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La Era de los Artefactos – Capítulo I – Autor: Ehldair

La Era de los Artefactos
Autor: Ehldair

Prólogo:

Al principiotodo era nada. Total vació. Total silencio. Total oscuridad. Nada. No existíanada…bueno…esto no es del todo exacto: existía Él.

Era omnipresente y omnipotente en toda esa nada. Era suamo, su único observador (si es que se puede observar la nada) y su dueño. Conel paso del tiempo se cansó de tanta nada y decidió crear algo que no fueranada. Y la creó a Ella.

Cogió un poco de nada por aquí, otro poco por allá…unpoco más (si, le gustaban grandes) y convirtió esa nada en existencia .La dotode vida y de personalidad y gracias a ello dejó a un lado todo su aburrimientoante la presencia tan solo de nada.

Estaban juntos todo el tiempo, hablando (imagino que de“nada”), riendo, siendo totalmente felices. Pero llegó un momento el cualdecidieron crear algo juntos, así que se pusieron manos a la obra. Crearon unmundo, crearon un Sol que lo iluminase y lo dotara de calor, ese período sellamo día, pero como vieron que era mucho trabajo para un solo astro, crearonuna Luna, la cual iluminaba mientras el Sol descansaba. Eso se llamo noche.

Se divertíanobservando los ciclos del día y de la noche, maravillados de la perfección desu maquinaría, de la milimétrica precisión. Pero pasado un tiempo eso no lesbastó, y decidieron crear existencia en su mundo. Crearon muchísimos tiposdistintos de seres: mamíferos, insectos, aves, plantas…con lo cual dotaron devida al mundo, y una vez cogida experiencia con todas esas criaturas decidieroncrear una criatura perfecta: el ser humano. Hay comenzó el problema. Él queríaun ser grande, musculoso, potente, de anchos hombros y facciones robustas.Ella, por su parte, prefería una criatura más pequeña, no tan fuerte, pero máscariñosa, observadora, soñadora, pensativa…Como no lograron ponerse deacuerdo, comenzaron una guerra entre ellos, y cada uno creó al ser humanosiguiendo sus preferencias: fue el nacimiento del hombre y de la mujer.

Él instaló el imperio de los hombres en el Estedel mundo, Elidum. Creó la “Espada Sangrante”, con la cual se cortó, y con la sangre que emanó del corte la bañó. Enesa espada puso parte de sus poderes y fue regalada a los hombres.

Ellainstauró la república de las mujeres al Oeste, en la región de Ósvalis, y dotóa sus gentes de la “Corona Majestuosa”. Ésta guardaba sangre suya y poseíaparte de su poder.

Al igual quesus creadores, tanto los hombres como las mujeres empezaron una guerra por elcontrol del mundo. Ellos tenían la “Espada Sangrante”. Ellas la “CoronaMajestuosa”. Miles y miles de niños, niñas, hombres y mujeres morían, pero alinstante eran reemplazados. Ninguno de los dos contendientes conseguía imponersu supremacía. Nadie claudicaba ni nadie se rendía. Era una lucha sin tregua.

La batallase alargó en el tiempo, fueron muchos los años que duró, nadie cedió, perofinalmente terminó. Y terminó gracias al amor entre un hombre y una mujer. Esteamor furtivo dio lugar al primer nacimiento de forma natural de un ser humano:un niño. Se llamó Aatlón. Los tres tuvieron que vivir en la clandestinidad,huyendo de la guerra que seguía asolando el mundo. Para intentar garantizar supropia seguridad e intentar poner freno a la batalla, tanto él como ella decidieronapoderarse de la “Espada Sangrante” y la “Corona Majestuosa”. Una vez loconsiguieron las depositaron en manos de su hijo…pero fue peor el remedio quela enfermedad.

Aatlón consiguió un poder sin límites gracias a los dosartefactos. Si, terminó con la guerra, pero el fin de la guerra trajo consigoel comienzo de su imperio. Fue un imperio lleno de sangre y muerte. Unatiranía. Debido a su poder, nadie era capaz de plantar cara a sus decisiones.Manejaba los designios del mundo a su antojo. Todos estaban bajo sus órdenes.Tanto poder alcanzó que llegó a rivalizar con el de los dos Creadores, Él y Ella, y losdesafió.

Éstos, olvidaron sus disputas de antaño y se apiadaron delos humanos. Decidieron darles unaúltima oportunidad de libertad creando un objeto en el cual guardaron el poderde la magia. Así nació la “Gema Divina”.Con ella, sería posible vencer el poder de los otros dos artefactos. Fuedepositada en la isla Dadaminek, en los confines del mundo, a la espera de serencontrada y utilizada.

Y el momento llegó. Un ser, anónimo,encontró la gema, y con ella consiguió el dominio de la magia. Con esa magiaderrotó a Aatlón. Escondió la “Espada Sangrante” y la “Corona Majestuosa” porel mundo y las desprendió de sus poderes, para que así nadie volviera aesclavizar a los humanos. Después se retiró a vivir a Dadaminek llevando consigola “Gema Divina”. Allí finalizó su vida, y con él terminó la Era de los Artefactos.

Historia Antigua. La Era de los Artefactos.

Tiserón II.

CapituloI:

El verano estaba llegando a su fin.Ni los más viejos del lugar recordaban un verano tan caluroso como aquel. Enese momento todo el pueblo de Luthis se encontraba en la iglesia. El sacerdoteacababa de terminar la lectura de “laEra de los Artefactos” del famoso escritor pagano “TiserónII”.

¡Veis! ¡La magia nunca ha sido beneficiosa!¡Ni siquiera los textos paganosde antaño la ven con buenos ojos!¡La religión es la única que ofrece paz tantoen esta vida como en la otra!¡No a la magia!¡Sí a la fe!¡Sí a la religión!-gritaba el sacerdote con chorretones de sudor resbalando por su rostro.

Parecía que su discurso calaba entre la gente. Después detanto tiempo repitiendo los mismos principios, nadie se los planteaba. La Santa Iglesiallevaba siglos repartiendo su mensaje por todo Relias, el mensaje de queexistía un único Dios, benigno y misericordioso, al cual se llegaría si seseguían todas sus enseñanzas. Estas se basabanen vivir en la humildad, amando a todos nuestros congéneres y sobre todohuyendo de todo aquello relacionada con lamagia. La magia era algo horrendo, algo que no estaba hecho para el ser humano.Menos mal que había desaparecido todo vestigio de magia muchísimo tiempo atrás. Y si por cualquier motivo algún humano decidieraestuviera tentado por la magia, allí estaban ellos, los Santos, losresponsables de repartir laDoctrina Sagrada, para enderezar a aquella oveja descarriada,o en el peor de los casos, de “apartarla” para no contaminar al resto delrebaño. Ellos eran los únicos a través de los cuales la gente alcanzaría lafelicidad, con su Doctrina. Ellos, y no la magia.

De entre todas las personas que se encontraban en laiglesia, había un mozalbete llamado Septus. Era un adolescente de diecisieteaños con el pelo despeinado, moreno y grandesojos color verde. Era delgado y poseía un cuerpo medianamente musculoso graciasal duro trabajo en el campo. En ese momento estaba liberando una intensa luchainterna para no quedarse dormido. A él no le interesaban todas esas historiassobre magia o religión. Si lo más mágico que había visto en su vida era comousar un azadón y una pala…El era feliz yendo a veces a pescar al río, oacampando de noche en el bosque, o saliendo a vislumbrar las estrellas mientraslos demás oraban en sus casas. No estaba hecho para vivir del modo que ordenabala Doctrina,limitando su vida a rezar, trabajar, volver a rezar y volver a trabajar. Ciertoes que no todo el mundo la cumplía a rajatabla, pero si que dejaban que ésta dominaray guiara la mayor parte de su tiempo. Le gustaba su forma de vida, sinoraciones ni prohibiciones, aunque tuviera que trabajar duramente en la huertaque poseían su padre y él. Dado que su madre había muerto al darle a luz a él,vivían solos, pero aun así era feliz.

Ya esta bien por hoy amigos. Recordad la Doctrina y cumplidla sinexcepción. Nos vemos la semana que viene a la misma hora. Id con Dios.-concluyó el sacerdote Moller.

Los aldeanos comenzaron a abandonar los durosbancos de la iglesia lentamente, agolpándose a la salida. Todos se conocíanentre ellos; allí estaba por ejemplo la familia Lester, los dueños de la fraguadel pueblo, o los Pilbod, que trabajaban en el molino. Eran como una granfamilia.

Septus vislumbrómás allá de los portones de la iglesia abarrotados de gente a sus amigos Dereky Matt. Corrió hacia ellos intentando abrirse paso entre la gran mole humana.

¿Qué tal Septus? Divertido el sermón eh…- dijo Matt a modo de saludo. –¿Qué te ha pasado en la cabeza, que te la vienes frotando?

Ya sabes como es la abuela Pilbod, pasé a su lado corriendo y me arreó uncapón porque según ella la había pisado un juanete – gruñó Septus aúnfrotándose la nuca.

¡Ja! Siempre encuentra alguna excusa para arrearnos un capón o un tirón deorejas – rió Derek. – Yo la temo cuando la veo levantar el brazo.

Bueno. – continuó Matt con porte serio – ¿Qué te ha parecido el discurso dehoy? He visto que te estabas quedando dormido…

Ya sabes lo que pienso de todo ese rollo sobre la magia y la fe – contestóSeptus. – No me interesan lo más mínimo.

Pues no debería ser así amigo. Sabes que solo siguiendo y cumpliendo lasenseñanzas de la Doctrinapodremos vivir en paz una vez muertos. No me gustaría que te convirtierasdespués de morir en un skuul o en un goblin por no ser un buen feligrés. – dijoMatt con tono cortante. – O al deberías fingir que te interesas cuando estás enla iglesia. – añadió. –

¡Venga Matt, hablas como una vieja! ¿Alguna vez has visto a alguienconvertirse en un skuul? ¿Cómo sabes que es cierto? Ya hemos discutido muchasveces sobre ello. A mi no me interesa todo eso del descanso eterno. ¿Que graciatiene estar toda la eternidad enterrado bajo dos metros de tierra por muy enpaz que estés? Prefiero divertirme mientras viva, hacer alguna locura de vez encuando, en fin: aprovechar mi vida, sin ataduras ni enseñanzas de por medio. ¿Meentiendes?

Yo estoy con Matt, Septus. – dijo Derek con un leve ápice de preocupaciónen la voz. – También yo me lo paso genial cuando vamos al río o simplementepaseamos por el bosque, pero no por ello dejo de lado la Doctrina. Deberíasrecapacitar, sentar la cabeza y cumplir a las enseñanzas. Algún día te van a coger en alguna de tusescaramuzas nocturnas cuando deberías estar rezando. Entonces tendrás queaprender a respetar laDoctrina por las malas.

No lo creo. Esta todo el mundo demasiado absorto en sus oraciones como parapercatarse de que no estoy en mi habitación haciendo lo mismo. ¿Qué puede haberde malo en salir a observar las estrellas? – replicó Septus enérgicamente. Seveía que no era la primera vez que discutían sobre ello.

A los lejosse oyó una voz. Era el padre de Septus, Beltom. Estaba al lado de la iglesia,que ya se encontraba prácticamente vacía. Era un hombre de grandesproporciones, con un par de brazos los cuales parecían poder tumbar a cincohombres sin apenas inmutarse. Tenía el mismo color de pelo que Septus, bueno,donde todavía existía pelo, y pequeños ojos marrones. Estaba llamando a Septus.A su lado estaba el sacerdote Moller.

¡Septus! ¡Septus! –gritaba Beltom. – ¡Ven aquí!

Éstese despidió de sus dos amigos y se acercó a su padre, que le hacia señas con elbrazo para que se acercara más rápidamente.

¡Acércate, rápido!

Dime papa, ¿que quieres? – preguntó Septus, mirando de reojo a Moller.

El sacerdote Moller y yo hemos estado hablando, hijo – dijo Beltom consemblante serio – Quiere charlar contigo un rato.

¿Conmigo? – dijo Septus, entre asombrado y preocupado – ¿He hecho algomalo? ¿De que quiere hablar conmigo?

No, no has hecho nada malo Septus- intervino el sacerdote con una sonrisade oreja a oreja – Tan solo es una charla informal entre un pastor y una de susovejas.

Septus lo miró incrédulo. No se fiaba en absoluto deaquel hombre.

Entonces, ¿entramos? – prosiguió Moller mirando fijamente a Septus.

Éste miró a su padre buscando un apoyo, pero no loencontró. Así que se dirigió hacia la puerta de la iglesia pensando que diablossería de lo que Moller quería hablar con él.

Mientras el entraba, el sacerdote y su padreintercambiaron algunas palabras más las cuales él no llegó a escuchar. LuegoMoller también entró en la iglesia y cerró las puertas tras de sí con una granllave de hierro.

El mundo de Valandre estaba formado por dos grandescontinentes: Itses y Dalia, separados y rodeados por un océano furioso. Entreeste océano existían pequeñas islas, aunque se desconocía exactamente sunúmero. Itses era el mayor de los dos continentes, y en el vivíaaproximadamente el noventa por ciento de la población, según los estudios deGiglino en su famoso “Estudio sobre Valandre: división y hábitos de lapoblación”. Políticamente se dividía en dos reinos: Relias y Urgota. Reliasestaba formado por las regiones del este y el norte, Elidum y Northgal. Sucapital, Réndora, se situaba justo entre estas dos. La familia Real de Reliaseran los Ordun, con el rey Sotghens a la cabeza, aunque era la Santa Iglesia la quecontrolaba la mayor parte del Consejo, así que realmente ésta era, desde susede en Réndora, quien gobernaba los designios de todo el reino. Por su parte,Urgota, era una dictadura militar desde hacia varios años, capitaneada por elGeneral Hurtgag. Tenía el apoyo de laOrden del Escudo Negro, su guardia y ejército personal, quiénel mismo había fundado años atrás, y del resto del aparato militar. Estabaformada por la región sur y oeste de Itses, Lambtur y Ósvalis. Tenía su capitalen Urgíos, en la parte norte de Ósvalis. De Dalia apenas se sabía nada, era ensu mayor parte un continente sin explorar, un continente salvaje. Su tamaño eranotoriamente inferior al de Itses, apenas una cuarta parte. Había sidodescubierto hacia por lo menos un siglo en una expedición ordenada por, en aquel momento, rey Ardos de Relias. Fundó un parde ciudades a lo largo de la costa oeste, pero jamás se habían adentrado en laprofunda jungla que parecía engullir todo el continente. Se habían puesto enmarcha varios proyectos con el fin de ir habitándola poco a poco e ir fundandociudades, pero por el momento ninguno de ellos había causado el efecto deseado.

Una vezseguro de que las puertas estaban bien cerradas, Moller hizo señas a Septuspara que le siguiera. Fueron andando entre los bancos hasta llegar a unapequeña habitación en la parte izquierda del edificio que hacia las veces dedespacho de Moller. Allí había una mesa llena de pilas de papeles, cartas einstrumental para escribir. En la pared, colgados, había un par de retratos yun mapa de Valandre.

Moller tomó asiento en una gran silla detrás delescritorio e indicó a Septus que se sentara enfrente de él. Se quedó mirándolesin decir nada. El rostro sonriente de antes había sido reemplazado por unextraño rictus. Septus tampoco dijo nada, expectante. Al cabo de unos segundos,Moller comenzó a hablar:

Tanto tu padre como yo, venimos observando últimamente que no prestasatención durante LaCeremonia…

Septus continuó callado. Moller prosiguió, sin apartar lamirada de Septus.

Beltom está preocupado, Septus. Teme por ti. Teme que no sigas la Doctrina. Ya sabesque les ocurre a todos aquellos que no siguen la Doctrina, y tú no eresuna excepción. Dios nos la hizo llegar para poder reunirnos con el una vezdejemos este mundo, y nuestro deber como hijos suyos es cumplirla. Tenemos queobedecer los deseos de Dios, y agradarle en todo lo posible.

Ante esto, Septus bajó la mirada. Se sentía abochornado,pero a la vez furioso por el hecho de ser obligado por todo el mundo a creer enalgo que no sentía realmente. Si el respetaba a los que creían en la Doctrina, ¿por que estosno le respetaban a él?

Tu padre ha intentado por todos los medios que siguieras nuestra fe, perono lo ha conseguido. Por ello, me ha preguntado si yo podía intentar inculcartela fe en Dios, en laDoctrina. Voy a hacer todo lo que este en mi mano paratraerte de vuelta al rebaño. Un pastor debe cuidar de sus ovejas. ¿Tú queopinas? – dijo mirando con un aire claramente curioso.

Ciertamente, Beltom había intentado hacer entrar en razóna Septus, pero éste no le escuchaba. Eran dos puntos de vista completamenteenfrentados. Septus era el que llevaba las de perder, porque parecía ser elúnico, y no solamente del pueblo, que pensaba así.

Señor…eh…yo… – comenzó Septus.

Llámame de tú Septus, estoy aquí para ayudarte – dijo Moller en tonoconciliador.

Bueno…Moller. Yo he intentado de veras creer, seguir las indicaciones de la Doctrina, ser un buencreyente, pero no puedo. No le veo sentido al hecho de tener que basar nuestrasvidas en unas enseñanzas que prácticamente se limitan a ordenar que oremos atodas horas. ¿Por qué? ¿Por qué no podemos vivir nuestras vidas como buenamentepodamos o queramos, sin hacer mal a nadie? – inquirió Septus con cierto tono desafiante.

No hay porqués. LaDoctrina dice lo que se debe y lo que no se debe hacer, y nohay lugar para la duda. Debemos orar para lavar nuestros pecados ante Dios.Para una vez llegue el momento, estemos limpios de pecados y podamos reunirnoscon él. – cortó tajantemente Moller. – Es la palabra de Dios – añadiópausadamente.

Septus no puedo reprimir el impulso de decir lo quepensaba.

¿La palabra de Dios? ¿Pero eso quién lo dice? ¿Quién puede saber si realmenteexiste ese Dios? ¿Quién? ¿Cómo sabemos que lo que realmente quiere de nosotroses que nos pasemos el día orando y “limpiando” nuestros pecados? – estallóSeptus en un ataque de sinceridad.

¿¡Dudas de la existencia de Dios!? ¡La situación es más grave de lo que tupadre me había contado! – gritó Moller levantándose de la silla y llevándoselas manos a la cabeza. – Pero sé que voy a hacer contigo. Tu padre me ha dadosu consentimiento. – dijo un poco más calmado.

Septus también se había levantado de la silla, y ahoramiraba a Moller con aire desconfiado. ¿Qué habían pensado para él su padre y elsacerdote, sin ni siquiera consultarle? ¿Es que nadie pensaba preguntarle quedeseaba hacer con su vida? ¿Es que su opinión era menos valida que la de ellos?Pensaba hablar con su padre en cuanto llegara a casa.

Como “deberías” saber – dijo remarcando la palabra deberías – la semana queviene se celebra la “Gran Ceremonia” en Réndora, en la cual se elige para lospróximos cuatro años un Sumo Sacerdote. Éste, representará a la Iglesia por Relias ygobernará los designios de ésta, como ya he dicho, para los próximos cuatroaños. Esta vez, todo parece indicar que será el sacerdote Kedart quién saldráelegido. Hasta ahora trabajaba enseñando la Doctrina en Anondor, al este de aquí, dentro delvalle formado por los Picos de Andiel.

Septus se quedó blanco por un instante, ante lospresentimientos que se agolparon en su cerebro y en su estomago.

No pongas esa cara hombre – rió Moller – No te voy a mandar a sustituirle,si es eso lo que temías. Lo que vas a hacer es asistir a esa ceremonia, en lacual estarás rodeado por gente de laIglesia, y podrás empaparte de conocimiento y sabiduría.Además, después mantendrás una conversación con Kedart, así podrás formularletodas las dudas que te carcomen sobre la Doctrina y sobre Dios.

Septus no supo que decir. La simple idea de tener que irhasta Réndora le entusiasmaba. El hecho de asistir a esa ceremonia era lo únicoque le fastidiaba, pero no lograba empañar del todo la perspectiva de viajarhasta la capital. Nunca había estado en Réndora, pero los mercaderes ambulantesque en primavera acampaban en Luthis, la describían como una ciudad enorme,llena de gentes de múltiples regiones, mercancías exóticas, mercaderes de todotipo, de avenidas gigantescas…Una gran metrópoli gobernada por el granCastillo Real y por laSanta Sede de la Iglesia. Desde luego que no iba a decir que noante la posibilidad de tal aventura. Una vez allí tendría que asistir a laaburrida ceremonia, pero lo compensarían con creces todas las posibilidades queese viaje le descubría en el horizonte.

El sacerdote lo miró pausadamente, y ante la vista de queSeptus no iba a responder con una negativa, éste sonrió y escribió rápidamente,con trazos finos y alargados, dos misivas distintas.

Cuando llegues allí debes presentar esta carta – dijo señalando la quetenia en la mano izquierda – a losguardas de la puerta de entrada a Réndora. Te servirá como salvo conducto ycomo invitación a la “Gran Ceremonia”. Una vez concluida ésta, entrega estasegunda carta a Kedart, en la cual le indico el motivo de tu estancia enRéndora a la vez que solicito que te reciba para que podáis conversartranquilamente. He pensado que no estaría de más que te acompañasen Derek yMatt, no te desviaras mucho de laDoctrina si ellos están a tu lado.

Esto no le hizo mucha gracia a Septus, pero aun así seresignó, pensando en su inminente partida hacia la gran Réndora.

¿Cuándo he de partir, Moller? – preguntó Septus contemplando las dos cartasque el sacerdote le había entregado.

Mañana aprovechad para hacer los preparativos, ya que deberéis ir a pie. –le dijo mientras le soltaba una bolsita de monedas en la mano. – Si nada setuerce no tardareis más de cuatro, o a lo sumo cinco días, en llegar a Réndora.Eso me recuerda una cosa. – dijo, mientras se aproximaba a la pared y extraíadel marco el mapa que colgaba de la pared. – Toma Septus, es un mapa deValandre. Te será de gran ayuda para no perderte y para que llegues a tiempo ala capital. Ya me lo devolverás una vez que regreses. Pasado mañana esperadmelos tres al amanecer en la salida sur de Luthis. Buenas noches.

Y con estas palabras, Moller se despidió de Septus acompañándolohasta las puertas de la iglesia, dejando a éste soñando con mil y una aventurasen su camino a Réndora. Se había hecho de noche en el transcurso de laconversación dentro de la iglesia, pero Septus no se percató. Sin saber muybien lo que hacia, salió corriendo hacia la espesura del bosque, conteniéndoselas ganas de gritar de júbilo. No era el momento de orar.

Continuará….

Comentarios de Lester Knight: Hace unos días me encontre con una grata sorpresa en mi correo. El e-mail de Ehldair. En él me comentaba que estaba creando una historia basada en un mundo propio y que si me gustaba podía publicarla en el blog. Al momento abrí el e-mail.

No conocía a Ehldair y tenía mucha curiosidad por leer su historia. Nada más empezar a leer me gusto, había un esfuerzo visible por recrear un mundo propio: historia, ambientación, nombres, contexto. El prólogo se me paso volando y ataque el primer capítulo. Toda una sorpresa de inquietudes de adaptación, visión de la sociedad, desarrollo de la personalidad adulta, amistad… amenizado con un relato que se deja leer muy bien.

Al terminar la lectura quede encantado, además de gustarme la inocencia y frescura del relato, contrasta con el ambiente oscuro y opresivo de la mayor parte de relatos que se publican aquí, dando lugar a una mayor variedad.Ya tengo ganas de leer y publicar nuevos capítulos.

Gracias Ehldair por tu colaboración Wink

¡Ánimo con el siguiente capítulo! Kitten

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