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El Guardián de las Tinieblas

Despertamos a medio mundo de distancia de nuestro hogar, enel interior de grandes jaulas ovaladas de metal oxidado, a lomos de gigantesno-muertos. Engendros de carne putrefactra creados por la Magia de Sangre de un Brujo.

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La supervivencia en las jaulas era un reto que los heridosmás graves no superaban. Los pasos de los gigantes tendían a zarandear a losprisioneros contra los barrotes, hojas afiladas por el demonio en su mayorparte, bañadas por sangre fresca, a los que uno debía sujetarse con firmeza enlos bordes planos para no sucumbir.

Habia quienes en su desesperación usaban cuerpos decompañeros ensartados como escudos contra los barrotes, mirando al horizontetenebroso para olvidar ese rostro de mirada vacía que horas antes fue un amigo,un hermano o quizás un padre, el cual les maldecía en silencio.

Legiones de vampiros equipados con latigos guiaban a lainterminable fila de gigantes no-muertos hacia la oscuridad, blandiendo susarmas lacerantes una y otra vez contra las piernas sin vida de los gigantes no-muertos,quienes gemían susurros de protesta casi inaudibles por temor a ser escuchadospor los Brujos, que cabalgaban inspeccionando la caravana de arriba abajo.

El paisaje desolador ensombrecía toda esperanza desalvación. Era un vasto océano de roca y arena negra sin fin, bajo el cobijo denubes rojas que conferían un tono sangriento a la luz de un sol impotente contrala oscuridad que nos rodeaba.

El silencio nos abrumaba de tal modo que el sonido de loslatigos al desgarrar carne, el gemido de los moribundos y el parloteo dementede aquellos que habían perdido la razón, nos aliviaban el corazón alrecordarnos que seguiamos con vida.

En las miradas de quienes todavía no habían sucumbido serepetía el mismo gesto de interrogación a un compañero. Un breve alzamiento decabeza hacia el cielo contestado con un leve asentimiento, que ocasionabatemblores en ambos al confirmar que no había sido una mera visión aislada, erareal, terriblemente real.

Dos alas negras como la noche de un tamaño que escapaba a lacomprensión humana, aparecían ocasionalmente entre las nubes sobre sus cabezas,siguiendo a la caravana. Nadie tuvo que ver el resto del cuerpo para pensar enotra palabra impronunciable. ¿Qué más horrores les aguardaban? Era sólo elprincipio…

La caravana se adentraba en una oscuridad cada vez másprofunda sin horizonte a la vista, guiada por un gong sobrenatural quepenetraba en nuestras mentes sin pasar por los oídos. Tardaba tanto tiempo envolver a sonar que regresaba cuando pensabamos que jamás ibamos a escucharlootra vez, y entonces nos golpeaba la mente con más fuerza que antes.

Cada gong nos enviaba una cascada frenética de imágenes delpresente, el pasado y el futuro. Los prisioneros enloquecían golpéandose unos aotros para despertar de los horrores que veían. Hubo quienes arrojaron a losmás dementes contra los barrotes, a fin de salvar sus vidas a manos de unabestia humana sin razón.

Se adentraron tan profundamente en las entrañas de laoscuridad que el último rayo de luz les abandonó definitivamente. Privados detodo contacto visual con sus compañeros, los prisioneros gritaban hasta perderla voz tratando de mantener el contacto, temiendo encontrar la muerte en lasoledad de las tinieblas.

La caravana se detuvo subitamente. Los primeros gritos desorpresa fueron ahogados por una oleada de fuerza mágica implacable. La voz queles atormentaba en sus pesadillas, El Brujo que les había derrotado en laciudadela, recitaba las palabras de un hechizo, aumentando su poder a cadaestrofa, desatando un torrente de viento glacial que les quemaba la piel, dandoun beso letal a sus púlmones.

Un orbe de luz blanca fantasmal cobró vida, iluminando lafigura del Brujo con ambas manos impuestas sobre él. Rayos de luz de unaintensidad cegadora se comunicaban entre ambos. La fuerza de su voz, el poderdel hechizo, el tamaño de los rayos y del propio orbe, no hacían más queaumentar con cada palabra pronunciada.

Tras unos segundos interminables, el orbe se transformó enuna luna del tamaño de una pequeña colina, que a un movimiento de los brazosdel Brujo, inició su cabalgadura por los cielos. Después de unos primerossegundos de vuelo erratico, adquirió una velocidad pausada, recorriendo lacaravana de arriba abajo ganando y perdiendo altura en ciclos regulares.

Amparada por la luz fantasmal del orbe, la caravana reiniciosu marcha.

Una voz atronadora restalló en los cielos su protesta antela presencia del orbe en sus dominios, en tal tono de amenaza que los propioslatidos de luz del orbe se estremecieron durante unos instantes.

La bestia innombrable de los cielos realizó una pasada tanviolenta por encima de los gigantes no-muertos, que las corrientes generadaspor sus alas estuvieron a punto de hacerles caer al suelo.

En las tierras del Norte, más allá de los dominios de loshombres, entre estos y los reinos vampiros existía una tierra salvaje, quepertenecía a criaturas ancestrales más antiguas que la humanidad. Así habíasido siempre, y así seguiría siendo.

Los prisioneros de la caravana pronto conocerían a “El Guardiánde las Tinieblas”. Aquel cuyo nombre único temían los vampiros por encima de lapropia muerte.

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