1999: inicio y fin de una era

1999. Una fecha clave para el mundo, especialmente para el mundo de los videojuegos. Este año  cumple una década uno de los acontecimientos más memorables que ha tenido ocasión de vivir cualquier aficionado a este hobby. Las posibilidades ante esta fecha son dos: o bien  se le da su merecido reconocimiento en la red de redes, o bien pasa desapercibida con escuetas menciones. Y yo quiero sobreponerme a ambas cosas, quiero no llegar tarde para invitaros a hacer memoria, o para invitaros a no olvidar. ¿Qué ocurrió ese año que deberíais tener presente?

Mi cerebro conserva pocas cosas especialmente relevantes de esa época. Según Wikipedia, Michael Jordan deja entonces la NBA,  Israel gana Eurovisión, y se dan varios sucesos más o menos dignos de mención (algunos de ellos bastante escabrosos). Nada de eso me interesa ahora. ¿Qué sucedía por entonces en el mundo de los videojuegos? Si miramos a Nintendo, sus seguidores más fieles andaban desde hacía un año metidos en una burbuja de aislamiento dentro de la que no existía más mundo que Hyrule, si miramos a Sony vemos cómo a su consola más reciente le estaba costando un tanto despegar y que sin embargo su futuro prometía ser enorme, y en cuanto a Microsoft…no, Microsoft no pintaba mucho aquí entonces.

Pero ese año pasó algo, algo realmente extraordinario. En el año 1999, aparece "el juego". No hace falta añadir más. Si sabes a lo que me refiero, ahora te estarás acordando de mil cosas:

Aquel día, el día en el que descubriste la magia de Yamanose por primera vez; aquel día en el que tus pasos te encaminaron a recorrer asia en busca de una justa venganza; aquel día en  el que descubriste que un objeto milenario escondido bajo un cerezo te encaminaría a la aventura más grande de tu vida; aquel día en el que como nunca antes sentiste una vida paralela y vibrante detrás de la pantalla; fue aquella noche cuando coincidiste con Nozomi en el parque, a la luz de una farola, y supiste que su mirada transmitía un halo de eterna devoción; fue el instante en el que te diste cuenta que no te detendrías hasta dar caza a quien había osado asesinar a tu padre.

 

 

 

Shenmue llegó a España en una fecha que a todos cuantos tuvimos la suerte de probarlo entonces no se nos olvidará jamás. Porque nadie hasta aquel momento había puesto en nuestras manos algo tan vivo, tan creíble, tan arrollador. El presupuesto más desorbitado jamás invertido hasta entonces en un juego (y aún hoy uno de los más elevados) en manos de Yu Suzuki se transformó en una obra atemporal, única, probablemente una de las producciones más ambiciosas y cautivadoras jamás creadas. "El regalo para los jóvenes del siglo XXI"

 

 

Si lo jugaste entonces, sabes perfectamente de lo que hablo: esos personajes tan reales, tan humanos, con su humilde rutina diaria edulcorando el dearrollo de tu aventura, y con sus sutiles variaciones en función de tu forma de actuar; esa recreación tan exquisita y casi enfermiza de cada pequeño detalle; esa obsesión por la credibilidad que llevó a hacer cada partida única, con opciones como el Magic Weather;  ese guión sencillo y tópico, y que sin embargo te atrapaba sin remedio y te invitaba a comprometerte con sus protagonistas; y su puesta en escena, por todo lo alto, como en las fiestas más engalanadas y selectas del mundo, gracias a un apartado gráfico sin parangón y una banda sonora orquestada realmente sublime.

Nadie era capaz de mirar a la cara a Shenmue entonces. Hoy servidor cree desde su humilde punto de vista que sigue sin haber nada que haya superado a Shenmue a todos los niveles.

 

 

Porque fuimos felices cuando estuvimos en la habitación de Ryo, y descubrimos con sonrisa de niños que podíamos abrir cualquier cajón, y que si mirábamos allí o en aquel otro lugar lo mismo había una fotografía, o un reproductor de música  que sostener en nuestras manos virtuales y girar para recrearnos con su grado de detalle; porque creímos rozar el cielo aquel día en el que después de tanto insistir despilfarrando el dinero ganado con el duro trabajo del puerto en golosinas, por fin, apareció un "Hang On" en la rifa de la tiendecita en Yokosuka; porque nunca antes videojuego y realidad habían estado tan cerca entre sí;  porque se nos ponen los pelos como escarpias cada vez que escuchamos el tema principal o la canción de Ling Sha Hua, y lloramos desconsoladamente (aunque sea en nuestro interior) al saber que muy probablemente jamás sepamos cómo acaba esta maravillosa historia que nos dejó la mejor de las mieles en los labios. 

Pero sobre todo, porque Shenmue demostró entonces cómo nunca fueron los videojuegos, cómo deberían ser, y (muy probablemente) cómo no volverán a ser jamás. Nunca en 4 gigas ha cabido tanto mimo, tanto buen hacer, y tanta dedicación.

 

 

 

Por eso, este año,  todo aquel afortunado poseedor de la última consola de Sega debería sacar del armario su polvorienta carcasa, y dejar que sus circuitos nos transmitan una vez más la diferencia entre jugar a un videojuego y sentir un videojuego.

Este año, volveremos a ser Ryo Hazuki.