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Meri-Relatos: Los viejos tiempos. Parte II. Autor: The_unforgiven_too – Relato de Dragones y Mazmorras

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Los viejos tiempos. Parte II

Autor: The_unforgiven_too

– ¡Despierta, vamos!

No era la primera vez que Merklin oía esas palabras, ydeseaba que no fuese la última. Abriendo trabajosamente los ojos, se dió cuentade que el derecho no lo podía abrir por culpa de la sangre. Lo que veía con elizquierdo no era muy alentador, de todas formas. Su amigo, Grosh, estabarodeado por una cantidad enorme de Hombres Lagarto, y la danza de las espadasacababa de empezar. Ella apenas sabía porqué estaba así. Sólo recordaba queestaban cruzando el camino al Este, buscando ser asaltados. El alcalde de Browntown les había contratado para queeliminasen a una familia de Hombres Lagarto que acechaban a los comerciantesque venían a dejar sus monedas de oro y su mercancía. Ellos no tenían ningúntipo de renombre, así que el hecho de que el alcalde les diese la misiónsignificaba dos cosas: que no había nadie más capacitado en el pueblo, y que larecompensa iba a ser ridícula.

Pese a que Grosh le avisó de que los lagartos estaban en esas tierras mucho antes que los humanos,eso no le importó lo más mínimo a Merklin, puesto que tenía la oportunidad devivir una aventura.

“Yo y mis aventuras” pensó mientras intentaba incorporarseinfructuosamente. El golpe había sido muy fuerte, y la había pillado totalmentedesprevenida, cuando inspeccionaba una bolsa caída a un lado del camino. Eranmás listos de lo que creía, o ella era tonta. Ésto último no lo dudaba. Debidoa su aspecto, su infancia resultó muy difícil, temida por el resto de losniños. El color de sus ojos era algo muy difícil de ver, y sus cabellos no sedecidían entre ser morenos y rubios (aunque a Grosh le mintió, contandole una historia de un tinte raro). Fué objeto de estudio por elmago del pueblo, y después de una inspección demasiado exhaustiva para ella, elmago llegó a la feliz conclusión de que la niña estaba endemoniada, puesto queno era virgen. De nada sirvió que la niña denunciase a su padre como el culpable de ésto último,puesto que una turba de gente con antorchas fué a buscarla a casa, con supropio padre entre ellas. Afortunadamente vió venir todo eso, y escapo momentosantes de que la casa ardiese.

Las fuerzas volvían de repente a sus finos brazos. Seincorporó, y vió a su amigo siendo hostigado por toda la camada de lagartos. Yahabía matado a cuatro, aunque también había sido herido en un brazo, cosa que le quitaba movilidad, y ledejaba el flanco izquierdo indefenso. Sabía que no podía dejarle morir, asíque echó mano del cinturón, y sacó dos afiladas dagas. Echó a andar, y aunqueperdió un poco el equilibrio, al instante estaba corriendo hacia la pelea.Conforme pegaba estocadas, los hombres lagarto se transformaban en las personasque habían abusado y reido de ella a lo largo de su vida.

Diablos, aquellos si que eran tiempos duros.

– ¡Para, para!

El abrazo de Grosh fue lo único capaz de parar a Merklin.Sin darse cuenta, había finiquitado a seis lagartos ella sola, entrando en unafuria asesina de la cual no podía salir. Al calmarse, se dió cuenta de queGrosh estaba herido en el hombro. Había sido ella la que lo había apuñalado,ciega y ansiosa de sangre. Conforme se dió cuenta de lo que había hecho, susrodillas cedieron, se cayó, y se puso a llorar.

?- Tranquila, no es nada. El corte no ha sido profundo y laciudad no está lejos. No pasará nada.

En silencio, se levantaron y empezaron a andar. Dos lagartoshabían escapado, pero no eran fértiles, por lo que no constituían un peligro alargo plazo. Tomaron el camino de vuelta a la ciudad, la cual en el horizonteempezó a encenderse y a tililar, como si estuviera llamando a tan pintorescos compañeros.

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