Competir, vivir.

 

En nuestro día a día siempre hay presente pequeños aspectos en los que competimos, ya sea contra alguien o contra uno mismo pero a lo largo de nuestra vida siempre estamos participando en "pequeñas" competiciones. 

Puede ser en el instituto tratando de aprobar y sacar más nota que el compañero de turno o en el trabajo tratando de conseguir el ascenso, son sólo algunos ejemplos. 

En la actualidad estudio sin asistir a ningún tipo de clases, no trabajo y tampoco participo en ningún equipo. Es por eso que después de un par de días enfermo (con ingresó en el hospital incluido) estoy deseando que llegue el sábado para jugar el partido de todas las semanas con los de siempre. 

 

 


Las faltas, los tiros que entran y los que no, los saltos apurados, los pases imposibles … No son más que un pequeño reflejo de la competición constante que es la vida, en la que cada derrota nos enseña algo nuevo y en la que cada victoria nos hace buscar con todo nuestro ímpetu la siguiente. 

Si buscamos bien siempre habrá una competición en la que merezca la pena participar, una competición en la que cojamos experiencia, una competición en la que aprendamos de nuestros errores, pero sobretodo una competición que nos haga mejores personas sin que importe el ganar o perder.


Por eso si alguna vez tu mundo se tambalea y caes con él no desesperes, tan sólo coge aire y levanta de nuevo. Lucha por esa competición tan importante que es la vida, te aseguro que vale hasta el último de tus esfuerzos el tesoro que guarda para sus ganadores, nada menos que la paz y felicidad personales. 

 

 

Mi mejor obra: Realidad Efímera

 

No sabía cómo ni porqué pero un día, ya lejano, desperté allí. Nunca olvidaré la primera vez que lo vi: enorme y majestuoso, situado en el borde de un acantilado, reflejaba la luz del sol haciendo oscurecer todo lo demás, se trataba ni más ni menos que de un asombroso castillo de cristal.

Tras unos minutos de duda me decidí a entrar. Conforme me acercaba veía una especie de proyección en la fachada, una chica de piel blanca cómo la nieve, de melena lisa y negra acompañada por unos preciosos ojos verdes. No fue hasta que estuve en la puerta cuando me di cuenta de que no era una proyección sino un reflejo, el mío propio.  

Después de tirar de una puerta más pesada de lo que aparentaba me encontré dentro de aquella maravilla.  No había absolutamente nada, tal y cómo se podía ver desde fuera, aunque por alguna extraña razón esperaba encontrar algo más.

No hubo dado tiempo a que la decepción se apoderará de mí cuando el castillo empezó a brillar con intensidad. Era como si las paredes estuvieran concentrando toda la luz del ambiente, deslumbrándome hasta el punto de no poder ver nada, hasta que por fin cesaron los reflejos y pude volver a ver con claridad. Para mi sorpresa todo el castillo se había transformado por completo, donde antes había vacio ahora se hallaba un enorme pasillo poblado por diversas puertas. Con curiosidad las fui abriendo de una en una encontrándome de todo en ellas: un salón con  grandes sofás de piel, habitaciones con camas de terciopelo, un baño con piscina de mármol y un ostentoso comedor que llamó poderosamente mi atención, pese a que había innumerables platos, vasos y fuentes todos estaban vacios, para mi asombro descubrí que tan sólo tenía que imaginar el plato que quisiera y este aparecía mágicamente delante de mí. Y no sólo sucedía en el comedor, era cómo si el castillo conociera mis deseos y desde luego no parecía importarle cumplirlos, cualquier cosa en la que pensaba la tenía al instante.

Durante los primeros meses una parte de mí me incitaba a abandonar aquel lugar, era como si no estuviera preparada para algo tan perfecto. Afortunadamente el lujo y el acomodo con los que contaba fueron matando aquella sensación, elevando mi felicidad hasta límites insospechados.

Un día amaneció con un cielo extrañamente nublado, no sabía el motivo pero esto era lo primero que me preocupaba desde que estaba allí, el sol parecía no salir aquel día, dejando el castillo en una penumbra de lo más inquietante. Mi preocupación no hizo más que aumentar cuando pensé en un suculento manjar de carnes aderezadas con fruta y al abrir los ojos no hubo aparecido ante mí, cómo hubiera sido normal.  Traté de no darle importancia, seguramente sería algo temporal, “es cuestión de tiempo que todo vuelva a funcionar” pensé para tratar de tranquilizarme.

Sumida en la oscuridad, sin nada para llevarme a la boca y realmente desesperada pasé dos días, hasta que el castillo empezó a brillar de nuevo, esta vez para hacer desaparecer todas las habitaciones y todo lo que contenían. A continuación todo empezó a crujir, era cómo si las paredes trataran de doblarse sobre sí mismas, emitiendo unos sonidos realmente aterradores. Volvió a brillar con más fuerza todavía todo el castillo,  antes de empezar a desmoronarse lentamente, láminas de cristal del techo haciéndose trizas conjunto al suelo en el que caían mientras que las paredes se empezaban a agrietar a un ritmo preocupante.

Mi única oportunidad de sobrevivir era deshacerme del pánico que me inundaba y salir de allí. Así que, inútilmente, corrí tan rápido cómo pude hacía la puerta, la cual tras tirar de ella se desplomó, envolviéndome en un amasijo de cristal y oscuridad.

En algún lugar no muy lejos de allí

–         ¿Seguro que hicimos bien? – preguntó entre sollozos.

–         Tranquilo Óscar, yo soy la primera que la quería con locura pero después de dos años era inevitable, tarde o temprano el hospital acabaría desconectándola… –  respondió cariñosamente a su cuñado fundiéndolo en un abrazo. 

 

Comparto este breve relato al que considero mi mejor escrito, totalmente propio. La imagen no me pertenece, la saqué de google.

Saludos y Feliz año nuevo Wink