Análisis y Repaso: Juegos superados en estas dos semanas

 

Tras estas dos semanas de retiro en las cuales mi antiguo modem, que tras 4 años de servicio cayó en combate contra una subida de tensión, le he mandado caña a muchos juegos que tenía por pasar en el PC. Al mas puro estilo Solid_Caim, voy a hacer una pequeña entrada con un par de juegos que me he pasado en estas semanas por primera vez.

Considero estas entradas interesantes, porque si hay alguna persona que este interesada en un juego, puede tener un punto de vista mas y una opinión de cara a si algún día considera el comprarselo, o si ya lo esta buscando, que sepa a que atenerse para bien, o para mal.

Mini Análisis:

Xmen Legends II El Ascenso de Apocalipsis (PC):





Soy un gran fan de la Patrulla X, tanto con su serie de animación, como con sus comics. Y me ha enfadado siempre, que no se haya hecho un juego a su nivel. Pero con este título la cosa ha cambiado, y mucho.

Gráficamente nos presenta un entorno hecho en cell shading a la vez que los gráficos tiran más al comic que a lo realista, pero eso no es para nada un problema. En contra podemos decir que las opciones de configuración gráfica son pobres: Resolución y filtro AA, y a favor que esta muy bien optimizado y que funcionara en cualquier ordenador que tenga hasta mas de 6 años. El sonido es excelente, con un buen doblaje al castellano y con unos efectos de sonido sobresalientes

Jugablemente nos encontramos ante un action RPG, esto es, elige tu grupo de mutantes (16 iniciales, mas 3 secretos exclusivos de la versión PC para formar un grupo de 4) y arrasa con todo. Sin embargo no se reduce a machacar botones, puesto que cada mutante tiene más un tipo de ataque o es mejor haciendo X cosas. No contentos con esto, tenemos ataque fuerte y rápido. Con las combinaciones podremos hacer combos consiguiendo más daños o romper las defensas de un enemigo que sea inicialmente invencible a nuestros ataques. El juego durará en función de la dificultad que elijamos de entre las 4 disponibles, siendo el mínimo de unas 15 horas de duración explorando a medias los escenarios (Tiene bastantes secretos, coleccionables… lo cual aumenta su duración y mucho)





Además de todo lo típico de un action RPG, tendremos cosas como un juego de preguntas en general del universo de la patrulla X en el que si acertamos, tendremos una recompensa en forma de experiencia por cada pregunta correcta. Y si esto nos parece poco, tenemos la sala del peligro, que podremos jugar solos o con 3 amigos mas con diferentes retos a superar. Y tanto esto como la campaña, se puede jugar con 4 personas, online o en el mismo PC

Solo tiene un punto malo, y es la historia. Pese a que cumple, a que los personajes están caracterizados de forma sobresaliente, y a que nos intriga ver el final, se podría haber explotado muchísimo más, contando que tenemos a uno de los enemigos más aterradores y carismáticos del universo de la patrulla, Apocalipsis.

Nota general: 9

Serious Sam 2 (PC):





Regalo de un gran amigo al que aprecio un montón, es la continuación de una de las sagas que mas adoro en general. La del serio sam, y uno de los pocos shooters que existen. Si, habéis oído bien, shooters. De esos hay pocos, porque un shooter es un juego en el que se mata en 1º o 3º persona oleadas infinitas de enemigos sin más preocupación. Y ese tipo de juegos, hay muy pocos (Painkiller, Nitro Family,…)

Gráficamente nos encontramos con un juego muy detallado y colorista, ganando mucho con respecto al primero, cosa que ya es decir. Lo que pasa es, que se ha cambiado el aspecto serio del juego, por uno más “cartoon” y más colorido.

Mi versión es inglesa, pero en la misma el audio es muy bueno, tanto en voces como en FX. La música se hace notar más que en los otros juegos de la saga, lo cual es un aliciente a hacer los combates más amenos (Dentro de lo que cabe en un juego de este subgénero).





Jugablemente se le han añadido (Y quitado) armas, y se ha intentado poner algo de variedad mas allá de “busca la llave en aquel templo infestado de enemigos” y ahora deberemos proteger aliados mientras hacen algo para poder progresar. Es muy difícil fracasar en estos eventos, pero al menos lo han intentado. Personalmente no creo que este tipo de juegos necesiten variedad, sino que lo que ofrecen lo ofrezcan en catidades masivas (Mas enemigos). En esto Serious Sam ha perdido un poquito, y es que salvando la última fasem en el resto del juego no habrá mas de 10 enemigos atacando a la vez (En oleadas continuas, si, pero no mas de 10 cuando en los primeros podían haber perfectamente mas de 40 enemigos a la vez en pantalla)

En historia se ha ganado y ahora tendremos cinemáticas tras completar un nivel. Estas al igual que el juego estarán cargadas de humor y guiños no solo a otros juegos sino a declaraciones (He contado 4 hacia Duke Nukem Forever xD). Pero aquí también hay una contra y es que Netriska, nuestra fiel ayudante, ha perdido su base de datos (No podremos consultar la historia de cada enemigo abatido, sus puntos débiles, etc…) pero ha ganado voz.

Serious Sam es un digno sucesor de la saga, pero quizá sea por nostalgia, para mí esta un pelín por debajo de los primeros. Comentar que es recomendable pillar el juego a la vez con al menos dos amigos, y jugarlo en su máxima dificultad en cooperativo, ya sea en red local o por Internet (Recomiendo red local).

Nota general: 7’5

Mercenaries 2 World in Flames (Xbox 360):





Como diría Ligrim, este juego es una pandilocura. Personalmente The Saboteur me parece superior en todos los aspectos, pero este no se queda atrás para nada.

Gráficamente el juego es de notable, mostrándonos un mapeado muy grande por el que poder hacer nuestras locuras y todo esto sin tener que soportar tiempos de carga o ralentizaciones. Eso sí, habrán detalles que nos harán pensar “pero que c…” como que cuando vayamos en un helicóptero y miremos hacia abajo la cámara sobre un bosque, veamos los árboles en 2D.

El doblaje es notable, y ya solo por oír la voz de Nilsson en Español (El doblador en España de Homer Simpson) merece la pena. La música, ni fu ni fa y los efectos de sonido son muy buenos.

Jugablemente, estamos ante un juego de acción con toques de arcade y a veces de táctica. Esta última palabra la aplicamos a que no es buena idea entrar en un campamento enemigo medianamente bien defendido aunque tengas un taque pesado. Si no evaluamos de lejos  las amenazas y en su defecto nos cargamos de antemano lo más dañino, sudaremos tinta para conseguir un objetivo en concreto.





El juego se basa en facciones, y cada una de ellas nos dará trabajo y suministros (Dinero para comprarlos, y petróleo para que nos lo traigan a donde queramos) dependiendo de lo bien que nos llevemos con ellos. Si nos llevamos mal, nos atacarán nada mas vernos. Es posible llevarse bien con todas a la vez por medio de sobornos, pero los intereses de unas chocaran con los de otras, de manera que si nos interesa llevarnos bien con una haríamos bien en aceptar trabajos de una facción con intereses opuestos.

Su duración es muy buena, y si lo rejugamos en cooperativo (Estando conectados a Xbox live cualquiera se puede unir a nuestra partida en cualquier momento) mas que nos durará

Como partes malas, decir que algunos logros estan bugeados (De momento 2) así que si uno va buscándolos ha de tener cuidado. Asimismo, y aunque el petróleo y el dinero abundan en el juego, cuando pidamos vehículos, solo durarán en la partida en curso. Si nos salimos de la misma, lo perderemos. Hubiese estado bien una especie de garaje para coleccionar los vehículos, al estilo de The Saboteur.

Nota: 8

Prey (PC):





Cuando salió y aún a día de hoy muchos lo llamaron y llaman de revolucionario, y no puedo estar más deacuerdo con esa afirmación. Ante todo dejar claro que el juego es mas bien de aventuras, ya que nos pasaremos un 60% de la aventura resolviendo unos puzles sencillos/medios y un 40% disparando.

Gráficamente el juego es sublime. La ambientación de la nave es sencillamente de matrícula de honor, dandonos la sensación de que estamos en algo vivo.Los modelados de los enemigos, el diseño de las armas… todo el apartado técnico de Prey es digno de una matrícula de honor. Asimismo su optimización, si bien no rompe moldes, es buena y con cualquier equipo que cumpla sus mínimos podremos jugar, eso sí, con alguna ralentización en 2 o 3 puntos del juego.

El juego esta en inglés con subtítulos en castellano. El doblaje inglés es correcto y no destaca pero no desentona. Los efectos de sonido son muy originales, y la banda sonora de este juego, diciéndolo claro, merece un oscar. Solo por la música de apertura del menú, ya se nos pone en aviso de que la BSO es simplemente, grandiosa.

Jugablemente, estamos ante un juego que nos pone puzles sencillitos (Ninguna persona debería tener problemas con ellos) pero que a pesar de eso no dejan mal sabor de boca y nos incitan a seguir adelante. Para ello tendremos la posibilidad de abandonar nuestro cuerpo y pasear en modo etéreo por los escenarios (Y si tenemos energía espiritual de sobra atacar en este modo -los enemigos no nos atacarán en modo espiritual a menos que ataquemos antes-)

Hablando de combates, las armas son totalmente originales a excepción de la 1º que tendremos, la llave inglesa. El resto de armas son originales, y algunas no sabremos muy bien que tipo de daño hace o que homólogo terrestre le podríamos asociar. Los enemigos no tienen mucha ciencia, pero algunos serán duros de roer y serán más habituales de lo que nos gustaría.





En el juego no se puede morir (Exceptuando las 4 primeras pantallas, donde si podemos), y cuando perdamos toda la energía, iremos al mundo espectral donde con nuestro arco espiritual mataremos cuantos espectros de vida y espíritu podamos a la vez que estos intentarán arrebatarnos vida o espíritu.

Una vez pasado el juego, tendremos un nuevo modo de dificultad. No obstante recomiendo jugarlo en normal a no ser que se disponga de un PC potente que mueva el juego sin problemas (Ralentizaciones en difícil pueden sacar de quicio)

Solo tiene un punto malo: La historia es muy buena, y los personajes estan perfectamente definidos. El misticismo de la historia es bueno, y la trama se desarrolla correctamente. Pero uno echa de menos mas profundidad en la mitología Cherokee, mas información sobre los invasores, y hubiese estado bien una forma de saber la historia que lleva toda la esfera.

Un juego que recomiendo si o si a cualquier jugador de videojuegos (Y mas ahora que para PC se puede encontrar en cualquier Alcampo a 1’5 euros)

Nota: 9

—–

(Bonus) Primeras impresiones con:

Onimusha 3 (PC)
:




De momento mis primeras impresiones son un puto desastre. Me compré este juego porque me atraía el tipo de juego y porque salía Jean Reno.Y que no se me malinterprete, no es que no me guste. El juego es bueno en si, pero el port a PC esta hecho con el puto culo.

Los controles en teclado, diciéndolo claro y mal son una porquería. Un poco mas y tendríamos que instalar otro teclado adicional para poder hacer una acción tan sencilla como es lanzar una flecha con Samanosuke.

La optimización, otro tanto de lo mismo. El juego ni de coña tiene gráficos para los requisitos mínimos que pide, pero aún así ni con los recomendados podremos librarnos de un apartado gráfico simple que da tirones por tonterías (No es injugable ni molesta demasiado pero ocurre teniendo un pC con los recomendados, lo que hace que mande cojones)

Y para terminar, problemas con el sonido… yo pensé que las incompatibilidades con las tarjetas de sonido se habían acabado hace ya 15 años en PC, pero me equivoco. El sonido viene y va, y tan pronto estas disfrutando del mismo, como de repente solo oyes la música y nada mas.

La historia no tiene mala pinta, pero de momento lo que es el port a PC es desastroso con todas las letras. Veremos en que queda esto.

Nota Provisional: 6

Call of Juarez Oro (PC)
:





Ya lo tengo en 360, pero la reedición de FX Interactive a 9 euros con doblaje remasterizado (Se mantienen algunas voces del original, como las de Bllly o el reverendo Ray -menos mal porque sino les corto las pelotas-) pero muchas de las voces que no pegaban ni con cola se han cambiado y ahora lucen mas acordes con los personajes que interpretan. Asimismo, los gráficos han sufrido un lavado de cara ligero.

Lo único malo es que la pésima optimización del original en PC esta versión sigue teniendo el mismo problema.

Nota Provisional: 9

Call of Juarez Bound in Blood (Xbox 360):





El primer Call of Juarez esta entre uno de mis juegos favoritos. Y esta parte caería tarde o temprano, pero lo que no me esperé, es que cayese como regalo de uno de mis mejores amigos. Todo un señor presente que para colmo esta resultando ser totalmente superior a su primera, parte y que conste que era algo que me parecía difícil.

La historia es soberbia, toda una producción del oeste donde muy poca gente es buena, los gráficos son muy buenos, el sonido un idem y la jugabilidad, un paso por delante de su predecesor. Y en contra de lo que se ha dicho, un modo cooperativo no es ni necesario ni justificable en ningún momento.

Nota Provisional: 9’5

 

Mass Effect: Close Encounters (Por RikkuInTheMiddle) -Parte 7-

Capítulo 21

 

Sentado en la cama de la celda de detención número D14, Dalsem reflexionaba sobre los acontecimientos que había vivido desde que, hacía tres años, había abandonado el Islayya. La nave, una de las mayores de la Flota Migrante y también de las más antiguas, empezaba a resentirse por la edad y el exceso de población. Se podía intentar realojar a la mayor cantidad posible de habitantes en otras naves no tan pobladas, pero el problema seguiría estando ahí: la nave ya casi había alcanzado el límite de arreglos que podía soportar y amenazaba con, simplemente, un día, quedar para siempre a la deriva, y eso, en una comunidad nómada como la Flotilla era algo que no se podían permitir. Por eso, el capitán de la Islayya había tomado la decisión de adelantar de forma prematura el peregrinaje de los más jóvenes, algunos de ellos casi niños, mandándolos casi a una muerte segura, pero era preferible eso a la muerte de todos. El inicio forzado de su peregrinaje no supuso ningún problema para el joven quariano, ya que apenas le faltaba un año para empezarlo de forma normal y se encontraba perfectamente preparado, sin embargo, sabía que él era la excepción, aunque entendía al capitán y lo difícil que debía haber sido tomar una decisión así.

Después de salir del Islayya, había deambulado de un lado para otro, trabajando de técnico de forma ocasional, para pagarse el pasaje, en las naves en las que había viajado hasta llegar a la colonia humana de Elysium, situada en el Confín Skylliano cerca del territorio batariano, una colonia próspera a pesar de ser muy joven en comparación con otras, hecho que la convertía en un plato muy apetecible para las bandas de piratas de la zona, lo que obligó a la Alianza a instalar un puesto avanzado fijo para su protección. El tiempo acabó dando la razón a la Alianza cuando un grupo numeroso y bien armado de piratas y otros señores del crimen de los sistemas, atacó la colonia pero fue repelido heroicamente por los marines de la base. Cuando Dalsem llegó a Elysium, los marines protagonistas del Ataque Skylliano ya eran considerados como héroes y mártires por la forma en que, no sólo se enfrentaron sino que vencieron a una fuerza que les superaba en número en una proporción de 10 a 1. Pero eso también se mostró a la larga contraproducente: hizo que surgieran tendencias terra-centristas y xenófobas contra todo aquel que no fuese humano. Partidos extremistas como Terra Firma sacaron una buena tajada del Ataque Skylliano y la necesidad de los humanos de autoprotegerse. Dalsem se vio arrastrado por todos aquellos acontecimientos que habían pasado antes de que él tuviera conciencia de ellos pero cuyas consecuencias debía padecer. Apenas encontraba trabajo y su vida quedaba reducida a buscar algo con lo que trapichear unos pocos créditos hasta que encontró trabajo en un local regentado por un volus. El Serenidad, un nombre poco afortunado para un local de copas y juegos de azar, era uno de los pocos lugares en los que los habitantes no humanos de Elysium podían entrar tranquilamente sin recibir los improperios de algún exaltado. Sus mesas siempre estaban llenas de toda clase de gente de procedencia no humana, en su mayoría viajeros de paso y habitantes ocasionales de la colonia, y eso era bastante sorprendente en un lugar como Elysium.

En Serenidad, Dalsem había logrado encontrar trabajo como barman por la simple y prosaica razón de que con el traje ambiental puesto, que no podía quitarse por ninguna razón si no quería contagiarse de cualquier enfermedad infecciosa, le resultaba imposible escamotear la bebida que servía. Sirviendo copas era como había conocido a aquel turiano. No sabía su nombre, sólo conocía el extraño y colorido tatuaje que lo identificaba de cualquier otro turiano, lo que en Elysium y dado la escasez de estos allí, no era particularmente difícil, y su afición a la bebida y a las máquinas de quásar. Sobre su primera afición, en realidad y aunque él creía lo contrario, no la sobrellevaba muy bien, mientras que de su segunda, se jactaba de que ninguna de aquellas máquinas podía derrotarlo en el juego, hasta tal punto que solía bravuconear retando al resto de clientes en una partida a dos bandas. Aunque a primera vista, parecía un tipo peligroso, Dalsem creyó que no podía dejar escapar una ocasión así, de modo que, un día que el local estaba vacío y su jefe había salido, aceptó el desafío apostando contra aquel turiano que ya llevaba unos cuantos grados de alcohol en el cuerpo. Las primeras apuestas fueron sencillas, con cantidades que no superaban los 400 créditos, pero perder unas cuantas de aquellas partidas seguidas, hizo que el turiano sintiera su orgullo herido y subiera las apuestas, con el mismo resultado. Media hora más tarde, el turiano ya estaba completamente desplumado y Dalsem había conseguido reunir suficiente cantidad como para poder salir de allí en un vuelo de primera clase. Sin embargo, lejos de rendirse, el turiano apostó aquello a lo que más aprecio le tenía: su propia nave, un prototipo asombroso con el mejor sistema de sigilo que Dalsem hubiese visto nunca.

El quariano sabía que no podía echar a perder aquella oportunidad, que sólo se presentaba una vez en la vida, y, borracho como estaba el turiano, volvió a ganarle sin problemas, mientras su contrincante se venía abajo y amenazaba con suicidarse por el deshonor. Dalsem le quitó la pistola y lo dejó durmiendo la mona mientras abandonaba por la puerta de atrás el Serenidad y marchaba hacia los muelles con los códigos de su nueva nave, antes de que el turiano despertase y cambiase de idea o de que su jefe lo denunciase por trampear las máquinas, cosa que nunca había necesitado hacer. En menos de media hora, Dalsem había dejado su trabajo de paria y ahora marchaba con su nueva y flamante nave de vuelta a la Flotilla.

El resto de los sucesos que habían dado como resultado que diese con sus huesos en aquella celda, no eran tan agradables de recordar. En mala hora había decidido seguir al acorazado geth en su ruta hacia Trebin, pero la curiosidad había sido más fuerte que el sentido común. No se echaba en cara el haber ayudado a Ellie y al resto, es más, siendo como era la quariana una sociedad basada en el bien común, el simple hecho de poder hablar con otros, aunque fuesen humanos, le reconfortaba después de tanto tiempo de peregrinaje en solitario. Sin embargo, de lo que sí se arrepentía era de su incursión en las ruinas. A diferencia del resto, Dalsem no creía que aquellas fuesen proteanas: se parecían demasiado a las primeras estructuras que los geth habían fabricado por voluntad propia, antes de que los quarianos fuesen conscientes del peligro real que los droides suponían. Aquello ya era un mal presagio pero la estrategia de Simmons parecía factible y sencilla, y de hecho, lo fue. Él sólo tuvo que bloquear unos segundos las CPUs de las tropas de tierra con una granada de iones y, con unos segundos de ventaja y los dos colosos fuera de combate, rematarlos a placer. Todo el combate había salido a pedir de boca, pero después, todo se vino abajo en segundos.

La onda expansiva lo derribó y eso que él era el que estaba más alejado de los tres. Cuando se pudo poner en pie, la escena era completamente surrealista: Sareyev yacía a escasos metros de aquel objeto, que ahora brillaba con una intensa luz azulada, inconsciente, mientras Ellie, que también se había visto afectada por la onda expansiva de la descarga neural, trataba de levantarse en balde. Las viseras de los cascos de ambos humanos estaban completamente destrozadas y las armaduras presentaban signos como si una corriente eléctrica las hubiese atravesado quemando los escudos. Gritando y maldiciendo en quariano, llegó hasta Ellie que permanecía semiinconsciente y cargó con su cuerpo hasta el rover, para más tarde repetir la maniobra con Sareyev. Después, en apenas diez minutos, recorrió la distancia que los separaba del Varsovia a toda velocidad, pero cuando llegó, ambos estaban ya inconscientes. Permaneció en la enfermería de la nave, acompañando a los heridos hasta que, a medio camino, la nave cambió su rumbo y dos oficiales de la Alianza le obligaron a entregarles sus armas, mientras era confinado en una celda, hasta nueva orden. Después, simplemente, había sido trasladado a aquella celda en la Ciudadela, sin recibir ninguna explicación al respecto.

De todo eso hacía ya un mes, periodo en el que había sido interrogado por varios agentes de la Seg-C, sin resultados, y en los que había recibido la visita de una asari, que debía ser bastante importante puesto que no llevaba el uniforme del cuerpo. Sin embargo, a pesar del empeño que todos pusieron, él no había abierto la boca ni siquiera cuando probaron a dejarle unos días sin comida. La desesperación de sus carceleros era tal, que hasta habían intentado torturarle para hacerle hablar, pero por fortuna, Pallin – o así era como lo llamaban los demás – el turiano que parecía estar al frente de todo, se opuso porque, según él, aquellos no eran métodos de gente civilizada, indignos de un agente de la Seg-C. Así pues, aquel tiempo incomunicado, que habría vuelto loco a cualquiera, Dalsem lo había pasado rememorando los hechos que habían ocurrido desde su partida forzada de la Islayya, y jugando al Yarim, un juego mental de cálculo que los niños quarianos aprendían y que les servía para tener la mente activa.

El sonido sibilante del campo de fuerza de la celda al desactivarse interrumpió sus pensamientos. Un agente humano con el uniforme de la Seg-C le esperaba en la puerta, sin embargo, Dalsem ni se inmutó. No era la primera vez que un agente acudía sólo para importunarle o tratar que hablase.

– Arriba, – dijo el humano – ya puedes salir de aquí.

Indeciso, como un perro apaleado que no sabe si va a ser castigado de nuevo, el quariano dudo unos instantes antes de seguir al oficial. Una vez fuera, a Dalsem le costaba creer que por fin estuviera libre, mientras seguía obediente al humano a través de los pasadizos de la Seg-C, hasta llegar al atrio donde lo esperaba una sorpresa. Allí, en el centro, le estaban esperando la teniente y la cabo Sánchez, junto a aquella extraña asari. Eso le hizo recelar momentáneamente, mientras se le pasaba por la cabeza que todo podía ser una trampa, hasta que la joven cabo se le echó corriendo a sus brazos, seguida de Simmons. No había duda posible, ya era una persona libre.

 

Capítulo 22

 

Diwale encendió un nuevo pitillo. Sus movimientos transmitían una sensación de extraña gracilidad que contrastaba enormemente con sus poderosos bíceps, fruto de horas diarias de ejercicio en el gimnasio y de ingentes cantidades de anabolizantes. El fornido africano, a pesar de que había nacido en Marte, se jactaba de ser uno de los hombres más fuertes del universo y pocos habían que se atreviesen a llevarle la contraria. Los que lo habían intentado, ya no estaban allí para contarlo: si algo caracterizaba a Diwale, aparte de tener un cuerpo esculpido a base de pesas, era por ser implacable. Eso le había permitido convertirse en uno de los hombres de confianza de Harris y por eso, ahora se encontraba allí, en una lanzadera privada, rumbo al Puerto Omega con una carga muy especial.

– Esa mierda te matará algún día, – oyó decir a su compañero, que se apresuró a matizar – aunque tú allá con tu vida.

Diwale no le contestó. Se limitó a lanzarle una mirada asesina que habría intimidado a cualquier otro, pero no a Jan Van der Witj, Vander para los amigos. Si el africano impresionaba por su aspecto fiero, el holandés era todo lo contrario, lo que demostraba que a veces las primeras impresiones pueden resultar engañosas. Tras su aspecto algo desaliñado y su melena rubia rojiza, que transmitían confianza y empatía, se escondía en realidad un asesino frío y calculador, experto en el arte del asesinato sigiloso con arma blanca. El complemento perfecto para Diwale, según la opinión de Harris, y por supuesto, para el novato que ahora se sentaba ligeramente apartado de los demás, con el rifle aún en la mano y sin perder de vista la puerta del camarote de invitados. El joven, una reciente incorporación llegada de una banda juvenil de Mindoir, parecía a punto de perder los nervios.

– Tranqui, colega. – trató de calmarle el holandés – No va a salir de ahí.

– Pero, ¿le habéis visto la cara? – replicó asustado.

– Mira, vale que el tío no tiene buen aspecto. – le respondió Vander – Pero te recomiendo que te tranquilices y sueltes ese rifle. Por si no te has dado cuenta, no estamos en una puta nave de la Alianza sino en una lanzadera civil… sin escudos.

– ¿Y si tiene algo contagioso?

– A ver cómo te lo explico, John, –  tomó aire para mantener la calma – o sueltas esa arma de forma voluntaria, o yo mismo me encargaré de que "mi amiguito" – dijo sacando de su funda su cuchillo de caza – te haga soltarla.

El joven dejó el rifle de asalto, pero manteniéndolo a mano,  sin dejar de observar la puerta del camarote. Era su primera misión con Cerberus y estaba nervioso. No es que fuese un pobre pringado: cuando la organización lo reclutó, ya tenía a sus espaldas tres asesinatos y él se reconocía como una persona sin demasiados escrúpulos. Sin embargo, había algo que le inquietaba sobremanera de aquella misión, aunque no sabía identificar qué exactamente. Tal vez fuera el hecho de haber cruzado su mirada con el tipo que ahora se alojaba en aquel camarote. No había podido evitar sentir un escalofrío al hacerlo. Los ojos de aquel individuo, azules y fríos como el acero, no parecían humanos. Era como si aquellos ojos pudieran ver más allá de lo que tenían delante. No sabía cómo explicarlo de forma racional, pero lo que sí sabía era que mirarle a los ojos directamente le había hecho sentir miedo, mucho miedo, como hacía tiempo que no había sentido.

– La verdad es que hay algo que no entiendo. – dijo en voz alta Vander – ¿quién demonios será ese tipo para que el jefe se haya tomado tantas molestias?

– No nos importa. – sentenció Diwale desde su esquina, mientras daba una buena calada a su cigarrillo.

– Vamos, ¿no me digas que no te pica la curiosidad? – insistió el holandés – No es un mandamás de Terra Firma ni ningún capo importante, así que no entiendo porqué tantas molestias… Matar al salariano, limpiar el rastro, escoltar a éste personalmente,… No me cuadra.

– Aunque no es asunto nuestro, el jefe me dijo que tenía algo interesante para nuestros científicos – le respondió el negro.

– No parece un espía industrial de alguna de las corporaciones. –  apostilló el novato.

Lo cierto era que el joven tenía razón. Aquel individuo no se parecía en nada a los científicos que solían vender secretos corporativos a la competencia, siempre trajeados y de buena presencia. Estos solían tener tendencia a hablar por los codos, por culpa de los nervios que les traicionaban, pero ese no era el caso del invitado misterioso. Aquel tipo apenas había cruzado con ellos un par de frases, sólo para confirmar que venían de parte de Cerberus, y se había metido en el camarote cómo si tuviese miedo de mostrar su aspecto en público. Y la verdad era que no le extrañaba nada. Embutido en una prenda ancha con capucha, más propia de otra época que del siglo XXII, parecía estar en muy buena forma física, a pesar de que su cara, enjuta y macilenta, indicaba lo contrario.

– Tal vez sea él mismo el prototipo… – insinuó Diwale con sarcasmo.

– Pues, a lo mejor tienes razón. – le respondió Vander, siguiéndole el juego – A lo mejor es un engendro escapado de algún laboratorio de Exo-Geni, ¿no? – soltó una carcajada como si hubiese contado el chiste más gracioso del mundo – Al fin y al cabo, esta nave es suya…

– La nave es de aquel sapo muerto, no de Exo-Geni. – aclaró Diwale – Suyo era el muelle.

– ¿¡Y qué más da!? – respondió el novato gritando – ¡Ese tío puede tener cualquier cosa peligrosa y pegárnosla! ¡Yo no quiero morir aquí, a la deriva, vomitando sangre!

– Tranquilízate un poquito, ¿vale? – trató de poner paz Vander. De hecho, de algún modo, compartía los temores del novato. No hacía demasiado, había visto los efectos de un virus que los independentistas batarianos habían soltado en una nave de transporte, a modo de advertencia. La nave había ido a la deriva hasta ser interceptada cerca de una estación orbital en el sistema Asgard y al entrar para rescatar a los posibles supervivientes, lo que se encontraron fue una escena dantesca, con decenas de personas muertas con una expresión de sufrimiento y terror reflejada en sus caras y hemorragias ya coaguladas por cada uno de los orificios de su cuerpo.

– ¡Joder, vamos a morir todos, lo sé!

– Tranquilízate o tú sí que vas a acabar palmándola – sentenció Diwale mientras apagaba el cigarrillo, hastiado. Le acababan de interrumpir una de las pocas cosas que le calmaban.

– Algo de razón tiene el muchacho. – dijo Vander – Ese tío tiene toda la pinta de ser un experimento bacteriológico de esos, una puta arma biológica, y, francamente, yo paso de ser su víctima, por mucho que sea por el bien de Cerberus…

– ¿No te sacrificarías por la organización? – dejó escapar Diwale irónicamente.

– Pues, la verdad es que le tengo mucho aprecio a este culito blanco. – dijo dándose una palmadita en el susodicho – De todas formas, si es un experimento, a Cerberus le servirá igual vivo o muerto, así que propongo poner fin a su sufrimiento – dijo balanceando el cuchillo.

– Si así fuera, ya estaríamos todos contagiados… – le respondió Diwale – Deja de decir tonterías y darle ideas a est…

Antes de que pudiera acabar la frase, el chasquido de la puerta del camarote les hizo volver a la realidad. Mientras discutían a viva voz, no habían sido conscientes de que el misterioso invitado podía oírles, como así había ocurrido. Ahora, con el mismo semblante serio e inexpresivo que ya habían visto al embarcar, el hombre les miraba desde el umbral de la puerta, esta vez sin la capucha que hasta el momento le había tapado la cara. En un acto reflejo, al verlo, el novato dio un salto hacia atrás, de la impresión. Aquel hombre había empezado a perder el pelo a mechones y las zonas donde el cuero cabelludo quedaba al descubierto, su piel era de un color azulado iridiscente. Además, extraños implantes metálicos tachonaban su cabeza con ramificaciones que sobresalían de debajo de su piel en algunas zonas, bajando hasta el cuello.

Asustado, el novato agarró el rifle dispuesto a disparar a aquel engendro, pero Sareyev fue más rápido, agarrando el cañón y tirando de él, hasta quitárselo. Desarmado, el joven sacó una navaja que llevaba en el cinturón e intentó atacarle, pero no fue lo suficientemente rápido, porque, mientras el pandillero extendía el brazo, André ya lo había agarrado del cuello. Era sorprendente lo frágil que era y lo fácil que le había resultado retorcérselo, pensó André, mientras el cuerpo sin vida del novato caía al suelo, inerte.

Lo siguiente que notó fueron los dos enormes brazos del negro, aprisionándole el cuello desde atrás, tratando de sujetarlo y dejarlo fuera de combate a la vez, mientras su compañero, aquel rubio espigado, se le acercaba a toda velocidad con un cuchillo de combate desenvainado, listo para hundírselo en el vientre. Aunque ahora, después de su metamorfosis, Sareyev era más fuerte, le resultaba imposible zafarse del abrazo de aquella mole humana que parecía sujetarlo sin apenas esfuerzo. En un último intento desesperado, antes de que el otro asesino le alcanzara, André pataleó hasta que consiguió liberarse un poco de su apresador, lo suficiente como para alcanzar con sus manos la cara de éste. Entonces ocurrió algo que ni siquiera él mismo esperaba: al tocarle la cara, sintió cómo una descarga eléctrica salía de su cuerpo y atravesaba el de su atacante, que resistió todo lo que pudo antes de soltarle, antes de que el cerebro se le achicharrase por completo, justo a tiempo de repeler la embestida del holandés, que erró la puñalada hundiendo su cuchillo, sin querer, en el abdomen del africano.

Sorprendido, Vander trató de zafarse pero no fue lo suficientemente rápido. Cuando se quiso dar cuenta, dos manos le sujetaban ya el cráneo a la vez que notaba cómo la electricidad entraba por su cuerpo en un dolor intenso e indescriptible, antes de perder la consciencia. Sareyev permaneció así unos instantes, mientras contemplaba impertérrito cómo el cerebro de su asesino se licuaba, ya muerto. El olor a carne quemada inundaba ahora la habitación, pero a André no le molestaba lo más mínimo. Estaba demasiado extasiado admirando lo que había sido capaz de hacer, algo que se escapaba a cualquier razonamiento humano.

Entonces, recapacitó. Había eliminado a los tres hombres que había visto ya en el muelle privado, pero sin embargo, por el tipo de nave, sabía que debía quedar uno más: el piloto que la manejaba. Aunque aún recordaba cómo se pilotaba una nave, no las tenía todas consigo, pero era preferible asumir todo el control que dejar vivo a otro sicario que no fuese tan chapuzas como el resto. Con sigilo, lentamente, abrió la puerta que llevaba al puesto de mando, donde se llevo una buena sorpresa.

– Suplica desesperada: No me haga daño…

El habitáculo estaba especialmente preparado para facilitar el acceso a la extraña criatura que tenía ante sí, un elcor, que con su voz barruntosa e inexpresiva le pedía clemencia. André sonrió ante la simple idea de lo bochornoso que debía haber sido para aquellos sicarios xenófobos de Cerberus darse cuenta que el piloto de la lanzadera era un alienígena, una venganza dulce de parte de Kaldon, que, según calculaba, ya debía estar muerto.

– Tranquilo, tú sólo mantén el rumbo.

 

Capítulo 23

 

La SSV Byron, ahora reconvertida en una simple nave comercial a pesar de su inconfundible aspecto, era, tal como Udina les había asegurado, una de las más veloces de la Flota terrestre. Sin embargo, el hecho de que se le hubiesen extraído los dos cañones ligeros de babor y estribor, y el pesado de proa, no tranquilizaba demasiado a Simmons, en parte porque consideraba casi un ultraje capar de esa manera a una de las mejores naves que poseía la Alianza. Por suerte, al menos, los ingenieros de Udina habían sido lo suficientemente sensatos como para dejar los escudos deflectores. Los nuevos códigos incorporados a la IV de la nave la habían rebautizado como la Excellion, un viejo transporte privado propiedad de un magnate hindú de Nueva Nueva Delhi, lo cual podría hacer saltar la alarma de las autoridades portuarias de la Ciudadela pero no de un lugar sin ley como la Estación Omega.

Dalsem había accedido finalmente a participar en aquella bizarra expedición, con la promesa de que regresarían a Trebin para recuperar su nave, aunque secretamente albergaba la esperanza de poder estudiar de cerca aquel artefacto cuya importancia ahora parecía vital para el futuro de la galaxia, tal como le habían puesto en antecedentes. Según le habían contado, el espectro ahora renegado, Saren Artorius, había entrado en contacto con alguno de aquellos artefactos proteanos que se esparcían por la galaxia como testimonio mudo de una grandeza ya extinta, uno que aún funcionaba y ese contacto le había permitido controlar de alguna manera, que el Consejo aún desconocía, a los geth. Saren también continuaba buscando más artefactos de ese tipo, como lo demostraba su presencia en Eden Prime, y era más que probable que siguiera la pista de la baliza de Trebin. Pero Dalsem sabía una cosa que el Consejo desconocía: la baliza de Trebin no era proteana e incluso dudaba de que tuviera la función que ellos creían. Era algo mucho más antiguo y más siniestro. Si el artefacto que Saren había encontrado le había permitido tener bajo su control a los geth, tal vez ese mismo artefacto o uno similar, como el de Trebin, permitiría a los quarianos recuperar sus antiguos territorios, y eso sí que era un regalo digno para regresar con honores a la Flota Migrante. Por eso había accedido a ser el piloto de la Byron.

El viaje, que en condiciones normales duraría unos tres días, se reducía gracias a la velocidad punta de la Byron, que apenas tardaría dos días en llegar a su destino atravesando la intrincada red de relés de masa. Las rutas de navegación se trazaban en función de ellos, ya que en la mayoría de ocasiones, para llegar a un punto, era necesario atravesar más de uno de aquellos repetidores que, a primera vista les hacía desviarse de su destino para luego utilizar un segundo, e incluso un tercer relé hasta llegar al sistema final. Esto había ocasionado más de un problema a los primeros pioneros humanos, a los que les costaba asumir que, a veces, la línea recta no necesariamente era el camino más corto entre dos puntos. Después de la Guerra del Primer Contacto y gracias a la labor de la primera embajadora humana de la Ciudadela, la brillante Anita Goyle, la Alianza consiguió reunir la información necesaria para trazar sus propias cartas de navegación, logrando ponerse al nivel del resto de razas que poseían una flota, y avanzando en pocos años lo que al resto de especies les había costado milenios. A pesar de utilizarlos con frecuencia, el funcionamiento de los relés de masa seguía siendo un verdadero misterio para todos. Nadie sabía exactamente cómo funcionaban ni la ubicación exacta de todos ellos, puesto que se sabía que habían relés de la red que habían quedado destruidos o simplemente se habían perdido para siempre, después de haber caído en la órbita de alguna supernova. Gracias a la energía de masa acumulada, estos relés eran capaces de curvar el universo de forma que, al activarse dos de ellos a la vez, el de origen y el de destino, se creaba una distorsión espacial que los acercaba entre sí, lo que algunos llamarían un "agujero de gusano" aunque no era exactamente lo mismo.

Después de 39 horas de viaje, la Byron ya estaba lista para enfilar el último de los relés que les llevaría directamente a los Sistemas Terminus y, desde allí, una vez salieran por el repetidor de destino, sólo tendrían que llegar hasta Omega. El problema era que dichos Sistemas, un territorio sin ley dominado por las bandas criminales, apenas habían sido explorados y ni siquiera la Alianza, con toda su flota, se atrevía a penetrar en ellos. Shelba, el planeta que en otro tiempo había alimentado de recursos a la anárquica Estación Omega, era ahora un planeta abandonado, mientras que la estación, construida bajo un enorme asteroide que orbitaba alrededor de este, había pasado de una pacífica estación de extracción minera de elemento cero a la guarida de toda clase de chusma. Criminales de todo tipo, mercenarios, expatriados y exiliados, todos ellos habían encontrado un hogar, y un santuario libre de castigo, en la estación. No había ley ni nadie que la hiciera respetar, pero sí que había ciertos individuos que por carisma y poder, lograban imponer un poco de orden dentro de aquel caos.

– ¿Listos? – preguntó Dalsem desde su puesto de piloto antes de atravesar el relé de masa. El resto asintió, mientras el quariano procedía a acelerar la nave en dirección al centro gravitatorio del repetidor.

La nave cayó atrapada rápidamente en el horizonte de sucesos artificial del relé y se convirtió en un haz de luz que desapareció para, milésimas de segundo más tarde, volver a recomponerse en otro lugar completamente diferente del universo. Todo, según los paneles de control, parecía correcto y en orden, hasta la ligera desviación que solía producirse al atravesar el relé.

– ¡Mirad! – exclamó Lizzie mirando a través de una de las escotillas del puente.

Ante sus ojos, la estación minera Omega se erguía anárquica rodeada de un enjambre de pequeñas naves orbitando a su alrededor, que demostraba ser un lugar extrañamente vital para ser un nido de contrabandistas y piratas. También demostró estar más cerca del relé de masa de lo esperado, lo que convertía el salto en algo muy peligroso, especialmente para naves demasiado grandes, por culpa del cinturón de asteroides donde se ubicaba. Ese debía ser uno de los motivos por los que ni el Consejo ni la Alianza se habían atrevido a tomar cartas en el asunto para erradicar los ataques a las colonias, que solían tener como base de operaciones la estación.

– Aquí la Excellion, solicitando permiso para aterrizar. – repitió por radio Dalsem, sin recibir respuesta alguna.

Tras probar varios minutos, una voz grave sonó al otro lado:

– ¡Ya, ya, ya! ¡No hacía falta insistir tanto! Dirígete a la baliza que te aparecerá en pantalla, si es que de verdad sabes pilotar esa carraca.

Perplejo ante la respuesta, el quariano enfiló hacia donde la baliza, marcada en la pantalla de navegación, le indicaba, mientras sorteaba como podía los pequeños transportes y las lanzaderas que se encontraban casi abandonadas en su camino. Una vez en el muelle, Dalsem se negó a abandonar la Byron. No era que lo que pudiese encontrar en la estación le intimidara, es más, ya se había encontrado en situaciones difíciles con anterioridad, pero temía por la integridad de la nave si todos la dejaban allí, abandonada al alcance de todos aquellos criminales. Yleanna le comprendía y por eso le dejó quedarse allí, no sin antes activar los sistemas de seguridad internos de la nave: drones vigía armados, cámaras, y por supuesto, un curioso sistema de seguridad que dejaría inconsciente a cualquiera que intentase entrar allí sin permiso y sin un traje ambiental que lo protegiese del gas paralizante.

Al bajar a tierra, armados hasta los dientes como correspondería a unos buenos mercenarios, el tipo que les había hablado por radio ya les estaba esperando. Para su sorpresa, se trataba de un batariano sin uniforme ni credenciales, aunque esto era algo de esperar en Omega.

– ¡Vaya! ¡qué curioso grupo tenemos aquí! – exclamó aparentemente entusiasmado.

Sin embargo, Ellie sabía, por experiencia propia, que los batarianos no eran gente de fiar. Su desconfianza no sólo se debía a su propio trauma personal, que alimentaría el odio del más pacífico, sino a que conocía los usos y costumbres de los batarianos. Estos solían tratar con menosprecio, a todas luces injustificado, al resto de especies, ya fuesen turianos, salarianos, o incluso asari, por no hablar del odio visceral que sentían por los humanos, fruto de su expulsión por parte de estos del Confín Skylliano. Ese sentimiento de superioridad surgía de su curiosa fisonomía facial, con un par de ojos adicionales completamente funcionales que les permitían centrar la vista en más de un punto a la vez, lo que les daba ventaja en cualquier tipo de negociación. Solían llamar al resto de especies "dos-ojos", con cierto desprecio. Simmons, aunque no lo reconociera abiertamente, odiaba a los batarianos:  componían la mayor parte del grueso de las bandas criminales de los Sistemas Terminus y eran los responsables de los ataques a Elysium y otras colonias humanas como Mindoir, raids en los que su principal objetivo era el saqueo y el asesinato de la población civil, además del secuestro y esclavización de todo aquel individuo que considerasen "domesticable". Por suerte para ella, fue la espectro la que respondió.

– No sé que encuentra tan peculiar, la verdad. – respondió Yleanna indiferente.

– Un grupo tan variopinto como el vuestro no se ve todos los días. – contestó el batariano.

– Somos mercenarios a sueldo, ¿qué esperaba?

– Eso significa que eres una de esas famosas comandos asari, y además tenemos a un turiano – dijo mirando a Sirius haciéndole sentir incómodo por un instante – y… dos humanas, dos cachorros fuera de la perrera… – insinuó ladinamente.

-¿Acaso supone eso algún problema? Creía que Omega era un puerto franco. – le respondió Ellie en tono airado.

– Y lo es. Pido perdón si mis palabras os han ofendido. – le respondió en un tono inusualmente cortés y a todas luces falto de sinceridad – Me llamo She’god, y si puedo serviros en algo más, aparte de cobraros la tasa de atraque, por supuesto, será un placer.

– Dalessia. – le respondió la asari devolviéndole el saludo. No le interesaba dar su verdadero nombre en un sitio como aquel y dudaba que allí conociesen el nombre de aquella pobre desgraciada, de modo que no hacía daño a nadie por tomarlo prestado – De hecho, nos ayudaría enormemente si pudiera decirnos cuál es el sector X7B de la estación. Tenemos negocios que atender allí.

– Por supuesto, será un placer. – le dijo el batariano mientras introducía los datos en el DOA de la espectro, ladeando ligeramente la cabeza a la derecha – Espero que disfruten de su estancia aquí. – dijo al despedirse.

Mientras se alejaban caminando de la nave, Ellie se giró sólo para comprobar como el batariano les seguía con la mirada, sin perderles de vista, lo que no hizo más que aumentar sus sospechas.

– Ese batariano nos ha engañado. – dijo finalmente, después de alejarse lo suficientemente como para no ser oída por aquel.

– De eso no hay duda, demasiado cortés para ser un criminal – le respondió Yleanna – pero es la única indicación válida que tenemos para llegar allí.

– Ha ladeado la cabeza hacia la derecha mientras hablábamos. – inquirió Ellie.

– ¿Y?

– Eso significa que se sentía superior, vamos, que nos estaba tendiendo una trampa… o que nos ha descubierto.

– En ese caso, habrá que ir con cuidado. – sentenció la asari.