Sin categoría

El Cantante de la Muerte – Capítulo III – Bailando con la Muerte

Capítulo III: Bailando con la Muerte:

Capítulo I: Cinco minutos para salvar al mundo

Capítulo II: Juego Duro

Enardel continuó los saltos al vacío entre coches voladores,bajando los distintos niveles de las aeropistas de la gran ciudad, sindespistar a los helicópteros equipados con sistemas de visión térmica quedescubrían su invisibilidad.

Ante la cercanía de sus perseguidores se detuvo en el techode un coche volador, anuló la invisibilidad y se volvió para observar a laescuadra en “V” de helicópteros tras de él. Extendió sus brazos en forma decruz y les dedicó una sonrisa.

El coronel comprendió que pretedencía hacer. Ordenó lapostcombustión de los helicopteros, pero fue demasiado tarde. Antes de que lealcanzaran, Enardel saltó de nuevo al vacío directo al nivel terrestre de laciudad.

Descendía de cabeza con los brazos pegados a la espalda ylas piernas rectas, guiado por los pequeños impulsos de los generadores degravedad de su cibertraje de combate, esquivando ríos de coches voladores yobjetos flotantes de las aeropistas. Seguido de lejos por los helicópteros decombates que no podían igualar su velocidad de descenso.

Pasada la última aeropista penetró en el banco de nubes, quedelimitaba la ciudad flotante de la terrestre. Entonces, por primera vez desdeel comienzo de su aventura, vió la superficie del planeta cubierta hasta elhorizonte por la gran ciudad.

La velocidad con la que se apróximaba a los edificios hizoque el publico de los estadios guardara silencio, conteniendo la respiración. Lacantante cedió el protagonismo a la orquesta, cuyos compases iban y venían cadavez con más fuerza. Iba a suceder algo…

Enardel descendía paralelo a las fachadas de los rascacielosterrestres más elevados, rumbo a la azotea de un edificio menor de un barrio dela periferia. Cuando la azotea ocupó todo su campo de visión, giró sobre símismo en varios saltos mortales, reduciendo la velocidad y, aterrizó de piecontra el suelo de la azotea.

Los generadores de gravedad del cibertraje de combate deEnardel, condujeron toda la energía liberada por la velocidad de caída hacia elsuelo, produciendo un impacto devastador. El suelo alrededor de Enardel sehundió, agrietando la fachada de cristal del edificio, que explotó en unalluvia de fragmentos de cristal que caía a la calle a cámara lenta, influidapor los generadores de gravedad del cibertraje.

La baja gravedad artificial de la zona del impacto levantóuna nube de polvo que la ocultó de las cámaras. La orquesta dió paso a unamelodia lenta más de silencios que de letras llena de dudas y esperanzas.

Entonces irrumpió la voz del Singer con fuerza diciendo que:Miranda merecía un mundo mejor y, que él iba a darselo hoy mismo. El publicorompió en aplausos mientras la orquesta retomaba el inició de la melodia épica.La cámara volvió a transmitir imágenes desde el propio ojo izquierdo mécanidode Enardel, quién miraba fijamente el panel de su muñequera izquierda,programando el cibertraje de combate tan rápido que las imágenes eran borrosashasta que confirmó la selección y la activó:

Modo de MáximoRendimiento: cargando…

Dosis Masiva de DrogasPotenciadoras: inyectando…

Diagnostico delSujeto: Muerte irreversible por sobredosis pasados los efectos…

Generadores degravedad: acomulando energía…

Tiempo Estimado deVida: 2:36 minutos.

Ninguno de los espectadores del concierto podía creerselo:Enardel, el Singer, el mito iba a morir. La cantante, mientras se derramabalágrimas por sus mejillas, interrumpió sus pensamientos, diciéndoles que ahoramás que nunca debían apoyarlo, o su sacrificio sería en vano.

Comenzó una nueva canción muy intensa: la letra decía quetodos podemos cambiar el mundo, basta con desearlo de corazón y luchar hasta elfinal, a pesar de la fuerza de las tormentas que nos sacudan, a pesar de lossacrificios, a pesar de las dificultades, porque siempre al final nos aguardauna luz, una luz calida que abraza y protege a todos nuestros seres queridos,basta con desearlo de corazón.

Las palmadas de los espectadores se hermanaron con laorquesta, componiendo la melodia de la calidad, llena de altibajos, angustía ybreves momentos de felicidad, hacia un futuro todavía por dibujar.

Enardel gemía en silencio con la cabeza agachada, su cuerpoardía en un sufrimiento terrible provocado por las drogas, que convertía suvida en una fuerza pura, inmediata y perecedera.

Las líneas azul marino tejidas sobre su cibertraje negroempezaban a brillar con fuerza. En su interior los generadores de gravedadhabían invertido el flujo, absorbiendo la energía electromágnetica del planeta.El brillo se tornó un azul cegador que emitía rayos electricos alrededor deEnardel, alcanzando todas las piezas metálicas a su alrededor.

Desenvainó su espada negra y, encendió su haz rojo deenergía, que alimentado por los generadores de gravedad, empezó a expandir lahoja de energía por encima de lo habitual.

Los helicópteros descendieron en formación de pentagramaalrededor de la azotea, expulsando la nube de polvo con las corrientes queproducían. La inquietud de los oficiales era controlada por la voz de mando, expertay segura del Coronel. Aunque el mismo guardaba sus temores donde nadie pudierapercibirlos. Por sus conocimientos militares sabía lo suficiente de loscibertrajes de combate antiguos para sentirse aterrado.

Fueron diseñados en la era del Imperio Sombrío. Una leyendade un pasado oscuro dominado por hombres de increibles poderes y finesdementes: regresar a la galaxia original de la humanidad para reconquistar a “Los Otros” el planeta madre. Su caídahabía salvado a la humanidad del exterminio completo a cambio de una era dedecadencia y corrupción, preferible en cualquier caso.

Sabía que cualquier hombre podía llevar un cibertraje decombate y, tolerar los modos de potencia más bajos, pero usar la potenciamáxima era imposible para un humano… sólo podían tolerarla los antiguos hombressombríos o sus descendientes. Quizás fuera el último con vida en todo eluniverso. El superviviente de una raza extinguida dispuesto a sacrificarse porla humanidad…¿podía existir un enemigo peor?.

Los helicópteros giraban alrededor de su formación depentagrama a la expectativa del menor movimiento. Enardel permanecía inmovilcon la cabeza agachada mirando el suelo. La corriente electrica de sucibertraje se mezclaba con la hoja de energía, creando una tormenta continua derayos cerca de él cada vez más intensa.

Enardel alzó el brazo izquierdo libre, señalando alhelicoptero en movimiento del coronel y, le hizo un gesto de desafio indicandoque vinieran a por él. El coronel impartió las ordenes con una voz inflexibleque no admitía dudas. Los helicópteros detuvieron el movimiento, regresaron ala formación de pentagrama, tomaron distancia del edificio, apuntaron con cadauna de sus tres ametralladoras láser al Singer, e iniciaron el pitido de carga,que resulto ser un estruendo conjunto, preludio de la muerte que iba acontecerahí.

A la señal del Coronel, todas las ametralladoras láser,dispararon al unisono contra Enardel una tormenta frenética de fuego láser. Lapercepción de su cuerpo llevada al extremo por las drogas que le habíansentenciado a muerte, le permitieron ver todos y cada uno de los disparosláser. Emprendió la marcha hacia delante, esquivando la mayor parte de losdisparos, bloqueando los restantes con la espada de energía amplificada. Iba auna velocidad tan exagerada que ninguno de los artilleros veían nada, sólopodían seguirlo los ordenadores de precisión de los helicopteros.

El Coronel al ver avanzar una sombra borrosa perseguida porlas rafagas láser intuyó que se proponía, demasiado tarde de nuevo. Todosucedió antes de que tuviera tiempo de vocalizar la primera palabra…

Enardel avanzó directamente hacia el helicóptero que teníafrente a él, bloqueando sus disparos con movimientos de espada cada vez másviolentos, hasta plantarse a unos metros. Entonces se agachó y saltó por encimadel helicóptero. Los demás artilleros no tuvieron tiempo de apagar susametralladoras antes de que alcanzaran al helicóptero amigo. La oleada de fuegoláser lo detonó en el aire convirtiéndolo en una bola de fuego que caía a lacalle donde Enardel ya había aterrizado.

Mientras los helicópteros reiniciaban la persecución,reactivó el modo invisible y se introdujó por un callejon muy estrecho, queconducía a una zona abandonada de la ciudad cercana al nuevo centro de seguridadplanetaria

Corría a tal velocidad que arrastró a su paso los escombrosde la calle asustando a los mendigos. Al abandonar la calle de paso por una víaamplía, se cruzó con un coche de la policía que iba a toda velocidad. Durantela carrera apoyó uno de sus pies en el capo con tal fuerza, que el coche sedetuvo en seco, se levantó por detrás y se elevó por los aires girando sobre símismo hacia delante, volando contra una pared donde se estrelló.

Pasada la vía amplía, se introdujo de nuevo en la continuacióndel callejon siguiendo su veloz carrera. Una moto flotante venía a granvelocidad desde el otro lado hacia él. En el último momento se apartó a un ladoy, el segundo ocupante le lanzó una capsula de metal del tamaño de un antebrazoque cogió al vuelo. Les dedicó un gesto de agradecimiento sin llegar adetenerse, desconectó el sistema de invisibilidad y siguió corriendo.

Dos helicópteros pasaron por encima del callejon a granvelocidad. Enardel les ignoró buscando con la mirada la puerta de un bar enruinas frente a él. Según pasaba ante la puerta, desde el interior un ancianole tendió un fusil cibernético de francotirador. Volvió a agradecer la ayudacon un gesto y, sin detener su carrera, abrió el fusil por la caluta insertandola capsula de energía en su interior.

Por detrás de él aparecieron los dos helicópteros restantes.El Coronel iba en uno de ellos. Convencido de la futilidad de lasametralladoras, ordenó emplear el cañon láser principal. Las primeras descargasconcentradas de energía láser detonaron en el callejon, conduciendo por susparedes una corriente de energía mortal, que no llegaba a alcanzar al singerpor la fuerza que le transmitía la gente a través del concierto. En ese momentotodo el planeta estaba con él, podía sentir en lo más profundo de su moribundointerior los gritos y ánimos de cada una de las personas que también deseabanun mundo libre.

Al final de la calle le esperaban los dos primeroshelicópteros. Nada más verlo, abrieron fuego indiscriminado con sus ametralladorasláser, en una táctica ideal para reducir su velocidad y ser atrapado por loscañonazos láser de la retaguardia.

Saltó contra la pared derecha del edificio a su lado y,continuó la carrera por la fachada tratando de ganar unos segundos mientrasblandía el fusil cibernético. El artillero del helicóptero frente a él, estabaseguro de que esta vez iba a atraparlo. Empleaba el modo de punteria manualayudado por el sistema de visión completa del helicoptero. A cada disparo seacercaba un poco más a él. Sólo unos segundos más…

Enardel ascendía por la fachada del edificio esquivando lasoleadas de fuego láser que destruian todo a su paso. La luz verde de laempuñadura del fusil cibernetico anunció que se había cargado con éxito. Era suúltima oportunidad.

De pronto, se impulsó hacia la fachada del otro edificio. Porunas decimas de segundo quedó suspendido en el aire entre ambos a la merced delos helicópteros. El artillero emitió un grito de jubilo – ¡lo tenía, lo tenía!– Lo vió claramente flotando en el aire con las piernas ya enfocadas aledificio al que iba dirigido y, el fusil cibernético empuñado entre sus manos,le estaba apuntando…

Lo primero que sintió fue la sangre de su compañero, elpiloto, alcanzar su rostro. Lo segundo que sintió fue una oleada de fuego láseren el interior de su cabeza, después… el abrazo de la oscuridad eterna…

El helicóptero sin control se estrelló en la calzada,levantando una nube de humo y fuego que cegó a los oficiales del segundohelicóptero tras de él. El piloto retrocedió alarmado gritando al artillero quele diera con todo. El copiloto aún más excitado gritaba sin cesar toda clase deinsultos y locuras, barriendo el callejon oculto con el fuego de lasametralladoras y, una oleada de destrucción con todos los misiles delhelicoptero.

Mientras el piloto retrocedía más para esquivar la detonaciónbrutal conjunta de los misiles. De la onda expansiva de fuego y devastaciónemergió Enardel, protegido por rayos de energía de todo el infierno a sualrededor. Empuñaba la espada de energía con ambas manos. Su mirada era lamimísima muerte.

Saltó en el aire directamente hacia el helicóptero,deteniendo todos los disparos láser con la espada, dibujando el últimomovimiento. La espada se hundió en la parte frontal del helicóptero desgarrándolohasta la cola. Cuando Enardel aterrizó de rodillas en el suelo ya no era másque una masa de metal en llamas.

Enardel vomitó sangre contra la calzada. La muñequeraparpadeaba en rojo anunciando los primeros fallos orgánicos. Se incorporó condificultad, volvió a envainar la espada de energía y contemplo su destino… elimponente edificio del nuevo centro de seguridad planetario. En menos de dosminutos todo terminaría.

Yo lucho por Miranda – Susurró con el rostro ceniciento antesde volver a emprender la marcha, en el que sería el último esfuerzo de toda suvida.

Continuará…

El Cantante de la Muerte:

Capítulo I: Cinco minutos para salvar al mundo

Capítulo II: Juego Duro

El Barón Negro: Edición Especial

Entrada Anterior:

Metallica – Ride the Lightning – Canción – Letra Original & Traducida

Gamefilia