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Los Viejos Tiempos III – Autor: The_unforgiven_too

Los Viejos Tiempos

Prólogo

Duermo.Pero al mismo tiempo estoy despierto. Primero oigo el crujido a mialrededor, huelo el aire quemado, saboreo las cenizas. Sientocrepitar el suelo bajo mis pies, y, por último, veo el fuego,el más ardiente fuego que pudiera imaginar. Pero no me quemo.No se quién soy, si soy hombre o mujer, animal o humano, ser ono ser.
 
Cadavez que duermo, algo más se revela. Como pequeñaspiezas de un puzzle extraño, todo empieza a encajar segúnla negra niebla se esfuma y revela mi alrededor. Hoy es el fuego,rojo y dorado, hipnotizante y lujurioso en su danza. Y entoncesdespierto.

 

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I

La tarde agonizaba en la ciudad. Las luces empezaban a encenderse, yatraían como polillas a los aldeanos que aún seguíancon las tareas del día. En las tabernas, las primeras jarrassalían a las mesas, y las anécdotas del día ylos abrazos entre amigos compensaban el duro trabajo diario deltrabajador común. Era la hora de hacer negocios para Grosh yMerklin. Conforme las estrellas empezasen a salir, las jarras seconvertían en vómito, las anecdotas en amenazas, y losamigos en enemigos. Pero para ese momento, ambos ya estaríanfuera, huyendo del ruido, y buscando un sitio para dormir. Eso si elhombre que estaba delante suyo no paraba de hablar hasta entonces,claro.

    “…y esa es mi oferta.”

    Grosh y Merklin se miraron mutuamente. Era rara la ocasión enla que estaban de acuerdo respecto a los trabajos. Élintentaba compaginar la tarea de ganar dinero con la de ayudar a lagente, pero ella prefería los contratos de más nivel ymayor sueldo. Tras la discusión de rigor, era el hombre el queterminaba dando la razón, para no tener que aguantar máslos desvaríos de la chica. Pero eso no iba a suceder hoy.

    “Ni de coña. ¿Para eso te ayudamos con el tema de laavispa gigante? ¿Para que nos trajeras un estúpidocontrato sin valor alguno?” Gritó Merklin.

        El tembloroso hombre que tenían delante se llamaba Wong, y su familia provenía del Este, lo que le dió unos ojos finos, que costaba encontrar en su enorme cara. Su físico estaba más bien deteriorado, con una enorme papada que le hacía parecer un enorme cerdo. Sudaba como si le fueran a sacrificar, cosa nada extraña teniendo en cuenta los ropajes que llevaba. Un enorme chaquetón de cuero recubría varias capas de ropa, y encima de él, una serie de fetiches adornaban su gran torso. El más llamativo era la medalla que le acreditaba como Asignador oficial del Imperio. Ante la cantidad de problemas sobrenaturales que azotaban las ciudades, y el hecho de que ningún jefe de guardia quería perder a un hombre para solucionarlos, el Emperador no tuvo más remedio que nombrar a una serie de personas de confianza, las cuales visitarían las ciudades asignadas con frecuencia, y tomarían nota de los problemas que la guardia no podía arreglar. Wong era uno de ellos, y por eso era una persona muy querida en la ciudad, puesto que aseguraba que los problemas se iban a solucionar rápido: las recompensas por realizar sus trabajos no eran bajas precísamente.

      “Pppero, amigos míos. ¡Ees un contrato muy bueno! Noes más que encontrar una simple piedra preciosa, una pequeñareliquia muy querida para alguien nostálgico. La cantidad dedinero que recibiréis por esa simple piedrecita es tan grandeque podréis beber hasta olvidarlo.” El hombre teníaun tembleque en la mano bastante evidente, aunque era lo normal enél. Merklin a veces pensaba que en cualquier momento se iba acaer fulminado, de un ataque al corazón, probablemente.

      “¡Me da igual! Esas tonterías son tan impropias degente como nosotros, que me extraña que tú mismo hayasaccedido a llevar el trabajo, Wong. ¿Qué le pasóa tu buen olfato a la hora de buscar encargos?”

      “Te aseguro, querida Merklin, que está tan desarrollado comode constumbre. Por lo que sé, no os será difícilencontrar la piedra, y menos aún traerla hasta aquí. Ysólo por eso, ya os llevaréis 25 monedas de Oro.”

      Grosh permanecía callado durante toda la conversación.Aquello no era lo suyo, ciertamente. Claro, que realmente no estabaseguro de qué era lo suyo. La chica que tenía sentadaal lado prácticamente hacía el trabajo duro sola, y élse encargaba de apoyarla. Si sumamos ésto al hecho de que suséxitos con las mujeres cada vez estaban más espaciadosen el tiempo, pues tenemos como resultado que el “gran norteño”(como le llamaban en aquel lugar), tenía la autoestimabastante baja.

      “¿Sabes qué? Que sea la última que nos hacespasar por algo así. Además ¿Quién se hacreído que es ese tío para mandar a unos aventureros apor sus tonterías?” – Terminó por acceder Merklin.

      “Bueno, para empezar es bastante arrogante, me trató como sifuera un mayordomo de los muchos que tiene en su casa. Además,parecía muy ocupado, y me estuvo esperando durante másde una hora. En fin, supongo que los Magos son así pornaturaleza.”

      Repentínamente, Grosh levantó la mirada, como si lehubiera mordido una serpiente, cogió del brazo a Merklin, y selevantó.

      “Lo siento, no me gustan los magos.Para mí la conversación ha terminado” Sin nisiquiera pagar la cuenta, empezó a andar hacia la puerta,llevándose a la pequeña Merklin a la fuerza.

      “¡Espera! De algún modo,el Mago supo que no aceptaríais. Me dijo que en caso de queasí fuera, os enseñase ésto.”

      Wong abrió una de las bolsas, y enseñó sucontenido a la pareja, de una manera discreta. Estaba llena de oro ypiedras preciosas, tan relucientes que la pareja de mercenarios tuvoque entrecerrar los ojos para no quemárselos.

      “Ejem, voy a hablar con mi amigo,ahora venimos” Dijo Merklin con la más falsas de lassonrisas que pudo mostrar. – “Y tú, suéltame, que mehaces daño.”

      El bárbaro soltó a la chica, y se dispuso a escucharla retaíla de súplicas y amenazas para que aceptase elcontrato.

      “Piensa en lo que podemos hacer contodo ese dinero. Podríamos irnos por fin de aquí, ymarchar al Sur, más allá del mar.”

      Después de unos cuchicheos, unas cuantas subidas de tono, yalguna que otra colleja, ambos volvieron a la mesa en la que Wong lesesperaba.

      “Dime dónde empezamos a buscar.”

      Continuará…

       

      Comentarios de Lester Knight: Hoy es una colaboración muy especial para mí. En los inicios de Mundo Destierro. Cuando apenas nadie conocía el blog. Tuve un primer visitante que comenzó a comentar de modo asiduo, dándome ánimos para seguir adelante con el blog. Esa persona fue The_unforgiven_too

      La suerte estuvo de mi lado. Al poco tiempo ya tenía unos lectores maravillosos, que han hecho llegar a Mundo Destierro ser lo que es. Y si me preguntan cual fue el punto de inflexión, lo tengo muy claro.

      El día en que The_unforgiven_too me entregó la primera colaboración de Mundo Destierro: Los Viejos Tiempos. Un relato de dragones y mazmorras A partir de ahí las colaboraciones se sucedieron, hice nuevos amigos y tuve suficientes apoyos para poner en marcha la comunidad literaria. Algo impensable en los inicios del blog.

      Hoy por fin publicó la tercera parte de su relato. La tenía desde hacía cierto tiempo, pero gracias a tantas buenas colaboraciones que he ido recibiendo, ha llevado su tiempo que le llegará su turno por orden de entrega.

      Es para mí un gran placer retomar esta historia. Es como volver a los inicios del blog. Sigo manteniendo la misma ilusión y es gracias a vosotros. Estoy encantado con vuestras colaboraciones y apoyo.

      Desde este humilde hogar, siempre habrá un rincón para la literatura de todos. Los relatos que escribimos con tanta ilusión esperando hacer pasar un buen rato. A quienes ya formáis parte de la familia os doy un abrazo, y a los que todavía no habéis publicado un relato en Gamefilia, os invito a hacerlo en mi casa, donde seréis recibidos con los brazos abiertos.

      Sé que no he hablado mucho del relato hoy. Pero después de haberlo leído seguro que me entendéis, es bueno, muy bueno. El amigo The_unforgiven_too crece relato a relato. Estad preparados, lo que viene es mejor.

      ¡Un saludo a todos! Wink

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