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El Cazador – Endimión Tau – Capítulo III: Conciencia

¡Luchemos, es nuestra única oportunidad!

¿Ahora, no? ¿El miedo que se teescurre entre las piernas te ha devuelto el valor? ¡Cabronazo! Tuvimos nuestrooportunidad y ya ha pasado ¿Es que no lo has visto? ¡Le abrí un puto boquete enel estomago…y seguía con vida! ¿No viste sus reflejos? ¡Al puto segundo mehabía pinchado con su daga! ¡Sin el elemento sorpresa somos dos ancianitas paraél! Además, dudo que te disparo lo hubiera matado. Esa cosa no es humana.

Recuerda, es un mentalista.

No, es algo mucho peor. Tío, enmí vida he visto muchas cosas que no debería haber visto: locos, violadores,asesinos en serie, torturadores, suicidas, carniceros, senadores, e inclusomentalistas, y ese hijo de la gran puta se lleva la palma. Es un demonio.

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¿Y qué vamos a hacer?

Seguir corriendo y rezar porque las heridas le impidan alcanzarnos.

Ambos sabemos la verdad.

Sí.

En cualquier momento aparecerá de la niebla y se llevará a uno denosotros. El otro no andará ni cien pasos más.

¿Y qué propones genio?

La lucha es inútil. Separémonos. Uno de los dos morirá. El otro quizásllegue hasta el radio de la estación repetidora y logre pedir refuerzos. Estáherido. Lo matamos hoy de una jodida vez o en tres meses no quedará nadie convida.

Es lo primero coherente que dices en todo el día. Estoy contigo.

Somos Zorros Negros en la vida y en la muerte.

Somos Zorros Negros en la vida y en la muerte.

 

¡Apaga esa puta bengala verde! ¡Apágala! ¿Estás loco o que?

Estás herido. Sigue vivo por mi culpa, y yo puedo correr más. Dilé alos chicos que morí con honor. No quiero ser recordado como el payaso quesacrifico a Titán para nada.

¡Hostia puta, tío! ¡La daga estaba envenenada! ¡Te crees que voy allegar a la estación repetidora!

Desde luego. Sigues vivo después de toda la mierda que te bebes cadanoche. No me jodas, y se el puto soldado que eres un rato más.

Adiós, hermano.

Adiós.

Corría empuñando con el brazoizquierdo en alto la bengala verde, y el fúsil láser colgando debajo de suhombro derecho, cogido por una correa que pasaba por su clavícula izquierda.Mientras, con la mano derecha registraba los bolsillos de la espalda de sutraje termo-óptico apagado, cuyo escudo de energía producía un leve murmullo,indicando que se encontraba a máxima potencia, en detrimento de las otrasfunciones.

Cuando encontró la jeringuilla sela miró unos segundos, recordando las indicaciones de los doctores muerte: sóloen caso de emergencia. Alto riesgo de infarto.

Hoy no voy a morir por una droga. Ya me gustaría.

Clavó la jeringuilla en la partelateral más flexible del traje termo-óptico por encima de la cadera, y en unossegundos sintió el subidón de la droga de rendimiento físico. Sus sentidos seagudirazon convirtiendo los segundos en una eternidad, y la potencia de sucuerpo se amplífico más allá de los límites humanos. Sabía que la drogaconsumía años de vida, y que producía microlesiones, algunas irreversibles.

No tenía alternativa.

Su carrera se transformó en unvuelo por encima de la Jungla. Corríaen largas zancadas sin apenas rozar el suelo. Cuando se le apareció un troncocaído que bloqueaba el camino hasta dos metros de altura, no dudo en saltarlosin el menor esfuerzo.

Y, no obstante. Seguía siendolento para él. Sus nuevos sentidos le advirtieron de una mancha borrosa que sedesplazaba a su alrededor, delante, detrás, a la izquierda, a la derecha,encima, delante, y vuelta a empezar. La niebla y la lluvia cubrían la mayorparte de sus movimientos. Cada giro alrededor de él, era un poco más estrechoque el anterior.

Lo que más miedo le produjo fuela certeza de que el Predador no usaba estimulantes. Tal vez su compañerotuviera razón, y fuera un demonio, o más bien: El Demonio.

Debía ser paciente. Dejo que seacercara más. Programó una nueva configuración de fuego en el fúsil láser:ráfaga expansiva de dos metros a partir del eje. Sólo tenía que acertar una vezbien para alcanzarlo. Estaba demasiado cerca para que tuviera tiempo deesquivar semejante ataque.

¡Sé que estás ahí, demonio!

¡Tú y yo tenemos una cuenta pendiente!

¡Me debes una muesca en el fúsil, y pienso cobrarmela ahora!

Empuñando el fúsil láser con unamano sin dejar de correr, siguió el movimiento de la mancha borrosa que era elPredador, y cuando lo tuvo bien cerca de su izquierda disparó. El Predadoresquivo la ráfaga que partió un par de árboles, sin tiempo a trazar unaofensiva. El soldado, gracias a la droga, era capaz de verlo parcialmente yseguirlo. Los disparos se sucedieron obligando al Predador a alejarse.

Eres un cobarde, Rickkon.

Una voz distorsionada, cruel ysarcastica se introdujo en su mente para no volver a salir, nunca más.

Lo sé todo sobre ti, Rickkon.

¡Cállate, Demonio!

La carcajada siniestra queescuchó en su mente fue tan terrible, que sus musculos se estremecieron a pesardel esfuerzo y la concentración de carrera.

Te conozco, Rickkon. Mejor de lo que te conoces a ti mismo. Leo tusrecuerdos negados y olvidados. No eres más que un cobarde. El peor cobarde detodos: el cobarde desleal.

¡Cállate!

La desesperación de Rickkon leimpulsó a abrir fuego indiscriminado por toda la jungla. La lluvia y la nieblase evaporaban en una tormenta de astillas y árboles caídos. El fuego seextendía por la jungla humeda, haciendo caso omiso a las dificultades. Lasoleadas de miles de grados del fúsil láser no podían ser detenidas por agua.Tal era su temperatura que el agua de la lluvia y la humedad, le hicieron decombustible amplificador, creando llamaradas fascinantes que serperteaban porel aire, consumiendo la jungla en un festín de fuegos.

Bonitos fuegos artificiales, Rickkon. ¿Intentas impresionar a unachica? Ah, es cierto. Jamás has impresionado a ninguna. Ni a nadie, de hecho.Eres un fracasado y un cobarde.

¡Cállate!

El Cazador siguió torturando su mente,ajeno al incendio que devoraba la jungla. Saboreando cada matiz del sufrimientoy la angustia de Rickkon.

Abandonaste a tu familia, Rickkon. Buena gente. Trabajadora y honrada.Más de lo que yo tuve jamás. Los abandonaste porque no soportabas una vida detrabajo duro. ¿Era tan malo el campo, Rickkon? Claro…El Príncipe, Rickkon.Señor de los desposeidos y las miserias. Merecía algo más.

El pecho de Rickkon le ardía. Lecostaba respirar y sentía punzadas en el costado izquierdo. Le pesaba el brazoizquierdo. Ya no le quedaban fuerzas para hablar. Sólo para correr y huir. Yafuera la muerte o la verdad, no estaba preparado para ambas, ni nunca loestaria.

En un esfuerzo final se perdió enla jungla virgen, libre de llamas, con la esperanza de que el Predador leolvidará.

Soy la muerte que llama a tu puerta reclamando tu patética alma sinlegado.

Es pronto. Mediodía. Hay tiempo para hablar, y sincerarse ¿verdad,Rickkon?

Cuentame. ¿Cómo te sentiste? Tú ya sabes a que me refiero. El día enque te fugaste de casa sin una triste despedida o nota. Tu madre murió enfermadel disgusto ¿lo sabías? No claro. No te importa nadie excepto tu mismo.Enfermó cuando se entero de que habías acudido a la ciudad con la intención deconvertirte en soldados. Pero no hubo gloria ¿verdad, Rickkon? Los mercenariosse rieron de ti. El Gran Rickkon. Así que te viste obligador a dejar las cosasclaras, cogiendo un fúsil y asesinando a un pobre mendigo que dormía al otrolado de la calle.

Tu madre murió a los seis meses de la depresión, y tu padre no tardo enacompañarla, consumido por la pena. Ahora la granja de tu familia no es más queuna ruina maldita.

Pero la cosa no quedo ahí ¿verdad, Rickkon? Tus compañeros no terespetaban. Eso no podías soportarlo. Los asesinatos a medianoche pronto sehicieron conocidos en el cuartel. Te gustaba matar por la espalda para no versu ojos, su mirada de suplica. Querías quitar vidas sin desvelarte por lasnoches.

Yo te voy a ejecutar mirándote a los ojos, Rickkon.

No eres tonto, al menos. Cuando sospecharon de ti refinaste tusmetodos. Descubriste el mundo de la traición y el engaño. Compañeros ejecutadospor robos o violaciones no cometidas. Esas chicas aún recuerdan tu voz de niñoy tu sudor de cerdo, pero supiste hacer correr los rumores sin que tú fueras lafuente.

A Rickkon le costaba respirar.Dejo caer el fúsil láser al suelo. Soltó las hebillas de su equipo, y abrió sucasco, arrojándolo a la espesura de la jungla. El agua helada de la lluviasobre su rostro fue un breve alivio.

Titán te conocía bien. Era un buen soldado, el único digno de morir pormi mano. Alimentó tu ego, te hizo sentir importante, y te uso para los negociossucios de la unidad: drogas, compra y venta de armas, contratos privados,sobornos. Tú eras su chico. Pobre imbécil. Titán te despreciaba cada vez que ledabas la espalda. Era un hombre digno. Sabía que en este mundo alguien debíarelacionarse con los gusanos. Por eso te recluto, Rickkon. Eres el mayor gusanoque conoció en su vida.

Sólo necesitó tu ayuda una vez en la vida, y le fallaste. Si mehubieras disparado ahora yo estaría muerto. Pero le fallaste. Como le hasfallado a todo el mundo que te ha conocido. Has huido toda la vida de ti mismo,tu fracaso, tu cobardía, y de la responsabilidad.

Eres un hombre de barro jugando a mayores.

Vaya, vaya, vaya. ¡Rickkon! ¡Qué callado te lo tenías! ¡Sí tienesconciencia!

La conciencia es una mala compañera en este negocio, amigo mío. No estáal alcance de cualquiera. ¿Ves, Rickkon? Cuando a una mierda de hombre como túle da por tener una pizca de conciencia le da un infarto.

Uh. No me gusta esa cara. Te estás poniendo morado. No hace falta quete pongas en pie para saludarme. Somos viejos amigos ¿verdad, Ricckon? Porfavor, sigue apoyado contra el árbol. No te molestes por mí.

¿Te gusta mi herida, Rickkon? No es nada comparado con lo que voy ahacerte.

Ey, ey. No te me mueras. Eso está mejor. La adrenalina es tu amiga. Novas a perderte la fiesta en lo más interesante.

¿Sabes, Rickkon? No me gusta la soledad. Así que he recogido tu casco,y me he tomado la molestia de activarlo en todas las frecuencias. Tal vezquieras decir algo a tus compañeros antes de morir. Que menos por mi parte querespetar tus últimas palabras.

Dame unos segundos. Perfecto.

¡Qué valiente es mi Rickkon! Clavar una mirada infartado y seguircallado a las puertas de la muerte, es tal vez lo más valeroso que has hecho entu vida.

¿Crees que el silencio protegerá tu pasado? Te equivocas. Cuando tehaya ejecutado, pienso tomarme la molestia de escribir con tu sangre una carta,se la voy a hacer llegar a tu querido general, para que él y todos tuscompañeros, sepan en el tiempo que les resta de vida lo cobarde y miserable quefuiste, Rickkon.

¿Qué si tengo conciencia y soy humano? Por supuesto, Rickkon. Es lo queme impulsa a limpiar el universo de escoria como tú.

¡Rickkon!

El soldado herido que continuabala marcha hacia el repetidor estaba preocupado por su compañero. Había perdidoconexión telepática con su unidad desde hacia un rato. Se imaginó lo peordespués de ver a lo lejos la jungla arder en llamas. Pero el sonidodistorsionado que precedió al sonido de entrada de la conexión le devolvió laesperanza.

Dame un motivo para que perdone tu vida.

Un aullido terrible y desgarradorque sólo podía ser Rickkon penetró su mente a fuego sin compasión. Tal fue laimpresión que se cayó al suelo aturdido, luchando por arrancarse el casco. Síquería mantener la cordura no podía escucharlo más.

Cuando había abierto los cierresy se lo iba a quitar, se hizo el silencio. El silencio más abrumador quehubiera escuchado en su vida. La lluvia cesaba, la jungla enmudecía y el gemidode Rickkon se desvaneció para no regresar nunca más.

Estaba solo y herido en lajungla. Todos sus compañeros habían muerto, y el Predador ahora iba a por él.

Por primera vez en su vida,sintió un miedo implacable: sin defensas, sin salvación, sin esperanza.

Nadie saldría con vida deEndimión Tau, excepto el Predador, ahora lo sabía.

Él no era un Demonio, era La Muerte.

 

Comentarios de Lester Knight: Twisted Evil

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