Una Agente Imperial en el Distrito Perdido

Bajola noche holográfica de Tharsis Prime, una arcaica ciudad estelarimperial, caía una lluvia artificial más fuerte de lo habitual,para purificar la atmósfera tóxica de la urbe industrial. La únicafuente de ingresos legal tras la avería del impulsor principal,ahora que yacía varada sin esperanza en una luna remota rica enmetales exóticos.

Loscondensadores del escudo que protegía la boveda urbana de laradiación solar exterior se descargaban produciendo rayosdeslumbrantes que azotaban los rascacielos más elevados, en sumayoría estructuras desnudas en ruinas, simbolo de una época másprospera, cuando sus habitantes soñaban con algo más que unospulmones mecánicos.

Ajenaa la inquietud de las nubes, la fuerza de los vientos y los oscurospresagios, una joven surcaba los aires a gran velocidad propulsadapor un disco gravitacional militar.

Unafigura solitaria invisible a miradas extrañas por la capa óptica deinfiltración que la cubría de los pies a la cabeza. Aquella nocheapenas podía mantener el equilibrio entre tantas turbulencias apesar de ir a pleno impulso. Cualquier otro miembro de la unidadespecial ya se hubiera precipitado al vacío. Milla era diferente

Siemprelo había sido.

Ellamisma había solicitado a sus superiores que ordenasen a losingenerios de Tharsis Prime invocar las condiciones más adversas,para luego ofrecerse a ser la agente destacada en el DiscoGravitacional. Sólo así el objetivo podría ser atraído a latrampa. Creyendo a los agentes imperiales permanecerían acuarteladoshasta el alba.

Seequivocaba.

Comoapoyo de Milla, dos helicópteros sigilosos penetraban en el distritoperdido a baja altura por las calles más angostas. Cualquierobservador casual pensaría que estaban patrullando una zonaconflictiva o de camino a una redada para capturar a traficantes deimplantes cibernéticos prohibidos, si es que llegaba a percatarse dela presencia de aquellos fantasmas.

Mientrasella continuaba ascendiendo hasta sobrevolar las agujas de losrascacielos más altos del distrito perdido. Podía sentir la energíaestática en el aire por donde hacía unos segundos había pasado unrayo, e incluso el intenso frío bajo cero de las alturas, además decada particula de la lluvia golpeando con violencia la superficie desu traje amplificador. No sólo potenciaba su físico y lo protegía,sino que llevaba su percepciones a nuevos niveles. El visor derealidad aumentada incorporado al casco estaba vinculado en tiemporeal a toda la red de Tharsis Prime con privilegio de administrador.Eso le permitía contemplar el mundo a plena luz en cualquiersentido. No tenía más pensarlo inconscientemente para que elordenador instalado en el traje hiciera el resto.

Lacantidad de estimulos y sensaciones eran tan desbordantes que Millaera la única agente imperial en la ciudad capaz de usar un trajeamplificador sin capar, ni llevar en su cuerpo la menor modificación.

Sumisteriosa sangre era todo lo que necesitaba.

Enel siniestro complejo de rascacielos gobernados por la banda decíborgs al margén de la ley la calma era aparente. Los guardianesrealizaban sus patrullas habituales, los drones inspeccionaban lossectores marginales, y los trabajadores de la ciudad se entregabandiversiones y distracciones con las que olvidar un duro einterminable día en las fábricas antes de regresar en apenas unashoras.

Nosería Milla quien les impediría buscar la efimera felicidad quecontenía la revolución social. Un visitante no autorizado era laauténtica razón de su presencia. Una compuerta exterior losuficientemente grande para permitir el paso a una nave de combate,no muy lejos del propio distrito perdido, había sido usada minutosantes.

Unarriesgado favor al que pocas veces se prestaban los criminalescíborg.

Teníaque ser él.

Nole hacía falta consultar la realidad aumentada de su casco parasaberlo. Milla lo sentía cerca, muy cerca. Oculto por un campo defuerza muy potente que ella podía atravesar. Tal vez seguía en elinterior de la nave de combate.

Desdelas alturas escaneando el horizonte hasta la compuerta con diferentessistemas de visión pudo captar el peculiar rastro residual de lanave. Ya no tenía ninguna duda. La huella indicaba que acababa desalir del hiperespacio. Quién contaría con semejante nave hoy endía salvo él.

Erauna suerte que nadie pudiera verla. Milla estaba temblando. Tras unavida de soledad soportando una diferencia que se esforzaba porocultar lo mejor que podía, la primera vez que se encontraba quizáscon un igual a ella, estaba obligada a detenerlo o acabar con él encaso de resistirse si era necesario.

Habíatanto que quería preguntarle, tanto que quería saber, tanto quenecesitaba decir, tanto que anhelaba compartir… pero no se hacíailusiones. Él no sería diferente a los demás. Otro lobodispuesto a explotarla en beneficio propio a cambio de ofrecerle unhogar al cual pertenecer, además de costear su siempre precariasalud.

Servíaa la Guardia Imperial en Tharsis Prime porque fueron los únicosinteresados en rescatarla de los callejones cuando estaba mediomuerta de frío y hambre, después de ser abandonada por su familiatras descubrir el despertar de su naturaleza.

Suscompañeros, los agentes imperiales, eran lo más parecido a unafamilia que tenía.

Razónpor la cual les había pedido que aquella noche no intervinieran alprincipio. Si la mitad de lo que aseguraban los informes acerca de éleran ciertos, se desataría una violencia ante la cual sólo valdríanrecursos extremos que Milla no quería revelar abiertamente.

Nuncamás volvería a ser considerada una de ellos después de eso…

Latemerían tanto como a él.

Eldisco gravitacional se detuvo en la plataforma de aterrizaje delrascacielos más alto del distrito perdido. La lluvia remitía. Atrásquedaba la incertidumbre. Un pensamiento fue suficiente para queMilla indicara al traje amplificador que iniciara el protocolo decombate. La superficie exterior se reconfiguraba, el generador deenergía pasaba al modo agresivo, los escudos se alzaban. Mientras sumúsica favorita sonaba a todo volumen un torrente de drogasexperimentales corría libre por sus arterias.

Atrásquedaba el frío, el miedo, la soledad, la duda y los fantasmas delpasado y del futuro.

Millaardía en el presente inmediato de la lucha.

Ensilencio, invisible, cargando su fúsil de asalto magnético bajo lacapa óptica de infiltración, Milla avanzó hasta detenerse en lacornisa del rascacielos. Ella contenía su fuerza interior para quenadie pudiera captarla. Él no era tan precavido. No estabaacostumbrado a tener cerca a alguien que pudiera sentirle nioponersele. Pero su visión oracular estaría alerta a la menorseñal.

Allíestaba, en un rascacielos contiguo un poco más bajo, en laplataforma de aterrizaje, el caza estelar de combate másimpresionante que Milla hubiera visto jamás. Desde cuyo interior unpulso de fuerza constante latía agitando la atmósfera mientras undestacamento de cíborg ponía a punto la máquina de combate.

Unareliquia del antiguo imperio galáctico en manos del rebelde másbuscado de la galaxia.

Sólounos escasos cientos de metros les separaban.

Unimportante cíborg había acudido a recibirlo, la cabina se abría,no tendría mejor oportunidad. Tenía que actuar antes de suscompañeros alcanzaran las alturas.

Millatomó aire y se precipitó al vacío, fúsil en mano, apuntando a suobjetivo.

Entoncessus miradas se cruzaron por primera vez.

Continuará…

Crónicas de Mundo Destierro:

Lester Knight: ¡Saludos, Desterrados! Desde que publiqué el último relato hace una semana "Crónicas de un cautivo en la Ciudad sin Amanecer" estuve trabajando en otra historia relacionada con él, aún por publicar. Para descansar un poco de tal temática he andado revisando los apéndices del Éxodo, y eso me ha llevado a recordar personajes por los que tengo un gran cariño, los cuales, llevaban bastante años sin recibir una nueva historia desde "El Barón Negro".

Anoche, antes de dormir, me vino a la cabeza esta historia, y como la práctica sólo vuelve mediante la acción me puse a ello. Espero que os guste. Cualquier sugerencia o comentario es más que bienvenido.

¡Un saludo a todos! 😉