Relatos: Y si fuera cierto…

 

Acababa de salir del trabajo.

Como cada día examino la recaudación y separo los billetes más grandes de los más pequeños.

Con el fajo me dirijo al cajero más próximo que resulta estar a medio camino de casa y de mi lugar de trabajo habitual.

(No especifico dónde que no quiero sustos. No me fío de vosotros que me queréis robar los 200 millones que meto cada día…)

Al llegar a la puerta me doy cuenta de que dentro hay un chico joven operando con la máquina que viste con pantalón vaquero y cazadora marrón oscura.

Como no tengo más remedio, me pongo a esperar.

Me mantengo en la puerta (la única) sin cambiar de sitio. Saco la cartilla para que vea, si por un casual se da cuenta de que estoy allí, que voy a ingresar y que no se sienta intimidado al esperar junto a la entrada.

Está abierta. Pero no entro.

Repaso la calle con los ojos. Veo ciudadanos caminando que regresan a sus casas después de un duro día de trabajo.

Me viene a la cabeza el pastel de carne que he visto en la pastelería por la que acabo de pasar.

Pienso en que tengo que comprármelo. Que me apetece mucho.

Cuando ha pasado un tiempo prudencial vuelvo mi mirada hacia el interior y observo que en la máquina no hay nadie.

No es posible. Por la puerta no ha salido.

Quizás esté en un rincón inaccesible para mi vista.

Me decido a entrar y busco por todas partes.

El sujeto no está.

El banco está cerrado con las luces apagadas. Una reja mecánica impide el paso a la sucursal. Por ahí no ha podido irse.

Por la puerta de la calle tampoco pues estaba yo guardando el turno y se habría topado conmigo.

¿Dónde demonios ha ido a parar?

He hecho el ingreso mientras me comía la cabeza con este suceso.

¿Qué ha pasado realmente?

SNABISCH 25 Aniversario