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Jugando con el destino – Capítulo I: Las cadenas del fin – Autor: Ehldair.

Jugando con el destino.

Autor: Ehldair

Capítulo I: Las cadenas del fin.

Nada más llegar desmontó del caballo. La capa que le cubría era del mismocolor del cielo; oscuro. Era una noche cerrada y el viento agitaba un intensohedor a podredumbre y muerte. Provenía del triste estanque que rodeaba la zona.En el centro del estanque, ante él, se levantaba una estructura antañogloriosa, pero la cual se encontraba en ruinas debido al paso del tiempo. Erade formas redondeadas, y tenía varios agujeros en la zona frontal. Se veíanpiedras y demás partes del edificio a los pies de éste y sobresaliendo delestanque.

Por encima de ella, en suspensión, levitaban dos anillos concéntricos, unoencima de otro, que eran atravesados por un débil rayo de luz ámbar el cualparecía provenir del impenetrable y negro cielo. Aún en el estado en el que seencontraba la estructura, se adivinaba su naturaleza arcaica, sobrenatural.Llevaba en pie desde el principio de los tiempos, generación tras generación, yasí debía continuar por toda la eternidad.

El jinete de la capa oscura se aproximó a la entrada sorteando toda suertede obstáculos: piedras, plantas, charcos y toda clase de restos humanos yanimales. La zona estaba llena de cadáveres en diferentes estados dedescomposición. Los había que parecían recientes y otros que tan solo estabancompuestos de pocos y desgastados huesos. Siguió ascendiendo la escalinata quele aproximaba a su objetivo y se paró ante la puerta.

Se podía intuir en el borde grabadosde escritura rúnica. Apenas se podían leer, y el jinete los recorrió con losdedos sucios de la mano, como intentando reconocerlos. Apenas llegó al último,agachó la cabeza, juntó las palmas, cogió aire, y emitió un gritó grave,antinatural, inhumano. Todo el ruido de la zona cesó, las aves negras seelevaron desde las copas de los árboles que crecían en el estanque, los grilloscesaron de cantar, los sapos dejaron de croar. El tiempo que siguió al alaridono se puede precisar. Tal vez fueran segundos, o tal vez horas, pero lo que esseguro es que la vida parecía haber dejado de existir allí. El jinete habíacaído abatido de rodillas ante el portal. Se levantó cansinamente y se internólentamente en la oscuridad de la estancia.

Una vez dentro, esperó a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. Sehallaba en un pasillo que se extendía hacia el fondo y terminaba en unaestancia iluminada. Avanzó lastimosamente hasta llegar al final del pasillo. Lahabitación que se encontraba ante él era amplia y circular. En centro de lacúpula del techo se hallaba una enorme abertura que dejaba vislumbrar el cielo.Esta era atravesada por el rayo de luz ámbar. El rayó iba a desembocar justo enel centro de la estancia; y fue en ese momento cuando se percató.

Allí, en el centro, estaba su objetivo, el motivo por el cual se habíadesplazado hasta aquel rincón alejado de toda civilización. Era un anciano. Seencontraba encadenado a los extremos de un majestuoso y a la vez escalofriantetrono de marfil negro. Su cuerpo estaba encogido flotando sobre la base del trono,y el rayo ámbar le atravesaba por la cabeza y recorría todo su cuerpo, lo cualle daba un brillo sobrehumano. No respiraba.

El jinete no se movió. El anciano siguió sin respirar. Entonces, el jinete,lentamente, se fue acercando paso a paso hacia él. El anciano seguía sinrespirar y con los ojos cerrados. Apenas le faltaban por recorrer dos metros ytodo habría acabado. Desenfundo su arma y la alzó para asestar la mortalpuñalada. En ese momento, el anciano abrió los ojos. O lo que quedaba de ellos.En su lugar tan solo se encontraba sangre reseca de muchos años. Aun así,parecía poder ver al atacante, ya que dirigió la cabeza hacia él.

Este dejó caer el arma entre gritos de dolor y echo a correr hacia lasalida. Mientras corría se llevó las manos temblorosas a la cara y se metió losdedos en las cuencas de los ojos. La sangre comenzó a manar descontrolada desdesus parpados. No paraba de gritar. De un fuerte tirón consiguió sacárselos. Enla entrada tropezó con una piedra y cayó al estanque. No volvió a salir a lasuperficie. El único vestigio de su paso por allí serían sus ojos, que seencontraban en un peldaño de las escaleras. Unos ojos sin vida. Unos ojos quehabían mirado a la cara de la agonía. A la cara del dolor. A la cara de un finque se hallaba muy próximo.

Continuará…

 

Comentarios de Lester Knight: La evolución de un escritor no siempre es visible. Los cambios imperceptibles suelen ser la moneda de cambio, que relato a relato van evolucionando su estilo, hasta que de pronto un día, al leer algo nuevo de él te dices: ¡menudo cambio!. En el caso del amigo, Ehldair. No ha sido así.

Sus comienzos con el relato activo La Era de los Artefactos. Una historia prometedora de jóvenes adolescentes, búsqueda del pensamiento propio y conflicto contra una sociedad de prejuicios, que regula lo aceptable o no, ambientando en un mundo de fantasía, llamó la atención. Pero, nadie pudo imaginarse el giro radical que daría en Jugando con el destino.

En el email que adjuntaba el relato. Me comentó que el verano le había sentado bien. Se sentía inspirado y con fuerzas. Yo me imaginé que leería algo diferente, aunque no tanto ni tan bueno. Una historia oscura, madura, dinámica y directa. Todo lo que no había hecho en La Era de los Artefactos, lo hizo aquí.

¡Felicidades, Ehldair por tu nueva gran historia, y gracias por colaborar con Mundo Destierro!

¡Un saludo a todos! Wink

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