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Reintegración

LaOsiris erauna nave fantasma desaparecida desde hacía tres siglos. Se encontrabaestacionada en una órbita próxima a Júpiter paralela a La Gran Tormenta.Construida para la primera exploración tripulada más allá del sistema solar, enuna época anterior a las naves que cruzaban las estrellas más rápido que laluz, nunca alcanzó su destino. Había sido diseñada sobre un eje central de 300 metros de longitud,su estructura consistía en una serie de secciones hexagonales de distintotamaño y extensión.

La nave erainvisible a todos los ojos desde el exterior. En su interior, un ancianopermanecía a oscuras en una sala acristalada de la zona central, contemplando la Gran Tormenta. Sehallaba sentado en una silla de ruedas y vestía con un traje, camisa y corbataen riguroso negro. Su rostro afilado de fuertes facciones se había consumidocon la edad, convertiéndose en una pálida parodia de sí mismo decrépita ycanosa. El cuerpo moribundo contrastaba con los ojos verdes, que brillaban enla oscuridad con la intensidad del primer día y que miraban con unainteligencia fría y calculadora más antigua que su carne.

Una melodía de músicaclásica inspirada en LaGran Tormenta, de un autor desconocido, resonaba en la sala.Mientras, el anciano dictaba en voz alta su diario personal, en un tono lúgubreentre la demencia y el sarcasmo. Recogía sus palabras en un pequeño cristalazul triangular semitransparente, que reposaba, junto a una botella de whiskymedio llena, sobre una elegante mesita de madera situada a la izquierda de susilla de ruedas.

La imponentesala, oscura y vacía, hacía la figura del anciano, situada al borde de la superficieacristalada, ínfima frente LaGran Tormenta. La luz de está iluminaba tenuemente laestancia, dando forma a la alargada sombra del anciano contra el relucientesuelo metálico gris.

La Gran Tormenta, conuna fuerza que desafiaba la comprensión humana, palpitaba por el contacto entrebandas de nubes, que giraban invertidas unas de otras por la rápida rotación deJúpiter, generando una masa furiosa capaz de engullir un planeta.

La InteligenciaArtificial de la nave interrumpió el dictado del anciano parainformarle de que él mismo, Hayter Smith, había aterrizado en elhangar con un caza incursor de combate. Guardó silencio unos segundos, se llenóel vaso una vez más, brindó con La Gran Tormenta, esbozó una sonrisa y continuódictando su diario.

Unos minutos mástarde, el sonido del ascensor apremió al anciano a concluir el dictado antes deque las puertas se abrieran. El visitante avanzó con sigilo hasta situarse aunos metros por detrás del anciano, que lo vio reflejado de cintura para abajoen el cristal, entre las sombras. Vestía de un modo idéntico al suyo y empuñabauna pistola láser plateada, que emitía una luz roja cerca del seguroadvirtiendo de que la graduación de fuego era mortal. Generaba el clásicopitido agudo de una pistola en plena carga de energía previa al ataque, elsonido de la muerte.

El ambiente de laestancia era cada vez más gélido debido a la presencia del visitante, que desdela oscuridad aguardaba, alerta. El anciano apuró la botella sirviéndose unaúltima copa.

– Cachorro – dijoal visitante contemplando LaGran Tormenta-. Si deseara tu muerte, ya estarías flotando enel espacio, así que ponte cómodo. Llevo mucho tiempo esperando este momento.Demasiado. Me alegro de que haya llegado… Estoy cansado de vivir, cansado deluchar. Crucé el límite mucho antes de que tú fueras engendrado y desdeentonces he deseado morir. Después de haber vivido tanto tiempo uno no puedehacerlo solo y perder tanto con ello. Toda muerte debe tener un sentido y lanuestra más que ninguna porque nacemos para morir por algo mayor que nosotros.Hoy es mi turno. Dentro de unas décadas será el tuyo.

Unas lágrimascorrieron por las mejillas del anciano, hechizado por la visión de La Gran Tormenta.

– ¡Mírala! – señalóel centro de La Gran Tormenta-.¿No lo ves? Nosotros somos las nubes que chocan generando La Tormenta. Somosla matriz del fenómeno que está por llegar y barrerá el universo con La Tormenta que dará fin ycomienzo a todo. Somos criaturas malditas nacidas de la muerte, encadenadas aun destino del que no podemos escapar. El hambre nos domina y sólo nosdetenemos cuando nos ha consumido y un nuevo hermano recoge el testigo donde lodejamos. Si me hubiera quitado la vida después de tu predecesor todo habríaterminado, pero te he esperado, te he esperado… Igual que él me esperó a mí.Era anciano, más anciano que yo. Murió con hambre, sin arrepentimientos. Mehubiera matado de haber podido hacerlo. Recuerdo su mirada, llena de hambre yodio. Deseaba morir para ser liberado. Es por lo que te he permitido vivir. La Reintegración debecontinuar.

El visitante asintió levemente.Entonces disparó a la cabeza del anciano una descarga roja, que entró por laparte posterior del cráneo, desintegró la superior frontal con todo su interiory terminó en el cristal, que se agrietó unos centímetros por el impacto. Lamúsica se detuvo y el olor a carne quemada inundó la estancia. Mientras lasgrietas del cristal se iban ensanchando y multiplicando por momentos a consecuenciade la presión del exterior, que ya no era capaz de resistir.

Lentamente, elvisitante se acercó a la mesita en la que reposaba el pequeño cristal azul quecontenía los diarios del anciano. Lo cogió despacio y levantó la vista. Elcristal agrietado de la sala le devolvió el reflejo su rostro. Era el mismorostro del anciano en la madurez previa a la decadencia, lleno de fuerza yvigor. Se agitaba en una metamorfosis acelerada que le hizo rejuvenecer súbitamentehasta los 30 años. Los ojos verdes le brillaban con una intensidad que rasgabala oscuridad.

La Reintegración debecontinuar – dijo con la misma voz demente y sarcástica del anciano, unavez en el interior del ascensor mientras las puertas se cerraban, justo antesde que el cristal de la sala cediera. Lo último que vio fue la imagen delcuerpo del anciano y la silla salir expulsados al espacio exterior en medio de unanube de cristales rotos.

El ascensor nohabía llegado aún al pasillo central cuando sonó la alarma de la nave. Lasluces de emergencia rojas se encendieron y la IA habló por todos los altavoces.

El Sujeto Hayter Smith, ente orgánicapropietaria de la Osiris,ha muerto. Inicio del protocolo de instrucciones post mortem del Sujeto HayterSmith.

– Primera: Autodestrucción dela Osiris en10 minutos, generadores de fusión entrando en masa crítica.

– Segunda:…

El repentino silencio de la IA no inquietó al visitante,que seguía empuñando la pistola láser. Cuando las puertas del ascensor seabrieron penetró en el pasillo blanco sin pérdida de tiempo, con la miradafija en las puertas abiertas del hangar al fondo.

Lapresencia con vida del sujeto Hayter Smith en la Osiris es incompatible conel protocolo de instrucciones post mortem. Depurar incompatibilidad.

Tres brazosmecánicos con armas de proyectiles de alta velocidad emergieron de aberturassecretas del pasillo disparando al visitante, que respondió esquivando lasbalas con unos reflejos sobrehumanos sin aparente esfuerzo, mientras las cuatroparedes alrededor de él se llenaban de cientos de impactos que arrancaron sublanco esmaltado metálico. Efectuó dos disparos acabando con sendos brazosmecánicos. Tenía el último a tiro cuando la gravedad de La Osiris seapagó por sorpresa y se quedó flotando en el pasillo, impotente, víctima de supropio impulso. El tercer brazo escupió una bala que le penetró por la caderaizquierda. La fuerza del impacto le empujó de vuelta a las puertas delascensor. Por un instante vioinnumerables partículas de su propia sangre en suspensión flotando por elpasillo, antes de que la gravedad regresara de pronto y le hiciera caerviolentamente al suelo boca abajo. Un charco de sangre se formó rápidamentebajo su cuerpo.

Tiempopara autodestrucción: 7 minutos.

Entre espasmos dedolor, alzó todavía desafiante el rostro de ojos verdes brillantes, y encontrófrente a él la boquilla del cañón del brazo armado, que aún escupía el humo dela pólvora, y que apuntaba directamente a su frente.

-Sujeto Hayter Smith moribundo, lesiones internas graves, desangrado masivo.Protocolo de instrucciones detenido por prioridad alpha del protocolo: Elsujeto Hayter Smith debe sufrir hasta su muerte. Posibilidades de que alcanceel hangar: 3%. A la espera de la evolución del sujeto Hayter Smith paracompletar la depuración. Puede continuar.

El brazo mecánicose retiró a la espera de recibir la orden de ejecutar la depuración. Elvisitante se cubrió la mano con un pañuelo negro del traje y se presionó conella la herida para detener la hemorragia. Con un terrible esfuerzo, searrastró precariamente por el pasillo de camino al hangar. Las puertas delascensor se cerraron y este empezó a subir, hecho que ignoró, concentrando lasfuerzas que le restaban para llegar al caza, donde con el equipo médico de abordo podría controlar la hemorragia y escapar a tiempo con vida.

-Tiempo para la autodestrucción: 5 minutos.

En los primerosmetros no percibió el cambio que se producía en su mano derecha. Esta envejeciópor momentos, la piel se arrugó y se salpicó de manchas. Nervioso, avanzó unosmetros antes de tener el valor de mirar su propio rostro a través de su reflejoen el suelo blanco. Era un anciano idéntico al que había asesinado, el brillode los ojos le había desaparecido. El hambre volvía a estremecer su alma. Lamaldijo y continuó la marcha.

Las puertas delascensor se abrieron, unos pasos firmes avanzaban hacía él. Sus esfuerzos porcontinuar fracasaron. Las fuerzas le habían abandonado después de cubrir elpasillo con un charco de 15metros a su paso, desdibujado por su propia ropa alarrastrarse.

Un pie le pisóduramente la mano derecha, abortando su última tentativa de escapar. Trató dezafarse de él y en respuesta recibió una presión que partió su mano en uncrujido espeluznante. Derrotado alzó la vista al hombre que vestía de modo idénticoa él.

El anciano lemiraba de pie, rejuvenecido. La parte frontal superior de la cabeza seguíavacía, inmersa en un frenético proceso de regeneración célula a célula. Sonreíamientras fumaba un habano cuyo humo al expirar, escapaba por la parte hueca delcráneo.

– ¡Delicioso¡ -le dijo con su propia voz, cargada de un sarcasmo exultante-. Lo echaba demenos, fue uno de los sacrificios que hice por ti, para que llegaras aasesinarme. La de cosas que llegamos a hacer por uno mismo, ¿verdad? Ja ja ja.

-Tiempo para la autodestrucción: 4 minutos.

– ¿Sorprendido? No eres más que otro cachorrorecién salido del tanque muerto por soberbia. Cada vez os hacen mejor que elanterior y nunca respetáis a vuestros mayores… ¿Qué puede hacerme un viejodecrépito y anticuado? – dijo gesticulando para exagerar sus palabras-. Esomismo te dijiste al entrar en la nave, lo sé porque un día pensé lo mismo.Luego, con el tiempo, en un día que no llegarás a vivir, aprendí que ser másinteligente, rápido, fuerte y capaz es irrelevante. El poder reside en lointangible, aquello que no podemos medir o controlar, que está más allá denuestras capacidades. Aquel que hace de lo intangible y la voluntad su fuerza,vence… Quizás hubieras pensando en ello en la superficie – se llevó las manos ala cabeza en una parodia de pose intelectual -. ¿Qué peligro supone un ancianoinválido que no puede volver a reintegrarse? De nuevo la soberbia, la peor detodas… Creer que sabes todo o más que los demás.

– Tiempo para laautodestrucción: 3 minutos.

Te contaré algo para que mueras sincargas que te atormenten al otro lado. Porque hay otro lado. Yo acabo de volverhace unos minutos de ahí. Tú muy pronto lo estarás por siempre – su cabeza sehabía regenerado completamente. Aparentaba 25 años. Los ojos verdes lebrillaban más que al visitante después de haberlo asesinado. Con el gesto seriodejó caer el habano consumido al suelo, lo pisó y le miró a los ojos ensilencio unos segundos antes de continuar-. El proceso de reintegracióntiene un defecto: ser perfecto. Posee un mecanismo de emergencia que impide ladiscontinuidad última. Nunca lo supe con certeza hasta ahora, sólo erauna intuición. Ninguno de los anteriores lo pensó, fui el primero, y mi error:la soberbia. El último de mis predecesores llego más lejos y encontró la manerade provocar la discontinuidad última. Luchamos, él ganó y me abandonómoribundo e inválido. Entonces el muy cabrón se suicidó lejos de mí paraimpedir la Reintegración.De haber muerto yo sin un receptor, se hubiera producido la discontinuidadúltima, pero me salvé. La herida no fue mortal por un milímetro, y porello tuve que pagar a un alto precio. Sobreviví tullido, demasiado viejo para la Reintegración. Pensédurante un tiempo en quitarme la vida, luego el hambre se adueño de mí y meconvertí en el anciano al que había asesinado en mis inicios. La diferencia esque él, en realidad, era un cobarde sometido al hambre. Yo la he soportado cadadía de los últimos 23 años de mi existencia, esperándote a ti: un cachorro sinexperiencia, lo suficientemente estúpido como para tratar de asesinarmepersonalmente. Una vez mortalmente herido, el mecanismo de emergencia actuaría,realizando una Reintegración forzosa en un cuerpo no apto a fin de salvar elproceso hasta el próximo cachorro.

Tiempo para la autodestrucción: 2 minutos.

– Se acaba el tiempo, cachorro. Eshora de bajar el telón. Gracias por ser perfecto –

el visitante no hizo el menor gesto. Las palabras delanciano ahora joven habían quebrado su alma, casi tanto como la Reintegración,había envejecido su cuerpo hasta los 90 años. El anciano ahora joven empuñó lapistola láser plateada del propio visitante, giró la palanca superior sobre elgatillo a carga máxima, generando un pitido agudo estremecedor y finalmente,disparó una llamarada rojiza láser que carbonizó el cuerpo del visitante-.¿Sabías que la auténtica perfección se alcanza con un conjunto deimperfecciones? –susurró dando la espalda a las miles de partículas flotantesdel pasillo que habían sido el visitante un segundo antes.

-Proceso de depuración completado. Entidad original del sujeto Hayter Smithrecuperada.

Tiempopara la autodestrucción: 1 minuto.

HayterSmith, ignorando el infierno de mares de vapor, temblores y continuasexplosiones que le rodeaba, alcanzó la puerta de acceso al caza. Estaba protegidapor un código de 16 dígitos con lectura dactilar y comprobación del ADN. Cerrólos ojos unos segundos y se adentró por séptima vez en el interior de suconciencia, reviviendo recuerdos y conocimientos ajenos que ahora formabanparte de él. La puerta del caza se abrió al verificar el código. En unossegundos encendió los sistemas del caza con la extraña sensación de hacerlo porprimera vez, guiado por los recuerdos de cientos de vuelos, de una existenciaque en realidad siempre fue la suya.

Las puertas delhangar bajo la panza de LaOsiris se abrieron. Los brazos mecánicosdel embarcadero cogieron al caza y lo tendieron en el espacio exterior. HayterSmith soltó los anclajes, encendió el motor principal y le dio máximoimpulso. La Osiris explotóemitiendo un fulgor cegador. La onda expansiva sacudió violentamente al caza,que Hayter logró estabilizar tras unos segundos de lucha, unos cuantoscortocircuitos y daños menores.

Trazó un rumbo en órbita en torno a La Gran Tormenta deJúpiter para poder contemplarla con ojos jóvenes a través del cristal del caza.Se hallaba más cerca de ella de lo que jamás había estado. Sin dejar de mirarla,se encendió un habano, rascando una cerilla contra los dispositivos de control,para saborear las vistas. Entonces, un sonido de grabadora se escuchó alto yclaro desde el fondo del caza, en los segundos vacíos previos al inicio de lagrabación. Venía de la parte posterior de la cabina, una zona oscura que nohabía comprobado por falta de tiempo y por el conocimiento detallado que tenía deella, debido a los recuerdos que le habían sido trasvasados.

Fuiel primero, y mi error: la soberbia. El último de mis predecesores… –Sinhacer ningún movimiento brusco, modificó el rumbo del caza en descenso directoa La Gran Tormenta,y deslizó una mano a hacia la empuñadura de la pistola láser, en el interiordel bolsillo del pantalón.

Encontróla manera de provocar la discontinuidadúltima – La cinta se detuvo y se hizo el silencio.

– De nuevo lasoberbia, la peor de todas… Nunca deseé provocar la discontinuidad última –dijouna voz grave terriblemente anciana igual a la suya, con un matiz de sarcasmo ycinismo que jamás había llegado a brotar de su propia boca -. Mi intención es lareintegración última.

– ¡Touche¡ – HayterSmith, en una milésima de segundo se incorporó de la silla del piloto,empuñando la pistola dispuesto a disparar a la parte posterior de la cabina.Pero una llamarada rojiza le carbonizó en un parpadeo, cubriendo la cabina consus cenizas.

De las sombras dela parte posterior de la cabina, surgió un anciano igual a él, más viejo que élantes de morir en La Osiris. Habíauna inteligencia única en sus ojos. En unos segundos la Reintegración letransformó en el mismo con 25 años. El fulgor verde de sus ojos era mayor quelos anteriores y que todos los que vendrían después.

– Yo soy lointangible –dijo con una voz imponente que no admitía replica, impropia de suedad física. Impasible, observó a través del cristal cómo el caza atravesabalas primeras capas de nubes de La Gran Tormenta las llamas lo envolvían, bajo elsonido ensordecedor de las alarmas. Lentamente, tomó asiento, ignoró lassacudidas, los chasquidos de la presión aplastando el casco y las grietas delcristal. Aceleró y guió el caza a un pequeño punto blanco brillante, sólovisible para sus ojos verdes, en las entrañas de La Gran Tormenta.

Tras un destello,apareció caminando en un horizonte blanco e infinito cubierto por una densaniebla bajo sus pies. Frente a él, flotaba la colosal fuente de luz blanca, tanbrillante que no podía vislumbrarse su interior.

La Reintegración debecontinuar – dijo con los brazos abiertos, dando el primer paso paraabrazar la fuente. Se produjo un destello y La Gran Tormenta deJúpiter se desvaneció con él.

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