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Falkenberg. El Vampiro Libertador – VS – Blind Guardian: Noldor (Dead Winter Reigns) – Entrada dedicada a The_unforgiven_too

La tiranía imperaba en las calles de la antigua ciudad enruinas del Imperio. Los Desterrados, huestes de vampiros esclavos, trabajabansin descanso bajo la noche eterna de la Estación Sombría,sin más esperanza en el horizonte que una muerte horrible a manos de sus amos.

Los tambores marcaban el ritmo del tormento, silenciando consu siniestra percusión los aullidos y gemidos de quienes caían al sueloagotados. Los nuevos juguetes que morían para el placer de sus amos, padeciendoun sufrimiento indescriptible hasta la expiación. Mostrando un ejemplo quemantenía la disciplina de trabajo y la sumisión de los esclavos.

Vivían, sufrían y morían por la construcción de la avenidade bienvenida triunfal dedicada a los Príncipes Demoníacos del Abismo. Una obramonumental que los recreaba con estatuas del tamaño de los mismos rascacielosque les proporcionaban los materiales. Erigidas en dos filas representandoposes de victoria frente al Portal Dimensional que algún día uniría MundoDestierro con el Abismo, El Infierno. El día en el que los esclavos seríansacrificados en honor de sus soberanos.

Endimión Tau: 

Capítulo I Capítulo II Capítulo III Capítulo IV Capítulo V Capítulo VI

La Venganza de la Calavera:

Capítulo I Capítulo II

Homo Aetheris:

Capítulo I

Cuando su instinto de supervivencia fue derrotado y,meditaban morir luchando en una revolución condenada al fracaso o suicidarse,les llegaron rumores del sur. Los nuevos esclavos juraban a las puertas de lamuerte que había estallado una gran Cruzada en tierras lejanas. El VampiroAlbino de la profecía nacido en las estrellas, conquistaba un bastión deopresión tras otro. Se decía que sus fieles se contaban por miles, y que las Sombrasle consideraban un hermano. Aquellos que le habían visto con sus propios ojosaseguraban que era un guerrero invicto sin igual. Una fuerza indomable queluchaba en nombre de todos los condenados por su libertad.

La aurora púrpura producida por el choque de partículas de la Estación Sombríacon las de Mundo Destierro, se agitaba inquieta palpitando con un brillo cuyaintensidad era fuera de lo normal, eclipsando a la profunda oscuridad que secernía sobre sus cabezas. Los capataces. Demonios menores humanoides yvoladores les vigilaban estrictamente, impartiendo castigos brutales; excitadospor el clima de energía que se respiraba en el ambiente, ignorando con sunerviosismo y pasiones primarias, su significado.

En el centro de la plaza del templo volador que navegaba porencima de las azoteas de los rascacielos en ruinas. Un regalo de un PríncipeDemoníaco a su guerrero más fiel. El Patriarca de clan de Vampiros AetherisMortis. Los Señores de la ciudad. Éste entonaba sus plegarias a la espadarúnica carmesí que le comunicaba con el Abismo, que flotaba inmóvil delante deél, iluminándole con sus runas ardientes, al tiempo que le susurraba palabrasprohibidas de hechizos tejidos por los Señores del Dolor. La hora estaba cerca.

Un manto de tinieblas surcaba los cielos de la ciudad a granvelocidad en dirección al templo volador, ensombreciendo a su paso la luz de laaurora púrpura. El tambor interrumpió su percusión infernal por unos segundos,y los demonios miraron al cielo sin comprender que ocurría, aturdidos por unavoz siniestra, gutural, rasgada y aguda con un timbre inhumano que penetrabasus mentes. Emprendieron la huída convencidos de que habían ofendido a unDemonio Superior que reclamaba la cosecha de sus almas.

No vieron la reunión de las tinieblas en la plaza centraldel templo volador. Una figura humanoide la devoraba desde su interior, dandosustancia a su esencia con la materia espectral que componían las tinieblas,justo detrás del Patriarca. Quien no tuvo que presenciar la transformación paraconocer su identidad. Lo sabía muy bien.

De las tinieblas se materializó un hombre alto, delgado ymusculoso, de rostro afilado y facciones imponentes. Destacaba en él su largacabellera y piel albina brillante, a juego con sus ojos platino con vetas azulceleste; su antiguo color. Antes de que la mutación reescribiera hasta laúltima célula de su naturaleza humana. Vestía un traje de combate cuerpo acuerpo del Imperio cubierto por sus siervos. Seres sombra que se asociaban a élen simbiosis compartiendo un organismo común, bañando su piel y entrañas conuna película de sombras, en la que, se iban asomando pequeños ojos verdes.Empuñaba una lanza sagrada más alta que él, coronada por un tridente de punzonesserrados, cuyos bordes exteriores imitaban el filo de una espada curva. Endicha lanza habitaba el ser sombra más poderoso de todos, sometido por unencantamiento de servidumbre al Vampiro Albino. Su carne sombría se removíafuriosa por la lanza dotándola de nuevas formas afiladas. Ansiaba cortar ysaborear carne viva. En respuesta al poder que emanaba del Patriarca, la sombraunida desde el hombro izquierdo, extendió por su lado un esqueleto externo dehueso pálido flexible, por encima del traje de su huésped.

Falkenberg. El Vampiro Albino.

Patriarca: Así que has venido.

El Patriarca se incorporó empuñando su espada rúnica carmesí,clavando una mirada fría y despectiva con sus ojos negros sin brillo a suoponente. Un ser pequeño en comparación a su grandeza y aspecto. Le sacaba unacabeza de altura, y vestía una armadura pesada verde turquesa forjada porhechiceros demoníacos, imbuida por el poder de runas color ébano, dibujadas conarena del mismísimo Abismo. La nobleza de las facciones de su rostro recordabaalgunos grandes hombres de la historia. La sangre real que corría por sus venasera tan poderosa, que ni la contaminación de la Estación Sombríalo había diluido. Al contrario, lo había convertido en uno de los VampirosSuperiores más dotados de los Reinos del Norte. Amo y Señor de su propiaciudad. Fiel vasallo del Príncipe Demoníaco más importante.

He venido a impartir tu pena, la muerte.

Patriarca: ¿Cómo osa una abominación ni humana ni vampiraprofanar este templo con semejante blasfemia?

¿Cómo osa un humano y vampiro profanar con la tiranía a losde su especie en nombre de aquellos que nos odian?

Patriarca: ¡Silencio, abominación! Maldita criatura. ¿Acasopiensas que puedes venir a mi casa a insultarme y amenazarme?. No eres más queuna rata sin sangre ni edad. ¿Eres consciente de mis poderes arcanos, insecto? Tardaríassiglos en comprender una pequeña parte de mis conocimientos. Engendro.

Tu arrogancia de vampiro noble me resulta aburrida, Anciano.

Patriarca: Tal vez mi magia te resulte más interesante,abominación.

El Patriarca no aguardó respuesta. Se alejó de Falkenbergcon un hechizo de traslación, apareciendo frente a las elevadas escaleras de laentrada del templo. Y, blandiendo su espada con ambas manos apuntando al cielopúrpura; encadenó con una voz imperativa, segura de sí misma, de timbre guturaly desgarrador, las palabras de un hechizo de destrucción tan demoledor que hizotemblar la plaza. Mientras, en la hoja de la espada rúnica carmesí, seconcentraba un remolino de rayos y fuego.

Fue una demostración de poder estéril que provocóindiferencia en Falkenberg. Que el poder del hechizo una vez desatado fueracapaz de aniquilarlo no lo decía nada. Miraba al Patriarca visiblementedecepcionado. Como si hubiera esperado algo más.

Necio.

La voz de Falkenberg traspasó las barreras mentales delPatriarca que, sorprendido por el poder de su rival no hizo sino acelerar lacadencia de sus palabras. En unos instantes su enemigo dejaría de existir.

Tantos conocimientos te han hecho olvidar los principiosbásicos de la magia. Una fuerza externa del universo o de un dios, convocadamediante lenguajes de poder, ofreciendo parte de tu energía para dotar de vidaa la manifestación de la fuerza.

Eso lleva tiempo.

¿Has olvidado que yo fui un Mentalizador? La fuerza de unMentalizador proviene de su interior. No hay rituales, no hay palabras, no haylibros de saber. Eres capaz o no.

Si quiero elevarte del suelo, lo hago.

El alarido del Patriarca, entre asustado e indignado, rompióel silencio solemne del templo, cuando Falkenberg lo apuntó con su brazoizquierdo, y cerrando el puño con un movimiento brusco hacia arriba, locatapultó a los cielos. La velocidad de su vuelo y los continuos giros sobre símismo que realizaba, por la voluntad de su enemigo, rompieron su concentracióny el hechizo de destrucción se desvaneció de su espada rúnica carmesí.

Si quiero consumirte en una tormenta de fuego psíquico, lohago.

Un torrente de rayos psíquicos brotó de la Lanza Sagrada en dirección alPatriarca. Impotente y más herido en el orgullo que en su cuerpo, gritabaultrajado a causa del terrible dolor que inducía a su cuerpo y mente los rayospsíquicos. Cuando la tortura se acabó no tuvo tiempo de advertir su violentacaída al suelo. Impactó brutalmente contra él, en un golpe que le hubieracostado la vida si todavía fuera humano.

Nunca jamás nadie le había humillado hasta tal punto. Seincorporó rápidamente con el rostro desencajado profiriendo amenazas yjuramentos de venganza, empuñando su espada rúnica carmesí con una fuerza queno recordaba tener. Entonces le vio a él.

Muere.

Se movía con una velocidad impropia de un vampiro tan joven,girando su Lanza Sagrada por encima de la cabeza, usándola como si fuera unaguadaña. Sus ojos platino ardían sedientos hambre y sed de venganza contra losde su especie. No tuvo tiempo de meditar una táctica. Convirtió su estocadaofensiva en defensiva por necesidad, recibiendo un impacto que le hicierontemblar las muñecas. Y antes de que pudiera pasar al ataque le llegaba un golpedescendente por el costado izquierdo. La magia de su armadura verde turquesademoníaca, no fue capaz de impedir el beso helado de Lanza Sangrada en sucadera. Los instintos acudieron a él cuando más los necesitaba. Expulsó sustemores y se empleó a fondo.

Falkenberg retrocedió unos metros parando con facilidad losataques del Patriarca. Éste empezó a comprender que había subestimado a suenemigo. Era casi igual de fuerte que él, y más rápido. Por primera vez desdeque era Vampiro, sentía su vida amenazada. Ese temor se internó en su memoriabuscando hechizos que decantarán la balanza a su favor. Así que mientrasresistía el intercambio de golpes, sufriendo heridas leves, iba entonandohechizos rápidos que la fortalecían. Muy pronto estaría a la altura de surival.

La recuperación de su confianza le empujó a ser másagresivo. Abandonó su actitud defensiva y presionó con determinación a ElAlbino. Éste le sonreía divertido, ajeno al hecho que hubiera estado a punto decortarle la cabeza en dos ocasiones, y que ya no era lo suficientemente rápidopara herirlo. Y eso le daba más miedo aún.

Pronunció su grito de guerra rasgado y gutural más fuerteque nunca, y lanzó un formidable ataque descendente diagonal de derecha aizquierda contra la clavícula de El Albino. Su velocidad era endiablada. Le ibaa alcanzar.

Falkenberg clavó sus ojos platino con vetas azul celeste enél. Sin mirar siquiera su espada. Cambio el peso de su cuerpo e invirtió elataque de la Lanza Sagrada,bloqueando al borde su cuello la espada del Patriarca. Un hilo de sangre negramanó de la rozadura. El Patriarca empujó el arma dispuesto a rematarlo, pero ElAlbino se mantuvo firme, sin dejarle de mirar a los ojos.

¿Lo escuchas?. Anciano impotente.

Los Demonios Inferiores que habían recuperado el control dela situación tras su ataque de pánico inicial, haciendo regresar a sus VampirosEsclavos al trabajo, no dieron crédito a la visión que apareció al principio dela avenida. Una horda de Vampiros Superiores e Inferiores de un número jamás visto,corría hacia ellos empuñando sus aceros y magias exigiendo su muerte, gritandoque venían a liberar a sus esclavos.

El primer Demonio importante que se cruzó en su camino para ordenarsu rendición fue despedazado en un instante. Los demás Demonios se reunieron enformación cerrada, e hicieron frente a la amenaza, apoyados por sus compañerosvoladores. Sería otra victoria rápida. Pero estaban equivocados. Los esclavosse abalanzaron sobre ellos también, y los nuevos enemigos les atacan con unafiereza desconocida sin el menor respeto. Por más que mataran aparecían más asustituirlos, hiriéndoles con espadas encantadas y magia poderosa. Ni siquieralos Demonios Voladores se libraron. Hechizos de área explotaban en el cieloenviándolos malheridos al suelo, donde la horda los descuartizaba antes de quepudieran ponerse en pie. Cuadrillas de esclavos atacaban los pilares internosde las estatuas Demoníacas que se derrumbaban. La nueva ciudad construida porlos Vampiros Aetheris Mortis ardía en llamas.

Es el sonido de la libertad. Es el sonido de tu caída.

Falkenberg no aguardó respuesta. Enganchó la Lanza Sagrada a la Espada Rúnica Carmesí, y tiróde ella con tal fuerza que se la arrancó de las manos al Patriarca. Su protestamurió ahogada cuando la punta de Lanza Sagrada se clavó en su pulmón derecho.Ni había visto el movimiento del ataque.

El atemorizado Patriarca caminó unos pasos hacia atrás,haciendo caso omiso a la profunda herida de su pecho, ensanchada por lassierras de la Lanza Sagradaal extraerla de un modo tan brusco. Y recurrió al mismo hechizo deteleportación, que le devolvió a las puertas del templo.

En la expresión de su rostro se translucía la desesperaciónque sentía. Derrotado en vida, yo no creía que pudiera vencer jamás a ElAlbino. Ahora conocía la verdad. Tendría que hacer uso de todos sus recursos yalianzas.

Patriarca: ¡Matadlo, Matadlo, Matadlo!

Un rugido desafiante precedió su salida por las puertas delTemplo. Una legión de Vampiros Aetheri Mortis descendía por las escalerasempuñando sus espadas, entonando cánticos de hechizos demoníacos y maldicionesterribles. Sus ojos reflejaban un fervor religioso fanático. Lucharían hasta elúltimo de ellos. El Albino ni ningún otro Vampiro Superior podrían resistirsemejante agresión. Al Patriarca no le importaba sacrificar a sus propios hijosen la batalla. Tendría más.

La respuesta de Falkenberg a la ofensiva de la casa deVampiros Nobles en pleno fue una sonora carcajada siniestra.

Es mi turno.

El Albino se transformó en tinieblas cuando los vampiros seabalanzaron sobre él, y volvió a materializarse cerca del borde exterior de laplaza central, alejado de los guerreros vampiros que corrían de nuevo hacia él.

Indiferente a sus gritos. Clavó la lanza en el suelo depiedra, y alzó sus brazos abrazando los cielos, mirando a la oscuridad porencima de la Aurora Púrpura.Habló con su voz inhumana, rasgada, aguda, gutural y desgarradora con la fuerzade un trueno:

Por los pactos que unen

Por el destino que compartimos

Por el poder que anhelamos

Por el futuro que nos pertenece

Yo os invoco para servir a nuestra causa

Señores de las Sombras

Campeones de laOscuridad

Acudid a mi llamada

Y aceptad esta ofrenda

Dolor y muerte y almas

Mis hermanos de la noche

Una línea vertical de rayos púrpura rasgó el cielo detrás deFalkenberg. El tejido dimensional se fracturó y la línea se ensanchó,convertida en portal oval al Inframundo. Una tierra remota y ancestral másantigua que el universo, habitada por titanes de la oscuridad hambrientos decalor mortal. La llamada poderosa y familiar de Falkenberg había seducido aseres sombra innombrables de las peores pesadillas. Cíclopes.

Del portal emergieron tres Cíclopes. Seres gigantescoscompuestos por materia sombría, semejantes a un pulpo con un cuerpo mayor, ytentáculos más cortos en proporción que, flotaban por el cielo, clavando sugran ojo rojo la Legiónde Vampiros. Pasaron por encima de Falkenberg y se abalanzaron sobre lossorprendidos Vampiros. Sus tentáculos barrían mortalmente a la par quecapturaban víctimas, mientras concentraban su mirada en el temploincendiándolo. Los Vampiros se reagruparon en formaciones disciplinadas ylanzaron una lluvia de hechizos contra los Cíclopes. El propio cielo seestremecía de la tormenta de energías liberadas en la plaza. Los Cíclopes respondieronescupiendo una niebla de sombras acida que devoraba a quienes tocaba, que luegoaspiraban de nuevo arrastrando las almas de los muertos, dándose un festín conellas.

Falkenberg emergió de la niebla acida masacrando a losVampiros que se interponían en su camino. El templo ardía en llamas. Columnas,paredes, techos y estatuas quebradas se derrumbaban. Los Vampiros seguíanluchando desesperadamente contra los Cíclopes. No había escapatoria. Los pocosque corrieron a los bordes del Templo Volador para saltar al vacío, fueroninterceptados por los tentáculos de los Cíclopes y devorados en primer lugar.

El Patriarca asistía paralizado a la destrucción de su casa.No podía creer lo que sucedía. Décadas de poder y supremacía borradas en unosminutos por un mutante, ayudado por criaturas formidables del Inframundo. Seresque ni el mismo se habría atrevido a convocar nunca. Esperó durante unosminutos la muerte. Quería desaparecer en silencio sin más humillaciones. Perolos Cíclopes se limitaban a mirarlo e ignorarlo. La entrada del templo, ellugar donde estaba, era la única parte no atacada. Cuando vio a Falkenbergabrirse paso hacia él supo el por qué. Y no pensaba concederle semejanteplacer. Morirían juntos aunque tuviera que vender su alma a un PríncipeDemoníaco. Ignorando las llamadas de su rival, se adentró en el interior delTemplo. Aún no estaba todo perdido.

Cansando de juegos. Falkenberg saltó las escaleras delTemplo en tres tiempos, y cruzó la puerta de entrada sin prestar atención a losbajorrelieves de las paredes, corriendo hacia la sala central guiado por el ecode las pisadas del Patriarca. Era una estancia rectangular bordeada por grandescolumnas. Estatuas de nueve metros de Guerreros Demoníacos escoltaba larepresentación central de un Príncipe Demoníaco imponente. Vestía la armadurademoníaca más barroca que jamás hubiera visto Falkenberg, blandiendo doscimitarras enormes. Se trataba sin duda de uno de los grandes enemigos de losEternos, que fue derrotado en la antigüedad, despojado de su forma natural, ytransformado en Demonio. Los convertidos siempre buscaban el esplendor perdidode antaño. Contemplaba al teatro de la sala con expresión de odio y poder que,exigía la más devota sumisión a cambio de favores y dones increíbles. El Patriarcase encontraba en un altar bajo la estatua del dios, pasando páginas de un librode hechizos arcano. La locura se había apoderado de él. Cuando reparó en supresencia extendió los brazos en alto, susurrando las palabras de un hechizoque tan sólo conocía él.

Patriarca: ¡Destruid al Mutante!

Las estatuas de los Guerreros Demoníacos se agrietaron anteel movimiento de sus reencarnaciones terrenales, luchando por romper losbarrotes de la prisión que los había confinado durante una eternidad,dispuestos a ganarse el favor de su Señor. Falkenberg no tenía tiempo para eso.Se comunicó con las sombras que habitaban su cuerpo y estás atacaron. Saltaronsobre los Guerreros Demonio envolviendo su piel con una fina película desombras, que absorbía su esencia vital y devoraba su carne. Los colosos sederrumbaron contra los asientos del teatro, tratando de arrancarse las sombrasinmunes a su contacto. Cuando Falkenberg inició el ascenso de los escalones delaltar todos habían muerto. El Fuego Sombrío de los Cíclopes se propagaba por lasala central. Fragmentos ardientes del techo y columnas empezaron a caer. Erael fin.

El Patriarca se reía a carcajadas. Seguía teniendo las manosen alto. Un fuego verde las consumía sin que se diera cuenta del dolor. Elhechizo que había convocado era a todas luces demasiado poderoso para él.Causando la pérdida de su razón. Le miraba con el éxtasis que sienten los locoscuando van a cometer el acto final que marcará su existencia.

Patriarca: ¡Mi alma! ¡He vendido mi alma por un poder sin igual en estemundo! ¡El Toque Mortal del mismísimo Príncipe Demoníaco! ¡Albino! ¡Muere!

Falkenberg estaba desprotegido sin su armadura de sombras.No tenía escapatoria. En contra de las esperanzas del Patriarca. En vez de huirpronunció su epitafio. Un grito guerrero surgido de las entrañas. Hizoretroceder su Lanza Sagrada tras su espalda y la arrojó contra él. Demasiadotarde. Unió sus manos calcinadas y le lanzó El Toque Mortal. Lo último que viodespués de quedar empalado contra la estatua del Príncipe Demoníaco, fue aFalkenberg recibir el fuego verde mortal de pleno. Lo había conseguido.Falkenberg estaba muerto.

Tú.

Despertó presa del dolor que te roba la vida y el alma.Abrió los ojos de nuevo. Falkenberg empuñaba la Lanza Sagrada que absorbía suesencia. Estaba completamente ileso. Los seres sombra regresaban a su cuerpo yaceptaban la simbiosis. No entendía nada. Su mente moribunda divago por subasta sapiencia buscando la respuesta, y deseó no haberla encontrado.

Patriarca: ¡Tú! ¡No puedes ser uno de ellos! ¡Eso esimposible! ¡Quién eres!

Lo sabes muy bien, una abominación.

Patriarca: ¡Mentira! ¡Siempre lo has sabido!

Lo he descubierto ahora, gracias a ti. Me has servido bien.Y en el futuro lo harás mejor.

El Templo se desmoronaba. El Fuego Sombrío lo consumía todo.Mientras, las piezas de la armadura verde turquesa caían al suelo. La Lanza Sagrada ya casi habíadevorado al Patriarca.

Patriarca: No importa. Cuando muera el templo caerá. Tuenvoltura mortal no resistirá la caída.

Muere.

Privado de la magia que lo sostenía. El Templo Volador seprecipito al vacío. Colisionó contra varios rascacielos que hundió a su paso,estrellándose contra el portal dimensional en construcción. Una nube de polvoque se perdió en los cielos inundó el centro de la antigua ciudad en ruinas.Los Vampiros escapaban a la periferia entre gritos de júbilo, celebrando lamuerte de sus opresores.

Al cabo de unos minutos regresaron a la avenida de labienvenida. Las estatuas de los Príncipes Demoníacos y el portal dimensionalhabían quedado sepultados, por los restos de los rascacielos y, de la montañaque había servido de base al Templo Volador. Uno de los clanes de VampirosAetheri Mortis había desaparecido por siempre. Los esclavos y sus libertadoreshablaban entre susurros preguntándose por la suerte del Vampiro Albino. Cuandoun manto de tinieblas emergió de las profundidades del Templo Volador.Falkenberg se materializó en lo alto del techo del Templo Volador. Alzó suLanza Sagrada en señal de victoria. El rugido de una nación libre le aclamó. Ycuando bajo la Lanza Sagradaguardaron respetuoso silencio.

La ambición de poder nos ha llevado a un mundo estéril queno conoce la luz del Sol. En el que unos pocos nos esclavizan para dominarpedazos de tierra muerta. Fracasamos como hombres. Pero yo digo que nofracasaremos como Vampiros. Se nos han concedido siglos de vida para redimirnuestros actos o pagar por ellos. Y yo digo que ha llegado el momento decambiar las cosas. No habrá paz en este mundo hasta que expulsemos a lacorrupción que lo devora. Los Demonios. Y no los derrotaremos hasta que todoslos Vampiros seamos una nación unida. Un millón de los nuestros languidecen en la Ciudad Demoníaca de Ahbab TelArinor. A la espera que sus hermanos acudan a su rescate.

¡Quién formará parte de ese ejército de liberación! ¡Quiénderrotará a los Señores Vampiros que pactan con los Demonios! ¡Quién meacompañara a las mismísimas puertas del Abismo en la batalla final! ¡Quiénluchará a mi lado! ¡Quién!

¡Yo! ¡Aquí! ¡Nosotros! ¡Todos! ¡Cuenta conmigo! ¡Falkenberg!¡Adelante! ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! ¡Libertad! ¡Luchemos! ¡Nosotros! ¡Falkenberg!¡Falkenberg! ¡Falkenberg! ¡Falkenberg! ¡Falkenberg! ¡Falkenberg! ¡Falkenberg!¡Falkenberg! ¡Falkenberg!

La leyenda de Falkenberg. El Vampiro Libertador. No habíahecho más que comenzar.

Blind Guardian.

Noldor (Dead Winter Reigns).


 
Noldor
Blood is on your hands
Your bane’s
A tearful destiny

Black clouds will carry
Rain of blood
I’ve seen it rain

We were lost
On grinding ice
In fear and hunger
Dead winter reigned
In Araman

(You) can’t escape
From my damnation
(Nor) run away
From isolation

Guilty spoke the one
THis deed can’t be undone
Hear my words
Fear my curse

I know where the stars glow
(And the) sky’s unclouded
Sweet the water runs my friend
(But) Noldor
Blood is on your hands
Tears unnumbered
You will shet and dwell in pain

Your homeless souls
Shall come to me
There’s no release
Slain you might be
Slain you will be
Slain you will be
And the lost
Who will not reach the
House of spirits
(Will) grow old and weary

I’ve seen this bitter end
As I’ve foreseen
The storm and ice
And I could see it
(How) a million died
And I?
The blame’s on me
Cause I was not there

Dead winter reigns
And tomorrow’s still unknown
Lies
Condemned and betrayed
Now everything is said
See my eyes
Are full of tears
And a cruel price
We’ve paid
But still I can’t claim
That I’m innocent

Lost

Lester Knight: ¡Saludos Desterrados!. En primer lugar quiero dedicar la entrada de hoy a nuestro compañero y amigo, The_unforgiven_too; que desde hace unas semanas está inmerso en un proyecto personal de gran importancia para él. Desde aquí recibe un fuerte abrazo, amigo mío. Tus compañeros no te olvidan.

Espero que hayáis disfrutado del relato. Quizás el más épico de Falkenberg hasta la fecha. Presentando el personaje original que fue concebido en un principio. Le he puesto muchas ganas e ilusión al texto, tratando de ofrecer lo mejor de mí mismo.

Os voy a invitar a una iniciativa que no he hecho hasta ahora en el blog: un relato interactivo. Veréis. Nada más terminar de escribir "Falkenberg. El Vampiro Libertador" tuve muchas más ideas relacionadas con la historia, de las que jamás pensé que tendría. Las he ido desarrollando hasta decidirme a volver a escribir el relato de un modo mucho más profundo y ambicioso. Todavía voy a trabajar algún día más en los nuevos conceptos que voy a incluir. Motivo por el que os invito a aportar vuestras propias ideas y sugerencias. Me gustaría saber que os parecido el relato, y que haríais para mejorarlo. A ver si entre todos logramos hacer una versión final mucho mejor que ésta.

La canción que he incluido de Blind Guardian proviene de un disco que siempre me ha llamado mucho la atención. Su genial Nightfall In Middle-Earth. Basado en los mitos y leyendas del Silmarillion de Tolkien.

¡Un Saludo a todos los Desterrados!Wink

Diario de un sueño:

Gamefilia