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Se alquila habitación con vistas al infierno – Especial H.P. Lovecraft – Primera Parte: Acercamiento – Autor: ErikAdams

 

Sealquila habitación con vistas al infierno: o como

viviruna pesadilla leyendo a Lovecraft.

-Autor: ErikAdams –

PRIMERAPARTE: ACERCAMIENTO

“Se alquila habitación a chico serio y responsable enpiso amplio y luminoso. A 100metros de la estación de metro de LATINA.

Preguntar porJulia: 91 469 32 42”

Con este anuncio en un periódico local termino milarga búsqueda de habitación donde alojarme después de haber viajado a Madridpara terminar mis estudios, y comenzó aquella serie de sucesos que harían queen estos instantes este planteándome si salir corriendo o simplemente tirarmepor la ventana para olvidar para toda la eternidad los terribles sucesos que sehan sucedido en estas ultimas semanas. Pero antes de tomar esta ultimadecisión, me gustaría dejar por escrito el relato de toda esta sinrazón por siacaso alguien puede leerlo y evitar un destino parecido al mió.

Laverdad es que me sentí muy afortunado de poder dejar por fin la casa de mistíos, que aunque habían sido muy amables todo este tiempo, yo nunca habíallegado a sentirme como en “casa”, ya que apenas los conocía, y los pocosrecuerdos que tengo de ellos son tan viejos que ni siquiera podría relatarloscon claridad.

Me levante temprano aquellamañana, prepare mi maleta con las cuatro cosas que tenia. Me despedí de mis tíos, agradeciéndoles eltiempo que me habían tenido alojado en su casa y explicándoles que necesitabami independencia. Ellos insistieron poco en que me quedara y finalmente melancé a la calle en dirección a mi nuevo hogar.

Llegue ante el portal deaquel edificio de 7 plantas. Una de esas viviendas de hace mas de 100 años,cuya fachada reformada, le daba un aire melancólico y hacia viajar a la mentemuy lejos en el tiempo, cuando Madrid era una trinchera y la pobreza y elhambre eran los auténticos protagonistas de una guerra sin sentido. Por lo queme había dicho Julia por Teléfono, se trataba del ático de aquel edificio, y mehabía comentado que la amplia ventana de la habitación daba una majestuosavista de aquel Madrid de los Austrias.

Llame al telefonillo, y alos pocos segundos una voz de mujer me contesto: -¿Quién llama?-

-Soy Luís, el chico que osha alquilado la habitación- Respondí, e inmediatamente sonó el timbre queindicaba que la gran puerta de madera que da acceso al portal estaba abierta.Pase al interior del edificio, y me dirigí al viejo ascensor que esperaba en elhueco de la empinada escalera de madera, para subir hasta el 7 piso. Mire haciaarriba en un acto reflejo y me alegre de no tener que subir andando, ya que asimple vista no alcanzaba a distinguir el final de la escalera. ¡Mi gozo en unpozo! En la reja del ascensor colgaba un roído y descolorido papel en el querezaba la frase “NO FUNCIONA”.

La cosa no comenzaba bien,pero sacando fuerzas de no se donde, cogí mi maleta y comencé el largo ascensopor aquellas escaleras que no parecían estar hechas para el pie humano. En ellargo ascenso, puede reparar que no existía ni un solo signo de vida en eledificio, ya que por más que afinaba el oído no lograba distinguir ni el másleve murmullo. Y por más que mirara la penumbra en la que se hallaban losdescansillos, no distinguía ningún tipo de movimiento salvo el movimiento demotas de polvo flotando en el ambiente, dando una opresora sensación deabandono.

Llegue jadeando a la ultimaplanta, y me esperaba abierta una puerta que dejaba escapar un reguero de luzdesde su interior. En su umbral se encontraba una mujer de unos 40 años, teñidade rubio y vestida con un vestido oscuro que daba la sensación de no estaracorde con la época en la que estamos. Reparé en que detrás de sus piernas sehallaba un obeso gato a rayas que me miraba con curiosidad.

– Buenos días, te estábamosesperando.- Me dijo la mujer con una calida sonrisa en la cara – Este gatitoque tengo detrás se llama “Nigger-Man” y será el tercer compañero tuyo de pisojunto a mi marido Roberto. Pasa, pasa, no te quedes en la puerta-

– Encantado de conocerla, locierto es que estoy deseoso de instalarme en mi nueva habitación- Le dijedirigiéndome hacia el interior de la vivienda.

La casa desentonabacompletamente con la impresión de abandono de las zonas comunes del edificio,ya que esta estaba completamente reformada, y llena de la luz que entraba porlas grandes cristaleras. El acceso era a través de un largo distribuidor conpuertas que se abrían a ambos lados hacia las distintas dependencias: 3habitaciones, 2 baños, 1 salón y la cocina. Al fondo del pasillo, sin embargodistinguí algo que me llamo la atención: Un retrato pintado al óleo de una personajoven con una pequeña cicatriz en el rostro, pero que al observarla con masatención me produjo una sensación de malestar al comprobar que su miradaparecía la de una persona anciana que observaba a todo aquel que pasara porallí. En la base del retrato rezaba la leyenda “Joseph Curwen”.

Julia me guió por el pasillohasta la habitación del fondo, justo al lado del retrato del tal Joseph y medijo: – Bien, esta es tu habitación, acomódate y deja tus cosas que a la horade la comida te dare un toque y te presentare a Roberto, que ya habrá vuelto detrabajar. Y ya durante la comida comentamos lo que haga falta sobre elalquiler-

– De acuerdo, y muchasgracias por todo. Necesitaba esta habitación.- Le conteste, e inmediatamenteella se alejo por el pasillo hacia la cocina.

Cerré tras de mi la puerta,y me puse a vaciar mi maleta y a guardar las cosas en el armario. Pero noestaba solo, “Nigger-Man” se había acomodado encima de la cama y me observabacon los ojos semicerrados, como analizando todos mis movimientos. Lo cierto esque no me importo, ya que desde niño adoro a los felinos y siempre he convividocon ellos en la casa del pueblo de mis padres. Continué mi trabajo, mientrasobservaba la habitación que se convertiría en mi nuevo hogar por tiempo indefinido.Esa un habitación amplia, con un gran ventanal desde el que se podía observarla inmensidad del Madrid antiguo. Una cama en su centro con el cuerpo de forjaun poco oxidado y en un lateral una librería con varios tomos amarilleados porel tiempo.

Deje una pila de ropainterior encima de la cama y me acerqué a curiosear los viejos volúmenes.Curiosamente todos los libros eran del mismo autor. Un tal H. P. Lovecraft, delque no había oído hablar en mi vida. Observe los títulos por comprobar si conocíaalguno (Pura curiosidad), pero la verdad es que no me sonaban de nada. “Lallamada de Cthulhu”, “Las ratas en las paredes”, “En las montañas de lalocura”, Hervest-West reanimador”, “El caso de Charles Dexter Ward”, “La sombraque cayo sobre Insmouth”, “Dagón”, “Mas allá de los muros del sueño”, “el colorsurgido del espacio”… Y muchos títulos por el estilo, y muchos de ellos, masque libros parecían viejos cuadernillos de notas, lo que me hizo pensar que lamayoría no serian mas que relatos cortos.

Reanude mi trabajo de“mudanza” y en 10 minutos ya había terminado, a si que me senté en la camajunto a mi nuevo y curioso acompañante y agarre uno de los volúmenes paraecharle un vistazo. Se trataba de un cuadernillo en cuya portada solo ponía elnombre del autor (Lovecraft) y un titulo escrito a mano en tinta negra: “Elhorror de Dunwich”. Abrí el cuadernillo, y me lleve una gran desilusión alcomprobar que su interior era completamente ilegible, ya que parecía estarescrito en un idioma parecido al árabe. Lo devolví a su sitio, y continuécurioseando el resto de volúmenes y todos cumplían esa extraña similitud con elidioma, hasta que finalmente hallé uno que no cumplía ese esteriotipo.

Se trataba de un gruesovolumen de incalculable edad, en cuyo lomo se leía: “Kitah Al-Azif” y su autor un tal “Abdul Al-Hazred”. Acerqué la mano y lo cogícomprobando que además de su excepcional peso, tenia como característica eltacto de la piel de su cubierta, el cual era especialmente repugnante y resbaladizo.Un tacto que hizo que por unos instantes dudara en si tenerlo entre mis manos,o devolverlo al lugar del que lo había cogido. Pero la curiosidad fue masfuerte, a si que mordiéndome el labio por la grima que me daba lo agarre, metumbe en la cama y me dispuse a abrirlo para descubrir los secretos quealbergaba en su interior.

Pero eso no fue posible porel momento, ya que “Nigger-Man” al ver que iba a abrirlo, emitió un sonoro maullido,se escucharon unos rápidos pasos en dirección a la habitación en que meencontraba, e instantáneamente sonaron dos golpes en la puerta y una vozmasculina con un ligero trasfondo gutural dijo: – Luís, ya es la hora de lacomida, Julia y yo te esperamos en el salón con la mesa servida –

Deje de nuevo el libro en susitio, y salí de la habitación. En el pasillo no había nadie, pero volví asentir aquella escalofriante sensación de que el cuadro de al lado de mihabitación me observaba.

Continuará en…

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