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Las Tierras de la Perdición

Los vampiros detenían a los gigantes no-muertos con látigos,lanzas y flechas vertiendo su propia sangre en “Las Tierras de la Perdición”. Sus engendros de carne putrefacta, una vez desbocados, eran rivalesformidables capaces de acabar con un vampiro de un sólo golpe.

Capítulo I: El Tormento de los Condenados

Capítulo II: El Guardián de las Tinieblas

El Caos se había desatado en la caravana. Los gigantes no-muertos luchabanpara escapar de un temor profundo y ancestral, que había superado a suobedicienda incondicional a los vampiros… la presencia de “El Guardián de losTinieblas” en los cielos.

Era la última oportunidad para los esclavos de escapar a su fatídicodestino. Aquellos que tenían todavía fuerzas golpearon con patadas violentas laespalda de los gigantes no-muertos, mientras los más débiles se esforzaban engritarles a los oídos. Reacción que acrecentó su sensación trastorno y voluntadde huir al refugio de las tinieblas.

Los oficiales vampiros instaban a sus guerreros a establecercírculos alrededor de los gigantes no-muertos y, atacarlos guardando lasdistancias en un esfuerzo heroico por mantenerlos en su lugar condenado alfracaso.

Un gigante no-muerto aplastó al oficial vampiro del comandoque lo acosaba, sembrando el desconcierto entre los guerreros que se hicieron aun lado, permitiéndole una huida frenada por la visión de su propio creador… unBrujo.

El Brujo le gritó rabioso desde su caballo negro encabritadofrente a él. Era tal el peligro que destilaba su voz y tono que todos losgigantes no-muertos se detuvieron como abofeteados por un látigo invisible. Entonces,un nuevo rugido atronador de la bestia en los cielos, les recordó a losgigantes de nuevo su orden de temores.

Aquel gigante más cercano al Brujo se abalanzó sobre éldispuesto a darle muerte. El Brujo pronunció una sola palabra que petrifico algigante, la jaula y los esclavos en su interior. Sus rostros desfigurados porel sufrimiento extremo que convulsionó sus cuerpos antes de convertirse enpiedra, dieron paso a lágrimas que humedecían sus mejillas pétreas. Sucesovisto por los compañeros de la jaula más cercana, que desataron un murmullo deexclamaciones que recorrió la caravana de jaula en jaula… ¡Todavía seguíansufriendo!

¿Acaso existía algo peor que la muerte en Mundo Destierro? Por supuesto…

La osadía de pretender agredir al Brujo no había hecho másque alimentar su ira. Éste cerró el puño y pronunciando las palabras de unhechizo, golpeó el aire apuntando hacia el gigante no-muerto. Un impactoinvisible hizo temblar a la mole petrificada, que se agrietó. Un segundoimpacto más fuerte hizo estallar al gigante no-muerto, su jaula y esclavos enmil pedazos de piedra, que se dispersaron por toda la caravana convertidos enseñales de advertencia.

Aquel era el castigo por desafiar a un Brujo. Y había quien asumíael riesgo.

El Orbe de luz fantasmal que navegaba por encima de lacaravana fue atrapado por dos garras negras, que lo desgarraron con susafilados apéndices, destruyéndolo. La voz del Brujo que había conquistado laciudadela emitió un grito de sorpresa desde la cabeza de la caravana. Su vozreflejaba el dolor que le había fulminado, a través de su conexión mágica conel orbe extinguido.

Esta vez, la oscuridad no desato el caos sino el orden. Losoficiales vampiros disciplinaron a las tropas impartiendo órdenes de batalla,aniquilando a todo aquel guerrero que mostró la menor duda o temor. Losgigantes no-muertos permanecieron inmóviles atrapados por la mirada desencajadadel Brujo que había petrificado al rebelde, cuya ira desbordada por la ofensade “El Guardián de las Tinieblas”emanaba de su cuerpo rayos letales por todas partes a su alrededor.

Los guerreros vampiros empleando sus dotes menores en Magiade Sangre, crearon pequeños orbes de luz fantasmal que enviaron al cielo,tejiendo una red de luz por encima de la caravana, que permanecía oculta en laoscuridad, con el fin de alertar gracias a su destrucción de la llegada de “El Guardián de las Tinieblas”.

Los esclavos más valientes gritaron a pleno pulmón con laintención de guiar a la bestia que amenazaba a los vampiros, quienesreaccionaron disparando desde la más absoluta oscuridad flechas certeras a lasgargantas de las voces que gritaban, pero fue demasiado tarde.

La distracción de los esclavos había triunfado. Los vampirosno vieron la destrucción de parte de la red de orbes de luz hasta que “El Guardián de las Tinieblas” cayó sobreellos dispuesto a cobrarse sus vidas.

Bienvenido, a “LasTierras de la Perdición”.

Continúa en…

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