Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots

 

 

 

20años de una serie que ha emocionado a millones de jugadores. Dar finala la historia de la serie "Solid", aparecida allá por 1998 en PSX essin duda una responsabilidad enorme, un reto difícil de asumir (sobretodo después de que uno haya podido contemplar perplejo el desenlace deMGS2). Kojima necesitaba cerrar un ciclo, a la vez que debía crear unaexperiencia jugable digna de ser el broche final a una etapa tanfructífera. Si este análisis lo hubiera hecho con el juego reciénllegado a las estanterías, condicionado por la experiencia inicial y elimpacto de la primera partida, creo que hubiera dicho con pocas dudasque este juego es ese broche de oro, y que Kojima pudo cumplir susobjetivos.

 

 

 

Perohoy, después de haber desentrañado muchos de sus secretos y de haberrepetido la experiencia varias veces, desde luego me veo tentado a nodecir lo mismo. Guns of the Patriots es un gran juego, sin duda una delas mejores experiencias que personalmente he tenido ocasión dedisfrutar en esta generación de consolas (no sé si el mérito esdemasiado elevado…), pero deja sabores dispares en el paladar.

Comenzandopor la historia. Normalmente no es éste un apartado en el que medetenga demasiado (mis análisis son un tanto atípicos, cosa de la queme enorgullezco), pero creo que en este caso sí conviene hacerlo.Conviene, porque todos sabemos que la serie Solid está a caballo entreel videojuego y la película interactiva. En un juego en el que lahistoria cobra tanto peso, en el que buena parte del tiempo el jugadorse la pasa entre cinemática y cinemática, no puede tratarse esteapartado de forma demasiado superficial. No es que vaya ahora acontaros (ni destriparos) el guión, pero sí que dejaré mi semilla en eldebate sobre si es lo que pretendía ser: en mi opinión, Guns of thePatriots tiene con diferencia la peor línea argumental de la serie. 

Yno es realmente que ésta sea mala, o que no tenga momentos emocionantesde ésos que tanto gustan a los amantes de la saga. Su historia sucumbea la carga que supone hilarlo todo de manera coherente, queda amarradaa la necesidad de atar muchos y muy dispares cabos sueltos que habíanquedado abiertos en las anteriores entregas (especialmente en MGS2),está forzada constantemente por unas exigencias preestablecidas…y porqué no decirlo, se aprecia en ella  la presión a la que estuvo sometidoKojima para dejar pie a posteriores entregas de una saga con tantotirón comercial (quienes hayan visto el final sabrán a lo que merefiero). Con tanto condicionante definido a priori, es difícil dar aluz un guión sólido y coherente, máxime cuando es evidente que muchosde los elementos que conforman la historia de la serie fueronconcebidos sobre la marcha, sin el propósito de que encajaran al 100%entre sí y sin que estuvieran cubiertos ante posibles nuevas exigenciasargumentales.

Así, después de haber visto el final (y habiendosuperado alguna posible lagrimilla inicial que le haya provocado aalguien el carácter sentimentalón del mismo -no a mí, que me dejó másbien frío-) uno se queda con sensaciones enfrentadas: por un lado, esevidente que muchos de los momentos que conformn la trama songratamente emocionantes y memorables, pero por otro, tenemosexplicaciones demasiado recurrentes (esas nanomáquinas que recuerdan aaquello de "siempre que algo no tenga sentido, es porque lo hizo unmago") o muy cogidas por los pelos que nos saben a poco. Unid eso aapariciones estelares demasiado esporádicas (¿para qué se molestaronsiquiera en hacer el modelado de Mei Ling?) o a escasos minutos delfinal, y a personajes que acaban con un desenlace un tantodescafeinado, y obtenemos una historia interesante quizás, pero que ami juicio dista de ser la culminación epopéyica que muchos deseábamospara la subsaga.

 

 

 

Aúnasí, no me malinterpretéis, la historia es buena, entretenida, conmuchos momentos vibrantes y espectaculares. En lo respectivo a lamanera en que está contada, no cambia mucho la cosa y nos hace regresara la eterna polémica: secuencias de vídeo tan impactantes ycinematográficas como frecuentes y largas, cosa que a unos encanta y aotros repele, y para lo que yo no tengo una opinión demasiadointeresante que aportar. Sí que me gustaría destacar negativamente elpapel que juegan las ilustraciones semiestáticas en la narrativa,tediosas y sosas como ellas solas.

En lo jugable, sin embargo, esdonde me parece que MGS4 se queda a medio camino entre lo que es y loque debería haber sido. Y es que lo que muestra está muy pulido, comosiempre con muchas opciones y un elenco de movimientos y de tácticas aelegir considerablemente elevado: decenas de armas personalizables, derutas, de guiños y secretos por descubrir, muchos lugares que a primeravista se nos escapan…y sin embargo, con todo ello y con toda ladiversión que el título es capaz de brindar con lo que ya muestra, unono puede evitar tener la sensación de que jugablemente el saltorespecto a las anteriores entregas es mínimo (y en algunos aspectosincluso retrocede),  distando muchísimo de ser el planteamientorompedor y novedoso que prometía en un principio.

 

 

 

Laconsigna "No place to hide" se hace difícil de encajar con lo que eljuego real pone en nuestras manos: una experiencia considerablementelineal, donde los enemigos (quienes conservan algunos errores de scriptIA arrastrados desde las anteriores entregas) rara vez varían su ruta yjamás cambian su ubicación, donde el escenario de guerra (que ocupa unaporción muy pequeña del desarrollo) no impone demasiadas dificultades ala hora de infiltrarse (eso de los escenarios destructibles en los queesconderse iba a ser una hazaña mejor dejarlo para las cinemáticas…),donde adentrarse entre las filas enemigas pasa por una tarea tandifícil como tumbarse en el suelo y dejar que el camuflaje del octocamohaga el resto, donde la afiliación a las guerrillas en distintas zonasqueda como una anécdota indigna de estas líneas que se le dedican,donde algunos gadgets o movimientos quedan como un accesorioinnecesario (¿cuántos de nosotros usamos el MKII después de su primeruso obligatorio?) …en definitiva, Guns of the Patriots no ofrece unsalto digno de reconocimiento respecto a las anteriores entregas de lasaga en su esquema jugable. Pero nada de esto es comparable con susprolongadísimos y constantes tiempos de carga e instalación, toda unatortura que a veces se da incluso entre cinemática y cinemática sin queel jugador haya tenido tiempo siquiera de coger el mando, undespropósito incomprensible y sin duda el motivo por el que el juego(que entre esto y las cinemáticas cada vez se aleja más de eseapelativo) pierde más enteros.

Técnicamente es uno de losterrenos donde MGS4 se desenvuelve mejor, con un apartado sonorodelicioso, exquisito (especialmente si se disfruta de él en un buenequipo de sonido), y unos gráficos vistosos (especialmente en lascinemáticas) y cuidados, a mi juicio de lo más hermoso de estageneración pese a las texturas guarras de los escenarios, pese aalgunas zonas donde el frame rate y el nivel de detalle caen en picado(se me ocurre por ejemplo la mansión en la que en un momentodeterminado podemos acceder), y pese a que el modelado de lospersonajes no cuenta con demasiados polígonos (aunque su nivel dedetalle y su expresividad son admirables).

Resumiendo, Gunsof the Patriots es una experiencia muy buena, emocionante y arrolladorapor momentos, pero en la cual se nota el peso de unas aspiracionesquizás demasiado elevadas que se quedaron a mitad, y donde la historiapudo haber dado mucho más de sí, partiendo como partía de un constructoargumental envidiable.

 

NOTA: 7’5