Sin categoría

Jugando con el destino – Capítulo II: Eris el Destinador – Autor Ehldair – VS – Annihilator – King of the Kill

El anciano se removió incomodo, agitando las cadenas y provocando el tintineo de éstas. Sabía que por mucho que se revolviese, no iba a serle posible salir de allí, pero no por ello podía dejar de hacerse las mismas preguntas: ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuánto tiempo llevaba siendo esclavo de hombres y dioses? La respuesta era la misma para ambas preguntas: toda la eternidad.

Capítulo Anterior: Capítulo I

Al principio de los tiempos, los hombres eran libres de escoger su destino, controlaban las riendas de su vida. Como tenían plena libertad de elección, aquello desembocó en no pocas guerras, batallas y demás hechos sangrientos. Hubo una, especialmente cruenta, que dejo diezmada a la población. Por ello, y para que nunca más se volvieran a repetir aquello, se creó un comité de sabios formado por integrantes de todas las partes beligerantes. En este comité se decidió que lo mejor era cortar por lo sano: acabar con el principio más básico e intrínseco del ser humano, la libertad de decisión. Su idea se basaba en anular la capacidad de decidir nuestro destino. Desde nuestro nacimiento se nos otorgaba un destino, inalterable, inamovible, con el cual debíamos cargar el resto de nuestros días. Se pretendía que, por ejemplo, una persona con ansias de poder no tuviera como destino gobernar, evitando así las muertes que se producirían si no tuviera ya otro destino asociado a él. Pero claro, ese sistema necesitaba de una pieza fundamental, alguien que seleccionara y otorgara a cada persona el destino que mejor le convenía. Y ese alguien fue él, Eris.

Desde pequeño había notado que era distinto de los demás, podía ver dentro de las personas, podía leer sus pensamientos con solo mirarlas. Dada esta capacidad suya, se le consideró el mejor candidato al puesto de Destinador. El resto del proceso fue simple: mostraron a los dioses sus ideas, éstos las aceptaron y otorgaron la facultad al Destinador de asociar sus respectivos destinos a los recién nacidos. Se construyó en el lugar más inaccesible un templo en honor del Destinador, en el cual él permanecería el resto de la eternidad. Nadie debía jamás interferir en su trabajo. Como última medida de seguridad, arrancaron sus ojos, para que la vista de seres conocidos no le jugará una mala pasada a sus sentimientos, a su trabajo, y por extensión, al sistema. Y así, se acabó con la libertad del ser humano. Por su parte, Eris, el Destinador, la persona cuyo trabajo consistía en otorgar a cada persona su destino, sería, paradójicamente, esclavo de su propio destino para el resto de los días.

El anciano volvió a agitarse.

Al principio había cumplido su cometido con total perfección, pero con el paso del tiempo fue lacrando su dedicación. Poco a poco empezó a renegar de su destino, y lo que al principio era hastío se convirtió en odio. Odio a los humanos, que le habían encadenado a un destino que él no deseaba. Ese odio le llevo a trazar un plan para vengarse de todos ellos, y que mejor forma de vengarse que empezando a agitar sus pacificas vidas.

Dejó de otorgar un destino a los niños al nacer. Éstos, expulsados por sus propias familias, formaron colonias a las afueras de las ciudades que conformaban “La Alianza”. Se les llamaba los Inestinados. Cuando su número empezó a ser preocupantemente elevado los gobernantes de la Alianza, ante el temor de un ataque, comenzaron, después de miles de años, a armar de nuevo a sus ejércitos.

El anciano rió. Una risa macabra, retenida por incontables siglos, que ahora salía con fuerza de sus pulmones. La última pieza del juego ya estaba en el tablero. La humanidad no tendría salvación. Estaban todos condenados a morir.

No se molestó siquiera en mirar a la cara del atacante que en ese momento levantaba un puñal ante el. Era como todos los anteriores, alguien que renegaba de su destino y le culpaba a él, buscando la redención matándole. Él siempre los mataba de la misma forma, mostrándoles en su cabeza imágenes espantosas de su propio destino, lo cual hacia que ellos se intentaran arrancar los ojos antes de morir definitivamente. Pero en este caso el final sería distinto, puesto que, ahora que su plan no podía ser detenido, lo que él deseaba era morir. Y así, Eris, el Destinador, el otorgador de destinos, después de miles de años encadenado allí, después de miles de años entregando destinos, después de miles de años negando la libertad al ser humano, murió.

Mundo Literatura – Comunidad Literaria

AnnihilatorKing of the Kill

King of the Kill:

I rule the jungle, I rule it with pride
I’m judge and jury, you life I decide
I have awaken for my nightly feast
a reign of terror, beware of the beast

don’t try to run there’s no way to survive
a vicious surrender I’ll eat you alive
no one is safe until I get my kill
all hear my warning I king of the kill
KILL

stalking the land for the scent of my prey
stopping for nothing don’t get in my way
left to the vultures your life is denied
I rule the jungle I rule it with pride

don’t try to run there’s no way to survive
a vicious surrender I’ll eat you alive
no one is safe until I get my kill
all hear my warning I king of the kill
KILL

Lester Knight: ¡Saludos Desterrados! Hoy tengo el gustazo de publicar el segundo capítulo de "Jugando con el Destino". Parte de la genial historia que escribe nuestro amigo, Ehldair. Y no puedo estar más contento por ello. Desde que me comentó el inició de una nueva saga más madura, la aguarde con inquietud. El primer capítulo me encantó; y me dejó con la duda: ¿Partiendo de esta base, cuán profunda se volverá la trama en el segundo capítulo?. La rebelión del Destinador, su figura, el odio de los Destinados fustrados con su cometido, la existencia de Inestidados (la palabra es cojonuda)… un conjunto de conceptos y sucesos que me ha gustado mucho. No puedo más que felicitar, una vez más, al amigo Ehldair por el logro de su obra, y por el favor que me ha concebido al permitirme publicarla aquí. Gracias.

El relato va acompañado por una canción escogida por el propio, Ehldair: Annihilator – King of the Kill. Leída la letra, la verdad, es que le va al relato como anillo al dedo. Muy apropiada, y el modo de descubrir a un grupo que no conocía.

PD: Falkenberg volverá en la siguiente entrada.

¡Un saludo a todos los Desterrados!

Diario de un sueño:

Gamefilia