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La Muerte Púrpura – Capítulo III – Autor: ErikAdams

La Muerte Púrpura.
Autor: ErikAdams.

VI

-“la muerte púrpura” lo ha vuelto ahacer…- La cara de estupor de la gente dejaba ver el miedo que sentían alpronunciar aquel nombre maldito. Era la quinceava victima de aquel demonio enlo que llevaban de mes y la histeria colectiva empezaba a extenderse por todoBrondesmar. Quince prostitutas cruelmente mutiladas al alba por un serdesconocido, y la guardia real no parecía hacer nada para evitarlo. Un testigohacia dos días aseguraba haber visto una sombra púrpura alejarse lentamente dellugar de los hechos. Por eso mismo los hasta ahora felices habitantes de laciudad habían dado aquel nombre al asesino.

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Cuando el número de victimas ascendió amás de cincuenta, la guardia real empezó a tomar cartas en el asunto, ydestinaron a un pelotón exclusivamente para intentar investigar y detener loshorribles crímenes que se estaban produciendo en los últimos tiempos. Estotranquilizo a la población, y más aun cuando corrió el rumor de que habíandestinado para tal tarea a Tesyré, la investigadora más audaz de todo elimperio, a la par que uno de los más grandes Heroes que se recordaban desdetiempos inmemoriales. De esta manera, en los callejones no se escuchaba otracosa que no fuera los pormenores y nuevas noticias que se conocían sobre lapeculiar investigación.

Esto, alimento el ánimo de la gente,que a pesar de que veían que noche tras noche iba creciendo el número devictimas veían que el círculo se iba cerrando alrededor de un misteriosoextranjero que habia llegado a la ciudad unos pocos años atrás. Síi, el ánimoempezaba a subir de nuevo, hasta que una mañana al alba, las esperanzasdepositadas en su gran héroe cayeron por su propio peso, al hallarse en elmedio de la plaza del mercado al pelotón completo masacrado sin compasión, aTesyré colgada de lo alto del mástil que hacía las veces de tablón de anunciosgoteando sangre en el empedrado suelo, y una figura alta y vestida con unaimponente armadura de Purpurita en el centro, silenciosa y quieta como unaestatua. La gente se aglomeró a su alrededor a una distancia prudencial,mirando la enorme espada manchada de sangre que sujetaba con una sola mano.¿Qué tipo de demonio era capaz de acabar el solo con uno de los laureadospelotones reales? El miedo se palpaba en el ambiente, y como siempre sueleocurrir con el miedo, éste le hizo tomar a la muchedumbre la decisiónequivocada.

Se lanzaron como una jauría de loboshambrientos sobre el hombre solitario al verse en clara superioridad numérica,sin tener en cuenta que una persona capaz de acabar con guerreros entrenados ycon experiencia en mil batallas, tendría habilidad suficiente como para acabarcon un puñado de comerciantes y campesinos. Asíi que no hubo ni uno de ellosque pudiera prever el infierno que se iba a desatar en pocos instantes sobre laciudad.

En un mundo cuya magia es regida por elodio del que la práctica, era poco aconsejable encararse contra alguien quealbergaba en su interior odio en su mas pura definición. Odio hacia la codicia.Odio hacia la estupidez. Odio hacia el egoísmo. Odio hacia la mentira… Endefinitiva, odio hacia la especie humana.

Una columna de fuego se elevó y seproyectó en todas direcciones calcinando todo aquello que estuviera en sucamino en un radio de varios kilómetros. Casas, jardines, árboles, aves,mamíferos… todo se volvió polvo al sentir el abrasador calor de aquel hechizode fuego. Tal fue el poder liberado, que cuentan las leyendas que de estamanera fue absorbido todo el calor de aquel verano, y a partir de ese instantecomenzó el crudo invierno.

No cabía duda, los años sirviendo aaquel poderoso mago, le habían enseñado a Ellar algo más de lo que en principiopodía parecer.”

VII

Elsol comenzó a asomar por el horizonte, y Ellar volvió a la realidad de un plumazo.Volvía a estar sobre la colina. Escucho a lo lejos el cantar de un gallo queanunciaba el nuevo día. Habia llegado la hora, y a pesar de sus dudas inicialesde sí había necesidad de continuar con la plaga que había sembrado a su paso,decidió que la vuelta al hogar no era motivo para echarse atrás. No había hogarque albergara el odio mas que su propio cuerpo y aquella armadura que le habíadado su autentico nombre, y la nostalgia fue quemada como había sido quemado elresto del mundo a su paso. Por que el era “La muerte Púrpura” y aquel nombreera el único honor que le quedaba. Se levanto, y comenzó el descenso hacia laaldea que le había visto nacer. Aquel sitio que en algún momento olvidado en eltiempo habia llamado “hogar”.

Continuará…

 

Comentarios de Lester Knight: ¡Saludos, queridos lectores! Hoy me imaginado que nuestro colega ErikAdams andaría disfrutando de las vacaciones, y terminando la última parte de la gran historia de Ellar, La muerte Púrpura. Así que me he dicho "Que mejor modo de animarlo que viendo el éxito del relato". Motivo por el que he publicado el tercer capítulo, y final de la primera trilogía de Ellar.

Espero que lo hayáis disfrutado a lo grande, porque yo desde luego sí que lo echo. Hoy, rompiendo una costumbre habitual en mí, no voy a ensalzar el arte del colega ErikAdams, no sea que por evitar mis sonrojos empiece a escribir serio, y se nos acaben los buenos momentos que nos hace pasar con su literatura.

¡Un saludo a todos! Wink

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