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Se alquila habitación con vistas al infierno – Especial H.P. Lovecraft – Capítulo IV: Sospechando – Autor: ErikAdams

Se alquila habitación con vistas al infierno: o como viviruna pesadilla leyendo a Lovecraft.

– Autor: ErikAdams –

“En nuestro anterior episodio, Luís sufre terriblespesadillas por el incidente con el gato y no logra pegar ojo. Gracias a ellodescubre la misteriosa actividad que realizan sus caseros por la noche. Alllegar la mañana, dando un paseo, entra en la biblioteca y coge las obrascompletas de Lovecraft y vuelve a su habitación con intención de leerlas comoun poseso. La pesadilla comienza a tomar forma y al parecer no va a parar decrecer.”

CUARTA PARTE: SOSPECHANDO

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Ahora que mis nervios estánmás templados, y el miedo me ha llevado a tomar una dura decisión que llevare a cabo cuando termine de relataresta abominable historia, continuo escribiendo este ultimo recurso parasalvaguardar la integridad y cordura de quien quiera que sea el próximo que seadentre en estos insondables abismos de conocimiento. Ruego que perdonéis estaapresurada forma de escribir, y que a pesar de que los siguientes hechosparezcan fruto de la mente de un perturbado, os puedo asegurar que todo esreal. Por que existen impronunciables formas de la realidad que una mentalidadlógica como la humana, aun no esta preparada para conocer.

No se si fueron días osemanas los que pase encerrado en la habitación leyendo y releyendo la dementeobra de Lovecraft. Una inexplicable locura me hacia volver una y otra vez aesos relatos, que si bien parecían inocentes historias para asustar a losniños, presentía que en el fondo de sus palabras y frases se hallaba un oscurosecreto a la espera de ser descubierto. Así, el tiempo fue pasando, y yoúnicamente salía de mi habitación para comer, beber o ir al baño ha realizarlas necesidades biológicas que exigía mi cuerpo. Evitaba cuanto podía a mismisteriosos caseros, excusándome una y otra vez con el hecho de que una extrañaenfermedad me hacia estar continuamente cansado, y los únicos momentos en losque atendía hechos externos a la obra de aquel escritor, era cuando casi todoslos días sobre las 3 de la madrugada, mis caseros se ponían ha realizarextraños movimientos por la vivienda.

Por lo que pude descubrirsimplemente escuchando pegando la oreja a la puerta, Julia y Ricardoarrastraban algún tipo de objeto pesado hasta fuera de la casa, y lo bajabanpor las escaleras. Noche tras noche repetían este curioso ritual, y la intrigapor conocer el objeto de tales actividades se me hizo casi tan insoportablecomo mi actual locura en lo referente a la obra del escritor de Providence. Así,una noche después de que comenzaran los ruidos, me prepare silenciosamente paradescubrir lo que se ocultaba detrás de todos estos misteriosos movimientos.

Espere a que se cerrara lapuerta del piso, y sigilosamente Salí de mi habitación, dispuesto a seguir sinque me descubrieran, a mis caseros. Por suerte, no había ni rastro del gato, yla mirada del cuadro de “Joseph Curwen” había dejado de impresionarme, al menoslo suficiente como para tenerle el miedo que me causo en la primera ocasión quela contemple, A si que me dirigí hasta el salón, primeramente para comprobarque tipo de objeto habían arrastrado. Allí, nada parecía cambiado, pero lassombras que proyectaban los viejos muebles por toda al estancia, se meantojaron siniestros y con un halo de inexplicable malignidad. En este lugarocurría algo siniestro, y en un momento de locura como en el que me encontraba,lo único que se me ocurrió era seguir indagando hasta llegar al fondo de aquelasunto, el cual por momentos parecía cada vez mas profundo.

Abrí con cuidado la puertaque daba al rellano de la escalera, y despacio salí de la vivienda. El eco queproducía por todas las zonas comunes el arrastrar del desconocido objeto, merevelo que lo bajaban a mano por las pronunciadas escaleras. Me asome concuidado para no ser descubierto, y pude observar las siluetas de dos personasllevando una especie de cajón grande hacia la planta baja. Poco a poco fuibajando los escalones, teniendo cuidado en no tropezar, ya que la luz en esosinstantes era prácticamente inexistente. Finalmente, vi como las dos personasse introdujeron por una pequeña puerta que se hallaba en el portal. ¿Haciadonde iría esta puerta?

Espere un rato, para que mesacaran algo de ventaja, e inmediatamente, abrí esa pequeña puerta. Unas interminablesescaleras de gastada piedra bajaban hacia abismos insondables, iluminadas porfilas de antorchas, cuyas llamas danzaban al ritmo de un insistente tambor queparecía provenir de algún lugar lejano, al final de las escaleras. Ya he dicho,que mi cordura en esos momentos, no me dejaba ser dueño de mis actos. Y lo quepara cualquiera habría sido un motivo para darse la vuelta y huir de aquellugar, a mi se me antojo un cúmulo de preguntas que aguardaban una respuesta.Así que no se me ocurrió otra cosa que comenzar mi descenso por ese caminohacia lo desconocido.

Mi corazón palpitabainsistentemente al ritmo de aquel maniaco tambor y del sonido de mis pisadascontra la roca esculpida, hasta hacerme por momentos pensar que iba a estallarde un momento a otro. Las escaleras parecían no tener fin, y en el largodescenso, no halle ni rastro de las personas que me habían llevado a iniciaresta interminable bajada. Finalmente, llegue a un antiquísimo sótano, esculpidototalmente en la roca. ¿Qué antigüedad podría tener este olvidado lugar? En esemomento, como había leído la obra de Lovecraft, en mi cabeza se formo la ideade uno de esos terribles y olvidados lugares en donde se realizan abominablesrituales que no deberían ser presenciados por ningún ser vivo. Todo erademasiado extraño, y no alcanzaba a imaginar como este olvidado abismo, habíasido pasado por alto, ya que si no me equivoco, sus laberínticos túneles seextienden por todo el subsuelo de Madrid, a una profundidad que a mi se meantojo inmensa.

Túneles se abrían a un ladoy a otro, y como no sabia hacia donde dirigirme, decidí captar la dirección dedonde provenía el tambor. ¿Qué habría ocurrido de no haber seguido esadirección? Quisiera imaginar que habría podido escapar y olvidar toda estalocura, pero lo cierto es que por aquel entonces, mi destino ya estaba escritopor poderes ajenos a la imaginación humana, y de una manera u otra habríaacabado sabiendo lo que ahora conozco. Por que cuando los “Otros” se relacionancon nuestro mundo, y eligen una victima, “nada” escapa a sus garras.

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