Sin categoría

Deimos – El Leviatán

El Leviatán, lanave insignia de los Vampiros Oscuros, sobrevolaba el campo de batalla. Era uncoloso acorazado de metal negro de aspecto siniestro y orgulloso, cuya superficieadornada por relieves de grandes imágenes de poder, simbolizaba la supremacíade los Vampiros Oscuros sobre las demás especies de Mundo Destierro.

La quilla mostraba la imagen del último Rey humano abrazadopor vampiros y vampiras que se daban un festín con su sangre. La proa narrabael nacimiento y ascensión de los Vampiros Oscuros, dando paso desde estriborhasta babor a la historia de la raza: victorias, leyendas, mitos, aniquilaciónde enemigos y sumisión de razas vampiras.

La cubierta mostraba a los líderes de las grandes casas deVampiros Oscuros, arrodillados ante un círculo de Príncipes Vampiros; serestemidos a lo largo y ancho de Mundo Destierro, que a su vez se sometían ante eleje central del relieve: Moebius, Primer y Último Vampiro Oscuro, Fundador yRegente de la Casade Moerbium, Emperador del Norte.

Moebius, ni un millónde muertes me privarán del día en que mi espada se hundirá en tu corazón

Deimos conocía perfectamente el interior del Leviatán. El corazón de una maquinainfernal de Magia de Sangre, alimentada por la sangre de naciones, impulsadapor el poder de una legión de Brujos Nobles.

El único lugar máscorrompido que mi alma

Durante siglos había servido a Moebius como su creación máspreciada: el Ángel Exterminador. La bestia detrás del hombre maldito, dominada,manipulada, pervertida y asesinada por el oscuro corazón del Primer Vampiro.Empujado a cometer pecados que le atormentaban muerte tras muerte sin encontrarla paz.

Ella, tu hija, lamujer que amaba, tu princesa, me libero y tú la sacrificaste.

En los relieves de la superficie del Leviatán, los ojos delos vampiros, diamantes negros del tamaño de un hombre, destacaban por sumirada letal. Eran los conductores mágicos de la Magia de Sangre convocadapor los Brujos del Interior. Artefactos con un poder de destrucción sin igualen Mundo Destierro.

Diamantes forjados conla sangre de mis victimas, vampiros renegados que lucharon contra el tirano.

Algunos de los ojos reconocieron a Deimos de pie, en lo altode una pila de cadáveres, ajeno al horror a su alrededor, ajeno al esplendordel Leviatán, ajeno al temor de un ataque, consciente de que ningún sufrimientoexterior jamás podría ser igual al que sentía en el interior de su alma.

El dolor es mi pasado,el sufrimiento mi presente, y una muerte efímera mi futuro.

Esos mismos ojos, emitieron durante un breve instante, unfulgor carmesí que impactó contra el campo de batalla, invocando una ola defuego gigante. Un torrente de magia salvaje que se extendía a lo largo delhorizonte, barriendo todo a su paso, de camino a la diminuta figura de Deimos,que contemplaba con indiferencia la belleza del hechizo que lo había asesinadominutos antes junto a los ejércitos de los Reinos del Norte.

No existe fuego capazde purificar mi alma maldita, estoy condenado

Capítulo Anterior: Deimos – El Ángel Exterminador

Capítulo Siguiente: Deimos – El Guerrero Invencible

Comentarios de Lester Knight: Espero que os haya gustado el relato. Hoy la escritura ha fluido y me he sentido más comodo que en la primera parte. Se que es un poco corto, he reservado fuerzas para el final del tercer capítulo.

Habréis visto que he subido una canción del Lost Odyssey, es un juego que descubrí tiempo después de crear a Deimos, en el que he encontrado cierto paralelismo entre él y Kaim Aragonar. He puesto el tema principal del juego porque siempre sonaba en mi cabeza cuando escribía el relato, con la esperanza de que la música os acerque a la esencia de la historia.

¡Un saludo! Wink

Gamefilia