se saliera de mis esquemas. Pero por otro lado siempre he pensado que si tu deseo es mantenerte en un estilo porqué es el tuyo, te sientes identificado y capaz de hacer obras de calidad; pues adelante amigo. Eso me ocurre con Accept; de ellos prácticamente siempre puedo esperar un buen disco porqué hacen lo que les gusta. Aunque han añadido pequeñas trazas de novedad en su música, siguen siendo ellos y eso les hace grandes.

Pero la experiencia me dice que la realidad no sólo se limita a eso. Hay los que se estancan en un género o regresan a el para contentar a sus fans y no dan todo lo que podrían dar de si como creadores, aparecen discos menos creíbles y entonces empiezan los lloros. Lo mismo os digo de la innovación, ya que hay bandas o cantantes que han elevado exponencialmente su mercado tirando su música hacia las nuevas modas, pensando como si fueran jefes de marketing (ellos o sus discográficas). Por esa razón cuando una banda como Judas Priest, con tanto recorrido y que nunca se sabe si el disco que sale será el último, me pregunto como se tomarán lo próximo que compongan. Son veteranos y aunque tienen un montón de reconocimiento, no se si para ellos un disco nuevo es una batalla decisiva o un partidillo de costillada.

Para mirar con perspectiva, creo que lo mejor que podemos hacer es situarnos en la etapa actual de Judas Priest y ver que han hecho. En 2005 sacaron el primer disco de esta etapa en la que volvía el mitológico cantante Rob Halford, le llamaron Angel of Retribution. Ese disco que un tío anunciaba por internet (de Rafabasa nada menos) diciendo algo así como: "¡¡Venga tío, deja de pelartela como un mono. Si quieres que se te ponga dura compra el nuevo disco de los Judas!!". Poesía, pura poesía de estilo Machado. Siendo serios, el disco era ciertamente esperanzador y aunque no era el nuevo Painkiller (1990) sabía defenderse con soltura. Era como Ronaldinho cuando volvió a jugar a Brasil, no era el mejor goleador del mundo pero algunos ya lo rescataban cuando pensaban en la selección brasilera (aunque fuera de suplente).