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En la Cripta de Kel Asborg – Capítulo II: La joven de la cabaña

Los cielos cargados deenergía mágica tronaban en respuesta a la llamada delvampiro superior. Rayos surgidos desde el rencor a los vivos caíansobre los arboles del bosque de Akal Phortes sembrándolo deincendios. Mientras las nubes por encima de las cabezas de la bandade cazadores de vampiros empezaron a girar frenéticamente,dando lugar a un vortice dimensional cuyos vientos huracanados traíanconsigo el ominoso eco de voces lúgubres y siseantes, quepreguntaban cada vez con mayor fuerza cuál era la ofrenda.

En la Cripta de Kel Asborg – Capítulo I

Mi alma, grito labestia a pleno pulmón con su último aliento, justo enel momento que un espadazo cercenó su brazo izquierdolimpiamente, y que un hachazo posterior le cortó el cuelloobscenamente, sin llegar a interrumpir el ritual; siendo testigos decomo el alma etérea de color marfil y esmeralda del vampirosuperior salía por su boca y ojos, elevándose libre alencuentro del vortice, que fue sellado tras su paso con un trueno queles hizo caer al suelo.

Se hizo un silencioterriblemente denso, tan sólo interrumpido por la histeria delas monturas, que forcejaban con las cadenas que las manteníanunidas al cadaver del vampiro, y el crepitar del fuego de los rayosmágicos que habían incendiado arboles cubiertos denieva y hielo. Los augurios no podían ser más funestos.Los supervientes de la banda de Arnthor se incorporaron y atendierona los compañeros aturdidos por el choque de cadenas, ambosilesos, mirando sin cesar a las inmediaciones del bosque que lesrodeaban, como si esperaran la aparición de cualquier bestiaespectral de pesadilla.

Arnthor, como antiguoestudiante de hechiceria en la Torre de Iktal Almir, conocíalos entresijos del ritual que había celebrado el vampirosuperior, por los tratados de magia sangrienta robada a brujosvampiros caídos en combate. Era una magia abominable. Elconjurador entregaba su alma a criaturas perversas de ámbitosnegados a los vivos, a cambio del derecho a tomar venganza sobre susenemigos. Arnthor se preguntaba si el ritual se habíacompletado con éxito, a pesar de la ascensión del alma.El hachazo había seccionado la garganta del vampiro durante lapronunciación final del hechizo, cuando realizaba lasinflexiones más importantes. Seguramente, habíaentregado su alma en vano, sin haber asegurado los puntos de conexiónastral con el escenario de la muerte. Y las criaturas tenebrosas sehabían apropiado de su alma igualmente; pero no podíancorrer el riesgo de continuar aquí por mucho mástiempo.

La banda se puso enmarcha haciendo gala de su férrea disciplina: cortaron lascadenas de los virotes clavados en el vampiro con un hacha especialpara tal cometido; saquearon el cadaver de la bestia y los compañerosmuertos; prendieron fuego a los cadaveres humanos, para evitar laprofanación nocturna de espiritus capaces de poseer cadaveres,y bañaron en acido el cadaver del vampiro, del que tan solorecuperaron la cabeza como trofeo; extrajeron la lanza de acero de sucadaver, la limpiaron y cargaron las ballestas con virotes de cristalinflamable. Arnthor, por su parte, escalaba el árbol de lacabaña a buen ritmo, sin poder evitar estremecerse al cruzarel punto donde Hector fue asesinado.

La joven capturada porel vampiro superior volvía a gritar sollozante mientras rogabaque la salvaran. Cuando Arnthor alcanzó la cabaña nisiquiera se la miró. Hizo caso omiso a la aborrecible escenade sangre y restos humanos, diseminados por su única estancia.Revolvió los arcones del vampiro superior y los recónditosocultos con la pericía de un saqueador consumado. No le costólocalizar el tesoro robado a los cadaveres de los comerciantes.Piedras preciosas de un valor incalculable. Suficiente para pagar alas esposas e hijos de los compañeros caídos los gastosde su vida, y permitir a los supervivientes unos años derelativa calma. Tal vez no pudieran devolverles los cuerpos por lascondiciones tan adversas del mundo al que estaban condenados a vivir,pero en la banda de Arnthor nadie daba la espalda a un compañeroo un familiar.

Cuando se hizo evidenteque iba a marcharse sin ayudar a la joven, ésta le insultógravemente con un desprecio más que visible, poniendo en telade duda la humanidad de Arnthor. Éste se la quedo mirandolargamente, con el cuerpo medio tendido en el aire, cuando iba ainiciar el descenso, con una expresión que le hizo callarse ypalidecer. Volvió a subir a la cabaña, sin dejar demirarla a los ojos, y le hablo de Hector y Gaut; los dos buenoshombres que habían muerto por su culpa. Y no le gustóen absoluto su manera de reaccionar, tan fría, tan artificial,tan práctica. Sus palabras de condolencias sonaban huecas yvacías. Gastadas. Acostumbradas a cautivar con la belleza desu misteriosa sonrisa, tan insignificante para hombre de la fronteraque había visto los mayores prodigios y pesadillas con suspropios ojos.

Con una daga ocultabajo su muñeca derecha, diestramente desenvainada en apenas unparpadeo, Arnthor rasgó las vestiduras de la joven que,convencida de que iba a suceder algo muy distinto, pedíaauxilio al resto de la banda. No tardó en encontrar mordedurasde vampiro profundas con cicatrices antiguas. Muchas más delas que recibiría cualquier víctima antes de sucumbir.La joven era una adorada de vampiros. Una ramera que saciaba losinstintos más bajos de un vampiro a cambio de gotas de susangre mutada, con la esperanza de que algún día seríaconvertida, si es que sobrevivía a la transformación.Casi con toda seguridad, la joven marchaba en algunas de lascaravanas atacadas por el vampiro superior. Se unió a él,y desde entonces le tuvo que haber ayudado a tender trampas, como lade hoy.

Sus excusas fueronzanjadas por el puñetazo de Arnthor, que le partíoambos labios y algún diente. Deshizo las ataduras que lamantenían cautiva en la silla, curiosamente anudadas de modoque ella hubiera podido liberarse, y la ató con cadenasdestinadas a futuras víctimas reales del vampiro superior.Todo sucedió muy rápido. Para cuando la aturdida jovenfue consciente de lo que ocurría, ya estaba de pie yencadenada en el marco de la puerta.

Esta vez sírogaba por su vida con auténtica sinceridad.

Tal vez, en cualquierotro mundo, un lugar de segundas oportunidades y finales felices,tras largas a interminables pruebas de fe, Arnthorn hubiera sido susalvador y posterior mentor; pero esto era el mundo real, un lugarinhospito y hostil donde el hombre era un extraño y la vidauna maldición, donde la línea que separaba el bien delmal se dividía por quien sobrevivía y quien moría,donde los peligros de la aventura eran implacables desde el primercapítulo y nadie llegaba al final sin pagar un preciodemasiado un alto, donde quizás la mejor decisión eramorir en el lugar correcto en vez de vivir eternamente en elincorrecto, donde la sangre era la moneda más cara y la másfácil de conseguir, donde el hombre se desdibujaba a cadageneración dando lugar a razas bendecidas por el toque dedioses siniestros.

Esto era MundoDestierro.

Arnthor empujó ala joven al vacío de una patada en la espalda, que la hizocaer unos metros, antes de las cadenas se tensaran y la hicieranoscilar golpeándose con otros cadaveres, que pendían dela cabaña. Alertados por el olor del miedo más puro,bandadas de cuervos se acercaron hasta los árboles máspróximos. Observaban a la joven con aquellos ojos marróngris pálidos que desbordaban inteligencia y maldad, sinprestar atención a Arnthor mientras descendía por elgrueso tronco. Conocían el orden natural de las cosas, ysabían que a los seres humanos peligrosos había querespetarlos hasta la muerte. En cambio… los indefensos erandistintos. Lo único que les retenía era el recuerdo dela huella del vampiro superior en la joven, pero ya no captaban supresencia ni su influencia en ella. En el momento que la joven dejode oscilar en el aire, quedando bien claro que era incapaz deliberarse, los cuervos cayeron sobre ella vorazmente. Ironicamente,había hallado la muerte que tanto le gustaba presenciar, comouna protagonista de excepción.

La agonía llegoa su fin con un virote inflamable disparado por uno de los compañerosde la banda, que deseaba atrapar a cuantos cuervos pudiera. Y bienque lo consiguió. Decenas se precipataron al sueloparcialmente quemados sin vida.

Para cuando Arnthorllego al suelo, la banda le aguardaba montada en los caballos, conlas ballestas cargadas y los pergaminos a punto. Con un gesto deaprobación, entregó el tesoro al contable de lacompañía, se subió a su yegua blanca, y abrióla marcha al galope. Silbó en repetidas ocasiones, llamando alos Mastines de Guerra, desaparecidos desde hacia un buen rato, enbusca de alguna presa. Al cabo de unos minutos, los cinco caneshicieron acto de presencia y se sumaron a la marcha. Conquistador,el macho dominante, un bravo animal apenas un tercio máspequeño que un caballo, transportaba entre sus dientes losrestos humanos, de lo que por su armadura de cuero se distinguíacomo un Saqueador de Sangre. Bandidos de la peor cañala queasaltaban caravanas para robar litros de sangre a los prisioneros, enalgunos casos, hasta la muerte. Por las recientes melladuras en lasarmaduras de los canes y la sangre reseca, se adivina que colaborabancon el vampiro superior, y que los mastines de guerra los habíanatrapado por sorpresa. Seguramente, un poco antes de que se sumaran ala trampa del vampiro, atacándoles por la espalda a traición.

Con todo, a pesar deléxito de la misión y la amargura de los caídos,la aventura no había hecho más que comenzar. Quedabanpocas horas de luz, estaban lejos del refugio más cercano, ylos primeros moradores de la noche despertaban, anunciando congruñidos y alaridos espeluznantes el festín que prontose darían. Tenían que cabalgar con presteza si queríanponerse a salvo, y encomendarse a los ancestros sagrados para que elhechizo del vampiro superior fracasara.

O estaríanperdidos para siempre.

Continúa en… Capítulo III

 

Lester Knight: ¡Saludos, queridos lectores y amigos de Gamefilia! En la Cripta de Kel Asborg continúa con el desenlace del combate con el vampiro superior, cuyas consecuencias no pueden llegar ni a imaginarse nuestros protagonistas, presentando un terror más conocido: los seres humanos y su condición. Es también un capítulo que muestra los primeros detalles de los personajes, y a su modo, inicía la auténtica historia del cuento. 

Personalmente, estoy contento con el capítulo, y espero y deseo que os guste. Tal vez, la escena de la chica es demasiado fuerte, pero pensándolo detenidamente, llegué a la conclusión que cualquier otra interpretación hubiera sido más política que realista en cuanto al modo de vida de Mundo Destierro. Fue algo surgido de la inspiración, que en frío no he querido cambiar.

Bueno, queridos lectores y amigos; por hoy me despido de vosotros. En unos días, volveré con un nuevo capítulo de "En la Cripta de Kel Asborg", del que os puedo adelantar, que si os ha gustado la historia hasta aquí, lo más probable es que os encante Mr. Green

¡Un abrazo! Wink

Gamefilia