Porque la basura no se perfuma

 

Hoy revisando la Constitución me he tropezado con un atropello al sentido común. Se trata del artículo 25, que sintetizando señala que las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y NO PODRÁN CONSISTIR  EN TRABAJOS FORZADOS.

Cómo ya habrán adivinado esto último constituye una aberración ya que, en teoría, quienes cometen delitos deben reparar el daño causado y pagar su deuda con la justicia, pero en la práctica lo pagamos el resto de ciudadanos inocentes. 

 

¿Qué cómo lo pagamos? Manteniendo cárceles que cada día se parecen más a hoteles de 5 estrellas equipados con toda clase de lujos: gimnasios, completos equipos informáticos, piscinas, bibliotecas y acceso totalmente gratuito a cualquier tipo de estudio, incluido el universitario. Todo ello recordemos para el disfrute de delincuentes en deuda con la sociedad, pero que lejos de producir para pagar lo que deben suponen un enorme lastre a la economía conjunta de todos los españoles. 

 

No me cabe duda de que se debe buscar la reinserción social de los presos, pero nunca a un precio tan alto cómo el actualmente fijado. ¿Por qué los criminales deben disfrutar de más y mejores instalaciones que los alumnos de cualquier instituto público? ¿Por qué un ciudadano modélico debe acarrear con los gastos de sus estudios universitarios mientras que un preso no? ¿Acaso no sería más sensato destinar todos estos abultados fondos a nuestro maltrecho sistema educativo?  Tal vez invirtiendo más en la educación de nuestros jóvenes necesitemos menos centros penitenciarios en el futuro.

Para que os hagáis una idea de lo surrealista de la situación, en la actualidad la mayoría de centros penitenciarios destina más presupuesto a mantener a un solo preso que en la nómina de un funcionario de prisiones.   

 

 ¿La solución? Dependiendo de cada punto de vista aparecerán muchas y variadas, pero se me ocurre que instaurar trabajos forzados con reducción de pena (servicios de limpieza, mantenimiento, replantación de bosques, etc.) pararía en parte el desangre económico que suponen nuestras prisiones. 

 

 Hasta incluso puede que se aboliese la anteriormente citada imagen cómo cárceles-resorts de vacaciones,volviendo a ser concebidos cómo duros centros de castigo a evitar, pues no olvidemos que nuestro sistema  judicial aunque imperfecto dista mucho de ser arbitrario …