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E3: Mundo Destierro – The Rise of Falkenberg: Relato y Conferencia

El últimoMentalizador del Imperio Galáctico yacía con unaexpresión triunfal ante el pórtico rúnico. Atrásquedaban años de traiciones y persecuciones que habíanllevado a su ilustre raza a la extincion. Ya no sentía el pesode la soledad ni el dolor de sus heridas. Su cuerpo, en otro tiempohermoso, estaba parcialmente carbonizado y desfigurado por las armasde fuego láser y los ataques psíquicos que habíanpretendido detenerle. El suyo fue un viaje sin retorno. El sacrificiodel último de su estirpe por un sueño de justiciabasado en una leyenda tan antigua que ni siquiera los noblesinmortales más ancianos del Imperio habían vivido enaquella remota época de caos.

Ninguno de los vivosllego a ver la paz que reflejaba el medio rostro intacto delMentalizador. Estaban demasiado ocupados disparando todas sus armas yconjuros mentales contra el pórtico rúnico, mientrassus científicos y eruditos manipulaban la consola de cristalesflotantes de control sin éxito: desconocían el idiomaancestral de sus sigilos y el artefacto mágico no reconocíasu sangre transmutada genéticamente durante milenios.

Los Barones de laGuerra rugían amenazas surgidas de la fustración por elfracaso de sus ofensivas contra el pórtico rúnico. Uninstrumento arcano construido mediante la alta magia por los Eternos,la raza inmortal que había dominado el universo durante eónes,cuya composición era inalterable a cualquier intervenciónque no fuera mágica, y, los nobles del Imperio Galáctico,carecían del don. Era el precio por su adaptación alespacio, la inmortalidad y sus fabulosos poderes mentales.

Las Damas Plateadascontemplaban la escena en silencio. La naturaleza introespectiva desus poderes les permitían ver más allá de lo quecualquier varón jamás soñaría, y, susvisiones las inquietaban profundamente. Veían tras el velo queocultaba el pórtico rúnico, con sus runas ardientesescribiendo composiciones de alta magia en sus bordes a un ritmodemencial, variando la realidad del universo para hacer de dos puntoslejanos uno sólo durante un instante, y escuchaban lasreverberaciones desde el otro lado. Un sonido cuyo recuerdo perdurabaal paso de los siglos: el gemido desgarrador de millones de inocentesabandonados en un mundo maldito. Aquel que habían colonizadoen los primeros albores del Imperio, atraidos por la voz de un diosde otra era, que les invitaba a renacer en su auténtica forma.

Una posibilidad queaterró a la nobleza imperial al ver a millones de plebeyosdotados en la magia, desarrollando poderes que pronto superaríanlos suyos, a quienes sentenciaron al robar los mayores secretos deldios de otra era, escapando en su planeta artificial antes de que sufuria cayerá sobre ellos.

Lo último quevieron de aquel mundo maldito al que llamaban Mundo Destierro, fuecomo una tormenta espectral de oscuridad invocada desde regionesignotas de las esferas dimensionales lo devoraba, sirviendo a losplebeyos en honor de dioses menores sangrientos y seres infernales.

Nadie habíaregresado jamás de Mundo Destierro.

Los diarios imperialesde hacia doscientos años aseguraban que se habíaenviado un Mentalizador, Falkenberg, el más dotado de su raza,a combatir algunos nobles deportados que planeaban escapar y traer laguerra al imperio, pero no existía ningún registrooficial que mencionara nada más de él. Se le habíaperdido el rastro en la noche sin amanecer del mundo maldito, aunquecorrían leyendas susurradas por visionarias en trance, quehabían violado la ley trasladando su mente más alláde la frontera del universo con la tormenta espectral que latíadonde una vez había estado Mundo Destierro.

Relataban historiasextraidas de almas que no encontraban el descanso en la fríanoche. El Vampiro Libertador, le llamaban. Señor del Norte,Brujo, Mentalizador y desciente de la antigua sangre. Historias cuyadifusión estaba prohibida incluso entre los nombres, y queestas Damas Plateadas conocían por su rango de maestras. Nopodían impedir pensar en ellas ahora que ambos pórticosrúnicos se estaban conectando y abriendo, ignorando losrituales establecidos representandos en los en bajorrelieves de lasala cuadrada iluminada por fuegos mágicos donde estaban.

Los jeroglificosilustraban la opertura de los pórticos rúnicos como unaceremonía conjunta desde ambas partes por círculos dehechiceros muy poderosos que sintonizaban los pórticos ytransmitían su energía al conducto mágico.

Sólo alguienpodía abrir un portal en solitario, y lo estaba haciendo.

Los ecos del mundomaldito se ahogan ante las palabras de poder que llegaban a lasmentes de las Damas Plateadas, entonadas desde el otro pórticorúnico. Destilaba un poder que no pertenece a ningúnser mortal. De pronto, la composición mágica que fluíapor los bordes del pórtico rúnico, toca su últimanota y se apagó. Los Barones de la Guerra rugieron proclamandosu victoria sobre el artefacto arcano. Necios. Un sigilo de poderdeslumbrante apareció en el borde inferior izquierdo seguidode un segundo y un tercero… La marea del interior del pórticorúnico se estabiliza y se abre succionando el aire de la sala.Desde el otro lado les llegan las palabras de poder del conjurador envoz viva. Suena como tañidos agudos que truenan haciendotemblar la sala.

Se hace el silencio ydos mundos se unen.

Los Nobles Imperialesgritan aterrados. Las luces mágicas de la sala se han apagadoy ven a intervalos a través de rayos que rebotan en lasparedes de la sala sesgando los bajorrelieves jeroglíficos consu furia. Durante esos breves instantes de luz y alivio, ven a sualrededor, decenas de vampiros de piel azulada vestidos con armadurasbarrocas de aleaciones mágicas desconocidas. Les atraviesancon miradas brillantes de odio sin fondo pronunciando maldiciones enlenguas perdidas, les muestran sus dientes y se abalanzan sobre ellosexigiendo su sangre y almas.

El pórticorúnico explota llevándose consigo la visión delos vampiros.

Se hace la oscuridad,unos segundos, hasta que los ojos de los nobles se acostumbran a laluz del atardecer que se filtra por la entrada del templo. Barones dela Guerra y Damas Plateadas gritan acongojados por la visióninfernal del mundo que crearon sus padres.

Sienten el miedo porprimera vez en sus vidas.

Las Damas Plateadasmaestras contemplan las ruinas del pórtico rúnicoajenas a la debilidad de sus congeneres. Su visiónextrasensorial ilumina como si fuera un sol a la sombra que emerge delas piedras quebradas y cobra forma.

Un latido centra laatención de todos los nobles. A los pies de los restos delpórtico rúnico se ha formado una figura humana. Unhombre. Si la muerte fuera tangible, ese sería su aspecto.

Era un hombre alto eimponente de casi dos metros de altura, delgado y musculoso, quevestía una armadura siniestra negra como el temor. Su conjuntode placas escamadas sobrenatural exhalaban un vaho sombrío enlas junturas de cada pieza; aunque todos los nobles miraban algigantesco rubi brillante que ardía y latía en elcentro de su pecho. El corazón de un antiguo dragón,susurró una voz glacial en sus mentes. Estaba engarzada a laarmadura por pequeñas garras demoníacas de nieblaespectral negra que se movían dando fe de su perversavitalidad. Casi podían palpar el odio que sentía porellos el alma atrapada del dragón. Turbados por semejantefuerza, elevaron sus miradas a las hombreras, grandes escamas sujetaspor garras afiladas que también sostenían la larga capaque caía hasta el suelo, tejida por una legión decriaturas espectrales compuestas por sombras densas y untuosas quemostraban sus rostros inhumanos para alimentarse de su miedo.

Lo peor, sin ningunaduda, era el rostro de aquel hombre, si es que alguna vez lo habíasido. Sus facciones denotaban el poder de la antigua sangre en unaproporción temible. Rasgos afilados forjados en tiempospreteritos. Mandibula firme con hoyuelo, pomulos como aristas, narizaguileña, labios crueles que esbozaba la sonrisa lobuna de uncazador acentuada por sus colmillos vampíricos. Su pielpalida, blanca y pulida como el alabastro, indicaba un estado demuerte desmentido por el pulso firme que hinchaba las venas negras,que destacaban sobre su piel a la altura del cuello y las sienes, porlas que corría una sangre más antigua que los viejossoles. Hacia un frío terrible en la sala y, cada vez que latíael corazón del hombre, no hacía sino estrechar suimplacable abrazo sobre los temblorosos cuerpos de los nobles.

Él, lesobservaba imperterito con sus ojos azul celeste. Pozos brillantes einsondables que transcendían las mareas del tiempo con suvisión. Los antepasados de los nobles, no habían tenidoel valor de preguntarle al hombre, cuando aún era humano, quéveía a través de ellos. Ahora lo sabían. Susmentes, protegidas por las más ferreas defensas mentales,habían sucumbido ante su implacable voluntad. Les obligaba aque ver su visión. El futuro de su raza de post-humanos pasabaa una velocidad vertiginosa en el interior de sus mentes, aunque elgemido placentero de una voz femenina ímpia y sádica,les devolvió a la realidad.

Aquel hombre que unavez fue Falkenberg, el Cazador, un Mentalizador, acariciaba con sumano derecha el largo pomo de un espadón hasta ahorainvisible. Su contacto físico, despertó del ensueñoa la criatura que habitaba la espada. Una PríncesaDemoníaca, Erishkigal. Les volvió a responderla abominación que los sometía. El metal perverso quecomponía la espada rúnica devoraba la luz con talfuerza que, estando dormida, era imposible verla en aquella sala tanoscurecida por la sombra de la tragedia. Ahora que Falkenberg laacariciaba, la espada volvía a latir despertando los fuegosinfernales que traspasaban su vaina de obsidania.

La visión delfuturo que navegaba por sus mentes, les infundó un nuevotemor. Veían a sus desciendentes combatiendo en interminablesguerras civiles por el poder, consumiendo mundo tras mundo,esclavizando y destruyendo a otras razas para saciar las necesidadesde sus ambiciones. La galaxia que ellos esperaban colonizar porsiempre, ya no era más que un yermo esteril, y su nuevodestino parecía que iba a correr su misma suerte.

Empezaron a comprender,demasiado tarde, que los Mentalizadores, cuando vieron tocar a sufin, no buscaron la manera de permitir el regreso de Falkenberg paravengarse, sino con el fin de salvar un futuro que jamásllegarían a ver. No estaban aquí para concluir unconflicto que se había alargado durante décadas: iban aser juzgados como raza a vida o muerte. Desconocían en quése había convertido Falkenberg, pero era imposible quesupusiera una amenaza para su imperio.

Unas risas espectrales,pronunciadas por gargantas desgarradas, graves, guturales y sesgadas,se rieron de los pensamientos de aquellos nobles, como si loshubieran escuchado. Captaron la fuente de las risas: la corona deobsidania de nueve puntas que lucía sobre su larga melenablanca, Falkenberg. Cada punta era la representación enrelieve de un dios sangriento de Mundo Destierro. Señores delas Tinieblas a los que el Vampiro Libertador había sometido,quienes le habían visto combatir demasiadas veces para noconocer el futuro de aquellos patétitos y débiles seresmortales tan engreidos en su ignorancia.

Falkenberg les señalóapuntándoles con su espadón mientras los cabellosblancos de su larga melena comenzaban a flotar mecidos por el poderque emergía de su interior, y les indicó con su manoizquierda abierta que no hicieran el menor gesto, a menos quedesearan precipitar los acontecimientos. La mera revelación desu guantalete abierto por las palmas, mostrando una boca secundariade forma pentagonal rematada por cinco colmimillos vampíricos,fue suficiente para desarbolar sus intenciones de sorprenderlo.

La espada rúnicase transformaba a cada instante. Su metal al rojo vivo no hacíasino expandirse, esculpiendo una bella y formidable espada de dosmanos gigantesca. En el centro de la hoja, bajo océanos demetal líquido, el voluptuoso cuerpo de la príncesademoníaca, Erishkigal, danzaba invocando ritos satánicos.Su belleza carnal no tenía comparación entre lasmujeres mortales, y su apetito por la sangre y el dolor, la consumíanen los fuegos de sus ambiciones. Entonaba una letanía en ellenguaje demoníaco del abismo que reforzaba la espada con ríosrúnicos esculpidos sobre sus agudos filos.

Los Barones de laGuerra, hechizados por su belleza y poder, no advirtieron lanaturaleza del orbe rubi de la empuñadura: una dimensionalinfernal cuyo vínculo con el universo era la espada; nitampoco se esforzaron por comprender las palabras de la príncesademoníaca. Caso en el que hubieran captado una inflexiónbasada en una deformación del lenguaje imperial que, tal vez,se hablaba en Mundo Destierro en la actualidad, en el que Erishkigalse dirigió directamente a Falkenberg, expresándole sudeseo de volver a bañar el universo con la sangre de las razasmortales más jóvenes y corruptas antes de yacer con él.

Las Damas Plateadas,que desearon no haber entendido una palabra, se concentraron en lavisión del futuro de su raza, rogando por que sus hijossupieran ver el camino al que les conducían sus acciones. Depronto, la visión saltó a un planeta idílicopropio de los tiempos perdidos en que habitaron su mundo natal antesde rendir culto a la tecnología y las ciencias, desterrandolas voces de los muertos y el canto de la magia que sóloalgunos escuchaban. Lo poblaba una raza humana cargada de vida,ilusión y esperanza. Eran el futuro del universo. Las DamasPlateadas lo supieron al instante.

Y entonces gritaron.

Vieron un gigantescoplaneta artificial, mil veces más grande que el suyo, MareExilium, devorar aquel mundo de jubilo y belleza, para alimentar sumaquinaría industrial, sedienta de los recursos de un mundoterrestre fertil; mientras sus habitantes eran conducidos a tetricospasillos hasta cámaras de muerte. Allí, unas máquinastomaban muestras de su ADN ignorando sus intentos de comunicación,y, al determinar que eran una raza inferior sin posibilidadescomerciales, los descuartizaban por miles, a fin de venderlos comocarne para bestias exóticas de un millón de mundos.

La visión sedesvaneció de sus mentes con el eco de los sacrificados delfuturo.

Y Falkenberg comenzo aarder: su larga cabellera blanca, sus ojos azul celeste, el corazóndragón de su pecho, la espada rúnica de Erishkigal…se transformaron en una sinfonía llamas que besaban lasparedes de la sala.

Habían sidojuzgados, y conocían el veredicto.

No hay redenciónen vuestra raza.

Fueronlas últimas palabras que escucharon los nobles imperialesantes de que el silbido de la espada rúnica cortando aire,armaduras, carne, musculos, huesos, tendones, órganos y almas,a una velocidad espeluznante, acompañado por el aullidosalvaje de la princesa demoníaca, les rompiera los timpanosjusto antes de morir.

Lossoldados imperiales que custodiaban las puertas del templo de losSeñores de la Muerte desenterrado a las afueras de la granciudad de Kar-Thagorin, arrojaron sus armas al suelo y escaparon a lametropolis cuando, tras los agónicos gritos de los nobles,vieron emerger por las puertas un río de sangre que descendíapor los escalones de piedra basáltica. Algunos gritaron hastaperder la razón. Fueron quienes tardaron demasiado tiempo envolver la cabeza, y vieron a Falkenberg surgir del umbral cubiertocon la sangre de los nobles. Borbotones de sangre caliente sedeslizaron desde su boca hasta el pecho pasando por la gargantadespués de tan magnífico festin, cuando proclamócon un rugido agudo y bestial que el tiempo de la extinciónhabía llegado.

Dondesu poderosa voz no llego, si lo hicieron sus poderes psíquicos,gritando a fuego su condena en la mente de todos los habitantes deKar-Thagorin, que gimieron atemorrizados echándose las manos ala cabeza escuchando de fondo los gritos de las almas de los noblesatrapadas en el corazón del orbe de Erishkigal, donde lapríncesa demoníaca jugaba con sus almas saboreando sutormento y dolor.

Recordandopalabras arcanas que le dictaba su alma inmortal atrapada enDisolución, Falkenberg pronunció un hechizo deauténtico poder. Una llamada que transcendió el tiempoy el espacio. Océanos de runas blancas brillantes como soles,giraban en espiral en derredor suyo. La espada demoníacaflotaba frente a él tejiendo una ventisca de runas demoníacasque reforzaban su hechizo, mientras volvía a transformarse: lavoluptosa guerrera vestida con una armadura de huesos demoníacos,se convertía en una hechicera cubierta por una bella túnica,ataviada por hermosas joyas de poder que se reflejaban en la nuevaespada de una mano, más delgada y elegante.

Laespada de un Señor Brujo.

Un eclipse cubrióla atemorrizada ciudad de Kar-Thagorin. La llamada de Falkenberghabía sido escuchada. La nave mágica orgánicamás grande y poderosa jamás construida por los Señoresde la Muerte flotaba por encima de la peninsula de aquel paíscondenado. La alarma de la ciudad apenas anunció lo inevitableunos segundos. La monstruosa nave disparó un rayo que atravesóel planeta de punta a punta evaporando Kar-Thogorin con sus millonesde habitantes. Herido de muerte, el planeta se descomponíafuriosamente: mares y ríos de fuego asolaban la tierra, losocéanos hundían continentes, la atmósfera rugíacon la tormenta del día del juicio final… la muerte sembrabasu cosecha por doquier alimentando a la nave con la agonía delmundo y sus habitantes culpables.

Falkenberg conocíabien la sensación que experimentaba la nave al quitar unavida, porque ambos extraían su fuerza de la muerte. La tierraen derredor del templo no eran más que miles de pedazos detierra y roca chocando unos con otros frenéticamente. Sólola fuerte magia del templo lo protegía por el momento.Falkenberg volvió a pronunciar su hechizo de llamada

Entonces la nave lovio.

Durante unos segundosque le parecieron eternos, la conciencia de la nave lo examinóen busca de una presencia familiar, que ni el propio Falkenberg sabíasi había existido nunca.

Un haz de tracciónlo envolvió al mismo tiempo que el templo cedía ante ladestrucción del mundo. Falkenberg se río salvajementemientras la nave lo izaba a su interior abriendo las compuertas, altiempo que se alejaba del mundo a punto de explotar.

Falkenberg no llego aver la explosión del mundo. La nave lo habíateletransportado así que subió a bordo al puente demando. A pesar de la inescrutable oscuridad envuelta en unasilenciosa amenaza, Falkenberg se dirigió con paso firme y dememoría al trono del piloto situado en el nivel superior.Arrojó al vacío sin ceremonias el cadaver de un Señorde la Muerte y tomó asiento. La consola de mando se encendióal sentir sus manos sobre el panel de control. La carne de la nave sedeslizó desde las paredes hasta él, infiltrando susredes nerviosas a través de su cuerpo. Al cabo de unosinstantes, Falkenberg escuchó la voz de la nave dentro de sumente.

¿Cuálesson sus órdenes, maestro?

Reanima a losDurmientes y pliega el espacio.

¿Destino?

Mare Exilium.

Milesde años luz más lejos y unos segundos después,Falkenberg se asomaba por el balcón principal de una bovedavertical del tamaño de una ciudad. Podía escuchar lospasos de millones de pies de los mejores guerreros jamáscreados mientras formaban filas y se asomaban por los anillos de laboveda. Cuando vieron en el balcón a Falkenberg empuñandoErishkigal transformada ahora en un cetro arcano, no tuvieron lamenor duda de que era un antiguo maestro, y gritaron exhaltados en uncrisol de lenguajes.

EnMare Exilium la flotaba estaba en alerta máxima. Por la bastared de colosales anillos de pliege espacial alrededor del planetaartificial, miles de guerra regresaban de todas las provincias delImperio para unirse a la flota defensiva que avanzaba a todavelocidad contra la misteriosa nave desconocida que habíaaparecido en el espacio próximo hacía apenas unosminutos. Los nobles almirantes transmitían por la red psíquicaun torrente de órdenes a sus capitanes. La flota se organizabaa un ritmo impresionante sobre la marcha, millones de cazasdespegaban de las catapultas, los esclusas de torpedos eran cargadas,los cañones magnéticos y láser acomulabanenergía, y las ordenes de Caballería Espacialdesplegaban sus hordas de cazas de elite y naves planetarias en laretaguardia para liderar el martillo de la segunda oleada.

Lamaquinaría de guerra construída a los largo de tres milaños, avanzaba como una manada de lobos hambrientos contra lanave arcana, que crecía usando la energía tomada de lamuerte de aquel insignificante mundo mientras seguíareanimando a los Durmientes, cargaba las naves de la flota y suscazas, y reproducía nuevas copias en masa.

Falkenberghablaba desde su tribuna a los guerreros de decenas de razas mortalescreadas en tiempos preteritos por los Señores de la Muerte,que habían jurado luchar por sus principios: la preservacióndel universo aniquilando aquellos que amenazaran su equilibrio.Algunos habitaban la nave desde sus principios cuando el universo erajoven, y habían sido despertados cientos de veces a lo largode millones de años; otros eran los últimossupervivientes que los Señores de la Muerte habíanpodido salvar poco antes de su propia caída. Falkenberg lesdecía con un tono melancólico y apesumbrado que, apesar de la desaparición de sus razas y hogares, habíanjurado servir por el equilibrio del universo hasta el fin de lostiempos, y que la desapareción de los Eternos no podíaser una excusa; ahora más que nunca, las razas jóvenesque sembrarían los germenes de la recuperación,necesitaban su protección frente aquellas sin esperanza que nohacían sino devorarlo todo para saciar por un instante elhambre sin fondo de sus almas vacías.

Ellos,los supervivientes de la caída, eran los únicos quepodían combatirlas.

Ungrito de guerra visceral cerró la sesión entrehermanos. Los guerreros corrieron en tropel por los pórticosde teletransporte a sus estaciones de combate ocupando los centros demando de la nave insignia, subiendo a las naves de la flota yentrando con sus cazas a las catapultas de lanzamiento.

Falkenbergascendía con un disco flotante al techo de la boveda que seabrió a su paso. Una vez sobre la cubierta de la naveinsignia, en el espacio, se dirigió al templo que habíanconstruido en el exterior los Señores de la Muerte paraparticipar en la batalla con sus propios poderes. Desde el trono deinvocaciones, rodeado de columnas esculpidas en relieves de Señoresde la Muerte y Eternos, tuvo una magnífica visión de laapoteósica flota Imperial que avanza hacia él a todavelocidad cubriendo el espacio con las llamas de sus impulsoresestelares.

Milesde estrellas que muy pronto se extinguirían.

Falkenberginsertó verticalmente Erishkigal en el centro de cristales depoder grabados en sigilos rúnicos, hablótelepaticamente con la príncesa demoníaca, y le dijoque pensaba hacer con una sonrisa lobuna en los labios. Una carcajadaímpia y perversa fue el preludio de la extraordinariacomposición rúnica que iban a interpretar alterando larealidad del universo. Mientras la príncesa demoníacainiciaba los primeros compases, Falkenberg dio instrucciones a lanave: los escudos se activaron, las baterías de armas mágicasse desplegaron por las cubiertas, los impulsores la situaron en rumbode interceipción dándole un aspecto de cometa furioso,y su flota se desplegó cubriendo los flancos de la naveinsignia. Iban a golpear el centro de la flota imperial con toda sufuerza.

Enrespuesta a la canción rúnica que interpretaban ycantaban Falkenberg y Erishkigal, una tormenta cósmica empezóa formarse por detrás de la nave insignia y su flota, a lasque cabalgó rumbo a Mare Exilium, el primer planeta artificialdel Imperio, de fondo.

Fuego,caos, destrucción y muerte brillaron en el firmamento.

Falkenberg,El Vampiro Libertador, Desciente de los Señores de la Muerte.

Habíaregresado del reino de las tinieblas, Mundo Destierro

Crónicas de Mundo Destierro:

Diario de un sueño – 23/04/09:

LesterKnight: ¡Muy buenas queridos, lectores y amigos! Despuésde unas semanas de ausencia, en las cuales he estado escribiendo miprimera novela, vuelvo con vosotros con un pequeño relato quehe escrito para relajarme. Me apetecía mucho volver aactualizar el blog, saber de vosotros y tratar de haceros pasar unbuen rato con uno de mis relatos. Este en particular, ha sido escritohoy mismo de un tirón para disfrutar como un enano. Queríaescribir algo de Falkenberg usando una parte de los nuevos diseñosy posibles futuros alternativos de las novelas. Y la verdad es que mehe desmelenado un poco.

Estassemanas por fin he concluido mi primera novela no publicable, unsilmarillion de 322 páginas de Mundo Destierro puro y duro,que ahora mismo estoy usando para consultar dudas segúnescribo la novela. Me ha costado mucho empezar a escribirla. Habíavarios guiones sobre la mesa y me gustaban todos. Pero al final me helanzado de cabeza por “El Duque del Destierro”, y ya estoy enello. La novela recoge precisamente el principio del relato: losúltimos días de los Mentalizadores y su persecuciónpor el Imperio, y, sí, Falkenberg realizará unaaparición.

Demomento las cosas marchan sobre ruedas. Si nada se tuerce despuésdel verano me tendréis dando la vara por aquí de nuevocon la novela terminada buscando editorial. A pesar de mi escasaactividad bloguera, me acuerdo mucho de todos vosotros, y os deseoque paséis un feliz verano y vacaciones.

¡Unabrazo a todos! Wink

Gamefilia