Mass Effect: Close Encounters (Por RikkuInTheMiddle) -Parte 3-

 

Capitulo 8

Desde luego, pensó, aquel hombre no podía ser Ohone. Vestido con un traje ambiental, el misterioso acompañante de la teniente Simmons, aún cargaba a su espalda el rifle Volkov con el que había disparado a la bestia, y salvado su vida. Un vistazo más a fondo reveló que ni siquiera era humano: cada mano poseía tres dedos en lugar de los cinco habituales en los humanos. Su voz además, distorsionada mecánicamente por el altavoz del casco del traje, tenía un curioso acento que lo delataba, alargando innecesariamente las eles. Aunque Sareyev nunca había visto ninguno con anterioridad, enseguida supo que se trataba de un quariano, uno bastante joven además.

– ¿Y el sargento Ohone? – alcanzó finalmente a preguntar.

– Muerto – respondió Ellie lacónicamente – No pudo sobrevivir al impacto. Como Nichols, supongo.

Mientras ambos oficiales hablaban, Dalsem se deslizó hasta donde descansaba Lizzy. La joven seguía inconsciente, durmiendo plácidamente, pero su situación podía ser todo menos tranquila. El golpe de la caída, durante el ataque de las fauces trilladoras, había provocado que el fragmento de metal de la pierna se desplazase, seccionando la arteria y provocando una hemorragia masiva. Del cinturón de su traje, el quariano sacó una pequeña herramienta de cirujano y empezó a cauterizar la herida, mientras con la otra mano presionaba para frenar la hemorragia.

– ¡Quítale las manos de encima! –  gritó André intentando agarrar al quariano del hombro, pero Ellie lo retuvo, apartándolo a un lado.

– ¡Tranquilo! – le dijo Ellie señalándose con la mano libre la cura que Dalsem le había practicado en la herida del costado – Sabe lo que hace.

La operación no duró más de cinco minutos, tras la cual, Dalsem le inyectó un estimulante para que la joven recuperase la consciencia. Cuando por fin abrió los ojos, lejos de asustarse al ver el extraño aspecto de su salvador, se limitó a bromear como hacía siempre.

– Si he muerto y estoy en el cielo, – susurró con la voz aún débil – tú debes ser el ángel más raro que he visto nunca…

Mientras los dos humanos estallaron en una carcajada que retumbó en el valle, Dalsem no acababa de entender el motivo. Aquello debía ser lo que llamaban popularmente el "humor humano", algo que el resto de especies de la galaxia no acababan de comprender.

– Bien, ¿cuál es el plan, señora? – interrumpió por fín Sareyev. Aunque había mantenido las formas, el tono con el que pronunció la frase era de todo menos respetuoso. Ellie prefirió ignorarlo.

– Antes de encontraros,- le respondió – él y yo íbamos en busca de las provisiones de la cola. Supongo que vosotros iríais en busca de la baliza…

Sareyev se limitó a asentir con un simple movimiento de cabeza.

– De acuerdo. – continuó Ellie – La baliza ya está activada así que lo más prudente es regresar  allí para que nos recojan, aunque este caballero – dijo señalando a Dalsem – también tiene su propia nave y nos podría llevar…

Al quariano no le gustaban los derroteros que estaba tomando la situación, una cosa era ayudar a aquella gente y otra bien distinta permitirles subir a la nave a la que tanto aprecio le tenía. Lo cierto era que no acababa de fiarse de ellos, al menos del varón, aunque con el poco tiempo que había estado con Ellie, había llegado a desarrollar un curioso vínculo de cariño, más allá de la simple colaboración. Ellos eran tres, aunque una estuviese herida, y podían perfectamente rebelarse y apropiarse de la nave. Contra su propia voluntad, Dalsem consintió.

– Está bien. Mi nave está oculta a unos dos clicks de aquí, en dirección a la puesta de sol. Podríamos ir hasta allí y yo os trasladaría hasta la colonia humana más cercana.- respondió resignado

– Muy bien. – prosiguió la teniente – En ese caso, Sareyev y Sánchez se irán en tu nave mientras yo espero a que venga el rescate.

– ¡No! – gritó Sánchez. Por un momento, todos los presentes se habían olvidado de la presencia de la joven cabo que ahora se erguía todo lo que su 1,85 le permitía – Si me permite, señora, – dijo intentando recuperar las formas marciales – somos un equipo y como tal debemos permanecer unidos. Ese es el lema de los marines, señora.

Ellie sonrió. Por supuesto, aquel no era el lema, pero las palabras de la cabo encajaban a la perfección con los valores que desde su ingreso en la academia, se les había tratado de inculcar. Nunca se abandonaba a un compañero, aunque este fuese un superior y se estuviera acatando una orden.

– Es una orden, Sánchez. – contestó – Precisamente usted debe ser evacuada inmediatamente, y no sabemos cuánto tiempo podrían tardar en rescatarnos. No me arriesgaré a que haya una muerte innecesaria más.

– Una orden o no, – dijo Lizzy con determinación – yo no me voy de aquí sin ti.

Sareyev contemplaba asombrado la escena. Por un lado le sorprendía el espíritu de autosacrificio de la teniente en un acto que parecía impropio de ella, o al menos de la imagen que él se había forjado. Por el otro, conocía de primera mano la testarudez propia de Lizzy, que era incapaz de transigir cuando se proponía algo, aunque ello pudiera costarle un consejo de guerra. No le gustaba tener que tomar partido, pero sabía que la joven no iba a dar su brazo a torcer y se sentía incapaz de abandonarla, de modo que, aunque en realidad no deseaba hacerlo, se puso del lado de la cabo Sánchez.

– No estaría bien que cuando vengan a rescatarnos sólo la encuentren a usted. – replicó con un deje en la voz que revelaba que en realidad eso no le importaba lo más mínimo – Yo también me quedo.

– Está bien. – se resignó Ellie – Puesto que parece imposible que se comporten como soldados y acaten sin rechistar mis órdenes, pueden acompañarme a la baliza. Ya decidiré más tarde qué hacer con vosotros.

Aunque su voz sonaba autoritaria, en realidad, la teniente agradecía secretamente que sus soldados se negaran a abandonarla. No se sentía una heroína aunque intentara comportarse a los ojos de los demás como tal, y el simple hecho de imaginarse morir sola, abandonada en aquella roca a la espera de una ayuda que nunca llegase, le producía escalofríos. La preocupación de Lizzy sabía que era genuina y sincera, porque había llegado a trabar con ella una buena amistad o al menos una relación más allá de la simple cadena de mando, pero no podía decir lo mismo de Sareyev. Él la odiaba desde el mismo día en que se le dio el mando de la Orleans. El teniente la consideraba una oportunista, pero lo que él no sabía, en parte porque ese hecho había sido enterrado en los archivos de la Alianza, era que Simmons había sido degradada por insubordinación al negarse a avanzar durante la batalla de Nepherion, salvando la vida de sus hombres de una masacre innecesaria. El hecho de que, después, consiguiera tomar un puesto avanzado de torretas antiaéreas, salvando así varias naves de la Flota, sólo le había evitado la cárcel y la condena fue sustituida por una misión de patrulla en los confines de los Sistemas Terminus, lo que a los ojos de cualquier militar con ganas de ascender sería considerado como un exilio forzado, pero no para Ellie.

Se giró hacia Dalsem.

– Agradezco tu ayuda, y me encantaría compensarte de alguna forma si volvemos a vernos algún día. – dijo estrechándole la mano – Creo que esto es una despedida, aunque no se me dan demasiado bien.

– No es necesario, -respondió – mi peregrinaje sigue en curso y lo cierto es que no tengo ninguna razón para regresar a la Flota Migrante todavía, así que – dejó escapar un suspiro – sigo teniendo la obligación moral de ayudaros en todo lo que pueda. Os acompañaré, si no es molestia.

Agradecidos, los tres humanos le respondieron dándole palmadas en la espalda y golpes en el hombro, gestos de agradecimiento y camaradería que Dalsem, aunque no acababa de comprender, agradecía. Enseguida se pusieron en marcha y en pocas horas llegaron junto a la baliza donde montaron un campamento.

Capitulo 9

La SSV Varsovia, un crucero de tamaño medio de la Alianza de Sistemas, había recibido no hacía mucho una señal de socorro proveniente del sistema Anteus, en pleno cúmulo Hades Gamma. La naturaleza de la señal no dejaba lugar a dudas, puesto que empleaba el código estándar de la Flota de la Alianza que incorporaba cifrado el número de referencia de la nave, identificada como la fragata de medio alcance SSV Orleans. Además, el código de la señal incluía otra información que identificaba el dispositivo desde el que se emitía, que en este caso correspondía a la baliza de accionamiento manual. Normalmente, esta baliza no se utilizaba porque, en caso de que hubiese supervivientes, la automática era la que se activaba sola, y en el caso de que la IV de la nave estuviera inoperativa por la gravedad del impacto, la nave seguramente estaba tan destrozada que no cabía la posibilidad de que ningún tripulante hubiese sobrevivido. Por eso, aquella señal era tan extraña, y por eso, el capitán Mladic, decidió enviar a su segundo de a bordo a investigar el orígen de la señal.

La Varsovia se posó con delicadeza sobre la superficie pedregosa de la llanura, a unos centenares de metros de lo que parecía un campamento improvisado, cerca de los restos de una nave, supuestamente la SSV Orleans. El comandante Tremaine, primer oficial, descendió de la nave junto a su equipo no sin antes tomar ciertas precauciones: según los informes de Exo-Geni, la compañía que hacía unos años había iniciado los intentos de terraformar el planeta, Trebin estaba infestado de fauces trilladoras y éstas solían cazar en terrenos abiertos como los que ahora estaban pisando. Aunque estaban a apenas unos metros de su objetivo, el equipo de Tremaine llevaba consigo RPGs y granadas de alta potencia, por si acaso. A medida que avanzaba hacia el campamento de los supervivientes, el comandante pudo identificar los componentes de aquel grupo tan peculiar, dos mujeres, un hombre y un quariano. Lejos de acercarse corriendo dejándose llevar por la euforia del rescate, los supervivientes lo observaron casi sin reaccionar, permaneciendo tumbados a la sombra de los restos del casco de la nave, excepto una mujer joven, la que no parecía herida, que se levantó y se acercó hasta donde él estaba, saludándole al estilo militar.

– Soy la teniente Simmons, oficial al mando de la SSV Orleans.

– Comandante Tremaine, de la SSV Varsovia – le respondió el comandante devolviéndole el saludo – Patrullábamos los límites del sistema cuando hemos captado la señal de socorro, ¿podría explicarme que pasó exactamente?

– Estábamos recorriendo el sistema Anteus en busca de alguna señal de piratas o esclavistas batarianos, cuando detectamos una nave orbitando cerca de Trebin. Al analizarla, nos dimos cuenta de que no pertenecía a ninguna especie afín al Consejo, y que sólo podía pertenecer a los geth.- le respondió la teniente.

– ¿¡Geth!? – la expresión de sorpresa era evidente en el rostro del comandante, aunque la respuesta no fue la que Ellie esperaba – No sabía que habían llegado tan lejos de Eden Prime.

– ¿Eden Prime? – ahora la sorprendida era ella. No sabía que tenían que ver los geth que les habían atacado con una pacífica colonia humana, la tercera en tamaño, tras Elysium y Terra Nova – ¿A qué se refiere?

Por un momento, Tremaine había olvidado que aquella gente había pasado aislada casi una semana, sin recibir ninguna noticia del exterior. Por eso no sabían nada de la devastadora incursión  que los geth habían realizado en Eden Prime, matando a todo aquel que encontraban a su paso. Muchos soldados murieron heroicamente defendiendo la colonia y las víctimas civiles se contaban por millares. Al final, la colonia había logrado salvarse in extremis de la destrucción total, pero las heridas del ataque tardarían en curarse.

– Hubo un ataque geth hace cinco días, a la colonia de Eden Prime. – respondió por fin, apesadumbrado – Conseguimos repelerlos, pero la Alianza ha decretado el estado de alerta temiendo futuros ataques. Ahora mismo deberíamos estar dirigiéndonos a Arturo, para reunirnos con el resto de la Flota.

Ellie permaneció unos segundos pensativa. Era obvio que los geth habían abandonado su retiro en el Velo por alguna razón que no acababa de comprender. Aunque fueran máquinas sin sentimientos, eran seres racionales que no atacarían sin lógica una colonia de la especie que fuera, por el simple cálculo de bajas que una guerra a esa escala causaría en sus filas. Debía haber algo detrás, algo que por el momento, a ella y a los altos mandos de la Flota se les escapaba. Otro de los misterios que la existencia de los geth planteaba era cómo habían podido mantener su población estable o que hubiesen evolucionado especializándose de aquella manera tan funcional. Era obvio que los tanques geth que le habían atacado no habían sido diseñados por los quarianos, ni tampoco las naves acorazadas. Existían demasiadas incognitas sobre esa raza de máquinas pensantes, que ahora se habían convertido en una amenaza para todo el universo.

– Necesito que evacuen a mi gente, comandante – dijo finalmente Simmons – ah, y me gustaría pedirle un último favor: ¿le importaría dejarme uno de sus rover y equipamiento?

– ¿Para qué? – la extraña petición había pillado completamente por sorpresa a Tremaine.

– Necesito investigar una cosa antes de salir del planeta. Es algo,… personal – hizo una breve pausa mientras miraba de reojo a Dalsem.

Tremaine dudó unos instantes. Era obvio que la teniente se traía algo entre manos, pero tampoco tenía ganas de sonsacarle qué intenciones tenía. Al fin y al cabo, la petición no era tan descabellada puesto que podía ser que simplemente quisiese recuperar algún objeto personal importante, perdido entre los restos de la nave. Lo que más le llamaba la atención era que solicitase equipamiento militar, armas en cantidad suficiente como para librar una guerra a pequeña escala. Finalmente, el comandante accedió, prestándole un viejo M29 Grizzly que había vivido tiempos mejores, así como un buen surtido de rifles de asalto y escopetas.

– Aquí tiene. Tenemos órdenes de una evacuación inmediata, de modo que sólo le esperaremos un día más, antes de partir hacia donde se está reuniendo la Flota – antes de retirarse de nuevo a la SSV Varsovia, se volvió – Le aconsejo que se dé prisa.

Mientras el comandante Tremaine se retiraba, Ellie se colocó la armadura Onyx de la Alianza mientras indicaba con un gesto a Dalsem que la acompañara. Justo cuando se disponían a subir al viejo vehículo, sintió como una mano le agarraba del hombro. Era Sareyev.

– Creí que te ibas a ir con Lizzy – le dijo tratando de ser amable.

– Voy con usted – le respondió él de forma tajante.

– No tienes porqué. – repuso ella – Tu responsabilidad bajo mi mando quedaba restringida a la Orleans: no hay nave, no hay obligación. Eres libre de hacer lo que quieras hasta nueva orden.

– Pues lo que quiero es ir adonde vayas – Sareyev no estaba dispuesto a que le dejaran fuera, fuese lo que fuese que aquellos dos estuvieran tramando.

A Ellie no le quedó más remedio que aceptar. No le gustaba Sareyev, y sabía que el sentimiento era mútuo, pero también sabía el peligro al que se iban a enfrentar para el que cualquier ayuda, aunque fuese la de André, era poca. Con un gesto, le indicó que subiera al Grizzly, e iniciaron su marcha en pos de la posición en la que había visto desaparecer días antes a la caravana geth. Recuperar su pista era lo mínimo que podía hacer por Dalsem, y ahora que sabía que los geth se habían convertido en una verdadera amenaza, averiguar qué era lo que estaban buscando en aquel planeta era lo prioritario. Si hubiesen informado a Tremaine o al capitán del Varsovia sobre los geth, seguramente estos habrían optado por bombardear indiscriminadamente el planeta, al fin y al cabo deshabitado, desde su órbita, dejándoles sin la posibilidad de poder descubrir nada. Sin embargo, así, sin informar de sus intenciones reales, también se arriesgaban a morir a manos de los droides o a un consejo de guerra si sobrevivían. Por eso había dejado al margen a la cabo Sánchez, que se habría empeñado en seguirles a pesar de su estado, y su intención era dejar también a Sareyev, pero éste, por alguna razón que no acababa de entender y a pesar de su declarada hostilidad, se empeñó en acompañarles.

No tardaron más de veinte minutos en llegar el punto en el que había perdido de vista a los geths el día del ataque. Ante el riesgo de un ataque súbito de fauces trilladoras, Sareyev se ocupaba de la torreta de 40mm del Grizzly, sin embargo, el trayecto hasta allí había sido de lo más tranquilo. Dalsem bajó para inspeccionar las huellas que se movían linealmente en una dirección muy concreta: no sería difícil seguir su pista. Por el grupo de huellas, identificó a los componentes de aquella siniestra caravana: 2 colosos, 4 fantasmas, 1 destructor y sólo tres soldados de asalto. A primera vista, podían parecer un enemigo al alcance, pero la presencia de dos colosos geth, una de las armas más formidables nunca vistas, colocaba la balanza claramente a favor del enemigo.

El rastro llegaba hasta una extraña formación rocosa en mitad del llano, con una forma poco habitual. Un vistazo más cercano reveló que se trataba de una construcción, creada por alguna raza extraterrestre, probablemente proteanos, desgastada por el continuo asedio de las ráfagas de viento alcalino de Trebin. Las huellas desaparecían justo allí, sin que hubiera ni rastro de la caravana, lo que indicaba que, de alguna forma, habían logrado entrar en su interior. El equipo formado por los dos humanos y el quariano, descendió del M29 con las armas a punto, ante la posibilidad de una emboscada, y se aproximó a la estructura. No había puerta alguna ni ningún interruptor que permitiera abrirla.

Ellie pasó la mano por la superficie del monumento. Era suave al tacto como si el metal de que estaba hecho hubiese sido pulido con esmero. Entonces, sin previo aviso, se oyó un chasquido metálico y el frontal de la estructura se abrió como si fuese una puerta de doble batiente, abriéndose a una profunda oscuridad. Con un gesto, la teniente indicó a sus acompañantes que activaran la visión nocturna del casco de su armadura y entró sigilosamente en la estructura, con el rifle a punto y los escudos cinéticos cargados. Bajo la luz verde artificial, el interior de la estructura se perfilaba con sus enormes columnas metálicas abigarradas que llegaban hasta el techo, no visible por su altura, en una arquitectura barroca pero funcional. En el fondo de la sala, el grupo de geths se reunía en torno a un objeto que no alcanzaban a ver, como si estuviesen rezando, o al menos eso era lo que parecía a simple vista.

Con una señal, Ellie ordenó a Sareyev que se posicionara. Él llevaba un RPG antitanque con el que podría destruir uno de los colosos de un sólo disparo. El problema era que no podría efectuar una recarga a tiempo para disparar al segundo, con lo que se quedaría al descubierto ante el enemigo. La teniente había sopesado la situación: del segundo coloso se encargaría ella con un ataque biótico. Si era capaz de concentrar bastante energía, podía levantarlo del suelo lo suficiente para que el coloso quedara a su merced el tiempo justo para que pudiese ser derribado por Sareyev. Del resto, se tendría que encargar Dalsem por su cuenta.

El ataque fue muy rápido. El impacto del RPG destruyó sin problemas el primer coloso, y la onda expansiva que provocó hizo caer a los geth antropomorfos que se encontraban cerca. A continuación, el segundo coloso se elevó unos instantes quedando ingrávido, mientras una segunda explosión inundó de luz la sala. Dalsem había lanzado una granada de iones que inutilizó los sistemas de los soldados geth unos segundos, tiempo suficiente para que el quariano los rematara a placer. Finalmente, una última explosión, la de un nuevo proyectil de RPG, acabó con el último de los colosos y con la batalla. Todos los geth estaban muertos y no había que lamentar ninguna baja en su equipo.

– ¿Qué creeis que es? – preguntó Sareyev acercándose al objeto que los geth parecían haber estado venerando.

– ¡Esto es lo que he estado esperando tanto tiempo! – le respondió el quariano sin poder disimular su euforia.

Durante los tres siglos en los que los quarianos se habían visto obligados a vivir en el exilio, se había despertado en ellos una profunda curiosidad en todo lo referente a los geth. ¿Cómo se organizaban? ¿Cuáles eran sus creencias? ¿Seguían a algún lider? Aquel pequeño objeto ovalado que no medía más de un metro de altura, podía ser la clave para alguna de aquellas preguntas, aunque era obvio que el idolo no era de fabricación geth y que hacía milenios que había permanecido allí, enterrado. Sin duda, una ofrenda digna para poder regresar a la Flota Migrante con honores.

Entonces, sin previo aviso, los acontecimientos se precipitaron sin control. Espoleado por la curiosidad, André tocó la superfície del objeto. Al principio sólo notó que estaba muy frío pero, de repente, un pulso electromagnético se disparó lanzando a los tres a varios metros de distancia, luego, todo se volvió negro.

Capitulo 10

Una asari observaba desde una silla, cerca de la cabecera de la cama donde se encontraba. A pesar de la calma que por norma general las asari solían transmitir, aquella en concreto, enfundada en un traje completamente negro, permanecía seria, inquisitiva, como un juez en un juicio sumarísimo. Por fin, la asari habló.

– Ya era hora que despertase. – dijo en tono autoritario – La doctora tuvo que sumirla en un coma inducido para poder tratar sus heridas – dijo señalando a la doctora salariana que se afanaba recorriendo la clínica de un lado para otro como si la conversación de la que era participe de forma indirecta no fuera con ella – Debe saber que ha estado al borde de la muerte. Su implante se quemó, literalmente, por lo que ha tenido que serle sustituido por uno nuevo de tipo L4, cortesía del Consejo de la Ciudadela.

A Ellie le costó unos segundos comprender donde se encontraba. Lo último que recordaba era la explosión en las ruinas y a Dalsem gritar como un loco en quariano antes de caer inconsciente. Sin embargo, aquello no se parecía en nada a Trebin ni tampoco a ningún hospital de campaña de la Alianza: la sala era espaciosa y bien equipada, pero sobretodo era lujosa. Por una de las ventanas del fondo se podía ver el cielo artificial que imitaba el de algún planeta habitable. Antes de que pudiera preguntar en qué lugar se encontraba o qué había pasado, la asari prosiguió con su discurso.

– Por si aún no se ha dado cuenta, se halla en la Ciudadela. Fue trasladada aquí desde el SSV Varsovia a petición expresa del Consejo, con motivo de algunos acontecimientos muy preocupantes que se han producido estos últimos días. – hizo una pausa – ¿Conoce el informe Shepard?

Ellie negó con la cabeza.

– Hace ahora poco más de un mes, – prosiguió – un equipo de arqueólogos de la Alianza descubrieron en Eden Prime un artefacto proteano. Cuando ese equipo se preparaba para trasladar el objeto, la colonia fue asaltada por geth y devastada, y hubiese sido destruida completamente si el equipo del comandante Shepard no hubiese intervenido. Shepard no sólo salvó la colonia, también,… entró en contacto – dijo poniendo especial énfasis en las últimas palabras – con lo que resultó ser una baliza proteana.

– ¿Y qué tiene eso que ver conmigo? – consiguió articular finalmente Ellie.

La asari frunció el ceño. Los años de experiencia como espectro le decían que aquella mujer le estaba mintiendo, o que al menos sabía más de lo que dejaba entrever. El ataque geth a Eden Prime había sido la espoleta que había activado el resto de acontecimientos: la evidencia de la traición de Saren Artorius, el nombramiento del primer espectro humano, los avistamientos de naves geth en diferentes lugares de los Sistemas Terminus,… El informe trascrito por el SSV Varsovia, y cedido amablemente por el embajador Udina, hablaba de que la pequeña fragata SSV Orleans había sido derribada por una nave acorazada geth, días antes del primer ataque confirmado. Su presencia en un planeta sin apenas terraformar, como su presencia en Eden Prime, debía estar relacionada con algún objeto que los geth estuvieran buscando allí, tal vez otra baliza. Además, tanto el comandante Tremaine, de la Varsovia, como uno de los supervivientes de la Orleans, confirmaron que la teniente Simmons, junto a uno de sus subordinados y un quariano, habían partido en un vehículo 4×4 con un buen aprovisionamiento de armas. Su actitud era muy sospechosa, pero por alguna razón que no acababa de comprender, el comandante había accedido a sus peticiones. Lo siguiente que decía el informe era que el quariano había regresado al punto de extracción en el rover, con los dos humanos inconscientes y heridos de gravedad.

Su teoría era que, como en el caso de Shepard, ambos humanos habían entrado en contacto con algún tipo de artefacto proteano, ya que, en ambos casos, el contacto con el objeto les había provocado una descarga neural, y la consecuente perdida de conciencia. Shepard también había descrito visiones confusas y catastrofistas, producto sin duda de haber estado en contacto con la baliza proteana. Un efecto secundario añadido de esa posible exposición accidental de la teniente Simmons era que los implantes se habían quemado sin entrar en contacto con ninguna fuente de energía. La asari decidió cambiar de estrategia.

– ¿Ha tenido pesadillas? – inquirió

– No, que yo recuerde – respondió Ellie.

Era extraño. Los días que el otro sujeto humano había estado ingresado, había farfullado en sueños palabras ininteligibles que nadie fue capaz de identificar con ningún idioma registrado. Después, simplemente, un día desapareció. El Seg-C emitió una orden de búsqueda pero aún no había dado resultados. Por eso era tan importante obtener resultados de este interrogatorio, sobretodo teniendo en cuenta que el quariano seguía sin querer hablar. También podría intentar leerle la mente, pero una unión no se podía forzar, sólo funcionaba cuando el sujeto en cuestión lo permitía y desde luego era obvio que la teniente Simmons no iba a revelar sus secretos de buena gana, como tampoco el quariano, que seguía en custodia en una celda del Seg-C.

– Casualmente, su amigo tampoco se acuerda. – le insinuó para ver su reacción.

– ¿Mi amigo? – por un momento dudó, ¿a quién se refería la asari?

– Su amigo quariano, – hizo una pausa para enfatizar las palabras siguientes – el que le salvó la vida…

– ¿Dalsem está bien? – preguntó preocupada.

Yleanna sonrió para sus adentros. Su preocupación era sincera, así que por fín había dado con un punto débil del que sacar provecho. Lo cierto era que, en el mes que había transcurrido desde el incidente, los dos únicos supervivientes capaces de contar lo que verdaderamente había pasado durante esas horas que estuvieron desaparecidos – al otro humano no lo contaba en la ecuación – uno permanecía en coma y el otro se había negado en rotundo a hablar. Al ser quariano, se escudaba en el traje ambiental que le cubría la cara y se limitaba a contestar en quariano, deshabilitando el traductor instantáneo del traje. Si no estuvieran en la Ciudadela, habría podido emplear otros métodos menos sutiles para sonsacarle la información, pero allí, donde se debían siempre respetar los derechos de cada individuo para evitar conflictos diplomáticos, resultaba imposible, ni siquiera con un apátrida quariano. De todas formas, y a pesar de que siendo espectro gozaba de unas cuantas prerrogativas, a Yleanna no le gustaban estos métodos que sus compañeros salarianos y turianos no dudaban en utilizar. Los consideraba poco éticos.

– Muy bien. – respondió finalmente – Está en custodia, en una celda en el Seg-C, pero no se alarme, es sólo rutina: si no ha hecho nada malo, podrá salir sin problemas.

Ellie se quedó pensativa unos instantes. Era obvio que nada de aquello cuadraba: por graves que fuesen sus heridas, la Alianza tenía clínicas lo suficientemente preparadas para atenderle. No tenía lógica ninguna que la hubiesen trasladado a la Ciudadela ni que el Consejo se tomara tantas molestias en su cuidado. Además, estaba el hecho de que habían encerrado a Dalsem, sin duda para interrogarle por lo sucedido, y que él, a pesar de que podía, se negaba a hablar. Todo esto no era sólo por haber sido testigos del primer avistamiento geth fuera del Velo. Había algo más, algo relacionado con su contacto con aquel artefacto de las ruinas, que la había dejado inconsciente y que casi le había causado la muerte. También tenía que ver con ese tal Shepard, que por lo poco que había podido dilucidar, también había estado en contacto con algún artefacto alienígena. Ese empeño en sonsacarle alguna información a ella o a Dalsem sólo quería decir que el Consejo estaba muy interesado en el artefacto pero también que no sabía donde encontrarlo, de ahí que aún siguieran manteniendo preso a Dalsem sin ningún cargo.

Necesitaba hablar con él antes de que la espectro asari le acabara sonsacando la información, y así poder ponerse de acuerdo en sus versiones para sacar la mayor ventaja posible de la situación.

– Me gustaría poder verle. – le dijo Ellie

– No hay problema, – respondió la asari – pero tendrá que ser más adelante. Ahora está muy débil todavía. Concertaré una cita con el Seg-C, para que pueda ir mañana a visitarlo.

Con una ligera inclinación de cabeza, la asari se despidió de Ellie y se encaminó hacia la puerta. Antes de salir, se dirigió a la doctora salariana que permanecía impasible de pie, preparando unos viales para sus pacientes.

– Vigílela y notifíqueme si experimenta cualquier cambio en sus ondas alfa. Me interesa saber si realmente dice la verdad con lo de las pesadillas.

Capitulo 11

A Yleanna Viso, no le gustaba el rumbo que estaban tomando los acontecimientos. Era absurdo que el Consejo, con todo su poder, la mantuviera a ella, una de sus mejores espectros, investigando simples suposiciones, por muy grave que el ataque a Eden Prime fuese para la estabilidad galáctica. La traición de Saren había supuesto un golpe muy duro para el Consejo, en tanto que su imagen pública se había visto deteriorada ante los ojos de las especies aspirantes a formar parte de él en un futuro. No sólo entre los humanos, también entre los volus y los elcor, había saltado la voz de alarma: si el Consejo era incapaz de saber qué estaba tramando uno de sus propios espectros, ¿cómo iba a defender la estabilidad de la galaxia? Parecía no sólo que las hubiesen permitido sino también protegido, las acciones de Saren.

Nunca le gustó. Aunque habían cruzado un par de frases como mucho desde que ingresó en los espectros, Saren era un prepotente pero gozaba de un buen status a los ojos del Consejo. Sus métodos eran brutales pero efectivos, y siempre conseguía sus objetivos, de ahí que aún, a pesar de las barbaridades que había cometido, le tuvieran en alta estima. Por eso, su traición era doblemente dolorosa para el Consejo. Desde su punto de vista, la reacción de la Alianza humana había sido lógica: las víctimas de Saren, que se contaban ya por millares, habían sido sólo humanas, a lo que se añadía el hecho de que parecía una catástrofe anunciada por el odio no disimulado del espectro turiano hacia esa raza, fruto de su experiencia en la Guerra del Primer Contacto. Era normal que ahora los humanos intentasen sacar provecho de una situación dolorosa pero que les podía reportar beneficios, el primero de los cuales era la incorporación del comandante Shepard al cuerpo de los Espectros. Aunque a los humanos les pareciese que su nombramiento era fruto de la incesante labor a favor de la Humanidad del embajador Udina, un tipo advenedizo y desagradable, o del discurso de Shepard ante el Consejo, la verdad era que todo había sido ya pactado de antemano: era una forma de compensar las horribles acciones de Saren.

Mientras tomaba el Rapidtrans en dirección a la academia de la Seg-C, Yleanna también recapacitaba sobre su propia carrera. Nunca lo había tenido fácil. No había muchas espectros asari, principalmente porque los espectros eran escogidos por sus aptitudes en combate y las asari eran una raza pacífica que rara vez habían entrado en conflicto con alguna especie: siempre era mejor dialogar para encontrar una solución. Eso no quería decir que no las hubiera, pero en esos casos, las espectros asari trabajaban más como mediadoras que como soldados propiamente dichos, a pesar de que los comandos bióticos asaris eran temidos en toda la galaxia por su efectividad. Pero incluso entre las asari, su caso seguía siendo excepcional. Su madre había escogido como pareja a un turiano del que se enamoró profundamente, y fruto de ese amor había nacido ella. Al poco tiempo de nacer, la familia se había trasladado a Palaven, planeta natal de los turianos, donde viveron unos primeros años muy felices, hasta que un dia, su madre apareció muerta, degollada. A pesar de la intensa investigación que siguió a los hechos, nunca se pudo averiguar quién la había asesinado, pero este hecho marcó profundamente la vida de la joven Yleanna, que se crió sin el apoyo de otras asari, como una turiana más, con todas sus reglas y su espíritu guerrero, sin serlo. En cuanto pudo, simplemente, huyó de casa en busca de algo que, aunque no acababa de identificar, sabía que faltaba en su vida. La suerte y el destino hicieron el resto, y aunque llevaba retraso respecto a las demás jovenes asari en el aprendizaje de las enseñanzas de la Diosa, pronto se integró en su sociedad. Sin embargo, aquella necesidad de descubrir al culpable del asesinato de su madre siempre le espoleó para convertirse en espectro, así como su educación turiana. Esto último también le había marcado su carácter, demasiado agresivo e impulsivo a veces, y era por eso que no le gustaba nada la última misión que el Consejo le había encomendado: averiguar qué era lo que había pasado realmente en Trebin y si guardaba relación con lo que había ocurrido en Eden Prime.

Nada más bajar del vehículo, lo primero que vió fue la enjuta figura del Ejecutor Pallin, algo inusual ya que éste no solía salir de su despacho.

– ¿Ha habido suerte con la humana? – preguntó algo alterado

– No, pero si así fuera – le respondió tajante – no tendría porqué darle ninguna explicación.

Eso era cierto, en parte. Los espectros eran el brazo ejecutor directo del Consejo y tenían potestad para ir adonde quisieran y cuando quisieran, sin dar explicaciones a nadie. En cambio, la Seg-C, a cargo de Pallin, sólo se encargaba de los sucesos que tenían que ver directamente con la seguridad de la Ciudadela, siempre y cuando no afectaran directamente al Consejo.

– Me la debes – le respondió Pallin algo enojado: no soportaba la prepotencia típica de los espectros – aunque sólo sea por ese amiguito quariano tuyo al que me has obligado a retener sin cargos.

– No se acuerda. – dijo finalmente Yleanna – Por lo visto, la amnesia es un mal bastante común últimamente… ¿alguna novedad?

– Si te refieres al quariano, – dijo Pallin dulcificando su tono de voz – sigue sin soltar prenda, pero ese es el menor de los problemas a los que me he tenido que enfrentar hoy.

– No me digas, ¿algún hanar predicando en el Antro de Chora? – le espetó dejando escapar una risita maliciosa.

– No sabía que las asari conocieseis la ironía… – le insinuó – Pero no, es algo referente a las de tu raza. ¿El suicidio es una práctica común entre vosotras?

La pregunta le había dejado completamente fuera de combate. Las asari eran una de las especies más longevas de la galaxia y en su sociedad, el suicidio era algo impensable. No hacía falta que hubiera preceptos religiosos o sociales que lo prohibieran, simplemente era algo imposible que nunca pasaría por la mente de ninguna asari.

– No, es algo inconcebible – respondió finalmente.

– Pues tengo el cuerpo de una en la morgue, que dice lo contrario. – dijo Pallin – Me preguntaba si podrías asesorar a nuestro agente responsable de la investigación en esos pequeños detalles.- hizo una breve pausa antes de continuar – Favor por favor, por lo del quariano.

En otro momento, tal vez, se habría negado en rotundo a la proposición del ejecutor, pero ahora, embarcada en una misión absurda como aquella, más fruto de la debilidad del Consejo que de un temor real, el poder dedicarle su tiempo a una verdadera investigación era una buena via de escape a su frustración.

– ¿Dónde puedo encontrar a tu hombre? – le preguntó secamente.

– Está en los Distritos, te enviaré su localización exacta a tu DOA… ah, y suerte. – le dijo Pallin despidiéndose con la mano a medida que se alejaba.

– ¡Recuerda que mañana vendré a interrogar al quariano con la humana! – gritó a viva voz para que el ejecutor la oyera en la distancia.

La Ciudadela era el epicentro de toda actividad en la galaxia. Todas las razas conocidas tenían una embajada allí o aspiraban a tenerla, y todas las compañías tenían una delegación allí donde se decidía el destino del universo. Eso hacía que millones de vidas pululasen por aquel planetoide artificial cuyo origen se remontaba a los proteanos, que habían sido sus creadores, y del que los Cuidadores, como fósiles vivientes de una época mejor, eran sus únicos testigos vivos. Su sola presencia suponía un enigma y como restos vivos ancestrales de una civilización como la proteana, estaba prohibido molestarles, aunque de hecho, nadie sabía qué era lo que realmente hacían. Según algunos, simplemente pululaban como parásitos de un lado a otro, carentes de inteligencia, otros, los más paranoicos, creían que los Cuidadores podían ser la clave de los enigmas de la extinción proteana. Yleanna simplemente los consideraba un estorbo. Lo peor era que estaban en todas partes, desde el Presidio a los cinco distritos en que se dividía la Ciudadela, uno por cada brazo de la estación. Escribió en el selector de destino del Rapidtrans, una especie de taxi automático sin piloto, la dirección que le había marcado Pallin en el DOA, y se dejó caer en el asiento, agotada.

El Rapidtrans tardó unos diez minutos aproximadamente en llegar a su destino, tiempo suficiente para aclarar su mente con una de las técnicas meditativas que la matriarca Leisia le había enseñado ya hacía unas cuantas décadas. Aunque las asari podían vivir centenares de años, Yleanna, con sus apenas 196 años, podía considerarse aún bastante joven, según los estándares de su raza, lo que explicaba las reticiencias del Consejo sobre su nombramiento como espectro, hacía ahora diez años. Ahora, todo aquello quedaba lejos, aunque no tanto como para no ver que seguía sin ser aceptada completamente. En cierto modo, comprendía cómo debía sentirse Shepard en ese momento: ambos eran un experimento del Consejo en favor de la integración.

Al llegar a la plaza, una figura esbelta se agitaba nerviosa, buscando a algo o a alguien entre la multitud. Su uniforme de la Seg-C lo delataba: aquel debía ser el agente del que Pallin le había hablado, un joven turiano con aspecto de novato. Yleanna le tocó el hombro para llamar su atención, a lo que el joven reaccionó con un respingo, del sobresalto.

– Eres del Seg-C, supongo – las obviedades siempre eran una buena manera de empezar una conversación.

– Lo siento,- le respondió él – pero no estoy interesado. Estoy de servicio.

No era la primera vez que le tomaban por algo que no era. En su trabajo ya había sufrido en varias ocasiones este tipo de malentendidos: el resto de especies, incluidos los recién llegados humanos, sentían cierta atracción por las asari, en el caso de los turianos incontenible, en parte motivada por los rumores sobre su sexualidad. Esto hacía que muchas de ellas acabaran trabajando de bailarinas o directamente de meretrices, a pesar de que las uniones eran algo sagrado en la cultura asari. Yleanna decidió cortar de raiz la confusión.

– Soy Yleanna Viso, agente espectro del Consejo de la Ciudadela. – dijo con el tono más solemne de su repertorio – Vengo de parte del ejecutor Pallin.

– P…p…perdón, – respondió el novato tartamudeando con un intento de saludo militar – S… S… Sirius Karekian, agente de la Seg-C, s…señora.

Ahora que ya había captado su atención, podían hablar del caso.

– Pongame en antecedentes, Sirius – le inquirió. El joven empezó recitando el informe de lo que había descubierto hasta el momento.

– La muerta es Dalessia N’Argan, conocida "mujer para todo". – Sirius trató de disimular como pudo la palabra "prostituta", para evitar en lo posible la ira de la espectro después del malentendido – Hace una hora aproximadamente, según los testigos, se dejó caer desde el balcón de aquel edificio. Es un hotel de mala muerte para gente que viene de paso.

– "¿se dejó caer?" – le interrumpió irónicamente – ¡Buen eufemismo, señor Karekian! Así que usted cree que se ha suicidado, ¿no?

– No existe el suicidio entre las asari, – le contestó sin mostrar ningún atisbo de duda – pero un asesinato es aún menos probable.

Yleanna sonrió. Al menos parecía que el señor Karekian había hecho los deberes y conocía aunque fuese un poco la cultura asari, lo que no se podía decir de su superior.

– Lo primero es averiguar si se encontraba con alguien a esa hora, ya sea como sospechoso o como simple testigo.

La siguiente hora, ambos se la pasaron interrogando a los inquilinos sobre los hechos. Nadie había visto nada, excepto a la asari cayendo al vacío desde uno de los últimos pisos. Lo más que lograron descubrir era que Dalessia había llegado allí acompañada de un humano, encapuchado, y que éste había pagado por adelantado la habitación. Sin embargo, nadie lo había visto marcharse, y al parecer, antes de caer al vacío, la asari estaba sola. Los datos de la autopsia tampoco revelaban gran cosa: no había drogas en el cuerpo de Dalessia ni ninguna herida que no estuviese relacionada con la caída. Parecía como si realmente se hubiese suicidado sin más, hipótesis fortalecida por el hecho indiscutible que Dalessia, como toda asari, era biótica, de modo que no se hubiera dejado arrojar al vacio sin haberse defendido de su agresor.

Sin nada más que pudiese hacer en el caso, Yleanna se fue a casa para descansar, mañana le esperaba un día muy duro.

 

 

Burradas y Tópicos: Tangas y hombres

 
 
Hoy estreno nueva sección. Y es una sección que demostrará lo estúpido que es el ser humano considerándose un ser inteligente, tratado a su vez con humor. Para lo cual giraré en torno a un tópico (Mas o menos tabú, hoy empiezo con este que a mas de uno le habrá hecho pensar ¿Qué coño se ha fumado Logan? Pero ya veréis que todo cobra sentido, pero otros días pillaré reanálisis de peña sobre juegos que lo ponen a parir y le dan de nota un 9, y demás temas en los que poder reírnos y a la vez pensar si de verdad la sociedad esta tan avanzada como muchos creen)

Lo cierto es, que Internet ha abierto muchas puertas a mucha gente. De las que podríamos considerar negativas esta el hecho del anonimato: bajo este la gente se desata tal cual es en la red sin miedo a posibles represalias: puedes opinar sobre un tema sin miedo a que te llamen ignorante, aunque tengas nick ya que en ese caso te creas uno nuevo y a otra cosa mariposa. Y es bajo este anonimato donde uno buceando por la red se encuentra algunas respuestas y demás parafernalia que asustaría a los hombres de neandertal.

Y hablando del tema en concreto hoy, diré que soy una persona que no se deja llevar por ideas preconcebidas. He oído de todo en mi corta existencia de vida, por ejemplo, que por llevar el reloj en la mano equivocada eres gay, que por vestir rosa eres gay… vamos, creo que hoy en día si escribes con un bolígrafo a medio gastar puedes ser gay. Pero lo que a mí me flipa es, que por una ropa, ya se te llame de tal.



Dado que cualquier imágen sobre este tema puede resultar ofensiva/loleante, pongo una foto de los osos amorosos. Si quieres ver fotos de tíos en tanga aquí tienes las aportaciones de Shai al Duende Laughing.

Yo odio el rosa, y lo detesto como color, pero tengo colegas que visten ese color ¿Tienen que ser gays por ello? Por mí como si comen… ah, no, eso aquí no va LMAO Fuera bromas, por mí como si quieren vestir camisetas de flores hawaianas. La ropa no te define, la posición del reloj tampoco, ni tampoco tus gustos. El que tiene clara su sexualidad no se achanta ante chorradas similares.

El problema viene cuando te da por mirar por la red a ver “que dice la gente”. En el caso de este tema, tenemos dos claros bandos: Los “cuando lo pruebes no querrás otra cosa” y los “por ponerte un tanga te vuelves gay” (Verídico, voy a ver si tengo suerte y reencuentro esa perla). Luego están los que creen que los hombres con el susodicho se agachan para que se les vea… de todo hay en la viña del señor.

Para terminar esta breve argumentación, diré que yo estoy con la misiva de que cada uno lleve lo que le salga de los reales bajos. Mientras este cómodo, como si quiere llevar ropa interior de hierro colado. Eso sí, teniendo en cuenta que no a todo el mundo le agrada eso, y significa que tus cosas intimas, para tu pareja o tu intimidad.

Sin más, buceemos por Internet y comentemos. Quien quiera fuentes, que busque en google:

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->  “ME GUSTARIA PONERME TANGA PERO NO ME DECIDO ME VERGUENZA PIENSO QUE ME PUEDEN LLAMAR… O ALGO ASI ¿ES NORMAL?”

Logan – Créeme, no es normal. Si tienes esos deseos lo más probable es que seas comunista, gay, y sonyer. Rocíate con gasolina y préndete fuego, harás bien al resto de la humanidad.
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-> “hola mira queria saver si los tios nos podemos poner tangas de tias¿? contesta gracias.”

Logan – Yo querría saber porque la gente cree que hay un contestador automático en los foros para que hablen así en los posts. Asimismo ¿Por qué demonios faltaste a clases de lengua?
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-> “NUNCA ESTARÍA CON UN HOMBRE QUE LO USE. ES LO MÁS ANTIESTÉTICO QUE HE VISTO DESPUES DE UN HOMBRE DESNUDO CON CALCETINES”

Logan – Me imagino al pobre novio vistiéndose primero con los calcetines y diciendole “Cariño, esto no es lo que parece…”
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-> (A la pregunta en un foro de si es normal que los hombres lleven tanga) “¿Veríais normal que una mujer llevase boxers? Pues eso.”

Logan – Mi novia se pone a veces mis boxers ¿Merece ser quemada o algo?
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-> “Creo que la tanga se hizo, en mi opinion, para las mujeres, no creo que un hombre que se sienta 100 % varonil, lo haga, y menos ponerse uno en la playa.
pero si la tanga que se pone ese hombre es de color rosa, la cosa cambia, ya estamos hablando de un gay”

Logan – Confirmado: Los hombres que se sientan 99% varoniles pueden usar tanga, menos los que lleven tanga rosa que ya por cojones son gays.
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-> “Viejo, eso, más gay imposible, una cosa es ser gay pero SER TRAVESTI AH!!! PUGH SHIT GOD”

Logan – Lo digo totalmente en serio… no sé como cojones responder irónicamente a este comentario.
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-> “Eso no es tanga, es un hilo.. Esta bien para aquellos a quienes les guste mantener un objeto extraño encajado entre las nalgas”

Logan – Mi medidor de ironía acaba de reventar.
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-> “Una sola palabra lo dice todo: GAY…”

Logan – Cierto, una sola lo dice: Gilipollas.

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-> “jajaja : GAY
y con una camisa pequeña y apretada,”

Logan – Que quede absolutamente claro… si la camisa fuese grande y suelta sería solo medio gay.
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-> “malparido no hagas caer mal alos macho de verdad”

Logan – Este es un Homo Sapiens Sapiens Sapiens… pero Sapiens ¿Eh?
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Y paro ya de copiar, que con estos ejemplos uno se puede dar cuenta de que los muchos que predican ser abiertos e iguales a todo tipo de cosas, luego se delatan con comentarios así de geniales… mas de uno da para un facepalm en toda regla.

 
 

Mass Effect: Close Encounters (Por RikkuInTheMiddle) -Parte 2-

Capítulo 4

 

Cuando finalmente despertó, el teniente Sarayev quedó cegadomomentáneamente. Le dolía terriblemente la cabeza por culpa de laconmoción cerebral y le costó asimilar unos segundos la cantidad de luzque se filtraba por la Orleans. En realidad, lo que le costó unossegundos asumir era que una mitad de la Orleans ya no estaba. Lasección del casco en la que se encontraba, descansaba su panza sobre elsuelo pedregoso del planeta, mientras que la otra mitad no aparecía porninguna parte. El puente de mando, simplemente se había volatilizado.Aún sujeto a su asiento por los correajes, André, se giró paracomprobar el estado de su compañera, que como él, aún seguía firmementeatada a su sillón. No había duda de que la Alianza hacía estas cosas aconciencia, pensó. Comprobó el pulso y la respiración de la caboSánchez, que aunque débiles eran constantes a pesar de no haberrecuperado la consciencia. No era medico y apenas recordaba las clasesde primeros auxilios en Arturo, pero sabía que no era convenientemoverla en ese estado si no quería provocarle daños mayores que podíanser irreversibles. Con todo, comprobó que no hubiera hemorragias enboca y oídos, síntomas inconfundibles de una hemorragia interna o de untraumatismo craneoencefálico. No había ninguno de esos. Sin embargo, unhierro afilado de una pulgada de ancho se le había clavadoprofundamente en el muslo, cerca de la artería, taponándole laherida al mismo tiempo.

Un poco más tranquilo, Sarayev, sopesó la situación. Aunque no era eloficial al mando, no hacía falta mucho para saber que Trebin era unplaneta deshabitado, alejado de todas las rutas comercialesintergalácticas. En la cola de la nave, estaban las bodegas que aúntenían comida y agua para al menos medio año más. Sin embargo, aunquepodían sobrevivir sin demasiado esfuerzo gracias a las provisiones, labaliza de socorro manual se encontraba cerca del puente de mando, esdecir, en la parte que había desaparecido por completo. La balizaactivada por IV seguramente había quedado destrozada, como la propia IVde la nave, por culpa del impacto, de modo que no había forma de pedirayuda, tal como estaban las cosas.

La culpa era de la teniente. El mando de la Orleans debían habérseloconcedido a él, un militar de probada experiencia en el campo debatalla y lo suficientemente responsable como para hacerse cargo de latripulación y la nave. Así debía haber sido. Sin embargo, allí llegóella, con sus aires de suficiencia y sus excelentes notas en laacademia, y sobre todo su enchufe, y se hizo con el puesto, que pororden natural le tocaba a él. Había tenido que tragarse su orgulloaquel día y los que le siguieron ante la hija del general Simmons,aunque tenía que reconocer que su mandato había sido impecable, hastaeste día. Sin duda, la maniobra había sido errónea y muy arriesgada. Sihubiesen optado por escapar de la nave geth utilizando el motor MRL,ahora estarían a salvo después de atravesar el relé más próximo, encambio, ahora estaban condenados a muerte. En su fuero interno, Sarayevdeseaba que Simmons hubiese muerto de la peor forma posible.

– ¿D…Dónde estamos? – susurró una voz frágil a su lado. La caboElizabeth Sánchez, Lizzy para los amigos, acababa de despertarse – ¡Oh,Dios! – aulló de dolor, al tomar conciencia de la metralla clavada ensu pierna.

– Nos hemos estrellado. – se limitó a contestar mientras le inyectabauna dosis de calmante que había encontrado en la bodega – No te muevas.Intentaré buscar algo para inmovilizarte el cuello.

– ¿¡El cuello!? – exclamó señalándose la pantorrilla – ¡Joder, André! ¡Eres un médico pésimo!

Sarayev no pudo evitar soltar una carcajada. Lizzy era así, capaz dequitar hierro a la situación más trágica con comentarios de ese tipo, yeso, cuando te enfrentas a la muerte cada día, era de agradecer.Comprobó que la cabo Sánchez tenía movilidad en todas las extremidades,lo que indicaba que no había ninguna lesión vertebral, aunque nuncaestaba de más asegurarse con un collarín cervical, que por supuesto,Lizzy se negó a ponerse.

– Bueno, ¿y ahora qué hacemos? – replicó finalmente la chica, saltándose todo el protocolo militar.

Las opciones estaban claras. Quedarse en la sección de cola, aunquetuvieran comida para varios meses, no era algo viable, al menos en elestado de la cabo Sánchez, sería como alargar la agonía. La otra opciónera buscar y activar la baliza que se encontraba en la otra sección dela nave, desaparecida, que podía haber quedado completamente destruida.Ninguna de las dos opciones era buena porque si bien una suponía lamuerte a largo plazo, la otra no tenía garantía de éxito: podíanintentar caminar cientos de kilómetros en busca del puente de mando yeste haber quedado completamente destruido, por lo que nunca loencontrarían. André buscó en el horizonte hasta divisar una débilcolumna de humo que ascendía hasta el cielo, así que lo echó a suertes.

– Buscaremos la otra sección de la nave y la baliza manual. Calculo queestá a unos 15 kilómetros más o menos. ¿Crees que podrás caminar? – ledijo entregándole una muleta improvisada fabricada con piezas de lanave.

La joven asintió con la cabeza.

– ¿Crees que aún pueden seguir vivos? – preguntó con un rastro de temor en su voz.

– Espero que no. –  le contestó él tajante.

 

Capítulo 5

 

– No podrás engañarles, – dijo Sam enfurruñado – se ve a la legua que no tienes dieciocho años.

Algo de razón tenía su hermano pequeño, le costó admitir. Aunquepudiese disimular su escasa estatura alegando la genética como causa,lo cierto era que se debía a que aún no había acabado de dar elestirón. Sin embargo, no podía esperar dos años más para entrar en laacademia. Había recorrido un largo trecho para ahora, justo al finaldel camino, dejarse vencer por esas minucias. Su ficha falsa,modificada gracias al sabio trabajo de un salariano por una buenacantidad de créditos, daba perfectamente el pego, y al ser aún unacivil y menor de edad, sus datos aún no habían sido introducidos en labase de datos de la Alianza. No había una razón lógica para pensar queno sería aceptada como una más: tenía muy buenas notas, erainteligente, y además sobresalía en cualquier deporte que practicase,fruto de haberse criado con cinco hermanos varones, incluido Sam.

– Piérdete, enano – fue su respuesta, el latiguillo que siempre usaba cuando su hermano se ponía pesado.

La cola de reclutamiento avanzaba. Para acceder al ejercito de laAlianza había que cumplir una serie de requisitos, entre ellos laaltura y la fuerza física, atributos estos que Lizzy Sánchez cumplía deforma muy ajustada. A pesar de todo, la muchacha era optimista. Sehabía propuesto alistarse en el ejercito costara lo que le costara, yahora no se iba a rendir: Eden Prime era una colonia idílica perotambién un mundo muy reducido para alguien que, como ella, quería verel espacio y vivir aventuras. Para una hija de granjeros, sólo habíauna vía de escape posible, el cuerpo de marines de la Alianza. Por esolo había planeado todo con bastante detalle, desde el viaje hasta elcentro de reclutamiento y el pirateo de sus datos, hasta la nota defuga que había dejado sobre su cama, dispuesta para ser leída dos díasdespués de su desaparición. Si no la seleccionaban, aún tenía margenpara deshacer todo aquello y aparentar que no había pasado nada,siempre que el chivato de su hermano mantuviera la boca cerrada, claro.

Por fin le toco su turno en la cola. El oficial de reclutamiento era unhombre con un semblante serio e intimidante, demasiado tal vez, pensóLizzy. Después de rellenar los datos de rigor y de mirar su ficha, elreclutador hizo la pregunta clave.

– ¿Seguro que tienes 18 años? – preguntó dubitativo – Eres bastante bajita.

– En mi familia somos bastante bajos – le respondió sonriendo, tratandode disimular las gotas de sudor que iban perlando su frente.

De hecho, la media de altura de su familia rondaba el 1’85, tanto enhombres como en mujeres, por lo que sus escasos 1’64 eranprovisionales. Además, estaba comprobado que la gravedad de Eden Prime,ligeramente superior a la de la Tierra, tenía efecto sobre elcrecimiento de los niños, retrasándolo, lo que no quería decir que noalcanzaran la estatura para la que genéticamente estaban predispuestos.Lizzy se había imaginado la clase de sorpresa que se llevarían en laacademia si la admitían, cuando dentro de un año, pegara súbitamente elestirón.

El reclutador hizo una pausa mientras miraba la pantalla del ordenador.

– Es curioso… – susurró – Tu historial académico acaba en décimogrado… ¿qué has estado haciendo los dos últimos años? – inquiriótratando de descubrir a la joven mentirosa.

Los nervios empezaron a traicionarla. ¿Había descubierto el reclutadorsu engaño? ¿o era simplemente una pregunta sin mala intención sobre ellapsus que el salariano había cometido? Desde luego, no podíareclamarle nada. Ella se había limitado a pedirle que le cambiará lafecha de nacimiento, modificando también el resto de fechas quehicieran referencia a su historial académico, no a que se inventara porla cara, dos años de su vida. En un momento tan delicado, decidió haceruso de una de sus habilidades que no aparecía en su ficha, la de tahúr.

– Mi madre enfermó y tuve que dejar el colegio para llevar la granja – afirmó fríamente.

– Lo siento, – se disculpó el oficial – espero que esté mejor…

‘Sana como un roble’, pensó para sí misma mientras mantenía la cara decircunstancia, como siempre hacía cada vez que le tocaba mentirdescaradamente. Era curioso cómo la gente se dejaba engañar tanfácilmente, simplemente siguiendo un par de trucos bien manejados.

El reclutador tecleó un buen rato en el ordenador, mientras introducía sus datos, y al acabar le dijo, entregándole un DOA:

– Aquí tienes. Preséntate mañana aquí, con tu equipaje y… – hizo unabreve pausa – Mira, no sé si realmente tienes la edad que dice tu fichao no. Tal vez debería expulsarte, pero veo que tienes muchadeterminación y eso es precisamente lo que nos hace falta aquí… Alfin y al cabo, ¿qué son dos años? – sonrió.

A riesgo de ser descubierta, Lizzy le devolvió la sonrisa mientrascogía su pase. Al día siguiente, allí estaba, la primera de la fila,lista para embarcar.

Los siguientes dos años los había pasado en la academia en la estaciónespacial de Arturo, entrenando para el N7, el mejor cuerpo de toda laAlianza. No podía negar que habían sido años bastante duros, aunque nolo suficiente para echarse atrás, y además habían tenido su recompensa.Ahora, su primera misión como marine consistía en patrullar el espaciocercano a los Sistemas Terminus para proteger las colonias humanas,como la de Terra Nova, a bordo de la Orleans. A diferencia de Sarayev,con el que se llevaba bastante bien a pesar de su constante mal humor,a ella sí que le caía bien la teniente Simmons, a la que considerababastante cercana y accesible para ser una superior.

A pesar del calmante, la pierna le dolía horrores, y en más de unaocasión, había estado tentada de arrancarse el trozo de metal delmuslo, pero sabía que si lo hacía, la arteria reventaría y sufriría unahemorragia masiva. Con todo, si no conseguían llegar a algún lugarhabitado en pocos días, la herida se le gangrenaría y acabaría muriendode septicemia. Lo mirase como lo mirase, ella, la cabo primeraElizabeth Sánchez, ya estaba sentenciada, pero si se negaba a seguir aAndré, éste no la abandonaría a su suerte, de modo que se decidió aaguantar todo lo que su maltrecho cuerpo le permitiese. Al fin y alcabo, esa era la filosofía de los Sánchez, nunca rendirse ante laadversidad.

Mientras avanzaban por la superficie del planeta, a trompicones, algollamó la atención de Lizzy, un reflejo distante que sólo podía serprovocado por algo metálico. ¿Se trataba de algún resto de la nave? ¿oera alguna sonda perdida? Un candidato aún más terrorífico se le pasópor la cabeza, ¿y si eran geth? Lizzy se aferró con fuerza a suescopeta modelo Storm.

 

Capítulo 6

 

Ya llevaba caminando un buen rato, pero aún así, apenas había logradoavanzar un tercio de la distancia que la separaba de la sección decola. El aire ligeramente alcalino del planeta, tampoco la ayudabademasiado, irritándole constantemente los pulmones aunque, con unadensidad bastante alta de oxigeno, éste era respirable. Incluso podríapasar por los síntomas de una simple alergia si su efecto no se vieraamplificado por el calor, que empezaba a ser insoportable. ‘Ahora ya séporqué no está habitado’ pensó Ellie mientras caminaba a duras penaspor la planicie, tachonada de restos del accidente.

No lo podía negar, algo de todo eso le hacía sentir incómoda. Era másque un simple presentimiento, una premonición. Tenía la sensación quealgo malo iba a pasar, algo que no tenía nada que ver ni con el calorasfixiante ni con la atmósfera casi tóxica. Se paró un momento yescuchó en silencio. Nada. Ni siquiera se oía el vuelo de una mosca oel ruido de algún animal. Sin embargo, notaba que algo se estabamoviendo…

De repente, el sonido inconfundible del impacto de un proyectil defrancotirador rompió el silencio y un geyser diminuto de polvoamarillento del suelo, brotó, revelando el lugar exacto donde la balahabía penetrado en la tierra. ¡Le estaban disparando! Echó a correr enzig zag para hacerle más difícil el trabajo al asesino hasta lograrparapetarse tras los restos de una sección del ala. A lo lejos, en ladirección en la que había sido disparada la bala, sólo podía ver unpunto blanco refulgente en la distancia. Sin prismáticos o un fusil conmira acoplada, resultaba imposible verlo a simple vista, y a esadistancia, podría tratarse de cualquier vehículo pesado, un rover, untransporte ligero,… Cualquier duda, le fue rápidamente resulta: unabola de energía de masa, similar a la proyectada  por un bióticoimpactó a unas decenas de metros de donde se encontraba, haciendo quelos guijarros empezaran a flotar por la energía de masa residual. Sealo que fuera lo que le había disparado, debía tener un tamañoconsiderable, similar a un tanque pesado de la Alianza. Por suerte,seguía estando fuera de su alcance. El siguiente proyectil cayó muchomás cerca, seguido de un tercero, segundos más tarde, que impactó delleno en su cobertura. La estructura de metal había dispersado laenergía de masa.

Ellie respiró ligeramente aliviada. De momento estaba a salvo, pero siesa cosa se acercaba más y se colocaba a su altura, poco podría hacercon su pistola reglamentaria de pequeño calibre. A medida que seacercaba, pudo distinguirlo. No sé trataba de un único vehículo, comohabía pensado en un principio, sino de una caravana completa compuestapor varios efectivos de diferente tamaño, entre los que destacaban dosenormes tanques de cuatro patas que se movían como si de enormesdinosaurios se trataran, y a su lado, flanqueándolos, había unidadesmás pequeñas de dimensiones humanas, de diferentes tamaños y rangos.Supuso que era la forma en que los geth se dividían en clases. Para sersimples máquinas, parecían adoptar los rangos y especialidades delejército.

La columna siguió su camino, alejándose de donde ella se encontraba, endirección sur. Era obvio, que no la perseguían sino que se encontrabansiguiendo una ruta que casualmente, pasaba demasiado cerca de ella. Seagazapó todo lo que pudo para pasar desapercibida. Cuando creía que yaiban a pasar de largo, una pequeña patrulla se desgajó del pelotón ymarchó en su dirección. Era obvio que no la iban a dejar escapar y quehabían sopesado la amenaza que ella suponía, sólo merecedora de sereliminada por cuatro soldados de a pie.

Aunque fueran un contingente pequeño, su pistola no era rival paracuatro soldados geth armados con fusiles de pulsos, ni siquiera aunqueusara la biótica a su favor. Debía utilizar sus cartas sabiamente yelegir el mejor ataque cuando llegara el momento, pero para eso, debíaesperar que se acercaran lo suficiente. Una lluvia de proyectilesgolpeaba sin descanso la estructura metálica del ala, que le servía decobertura. Salir al descubierto en esa situación, era un suicidio. Sinarmadura ni escudos cinéticos – el ataque había sido tan repentino queno había tenido tiempo de ponersela en la Orleans – cualquiera de esosimpactos atravesaría su carne como si fuera mantequilla, mientras queella, necesitaría al menos dar tres veces en el mismo blanco paraatravesar sus escudos. Su única salida era utilizar la biótica, y elúnico ataque lo bastante poderoso para derribar a cuatro enemigos, losuficientemente cercanos entre sí, era crear una singularidad, unpequeño vórtice de energía de masa que podía ser letal. El problema eraque todo ataque biótico necesitaba cierto tiempo de preparación que,bajo las ráfagas de los fusiles geth, era virtualmente imposible.

Entonces, de repente, uno de los soldados geth, cayó al suelo, inerte.Una segunda bala trazadora dio en el brazo de otro geth, atravesandosus escudos de un sólo disparo y volándole el brazo en el que llevabael fusil de pulsos. Sin pensar que el misterioso atacante también podíadispararle a ella, Ellie se puso en posición de ataque mientras laenergía empezaba a concentrarse a su alrededor. Cuando los geth que aúnquedaban en pie se giraron para ver a su víctima, un remolino deenergía ya los había atrapado haciéndolos girar frenéticamente en elaire, golpeándolos y elevándolos varias decenas de metros por encimadel suelo. Cuando finalmente cayeron, ya estaban todos muertos.

Exhausta, Ellie se dejó caer en el suelo, respirando con dificultad.Crear una singularidad suponía un esfuerzo sobrehumano, por eso pocosbióticos, a excepción de los asari, eran capaces de realizarlo, enparte porque requería una perfecta coordinación entre cuerpo y mente,cosa que era obvio que ella no poseía. Kaworu estaría orgulloso de ellapor crear una singularidad efectiva en tan poco tiempo, y sobre todo,tan potente. Nunca había lanzado nada a tanta distancia. No pudo evitarsonreír de satisfacción.

– Deja esa mueca estúpida y ponte a cubierto – una figura embutida enun traje ambiental la miraba alucinada hablando en un perfecto dialectocomercial aderezado con un curioso acento que Ellie no había escuchadoen su vida.

El extraño la estiró del brazo, obligándola a seguirle y arrastrándolade nuevo a la cobertura. Después de unos segundos tensos en los que sededicó a comprobar que los geth continuaban su camino sin echar enfalta a sus compañeros, finalmente, el extraño habló.

– Había oído historias sobre la proverbial estupidez de los humanospero nunca lo había visto en persona. – dijo en un tono demasiado seriocomo para estar bromeando.

– ¿Perdón? – fue lo único que Ellie fue capaz de responderle a susalvador por tal de no lanzarle un derechazo a su seguramente horriblecara.

– Este llano es el terreno de caza de fauces trilladoras. – le contestócon el mismo tono carente de emoción – Has tenido mucha suerte de queno te hayan devorado ya. Supongo que la presión de las pisadas de loscolosos geth les han confundido.

Mientras Ellie seguía observando con curiosidad a su salvador, éste sedirigió a examinar los restos que quedaban de los geth. Uno de ellos,el más cercano, era el que él había abatido de un disparo certero en lacabeza. Los otros tres habían ido a parar unas cuantas decenas demetros más allá y estaban demasiado dañados como para sacar nada enlimpio. Del primero, extrajo el núcleo de memoria con la esperanza depoder encontrar algo, pero sin duda serían migajas en comparación conlo que había esperado descubrir siguiendo la caravana. Dejó escapar unamaldición en quariano.

– Mira, – le interrumpió Ellie – te estoy agradecida por salvarme lavida y todo eso. Desconozco si en la cultura quariana existen conceptoscomo la deuda de vida o algo así, pero ahora mismo no es el mejormomento para acatarla, de modo, – dijo dispuesta a seguir en la mismadirección en la que iba, hacia los restos de la cola de la Orleans -que si no tienes ningún inconveniente, proseguiré con mi camino…

– ¡Espera! – le gritó Dalsem para que se detuviera – Por lo visto nohas oído nada de lo que te he dicho – suspiró –  Ese camino estáinfestado de fauces trilladoras. El modo más seguro para evitarlas, side verdad quieres ir en esa dirección, es dar un rodeo a través de lasmontañas. Ya te haré de guía… al fin y al cabo, ya no tengo nada másimportante que hacer.

Aún no se lo podía creer. El quariano, sin ni siquiera pedírselo, seacababa de ofrecer para acompañarle hasta la sección de cola, y desdeluego, parecía un gran conocedor de los peligros que se podíanencontrar enterrados debajo de la arena. Aunque nunca había visto unafauces trilladoras, sabía que eran como gusanos gigantes que secaracterizaban por un apetito insaciable que no les hacía despreciar nia la víctima más pequeña. Con sus enormes mandíbulas, eran capaces dedestrozar un vehículo acorazado de un sólo mordisco, y además, podíandisparar el ácido que sus propios cuerpos secretaban. Desde luego, nole apetecía para nada vérselas con uno de estos monstruos, así queasintió con la cabeza y le ofreció la mano como muestra de buenavoluntad.

– Dalsem’Nal nar Islayya – le respondió él, devolviéndole el saludo.

– Teniente Elle Simmons, del cuerpo de marines de la Alianza terrestre.- contestó Ellie siguiendo el protocolo y cuadrándose en el saludomilitar – Si no es mucha molestia… ¿tienes agua?

 

Capítulo 7

 

Sareyev también había visto el brillo metálico que refulgía sobre laarena. Aunque no podía determinar de qué se trataba a esa distancia,tampoco podía correr riesgos. En un movimiento rápido y profesional, dealguien que ha participado en multitud de batallas, André activó losescudos cinéticos de la armadura y extrajo el fusil de su espalda,desplegándolo. Con un gesto, le indicó a Lizzy que se mantuvierapreparada detrás, mientras él se adelantaba poco a poco: aunque la caboSánchez estuviera armada, no había tenido tiempo de ponerse la armaduraOnyx estándar de la Alianza, y por tanto estaba indefensa antecualquier ataque de los geth.

Avanzó poco a poco, hasta poder distinguir los detalles del bulto quebrillaba con esa claridad a tanta distancia. Desde luego no era ungeth, sino que más bien parecía una de las placas de refracción de laOrleans que brillaba como un espejo. Cuando se disponía a girarse paraconfirmar a Lizzy que no había peligro, algo llamó su atención. Un pocomás alejado de allí, había una forma que le resultaba familiar, porhaber despertado no hacía mucho sujeto a ella. Se trataba de uno de losasientos de la tripulación de la Orleans, que había salido despedidopor el choque. Poco a poco, se fue acercando temeroso por lo que podíaencontrar. La superficie del asiento estaba completamente carbonizada,fruto de la fricción con la atmósfera durante la caída, y si elrecubrimiento del sillón estaba en ese estado, su ocupante,…

La imagen que vio se le quedaría grabada para siempre en la memoria,tan escalofriante que, a pesar de haber visto muchas heridas de guerra,no pudo evitar sentir nauseas y una punzada horrible en la boca delestómago. Alarmada, Lizzy también acudió a ver lo que ocurría, y aunquelo intentó, Sareyev no pudo evitar que ella también contemplara laescena. La muchacha se llevó la mano a la boca tratando de no vomitar,y, después de unos interminables segundos, preguntó:

– ¿Quién es? ¿Crees que es…?

– Es Nichols – le respondió aún turbado.

Ahora lo recordaba con mayor claridad. Mientras la nave caía envueltaen llamas, el fuselaje se partió como un cristal quebradizo. Nicholshabía tenido la mala suerte de encontrarse en el asiento delantero,justo detrás del puente de mando, en tierra de nadie, de modo quecuando la nave se desgajó en dos, su asiento, el peor situado de todos,se desencajó del suelo y fue arrastrado por las turbulencias. El calorde la reentrada y el golpe final habían hecho el resto. Su cuerpoestaba irreconocible, sino fuera porque aún llevaba la armadura Onyxque sólo él y Nichols habían tenido tiempo de ponerse.

Bajó la mirada y recitó en voz baja un padrenuestro, la única oraciónque recordaba de su época de catequesis. Aunque su apellido era ruso,Sareyev, como la mayoría de los habitantes de la Tierra en pleno sigloXXII, era el paradigma de lo que significaba el mestizaje, conascendencias rusa, francesa e italiana corriendo por sus venas. Por esose había criado como católico practicante en una de las estacionesespaciales que orbitaban el planeta azul, destinadas para aquelloshumanos con un nivel adquisitivo alto o una salud delicada. AndréSareyev había formado parte del segundo grupo. De pequeño, había sidodiagnosticado con el Mal de Ferreti, un trastorno muscular queprovocaba dolores muy intensos y una malformación de los músculos.Cuando él nació, ya se había descubierto que los síntomas de este mal,y la cura del mismo, se paliaban con sesiones regulares de gravedadcero e implantes que daban pequeñas descargas eléctricas para relajarlos músculos, pero para recibir los mejores cuidados posibles, eranecesario trasladarse a vivir a aquellas estaciones. Con el tiempo, laenfermedad fue remitiendo pero los implantes quedaron allí, como untestigo mudo del dolor que le había tocado padecer de niño. Laenfermedad también había tenido otras secuelas, aunque estas no eranvisibles a simple vista: se había hecho mucho más insensible al dolor,al propio y al ajeno. Mientras recitaba, se dio cuenta de que lo habíarepetido mecánicamente, como un autómata, hasta que finalizó la oracióncon un parco amén.

– ¿Eso es todo? – oyó decir a sus espaldas a Lizzy que, por el tono.parecía un poco enfadada – ¿un simple padre nuestro? ¡Era nuestrocompañero!

– ¿¡Qué prefieres, un funeral con corona de flores y todo!? – lerespondió gritando – ¡Estamos en medio de la nada, por si no te hasdado cuenta, y tendremos suerte si no acabamos como él!

– Enterrarlo… – le dijo cabizbaja – es lo menos que podemos hacer por él…

– Mira, – dijo Sareyev tratando de ser lo más comprensivo posible dadaslas circunstancias – Nichols también era amigo mío, pero comprende que,aunque no nos guste la idea, no podemos desperdiciar nuestras pocasfuerzas perdiendo el tiempo en medio del desierto…

Comprendía la actitud de la chica. Apenas había tenido ocasión deentablar un combate real, lejos de aquellas simulaciones que todos loscadetes debían superar en Arturo. Aún seguía siendo una idealista, unalma pura sin corromper por la crueldad de la guerra, algo que, encierto modo, Sareyev le envidiaba. Él también era igual a su edad,cuando se alistó, hasta que la crudeza de ver caer a los amigos a tulado mientras tú aún seguías vivo, le hizo cambiar la forma de ver lascosas. Lo importante era sobrevivir para cumplir la misión encomendaday seguir luchando al día siguiente.

Se giró para volver a mirar a la muchacha e intentar convencerla, pero,a diferencia de antes, ella ya no parecía enfadada, ni siquiera triste.Su expresión parecía de sorpresa y extrañeza a la vez.

– ¿No… notas eso? – tartamudeó finalmente.

En un principio, André fue incapaz de percibir nada. Nada se movía enaquel desierto, ni siquiera el aire. Entonces, él también lo notó. Lasuave vibración era apenas perceptible en un principio, pero poco apoco se iba intensificando hasta el punto de que parecía que el metropasaba justo debajo de sus pies. El grito de terror de Lizzy le sacó desu ensimismamiento:

– ¡¡Corre!! – gritó la chica mientras echaba a correr a trompicones a la velocidad que su maltrecha pierna le permitía.

Apenas había empezado a seguirla cuando, de repente, una columna dearena se levantó del suelo como si fuera fruto de una explosión, y suonda expansiva, derribó a André. Desde el suelo, paralizado en unamezcla de asombro y terror, el teniente observaba la criatura que habíasurgido de aquel agujero. Su cabeza era enorme, de unos tres metros dediámetro, calculó mentalmente, y su boca estaba dividida en tressecciones a modo de mandíbulas batientes, sin dientes, pero afiladascomo el pico de un loro. A cada lado de la cabeza pero en posiciónbinocular, dos diminutos ojos le observaban curiosos, hasta que, enapenas decimas de segundo, el cuello se arqueó hacia atrás en unmovimiento clásico que precedía a un ataque. Sareyev era incapaz dereaccionar ante aquella mole de carne hambrienta, ni siquiera cuando unestruendo súbito rompió el silencio. Los perdigones de la escopetaStorm ni siquiera habían llegado a rozar la dura piel de la serpiente,pero al menos habían logrado su objetivo: llamar la atención de lacriatura y desviarla de Sareyev.

La criatura respondió al ataque de Lizzy con un chorro de ácido que lacabo pudo esquivar a tiempo, cayendo sobre su pierna herida. El dolorque le produjo fue desgarrador, hasta el punto de dejarla en estado deshock, y semiinconsciente. Si la criatura atacaba de nuevo, ya nopodría esquivarla ni huir. Su vida ahora estaba en manos de André, queechó mano del armamento más potente que tenía, las granadas defragmentación. Pero cuando se disponía a lanzárselas, el animal yahabía desaparecido otra vez, bajo tierra.

La desesperación le invadió. Sabía que hiciera lo que hiciera, nopodría superar una nueva embestida del animal, que ahora, bajo tierra,en su elemento, lo tenía todo a favor, pero por otro lado, la vida deLizzy dependía sólo de él y no podía defraudarla. No ahora. Bajo suspies, notó como la criatura se movía sinuosa y sigilosamente, a pesarde estar arrastrándose bajo toneladas y toneladas de arena y rocas, yque se dirigía inexorablemente hacia el cuerpo de Sánchez.

La cabeza del animal volvió a surgir de nuevo de la arena, a escasosmetros del cuerpo inerte de la soldado, dispuesto a lanzarse paradevorar a su presa. Sareyev debía calibrar bien su lanzamiento:demasiado cerca de ella y la mataría también, demasiado lejos y no leharía el menor rasguño a la criatura. Afinó la puntería y lanzó laprimera granada a apenas un metro de la espalda de la bestia. La ondaexpansiva de la explosión empujó hacia adelante la cabeza del animalque se giró rápidamente para ver a su atacante, que ya había lanzadouna segunda granada, que esta vez, sí dio de lleno en su objetivo. Lacriatura dejó escapar un gruñido de dolor aunque a primera vista noparecía ni siquiera herida, para a continuación volver a sumergirsebajo tierra. Esta vez su objetivo era André.

Sareyev echó a correr en dirección a Lizzy, y en un movimiento rápido ycontundente, se la echó a la espalda como un peso muerto. Aunque conella encima, no podía correr tanto, ahora todo era diferente: tenía unplan. A escasos metros del lugar donde estaban, había un pequeñoafloramiento rocoso. Si lograba llegar hasta allí, seguramente labestia, que sólo podía moverse entre la arena y el suelo poco firme, nopodría atacarles, o al menos eso esperaba. Cuando estaban a punto dellegar al afloramiento, el animal volvió a atacar, esta vez tan cercaque derribó a André, que tuvo que soltar a la chica. Desde el suelo, yaún aturdido, echó mano de las granadas, pero estas, ¡ya no estaban! Sehabían desprendido de su cinturón por el golpe, y ahora rodaban endirección a la gran serpiente.

Todo estaba perdido. Ahora lo comprendía. Habían intentado evitar loinevitable pero no lo habían conseguido. No se podía burlar el destino.Lo peor era que cuando muriera, no habría nadie que le llorase. Nuncase había casado ni tampoco había tenido tiempo para relaciones serias,así que no había podido pasar el testigo de su legado a ningún pequeñoSareyev. Sin embargo, podía considerar que había tenido una vida plenaal servicio de la Alianza, viajando a lugares que muchos ni siquierahabían podido soñar, combatiendo codo a codo con sus hermanos marines,salvando el Universo,… Ya no merecía la pena arrepentirse por lo quepodía haber sido y no fue. Sólo sentía pena por Sánchez, que moriría enla flor de la vida.

Inmerso en esas reflexiones que suelen acudir a la mente cuando se estáal borde de la muerte, Sareyev apenas se percató cuando una balaperdida surgida de la nada atravesó el globo ocular diminuto de laserpiente. Aunque las fauces trilladoras eran casi ciegas, el dolordebía ser muy intenso, porque el animal se agitó moviendo la cabezarápidamente, aullando, para, finalmente, volver a mirar a André. Con ungesto que transmitía inteligencia, o al menos, eficiencia depredadora,el animal permaneció unos segundos mirando al teniente con el ojo queaún le quedaba sano, como si estuviese decidiendo si la presa merecíala pena o no. Finalmente, con un movimiento rápido, volvió a sumergirsebajo la arena, para volver a aparecer de nuevo junto al asiento deNichols, mordiéndolo y arrastrándolo a las profundidades, para novolver a aparecer más.

Sareyev se dejó caer en el suelo, triunfal. Ya había pasado todo y nisiquiera le preocupaba que la bestia pudiera volver a atacar.Simplemente, ya no le importaba nada, por culpa del efecto del subidónde adrenalina que había experimentado. Giró la cabeza para comprobarque la cabo seguía bien, aunque inconsciente. De repente, la radio queincorporaba la armadura, crepitó y una voz que conocía muy bien sonó alotro lado del transmisor.

– Sareyev, ¿eres tú? – la voz de la teniente parecía genuinamentepreocupada – ¡Gracias a Dios que estás bien! Ahora vamos hacia allá,subíos a las rocas mientras llegamos hasta vosotros.

‘¿Vamos hacía allá?’, ¿Había escuchado bien las palabras de lateniente? Eso significaba que ella y Ohone, el piloto, estaban vivos,de modo que, después de todo, sólo había que lamentar la baja deNichols. Con un poco de dificultad, se levantó y volvió a cargar sobresus hombros el cuerpo inerte de Lizzy, hasta llegar al afloramiento,donde la depositó con sumo cuidado. Aunque seguía inconsciente, su carareflejaba tranquilidad como si de alguna forma intuyera que el peligroya había pasado. O al menos, eso esperaba también él.

Especial: Mis regalos de reyes /Autoregalos/Amigos Invisibles (Minianálisis varios inside)

 

Y como todos los años, llegaron los reyes aunque con la crisis, mejor que sean pequeños (Al menos poco pedí yo porque los autoregalos que me hice me hincharon cosa fina mis ansias consumistas).

¿Y para qué poner en un blog mis regalos? Pues porque a muchos les gustará cotillear, pero no solo eso: En cada una de las fotos debajo pondré una minireseña del producto.

Obviamente, me regalaron mas cosas aparte de las dedicadas al ocio, pero esta entrada la quiero usar para que la gente que este interesa (O se pueda interesar) tenga referencias de un producto ¡Comenzamos!

Auto-regalos




Dead Space (Nuevo, Mediamarkt, 17’84 €): Tras buscarlo desde marzo, que lo bajaron a 19 euros de precio en Xbox, lo encontré al fin este sábado en el Mediamarkt mientras buscaba un regalo de cumpleaños a mi padre. Por el momento me encuentro en la misión 5, y el juego es como pensaba, una puñetera obra maestra del survival horror, y es que desde el Cold Fear, Enemy Zero o Resident Evil no pasaba tanto miedo. De la historia poco puedo decir, porque soltar algo significa mandar un spoiler brutal. Y si hay algo que achacarle, es que los que no tenemos tele HD tenemos que dejarnos los ojos para mirar algunos textos (Registros escritos de la tripulación del ishimura, o cuando estamos en el menú de objetos en el juego) Recomendado al 100% [Nota provisional: 9’5]

Iron Man (2º Mano, Game, 4’95 €): Pese a las malas críticas que lo ponían de truño infumable, y pese a que la demo no era gran cosa, le vi un “algo” en la misma que me incitaba a darle una oportunidad. Y así fue, pensaba comprarlo nuevo, pero se ve que mas gente pensó como yo y se los llevaron todos menos una solitaria copia de 2º mano ¿Y el resultado? Un gran juego de acción. Sin más.

La historia cumple, los gráficos son regulares, el doblaje al castellano es muy bueno, pero en donde destaca que es en su Jugabilidad, es la leche. Y es que una vez acostumbrados al control (Unos 10 minutos como mucho) disfrutaremos como enanos reventando tanques, helicópteros… un juego que no pretende ser obra maestra ni lo es, pero si que es divertido, retante y muy adictivo. Recomendado si buscas un juego de “yo contra el barrio” en 3D decente, o si buscas un juego de acción que te haga pasar buenos ratos. [Nota: 7’5]

Las Cronicas de Riddick: Assault on Dark Athena (2º Mano, Game, 22’95 €): Starbreeze Studios junto con Tigon Studios, son dos de mis estudios predilectos. Creación de Vin Diesel, que se declara jugador apasionado del mundillo, han salido títulos como el Butcher Bay, una carta de presentación que se transformó en uno de los mejores juegos no solo de la pasada generación sino de la historia (Y solo los que han jugado al juego pueden entender la osadía de esto que he dicho). Este juego nos da el Remake de la misma, y una nueva crónica de Riddick, Asalto a Dark Athena.

Esta última pierde un poco en infiltración, pero gana en acción. Un excelente tandem y dos juegos por el precio de uno que nos harán vibrar. Podría explicar todas sus virtudes, pero necesitaría otro artículo (Y les haré un análisis a ambos en un futuro cercano). Y un apunte rápido. El juego esta en inglés con subtítulos en castellano, pero el doblaje es, junto con el de La Cosa (The thing) al castellano, el mejor doblaje que le he visto yo a un videojuego. Porque no es que los personajes esten doblados… es que los dobladores SON los personajes. Y repito, quien los haya jugado, sabrá porque digo esto. [Nota: 10]

The Darkness (2º Mano, Dayli Price, 10’95 €): Efectivamente, otro de Starbreeze Studios sobre un comic de la editora Top Cow (Responsable entre otras de Witchblade, la adaptación al mismo de Tomb Raider,…) Comics totalmente para mayores de 18 años por sus escenas explícitas, temática y lenguaje. En The Darkness encarnamos a Jackie Estacado, un matón al que por cosas del destino su jefe le quiere muerto. Pero a la huída de esta muerte segura, recibirá un macabro regalo que hará que su jefe maldiga el día en el que quiso matarle.

Pese a que puede parecer tópica, no lo es en absoluto. La historia es simplemente brutal, con muchos giros de guión, abandono total de tópicos (Nunca averiguaremos lo que va a pasar, y el juego nos mete mas de una bofetada en ese sentido). Tenemos a su vez de la historia misiones secundarias, objetos para coleccionar (Que no se desbloquean con cogerlos solo, debemos desbloquearlos de una forma muy original…) y una Jugabilidad exquisita. Un auténtico sleeper que simplemente me dejó con la boca abierta [Nota: 10]





Crysis (Nuevo, Alcampo, 9’95 €): No he pasado del primer nivel, pero no os alarméis: Es simplemente porque estoy a la caza de un módulo de 2 gigas de RAM para mí portátil para poder jugarlo en nivel medio medio. Eso sí, lo poco que he jugado y la excelente presentación confirman que Crytek, lo ha vuelto a hacer, y no solo en gráficos: ha superado al Far Cry. Y también me confirma que la gente habla por hablar, porque yo con mi portátil, que mi ram no llega ni a los requisitos mínimos, lo puedo jugar perfectamente. Así que si que esta optimizado. Ha vuelto a ocurrir lo que yo llamo el "Efecto Windows Vista", gente que critica sin probar. [Nota Provisional: 9]

Revolution (Nuevo, Alcampo, 1’50 €): Un juego al que no puedo jugar porque mi XP no esta soportado (Tendré que intentar encenderlo en un Windows 98 a ver si así funciona). Es un juego de la marca Activision Value, juegos sencillos por un precio económico, y este es un shooter basado en un universo cyberpunk en el que podemos mejorar nuestras armas, y demás novedades que auguran un título medianamente interesante.

Jack Keane (Nuevo, Alcampo, 4’95 €): A veces la paciencia tiene su recompensa. Desde que salió me lo quise agenciar, pero me esperé a que bajase a 9 euros tras unos meses como FX nos tiene acostumbrados. Pero hace un par de Días, quedaba uno en la sección de saldo y al comprobar su precio, no lo solté más de mi mano. Y ahí esta esperando que lo empiece (Los juegos de la Xbox me tienen totalmente absorto) Pero por lo que le he visto jugar a mi hermano, destila calidad por los 4 costados.





Cazadores de Mentes (2º Mano, Dayli Price, 2’45 €): Una película injustamente vilipendiada por “críticos” de cine, lo que motivó que mucha gente no se fiase de “otra típica película de asesinos”. Yo la vi pirata en su momento en casa de un amigo y lo que vi me encantó de principio a fin. Vale que tenga dos momentos de efectos especiales algo cutres (La explosión del muelle) pero el resto de la película sencillamente brutal. Las trampas, las formas de las muertes, y la intriga de saber quien fue el asesino… quien diga que lo sabía, una de dos, o es un psicópata, o miente. [Nota: 8]

Abajo el Periscopio (Nuevo, Carrefour, 5 €): Otra que es despreciada por muchísima gente, que no entiendo que esperaban al ir a verla. Abajo el periscopio es una comedia gamberra, de humor gamberro, y de crítica total hacia la marina (Como por ejemplo, que una mujer sea primer oficial causa el rechazo en la película de todo el mundo, menos del capitán que ve en ella a una soldado competente, o la rematada con el final y la canción In The Navy de los Village People. Para quien no sepa la historia de la canción, iba a ser una forma mas de la marina estadounidense de reclutamiento de gente joven, pero en cuanto se rumoreo que muchos integrantes de Village People eran homosexuales, la marina denego cualquier relación con la canción). Pero no es una crítica intelecual o ácida, sino gamberra. Si la ves libre de prejuicios la disfrutarás como muy pocas películas que hayas visto [Nota: 8]

Resistencia (Nuevo, Carrefour, 8 €): Aún no la he terminado de ver (Voy por la mitad) pero de momento me encanta. Si disfrutaste con El Último Samurai, con esta lo harás también. Eso sí, noto que es mas cruda y seria que la película de Cruise, y noto que en revisionados ganará bastante. Daniel Craig como siempre, espléndido. [Nota provisional: 8’5]

Independence Day (Nuevo, Carrefour, 7 €): Los que me conocen saben que siento especial predilección por esta película. Si, se que es una patriotada estadounidense en un 90%, y una fantasmada, pero dentro de eso, divierte y engancha. Y es que todos los que la critican la tachan de aburrida, pero yo creo que muy aburrida no será cuando dura 147 minutos y todo el mundo se la traga entera. Una obra maestra del cine palomitero [Nota: 10]

Casino Royale Edicion Deluxe 2 Discos (Nueva desprecintada, Dayli Price, 8’95 €): Al fin la tengo, tras buscar por todos los sitios la encontré nueva, pero sin el plástico por fuera. Y es que a mí me dan igual los extras, yo lo que quería era la película original. Y aquí la tengo. Mas y mejor película que Quantum of Solace (Aunque esta no sea mala, pero me gusta mas Casino Royale) y una delicia para visionar, a la altura de las grandes de Bond [Nota: 10]

Regalos de Reyes




Star Trek (2009): Siendo sinceros, este filme no respeta en absoluto la esencia de Star Trek: Spock y Kirk son cuasibelicistas y camorristas, y lo que es el ansia de conocer brilla por su ausencia (Y que no me diga nadie que eso no vende porque algunas de mas mismas películas mas taquilleras de Star Trek se basan en eso). Puede ser, que este sea su comienzo y que al final maduren en los ideales de la franquicia. No lo sé.

Pero a mí me gusta. Si me lo tomo como un “universo paralelo” (A falta de saber si será un UP definitivo, o como creo, Kirk  y Spock acabarán siendo como antes) la película se sale. Cuenta una historia decente (Se le pueden buscar los 3 pies al gato, pero si nos olvidamos de buscar lagunas rebuscadas a propósito es muy buena) y Kirk lo que si tiene del original es su osadía y cojones, y el nuevo Spock para nada ofende a la memoria de Leonard Nimoy sino que la honra. Un re-comienzo muy prometedor y que a mí me ha encantado, como fan que soy de Star Trek. [Nota: 9]





Canción (Cuento) de Navidad (Charles Dickens): Y al fin lo tengo, en edición ilustrada. Ya lo había leído online para poder hacer el artículo del que disfrutasteis en navidad en este blog. Pero las cosas que se lo merecen acaban viniendo a mi casa de una forma u otra y he aquí el resultado, porque hay mucha gente que dice “No, quien piratea no compra nunca” ¿De verdad? Y mucho incrédulo que creyó que no me compraría el libro cuando lo dije, aquí tiene un pequeño zas en toda la boca.

El libro, quizá la mejor obra de Dickens, aunque hoy día quizá no atraiga su lectura por la infinidad de adaptaciones al cine de las que ha “gozado”. Aún así yo recomiendo echarle un ojo, porque su narrativa es sublime.

Amigo(s) invisible(s)




Tanga de Gominola/Vales descuento: ¿Qué pasa? LMAO ¿Nunca habéis celebrado un amigo invisible con límite de 5 euros donde el regalo tenga que ser de coña? Pues pasó lo que pasó, que todo el mundo hizo regalos sexuales Laughing Los vales son un despolle Very Happy y el tanga, bueno, digamos que me reservo la información de si lo usaré o no Very SurprisedLMAO




 

Cruz de Acero Inox/Disco de “The Best of The Corrs”: Pero también hay sitio para los amigos invisibles serios. Y mas aún, que la que te tenga que regalar sea tu novia. Lo curioso es que estos dos regalos, yo solo mencioné de pasada lo que me gustaba y que había querido: El 1º disco de The Corrs, misteriosamente desaparecido a manos de cierta persona familiar, y el 2º, una cruz que no tuviese a Jesucristo (No es que no crea en el, sino que ya tengo una Razz). Un regalo que me dejó con la boca abierta y que me dejó loco. Gracias mi amor… has sido tu mi mejor regalo de navidad Embarassed
Al resto, espero que disfrutaseis de esta entrada Very Happy

¡Saludos!

Índice: Mass Effect Close Encounters (Por RikkuInTheMiddle)

 

 

Por si alguien no lo sabía, este relato ha sido totalmente cedido por RikkuInTheMiddle a este blog, con lo que me siento tremendamente honrado (Aunque parezca que no, por mis retrasos en republicarlo) Las razones son sencillas y es que estoy preparando un par de artículos para ponerlos entre medio de cada capítulo con el fin de que este blog no tenga que titularse "En Directo desde la Biblioteca" LMAO

Ya sé que lo que voy a decir lo diría cualquier persona que quisiese que viesen lo que se publica en su blog, pero en este caso es cierto: Este fanfic no tiene precio y es una gozada de leer así que te recomiendo encarecidamente que le sigas la pista. Intentaré publicar dos cachos por semana ^^