3 mentiras sobre Andalucía y los andaluces

Aunque son muchos los tópicos sobre Andalucía y sus gentes, encuentro tres particularmente infundados y/o injustos:

Se trabaja poco 

Vagos y poco trabajadores, un estereotipo que por más que pese tenemos asociados los del sur. Sin embargo Andalucía esta ligeramente por encima en la media española de horas trabajadas, además deberíamos de tener en cuenta que muchas de esas horas son en meses de calor (con la dificultad y molestias que eso acarrea) y en el sector servicios. Esto se traduce en trabajos exigentes desde el punto de vista físico, que para más inri se conjuntan con unos horarios que hacen muy difícil compaginar la vida laboral y la familiar.

 

Con B de barata 

Y es que sí, mucha gente piensa que el nivel de vida es bastante más barato respecto al resto de España. Si bien es verdad que determinadas zonas pueden serlo (bendita Granada y sus tapas), las capitales de provincia y la Costa del Sol resultan especialmente caras, con precios medios más cercanos al poder adquisitivo de los turistas que al de un trabajador medio de la zona. Por si fuera poco Andalucía es una de las comunidades autónomas con una mayor tasa de impuestos, gracias Junta de Andalucia =)

 

Quieren trabajo en su barrio 

Vosotros también habréis escuchado eso de que los andaluces (y casi que los españoles en general) queremos trabajar en la puerta de nuestra casa, que no queremos desplazarnos para trabajar, que somos muy cómodos vamos. Si bien, con las estadísticas en la mano este tópico puede parecer verdad no lo es, o al menos no esta relacionado con esa aparente “falta de espíritu”. Y es que Andalucía cuenta con una red de transporte público muy precaria (parece impensable que no exista un tren de cercanías que cubra la ruta Málaga – Algeciras), apenas cubriendo trayectos y resultando muy cara, que junto a la abundancia de salarios bajos, hacen que buscar o aceptar trabajos en los que haya que desplazarse considerablemente no sea viable en muchas ocasiones. 

Me gustaría recalcar que no soy andaluz, pero actualmente vivo en estas tierras y esto no es más que una pequeña opinión al respecto que me ha apetecido compartir. 

Saludos =)

JLP: 1 juego, 1 libro y 1 peli =)

Pues hago esta entrada para comentaros que me han parecido lo último que he jugado, leido y visto, así por ese orden. 

 

Efectivamente, se trata de New Super Mario U. Soy aficionado a los marios 2d, aunque desde el de wii pensaba que la formula estaba agotada. Pues según iba completando esta maravilla me daba cuenta de que no podía estar más equivocado; parece simplemente otro new pero en hd y nada más lejos de la realidad, aporta un montón de novedades en forma de fases con mecánicas nuevas y muy originales que sacarán la sonrisa a todo fan de las plataformas que se precie. Al principio la dificultad puede parecer inexistente, conforme avanza el reto aparece y la diversión se dispara, especialmente si queremos hacernos con las 3 monedas que esconde cada fase.

Pasamos a Takedown, la crónica de uno de los sucesos que acabaría definiendo el rumbo de la seguridad en el ámbito digital. El libro te transporta a esos principios de los 90 a la perfección, contandonos lo que en realidad es una partida "del gato y el ratón" solo que con el internet primigenio como tablero. Si te gusta/entiendes de informática te encantará, por el contrario tengo mis dudas de que esté lo suficientemente bien explicado para alguien neófito en la materia.

 

Termino la sección haciendo un poco de trampa, y es que la película que he elegido tiene mucho que ver con los videojuegos:

  

No esperaba nada de ella y después de verla puedo decir que para mí, junto con Silent Hill y Mortal Kombat, es una de las pocas adaptaciones decentes del mundo de los videojuegos. Buenos efectos especiales (bueno quizás peca algún croma regulero), pareja de protagonistas con química y un guión más que decente. Un buen trabajo en forma de película de aventuras con detalles de humor muy entretenida, algo así a lo que supuso "La momia" en su tiempo. 

Saludos!!! 

Resucitando el blog: Maíz (relato)

Verano, algo más de medio día: un sol de justicia castigaba a un viejo campesino que, cargando un saco a la espalda, caminaba junto al caudal de un río.  Dranler, que rondaba ya los cuarenta, se aventuraba por primera vez a salir de su aldea natal, en el boscoso noroeste de Rasten. Moreno, de piel curtida, llevaba unos harapos verdes, unas alpargatas razonablemente nuevas y un bastón, usado más por manía que por necesidad. No se podía decir que el bueno de Dranler fuera especialmente locuaz ni perspicaz, claro que no eran cualidades requeridas para trabajar la tierra, labor que desempeñaba desde los seis años. Por el contrario si le precedía una reputación de hombre decidido y práctico; la suficiente para que los escasos vecinos de su aldea lo nombraran alcalde hacía ya siete estaciones.

Seguía caminando, empezaba a estar preocupado, según las indicaciones del viejo Nokjar ya debía de haber encontrado el cruce del río. Si se tratara de cualquier otro verano anterior podría haber cruzado el medio kilometro que separaba una orilla de la otra, sin mojarse más allá de la rodilla. Sin embargo este último invierno había traído muchos más días de lluvia de lo habitual, manteniendo el caudal alto aún bien entrado el verano.

Después de una hora más de recorrido vislumbró lo que supuso sería el cruce. Conforme se acercaba iba creciendo su asombro, hasta que estuvo lo bastante cerca para comprobar que su cabeza no le había jugado una mala pasada; no, ni el calor ni el cansancio tenían nada que ver; aquello era real. A cada lado del río se erguían dos majestuosas estatuas de Gonfex, el dios de la locura, de al menos cien metros de alto, sirviendo de escaleras para llegar a la base de un estrecho puente, de tan sólo metro y medio de anchura, sin ningún tipo de barandilla o recubrimiento lateral. La mayoría de los bloques de piedras estaban llenos de moho y la estatua del dios, al menos la del lado de su orilla, presentaba grandes grietas en la zona del tórax. A esto había que sumar la curiosa desaparición de los característicos trece dedos de los pies del dios, aún así, nadie hubiera podido negar que se trataba de una construcción realmente imponente.

Dranler se dirigió a la entrada de las escaleras, que recorrían la estatua por dentro. Comenzó a subir, dándose cuenta de que le llevaría un buen rato alcanzar el puente, situado a la altura del cuello de Gonfex. Unos escalones de casi medio metro y algunos tramos de escalera derruidos tenían la culpa: ahora si tenía una buena excusa para usar el bastón.

Doscientos treinta escalones después, se hallaba en el principio del estrecho puente. <<Las alturas son para los pájaros y para los locos>> pensó, tras ojear rápidamente las vistas que le envolvían. Sacó de sus bolsillos la arena, que cogió justo antes de subir, y la untó en sus alpargatas, esperando que le ayudase a no resbalar con el abundante moho, que cubría la mayoría de los bloques de piedra de del puente. Encorvado y con pasos cortos e inseguros empezó a cruzar. Apenas hubo llegado a la mitad cuando tuvo que echar cuerpo a tierra: el viento había empezado a soplar con fuerza, amenazando con echarlos a el y a su saco del escaso metro y medio de pasarela. Lo curioso es que desde fuera del puente no se apreciaba viento alguno, es más, en ningún árbol de ninguna de las dos orillas se movía ni una sola hoja. Claro que para poder apreciarlo habría sido necesario levantar la cabeza del suelo, algo que para Dranler y su mal de alturas era tan imposible como convertir el cobre en plata. De hecho la idea de abandonar le empezaba a rondar por la cabeza cada vez con más insistencia, pero entonces, abrazado al saco, se repetía para sí mismo maíz, mi maíz, no puedo perder el maíztras lo que apretaba los dientes y avanzaba de nuevo.

Finalmente consiguió llegar al otro extremo y bajar por las escaleras de la otra estatua, la cual, al contrario que su gemela, tenía unos escalones diminutos, que si bien no resultaban del todo cómodos, si que facilitaban algo el descenso. Ya en tierra firme, cansado, mojado y con el saco en la espalda toma el camino que surge de los pies del dios, debía de llevarlo al sur. El sol se había ido hacía ya largo rato cuando Dranler, exhausto, llegó a una parada con una gran hoguera, dejando en un lado el saco y el bastón para sentarse en un grueso tronco de roble junto a otros dos hombres. Eran algo más jóvenes y bajos que el, pelirrojos ambos vestían lujosos ropajes de sirvientes de una de las grandes casas, algo gastados y sucios eso si.

—Oche güenas— saluda Dranler, tal y como le corresponder por ser el último en llegar.

—Saludos, ¿quie s ienta al parada?— le contesta el más gordo de los dos.

—Preórido, herrero e ciudad Viervisi. Y tu y e otro?— miente precavidamente Dranler.

—Sata io y el primo Yero , porteadores e la casa Zhot. Conocidos y s ientaos al parado puemos seguí en pas com viayeros.

Dranler concluye la conversación asintiendo, se gira y coge del saco un trozo de pan duro con queso, que calienta en la hoguera. Cena que apenas si le satisface el apetito, si lo hace mucho más beberse el pellejo de vino con miel con el que acompañó la triste ración, a todas luces insuficiente como único sustento para todo un día de duro viaje. Descansaba tumbado junto al fuego hasta que el vino le pasó factura, obligándole a alejarse un par de metros con la ayuda de su inseparable bastón, hasta el árbol más cercano en el que poder mear. Con la necesidad cumplida volvió a la parada, encontrando a Yero a punto de abrir su saco. Dranler, horrorizado ante la idea de perder su maíz, corrió hasta el ladrón y sin mediar palabra le rompió el cuello con un fuerte golpe de bastón. El primo Sata, reaccionó inmediatamente lanzándose puñal en mano sobre el cuello de Dranler, perdiendo uno el bastón y el otro el puñal con el choque, empezaron a rodar forcejando peligrosamente cerca de la hoguera. En una de las vueltas Dranler impactó contra una piedra rompiéndose el hombro, quedando a merced de Sata que lo empezó a estrangular con ambas manos. La muerte rodea poco a poco a Dranler en forma de asfixia, pero de repente un mandoble de espada arrancó de cuajo la cabeza de Sata, cayendo su cuerpo inherte y chorreante de sangre en la hoguera. Un caballero, de armadura vieja y oxidada, que acto seguido incorporó a Dranler, agarrándolo por el cuello.

—Piedad, piedad señor cabillero, maiz e daré, si maiz tengo, daré. Piedad u ruego— balbuceaba Dranler con lágrimas en los ojos.

—Altercado en un parada del camino real, muerte es la pena del delito— zanjó sin dudar el caballero, justo antes de decapitar a Dranler con un preciso movimiento de espada.

<<Intentar sobornarme con maiz, paleto de mierda>> pensó el caballero antes de arrojar el cuerpo a la hoguera, tras lo cual marchó por donde vino para seguir con su patrulla.

 


 

Amanecía cuando Sese, el hijo menor de un leñador, cargaba con cubos vacíos dirección al río. Cuando pasó por la parada no le sorprendió encontrar un reguero de sangre y dos cuerpos junto a la extinta hoguera, algo común en el reinado de Alyon III. Más por rutina que porque esperara encontrar algo dejó los cubos junto al roble y empezó a registrar los cuerpos. Quince minutos después, no habiendo encontrado ni una misera moneda, se dirigía a recuperar sus cubos, cuando tropezó con un viejo saco. Lo abrió, como no podía ser de otra forma, y una gran sonrisa de felicidad invadió su cara; a partir de aquel entonces se le conocería como Sese el pepitas de oro.