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Se alquila habitación con vistas al infierno: Especial H.P. Lovecraft – Capítulo II: Reconocimiento – Autor: ErikAdams

Sealquila habitación con vistas al infierno: o como

viviruna pesadilla leyendo a Lovecraft.

– Autor: ErikAdams –

Capítulo II: Reconocimiento

“En el anterior capitulo, dejamos a Luís en su nuevohogar de alquiler. Una pequeña habitación en un piso del Madrid de losAustrias. Allí se encuentra unos extraños libros de un tal H.P.Lovecraftescritos en un idioma ilegible. También haya un libro de otro autor: el Kitah Al-Azif el cual no llega a mirar detenidamente ya queen cuanto lo abre el gato que le estaba haciendo compañía emite una llamada quehace venir rápidamente a los dueños del piso, los cuales le avisan de que yaesta lista la comida…”

Me dirigí al salón, y sobrela mesa todavía no existía ningún indicio de que estuviera puesta, sin embargosentado en ella se hallaba un hombre robusto el cual me miro de arriba abajo yme dijo: – Tú debes ser Luís. Yo soy el marido de Julia, Ricardo. Siéntate,mientras Julia prepara la mesa – En su voz no había signos evidentes de aqueltono gutural que me había instado a salir de mi habitación, pero sin embargonote un tono amenazador en su forma de hablarme.

Me senté enfrente de él ypara evitar que la tensión creciera durante la comida, decidí darleconversación. – Hola Ricardo. Lo cierto es que tengo ya hambre, lo que no sabiaes que estabas ya en casa. No te había oído llegar, supongo que estabademasiado ocupado colocando mis cosas… – Mientras le hablaba, me entretuveechando un vistazo al salón. Era amplio, con un gran ventanal que lo llenaba dela luz del día y que dejaba ver en todo su esplendor las antigüedades queamueblaban la sala. Todos los muebles parecían traídos desde el pasado, pero seconservaban en perfectísimo estado. Me llamo la atención el hecho de que noexistiera ni un solo indicio de objetos de esta gran era de la innovación. Nitelevisión, ni DVD, ni cadena musical, ni siquiera teléfono. Sin embargo una gran estantería-mural cubríauna de las largas paredes del salón, llena de libros. Me llamo la atención elhecho de que el autor de ellos era el mismo que el de los de mi habitación.Cada instante que pasaba el nombre de ese autor se me hacia mas intrigante ymisterioso.

-Perdona si he sido un pocobrusco en mi presentación, pero he tenido un día de trabajo horrible. De todasmaneras tengo una manera de ser que hecha para atrás a la mayoría de laspersonas que me conocen, a si que te ruego que aceptes mis disculpas – Ricardodijo esto y su boca se torno en una sonrisa que hizo que se me erizaran lospelos. Había algo en el que no acababa de gustarme. De hecho, la vivienda teníaun ambiente opresor que me hizo plantearme si había sido buena idea el aceptaraquel alquiler. En esos momentos recapacité y me dije que seguramente esto soloera por los nervios que produce el hecho de llegar a un sitio nuevo.

Julia llego con una gran yhumeante fuente, la cual deposito sobre la mesa. Inmediatamente se acercó a unode los cajones del mural y sustrajo 3 platos y cubiertos para todos. Mientrashacia esto dijo: – Veo que ya os habéis conocido. Espero que todo vaya bienentre vosotros, no me gustaría que la convivencia terminara como con el últimoinquilino…- En ese momento debí de poner una cara muy rara, fruto tal vez delas ideas que me había estado formando en la cabeza con respecto a la casa. Elcaso es que Julia paso a explicarse sin demora: – Su nombre era Juan, y nosabemos bien por que, una mañana se marcho sin dar explicaciones y no supimosmas de el. Lo cierto es que dejo pagados 3 meses por adelantado. Parecía buenchico, y en los dos meses que estuvo con nosotros no tuvimos ninguna queja…Pero dejemos este tema apartado, ahora eres nuestro compañero, y esperamos quetengas una agradable estancia con nosotros.-

Sus palabras metranquilizaron lo suficiente para poder disfrutar el resto de la comida con unaagradable conversación en la que me entere de que Ricardo era dueño de unaempresa de Ingeniería y de que Julia era ama de casa. También aclararon misdudas sobre los libros que poblaban todas las habitaciones de la casa. Alparecer se trataba de la particular afición de Ricardo. El coleccionarversiones en idiomas extraños de aquel autor de principios del siglo XX levolvía loco, y por lo que me comento, esta era una de las más importantes delmundo. Fue la emoción con la que me hablo de Lovecraft, lo que me hizo pensaren acercarme a la biblioteca más cercana y enterarme de que trataba su obra.Pero eso lo haría al día siguiente, esta tarde tendría suficiente trabajomirando en Internet datos sobre este particular personaje.

Después de comer, de dejar aRicardo echándose la siesta sobre el sofá y a Julia fregando los platos, meencerré en mi habitación, dispuesto a pasarme la tarde investigando en Internetcualquier dato interesante sobre aquel escritor. Como ya os he comentado, en lacasa no había ningún indicio de que hubiera algo “moderno” como línea deInternet. Pero por suerte, me había traído mi ordenador portátil con MODEMmóvil, y allí en el centro de Madrid, la cobertura para este servicio eraperfecta. Así que me tumbe en la cama y encendí mi ordenador.

En el buscador puse lapalabra Lovecraft e inmediatamente me salieron 4.240.000 entradas con dichapalabra. Así que pulse sobre la primera: una entrada en la wikipedia. Me tireun buen rato leyendo la larga reseña escrita sobre el autor. Se trataba de unabiografía en la que me entere que era americano, y uno de los más influyentesprecursores del terror moderno. Lo triste de su historia, es que en vida nuncaalcanzo el reconocimiento popular, ya que este lo alcanzo después de muertogracias a su gran amigo escritor August Derleth, el cual convencido de lacalidad de su obra formo una editorial en la que poder publicar su obra. Así,poco a poco logro ser cada vez mas conocido, hasta alcanzar el reconocimientodel mundo entero.

Un dato que me llamo laatención sobre su vida, es su ateismo convencido desde los 5 años, y el hechode que había pasado su vida sin apenas contacto con el mundo salvo por lascartas que emitía normalmente a los escritores que le admiraban por sus obraspublicadas en revistas “Pulp”. Lovecraft tenía que haber sido sin ninguna dudaun personaje de lo más extraño, y esto no hizo más que aumentar la curiosidad,y mi creciente interés el cual fue bendecido con una reseña sobre todas susobras en la parte inferior del documento.

Anote en una hoja el nombrede algunos relatos de los que indicaban imprescindibles para comprender su obray me puse a mirar otros documentos sobre Lovecraft que no me aclararon muchomas. Finalmente, apague el ordenador y me dispuse a coger el libro llamado “KitahAl-Azif” para poder mirarlo mas detenidamente, pero me sobresalte al descubrirque sin saber como, “Nigger-Man” se hallaba delante suyo mirándome conunos ojos que me hicieron dar un paso atrás. Había algo en su mirada que no eranatural, y durante muchas noches me persiguió en pesadillas, hasta que hechosmás horribles y macabros hicieron que esta pareciera una simple tontería.

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