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El Tormento de los Condenados

Soy un humano esclavo de los Vampiros Oscuros y tengo unparásito en mi interior que me devora. Escribo este diario con mi propia sangreen mis últimas horas de vida con la única esperanza de salvar tu pobre alma,con los consejos de alguien que ha perecido en un infierno de desesperación ysufrimiento eterno.

El recuerdo de mi pasado, mis amigos, mis padres, mi mujer,mis hijos… todo se ha desvanecido en los días de tormento que he padecido. Sólorecuerdo la noche de la captura mientras trabajaba en la forja, quizás fueraherrero, o sólo sea parte de una pesadilla de la que todavía no he despertado.

Todo lo que creemos es una mentira. Vivía en una pequeñaciudad cercana al ecuador, alejada de los territorios vampiros, protegida porun escudo mágico, una milicia equipada con armas encantadas capaz de matar avampiros, y un poderoso enclave de hechiceros. Todos creíamos que estar asalvo, que ilusos éramos entonces.

Cayeron sobre nosotros de madrugada en una noche de lunacerrada. El escudo fue destruido por un hechizo de una fuerza inconcebible. Elestruendo de la explosión sacó de la cama a los hombres tras romperles los tímpanosen pleno sueño.

Antes de que se organizara la defensa de la ciudad habíabrechas en todos los muros, los soldados caían por doquier asesinados porbandas de vampiros que recorrían las calles dispensando muerte.

Todos empuñamos las armas encantadas: hombres, mujeres,niños y ancianos. Juntos nos unimos a la milicia plantando cara a los vampirosen la plaza de camino a la ciudadela. Los cuernos del castillo del gobernadorconvocaban al pueblo. Las flechas mágicas de los arqueros y la magia de loshechiceros pasaban por encima de nuestras cabezas para cubrirnos la retirada.

En unos minutos, los muros del castillo fueron rodeados poruna horda de vampiros y bestias de pesadilla como jamás habíamos visto. En ladesesperación de la lucha nadie lograba responder la pregunta que nos consumía¿De dónde habían salido? Semejante ataque a miles de kilómetros de su hogar sinser vistos era imposible. Aún hoy desconozco la respuesta.

El silencio invadió la ciudadela ante el ritual de losvampiros. Gritaban con sus voces inhumanas hasta desgarrarse la garganta unnombre una y otra vez, golpeando sus espadas contra los escudos. Entonces lo vimos…era… La Muerte.

Los vampiros se apartaban para abrirle un pasillo hasta lapuerta de la ciudadela. Caminaba lentamente como la calma previa de latormenta. Vestía una armadura pesada color sangre que le confería el aspecto deun Señor Demonio. Su fuerza era tal que soportaba el peso que quebraba el suelode piedra a cada uno de sus pasos sin el menor esfuerzo. Susurraba las palabrasde un hechizo que iba a cambiar nuestro destino.

Era el protagonista de los cuentos de terror narrados alamparo del fuego en la noche, aquello que jamás nombramos por su nombre pormiedo a que nos escuche, era La Muerte… era un Brujo… un Vampiro Oscuro,Maestro en la Magiade Sangre.

Su palabra fue un rayo expulsado por la boca y sus manos quepulverizó la puerta de la ciudadela. La horda de vampiros y bestias penetró enel patio para librar la batalla final. El caos se adueño de la ciudadela. Se combatía en todas partes sin ordenni concierto. Nosotros por nuestras vidas y ellos por el botín. Con horror nosdimos cuenta que no mataban a nadie, lo herían y entonces las bestias loarrastraban fuera de la ciudadela. Los más valientes saltaban por los murosencontrando una muerte rápida. Los cobardes luchaban con la esperanza desobrevivir y ganar la batalla con la ayuda de los hechiceros. Maldita fuera micobardía.

Los hechiceros lucharon heroicamente contra el Brujo. Lorodearon para barrerlo con oleadas de fuego etéreo, dardos de hielo y rayoscapaces de partir montañas, pero todo fue en vano. Las protecciones de Magia deSangre del Brujo eran imbatibles.

Blandía una espada colosal que despedazaba a los hechicerosy catalistas como si fueran muñecos de trapo, relatando el futuro que nos aguardabacon una voz tan poseída por la crueldad que nos arrancó el alma.

Un vampiro me capturó clavándome un gancho en la espalda yme arrastró fuera de la ciudadela antes de finalizar el combate. La sangre delos hechiceros bañaba el patio y todos los edificios ardían. Poco antes deperder el conocimiento me depositó en la plaza junto a los demás capturados. Dosbrujos más conversaban sobre sus caballos negros clasificándonos como vulgarganado. Mi vida había concluido. Pronto descubriría el tormento de loscondenados.

Continúa en… 

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