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Deimos – El Ángel Exterminador

Los bravos ejércitos de los reinos del sur yacían muertos enel campo de batalla. Los estandartes ardían con sus promesas de gloria yleyenda bajo un sol rojo teñido por la sangre derramada de los caídos, cuyasvoces desgarradoras aullaban con fuerza en el interior de una tormenta decenizas, engendrada por el fuego que consumía a cadáveres de todos los reinospor igual.

Los cuerpos de los guerreros permanecían abrazados en ungesto de redención final, habiendo comprendido el sin sentido de la guerra alas puertas de la muerte. Una imagen de paz, desfigurada por las muecashorribles de sus rostros. Testimonios de una breve visión del destino que lesaguardaba después de la expiación. La muerte no era el final sino el comienzode un tormento, eterno, constante e implacable.

Un rostro sereno destacaba por encima de los demás. Pertenecíaal cadáver del único hombre al que nadie había abrazado. Su armadura negraforjada con escamas de dragón no lucía insignias de ningún reino del sur. Contemplabael cielo con sus ojos verde turquesa sin vida. La indiferencia de su expresióndesafiaba a la muerte. No había en él, el menor signo de sentimiento o emoción,exceptuando una profunda melancolía.

La sombra de un coloso volador navegaba sobre el campo debatalla. Cuando pasó por encima del rostro sereno, sus ojos parpadearon.

El fuego que devoraba su carne se apagó. Sus ojos enfocaronel coloso volador mostrando reconocimiento. Entonces, su cuerpo sin vida seincorporó, ignorando las escamas, carne y huesos que se desprendían de él.

Su mirada de ojos turquesa sin vida, reparó en su brazoizquierdo: un amasijo de huesos carbonizados sin apenas tejido. De pronto,desde el hombro empezaron a crecer nuevos: músculos, tendones, carne, venas,piel y uñas. Abrió y cerró su nueva mano izquierda en repetidas ocasiones, abstraídoen sus pensamientos.

Es la primera vez queme alegro de estar maldito.

La vida luchaba por regresar a su cuerpo: las heridasmortales se cerraban, las señales del fuego se borraban, y las escamas dragónde la armadura volvían a crecer.

Lágrimas de sangre negra brotaron de sus ojos al recordarpor un instante fugaz su existencia milenaria, antes de volver a olvidarla conel primer latido del corazón que impulsaba su nueva vida.

Ahora que los ejércitosdel sur han sido derrotados.

Las señales del paso del tiempo de su vida anterior sebatían en retirada: las canas de su espesa melena se volvían negras como alasde cuervo, las arrugas de su rostro se hundían bajo piel joven, sus músculosrecuperaban el vigor perdido, pero sus ojos… no tenían cura: verdes, furiosos eindomables. Protagonistas de las tragedias de eras pasadas, portadores de unatristeza que no conocía límites, emprendedores de guerras en solitario.

Yo, un Ángel Exterminador, soy la última esperanza de la humanidad.

Capítulo Siguiente: Deimos – El Leviatán

Comentarios de Lester Knight: Hoy es un día especial para mí. Es la primera vez que escribo un relato basado en uno de los protagonistas de las tramas principales de Mundo Destierro: Deimos. Un personaje cuya historia daría para escribir un par de triologias de libros.

Después de unos días trabajando en reformar el blog hoy quería darme un gusto al cuerpo.

Espero que la historia os guste. Habrá una o dos partes más a modo de introducción al personaje.

El hilo de críticas está abierto.

¡Un saludo a todos! Wink

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