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El Barón Negro. Capítulo IV: Hermanos de la Muerte – VS – Metallica: The Unforgiven – The Black Album – Letra Original

Lilith regresó a sí misma tan alterada quetardó unos segundos en reconocer el puente de mando. En silencio todos losoficiales la observaban con la sorpresa y el desconcierto en sus rostros. Todosexcepto un hombre, el verdugo de la familia de Enardel, que seguía plantadofrente a ella con la misma sonrisa cínica y divertida del recuerdo.

No le permitió hablar. Le dijo que lellamaría en unos minutos y corto la comunicación holográfica. Olvidó elprotocolo y caminó directamente a la zona oscura del puente de mando, ignorandolas peticiones de sus oficiales con un gesto que no admitía replica.

Encontró la consola de Enardel vacía.Sobre el teclado había dos jirones de tela: los emblemas del Nuevo ImperioGaláctico del traje de Enardel y su muñequera de comunicación. Apretó losemblemas en su mano y dio un violento puñetazo a la consola. En la pantalla viouna consulta de datos referente a la nave de transporte de la misión y losleyó, lanzando una profunda exclamación.

Fuerzasespeciales independientes… información clasificada… nombres desconocidos…informe de misiones secreto… unidad fundada por el Nuevo Imperio Galáctico…proyecto clasificado… bajo la supervisión del senador Mossul… inmunidaddiplomática

Eran una unidad fantasma al margen de la ley, amparadapor el Nuevo Imperio. Mercenarios que iban de genocidio en genocidiomanchándose las manos de sangre por otros, que jamás podrían ser detenidos nijuzgados. El corazón se le oprimió al pensar en Enardel. Se había alistado enla marina imperial para combatir a las mismas personas que asesinabaninocentes, y ahora descubre que los asesinos de su familia trabajan para ysegún los planes de un senador corrupto del Nuevo Imperio Galáctico.

Regresó a la plataforma de mando sabiendolo que debía hacer, apenas le quedaba tiempo.

 

Enardel viajaba por uno de los tubosdeslizadores del crucero. Un conducto de transporte que impulsaba a laspersonas mediante una corriente de aire a presión. Cuando escucho la alarma deemergencia. Se bajo en la primera salida, programó el tubo de transporte parallevarlo al hangar, activó la cuenta atrás del impulsor y continuó a pie. Laalarma seguía sonando, sin que dijeran el motivo. No le hacía falta saberlo,era él.

Desenfundó su antiguo revolver. Un armaarcaica de seis balas de un calibre especial, equipada con un cañón lásersecundario bajo el principal. Martilleó el percutor y siguió caminando sinprisa apuntando al suelo. Por los pasillos se encontró con algunos marineros,que hicieron todo lo posible por pasar lo más apartado de él. Por su reacciónde sorpresa ninguno sabía nada, aún. Eso le daba un poco de tiempo.

Llegó a la sección de camarotes de lospilotos sin el menor incidente. El silencio del lugar le indicó que era elpreludio de la acción. La alarma no sonaba ahí y las luces se habían atenuado.Las puertas de emergencia sellaron la sección tras él, pero no le importó.

Una vez en su camarote, una pequeñahabitación cuadrada metálica gris con una cama, un armario y un espejo, por lodemás vacía. Se desnudó frente al espejo. Entonces reparó en las cicatrices delos disparos láser, que le habían quedado en el abdomen y en el pechoizquierdo. Se las toco como si quisiera comprobar que existían y cerró el puñocon rabia.

De un compartimiento secreto del armariosacó un uniforme negro y rojo con el que se vistió. Era un traje de piloto delImperio Sombrío. Lo único que pudo recuperar de la devastación de su hogar alregresar a las ruinas. Era un traje muy gastado, más grueso y compacto que eldel Nuevo Imperio. Se ceñía al cuerpo, aunque su aspecto exterior era el de ununiforme de gala un tanto informal. Estaba trazado en líneas rectas duras, conhombreras y el cuello alto. Las solapas en punta hacía arriba le llegaban hastalas orejas. El color negro del traje era profundo y reluciente. Las líneasrojas magnéticas gruesas. En cada brazo se lucía con orgullo el emblema delImperio Sombrío: un planeta negro alrededor de un espacio rojo. Por último fijólos guantes y botas al traje, éste se activó y aisló su cuerpo del exterior. Elsistema de soporte vital empezó a funcionar y varias agujas se clavaron en lasvenas a la espera de volcar las substancias necesarias. Entonces, finalmenterecogió su espada de energía y se la colgó de un compartimiento especial a laespalda del traje.

Se miró un instante al espejo y abandonoel camarote revolver en mano.

– Estás muy guapo, hermano – Sandra lesonrió apoyada en una de las paredes al lado del camarote. Era una chica exóticade 25 años. De estatura mediana, fuerte para ser mujer. Pelo corto verde, dosgrandes ojos azul y rojo de forma casi oriental, piel castaña suave, boca delabios carnosos con una sonrisa preciosa, y una mirada de fuego puro. Vestía untraje de combate azul marino. Cargaba consigo un cañón táctico de infanteríapersonal, sin duda robado. Era un arma salvaje. Se instalaba desde la espaldahasta la muñeca. Portaba un generador de energía propio, un brazo mecánicoamplificador sobre él del tirador y un cañón enorme, que se sostenía mediantedos mangos. Terminaba en cuatro largas palas de conducción dispuestas en formade rombo, con un pequeño espacio entre ellas y el interior. Alrededor de todala maquina se repartían pequeños impulsores encendidos en todo momento, queayudaban al tirador a conducir el cañón con una relativa soltura, sin sentir sutonelada de peso.

– Es peligroso que estés aquí – DijoEnardel con una seriedad tajante que le borró la sonrisa de golpe-. Deberíasmarcharte, hermana.

-Cuando yacía moribunda a las puertas de la muerte tú fuiste el único queescuchaste mi voz y luchaste para salvarme – Dijo en un tono de madurezimpropio de su edad-. Mis hermanos murieron con todo cuanto amaba al igual quetú. Pero me devolviste la vida, la esperanza, y me enseñaste a luchar. Ambossomos hermanos unidos por la muerte. Tú eres todo lo que amo en este universo.Tu destino es el mío.

– No hace falta matar a nadie – Enardel lesostuvo la mirada modificando el regulador de potencia del cañón-. Ellos noestuvieron allí.

– Tampoco me ayudaron – Sandra lo aceptóde mala gana, frunciendo el ceño.

– Dales tiempo, algún día despertaran – Ledio una palmada en el hombro -. Vamos hermana, el momento ha llegado.

Continúa en…El Barón Negro V: Morir Luchando

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Crónicas de Mundo Destierro:

Metallica: 04. The Unforgiven – The Black Album.

Videoclip Subtítulado al Español.

Versión Estudio.

The Unforgiven:

New blood joins this earth
And quickly he’s subdued
Through constant pain disgrace
The young boy learns their rules

With time the child draws in
This whipping boy done wrong
Deprived of all his thoughts
The young man struggles on and on he’s known
A vow unto his own
That never from this day
His will they’ll take away

What I’ve felt, what I’ve known
Never shined through what I’ve shown
Never be, never see
Won’t see what might have been
What I’ve felt, what I’ve known
Never shined through what I’ve shown
Never free, never me
So I dub thee unforgiven

They dedicate their lives
To running all of his
He tries to please them all
This bitter man he is

Throughout his life the same
He’s battled constantly
This fight he cannot win
A tired man they see no longer cares
The old man then prepares
To die regretfully
That old man here is me

You labeled me
I’ll label you
So I dub the unforgiven

El Imperdonado:

Sangre nueva se une esta Tierra
Y rapidamente él es sometido
A través de constante desgracia dolorosa
El joven aprende las reglas de ellos

Con el tiempo el chico se acerca
Este muchacho azotador lo hizo mal
Privado de todos sus pensamientos
El joven lucha y lucha, él conoce
Una promesa para él mismo
Que nunca a partir de hoy
Le quitarán su voluntdad

Lo que sentí, lo que supe
Nunca brilló a través de lo que mostré
Nunca existo, nunca yo
No veré lo que pudo haber sido
Lo que sentí, lo que supe
Nunca brilló a través de lo que mostré
Nunca libre, nunca yo
Entonces os nombro imperdonado

Dedicaron sus vidas
A dirigir todo lo de él
Él trata de complacerlos a todos
Él es este hombre amargo

Durante todo su vida lo mismo
Constantemente combatió
Esta lucha que no puede ganar
Ellos ven un hombre cansado que ya no se preocupa
El viejo entonces se prepara
Para morir arrepentido
Ese viejo de aquí soy yo

Tu me rotulaste
Yo te rotularé
Entonces os nombro imperdonado

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